Entrevistas

El escritor que mejorará tus orgasmos

Una conversación sobre música, libros y subcultura con Stewart Home

Stewart Home nos cuenta qué hay detrás de su revulsivo “Memphis Underground”, las peripecias de un tipo cualquier atrapado en un mundo que no entiende. Y más: la música que le gusta, los autores pulp que le han inspirado y lo que entiende por anticapitalismo.

Stewart Home está sentado a la mesa, en su apartamento del Este de Londres. Es una mesa baja, en la que se amontonan libros, el pequeño ordenador en el que escribe, una lámpara, una agenda de 2012 y un puñado de bolígrafos. Apura su taza de té verde en la que hace unos minutos había café. Es algo así como una vieja costumbre de Home, el neoísta, el reputado experto en vanguardias culturales, el ex punk rocker, eso de alternar el té y el café, dice. También dice que hace dos semanas estuvo en Manhattan y que se compró un viejo clásico del cine de artes marciales (ultra pulp) llamado “Kung Fu Vs Yoga”. El DVD también está sobre la mesa mientras hablamos. Lo primero que dice es que todavía no ha tenido tiempo de verlo. Pero no estamos aquí para hablar de viejos clásicos del cine de artes marciales. Estamos aquí para hablar de John Johnson, el bibliotecario freelance que tiene que pasar por prometedor artista becado en “Memphis Underground” ( Alpha Decay, en su colección Héroes Modernos), su penúltima novela hasta la fecha (nada menos que la número 12), la primera que llega a España, a la vez oda a la supervivencia y sátira feroz sobre el mercado del arte. Pero será mejor que empecemos por el principio. Antes, si quieres, consulta la prepublicación de dos capítulos que ya te avanzamos en PlayGround.

Hablemos del bueno de John Johnson, el protagonista de “Memphis Underground”. ¿De dónde proviene su (en muchos sentidos, sucia) existencia?

Cuando escribo ficción, en el fondo estoy hablando de mí y de la gente que conozco. Pero no sólo eso. También de los personajes con los que me he topado en los libros que he leído, o en las cosas que he visto. John Johnson podría entenderse como una suerte de contenedor, como un contenedor repleto de cosas relacionadas conmigo, aunque he de admitir que mi vida parece aún más sórdida que la del narrador de este libro. En el fondo creo que John Johnson se parece más a un tipo cualquiera que a mí.

Entonces, ¿no es para nada una especie de alter ego?

No. Pero voy a decirte de donde viene. El nombre de John Johnson es un clásico del folklore inglés, está en una canción popular titulada “Yon Yonson”, que tiende a cantarse con acento escandinavo. En inglés debería pronunciarse “Jan Jansen” o “John Johnson”. A veces la canción se acredita a Jan Sophis Jansen (1870-1953). Jan Jansen (pronunciado Yon Yonson) nació en Amager (Dinamarca). En 1893 se trasladó a Berlin (Wisconsin) donde trabajó como leñador y, más tarde, como carpintero. Jansen empezó a hacerse famoso en el lugar porque le dio por cantar su canción (sí, “Yon Yonson”) por las calles de Berlin. Cantaba lo siguiente: “Me llamo Yon Yonson / Vengo de Wisconsin / Trabajo en un aserradero allí / Cuando me cruzo con alguien / Por las calles / Me preguntan: ¡Hola! / ¿Cómo te llamas? / Y yo digo: Me llamo Yon Yonson…”. Eso, repetido una y otra vez.

Bonita canción…

También se ha dicho que la canción podría haberse compuesto para la obra de teatro sueca “Yon Yonson” (1899). La obra estaba ambientada también en un aserradero de Minnesota (Minnesota está justo al lado de Wisconsin, y parte de “Memphis Underground” pasa en Minnesota). En cualquier caso, la canción ha aparecido en un montón de sitios después, incluido el “Matadero Cinco” de Kurt Vonnegut y el single “Yon Yonson” de la banda canadiense The Dave Howard Singers. Un amigo mío es muy fan y solía tocarla cuando me pasaba por su casa a finales de los 80s. Así que digamos que es un nombre bastante metaficcional. Mi intención era que John Johnson pudiese ser cualquiera.

¿Cuándo empezaste a escribir “ Memphis Underground”, y por qué?

Es probable que empezara en 2002 o 2003. No lo recuerdo exactamente. Sólo sé que la terminé mucho antes de que fuera publicada. Sé que la escribí antes de que se publicara en 2005 “Tainted Love”. Y la empecé a escribir como un reto, mi intención era la de construir una novela que no se pareciera a nada de lo que había hecho antes (siempre intento que mis libros se estructuren de forma distinta). Me gusta que tenga un aire de ciencia-ficción y que se alternen capítulos en los que el mismo personaje se encuentra en momentos distintos de su vida, y pensé que sería buena idea mezclar todo eso sin que pareciera una novela de ciencia-ficción. Luego metí la música que estaba escuchando en aquella época, e incluí los títulos de las canciones como encabezados de los capítulos. Y creo que también la escribí porque había terminado mi anterior novela “Down & Out In Shoredtich & Hoxton”.

En esta novela, y en tu narrativa en general, la música juega un papel importante. Y hemos leído en alguna parte que tú hubieses preferido tener una banda antes que convertirte en escritor. ¿Qué hay de cierto?

Empecé a escribir para conseguir discos gratis y para poder entrar en los conciertos sin pagar. Lo primero que hice fueron reseñas. Y la gente empezó a decirme que escribía muy bien y que debía olvidarme de la música y concentrarme en escribir. Pero por entonces aún me interesaba más tocar que escribir.

¿Qué recuerdas de tu paso por bandas?

Cuando era un chaval toqué en pequeñas salas de las afueras de Londres con un puñado de bandas, y era bastante bueno como bajista, pero me di cuenta de que los guitarristas tenían mejores novias que los baterías y los bajistas, así que me pasé a la guitarra. Y fue un error. La verdad es que nunca he sabido si soy diestro o zurdo (soy bastante ambidiestro). Aprendí a tocar con la derecha y luego me di cuenta de que debería haberlo intentado con la izquierda pero para cuando quise cambiar era demasiado tarde. El esfuerzo que me hubiese supuesto era demasiado grande. Así que lo dejé. Aunque no dejé de escuchar discos. En realidad me hubiese gustado ser cantante, pero mi voz no es nada del otro mundo. Me hubiese gustado cantar como Aretha Franklin, pero, como la mayor parte de la gente, nunca podré hacer algo así.

¿En qué sentido ha influencia la música tu trabajo (este en concreto, y, en general, todo lo que haces)?

La música influencia mi escritura en muchos sentidos. Los discos crean una especie de ambiente alrededor mientras escribo, ye creo que esa atmósfera contagia mi trabajo. Y luego, por supuesto, está el hecho de que uso mis conocimientos musicales para muchas cosas. El ritmo de mis frases es algo que me tomo muy en serio. Todo tiene que fluir cuando se lee en voz alta, y eso lo tomo de la música. También reflejo partes de la historia de la música pop en mis libros. Por ejemplo, en mi primera novela, “Pure Mania”, parodiaba la escena punk londinense de los 70s. Y además he escrito un libro de no ficción sobre el punk, que se llama “Cranked Up Really High”. Pero también escucho mucho soul y funk. Estoy abierto a más de un género.

Leyendo “Memphis Underground”, el primer escritor que nos viene a la cabeza es Hubert Selby Jr. (en concreto el Hubert Selby Jr de “Última Salida Para Brooklyn”), por el tema de la rabia contenida y la sordidez con que describes algunos de los ambientes. ¿Es uno de tus escritores favoritos?

Leí “Última Salida Para Brooklyn” cuando era un chaval pero no he leído nada más, y no creo que me haya influenciado en absoluto.

¿Y qué hay de Irvine Welsh?

Mi primera novela se publicó cuatro años antes de que saliera el primer libro de Irvine Welsh, así que difícilmente podría ser una influencia. Pero lo que me gusta de Welsh es que le planta cara al establishment literario londinense. No su tipo de prosa. Yo intento mantener un estilo más neutro, casi periodístico, mezclándolo con elementos del pulp y la narrativa experimental. Un poco al estilo de William Burroughs y Kathy Acker. En cualquier caso, mis principales influencias cuando empecé a escribir ficción son autores británicos de los 70s como Mick Norman y Peter Cave. Y mezclo un poco su estilo con el de gente como Alain Robbe-Grillet y Georges Perec. Y hay una escritora británica experimental que me encanta. Se llama Ann Quin, y mi novela “69 Things To Do With A Dead Princess” empezó como un riff de su primera novela, “Berg”.

¿A qué otros autores señalarías como imprescindibles?

He leído muchísimo. Cuando era más joven leía a un montón de autores pulp, tipo Clark Ashton Smith y Abe Merritt. Géneros olvidados como el de las guerras futuras son muy importantes en lo que hago. En “Red London”, otra de mis novelas, intenté reivindicar las novelas de George Griffith y de E. Douglas Fawcett. Otros escritores que incluiría como influencias son Clarence Cooper Jr., Blaster Al Ackerman, Calvin C. Hernton, Michael Moorcock y, por supuesto, Karl Marx. Pero, como digo, he leído mucho, y sería un error considerar que unos me han influenciado más que otros. Creo que tiene más que ver con los géneros. Y por supuesto, también me influencia el cine que veo.

Volviendo a “Memphis Underground”, hablas de una narrativa anti-ego, pero incluyes una autoentrevista en mitad de la novela. ¿Es una especie de crítica al establishment literario?

La entrevista es un montaje. Tomé las respuestas de una entrevista que me hicieron por email de un fanzine y cambié las preguntas por las que yo mismo le hice a un cantante. Creo que es una manera de dejar claro que en vez de sentirse algo único, los artistas deberíamos sentirnos un elemento completamente intercambiable. Por otro lado, me he descrito más de una vez como “un egomaníaco a escala planetaria”. El problema que veo en todos esos egotistas es que se toman demasiado en serio, mucho más de lo que yo me tomo a mí mismo. De todas formas, no sé bien a qué te refieres cuando hablas de “narrativa anti-ego”, así que no sé qué más puedo decirte.

Hemos oído que no eres un gran fan de Martin Amis y Salman Rushide. ¿Los has conocido? ¿Qué es lo que no te gusta de ellos?

En primer lugar, que escriben mal. Son los típicos tíos sin talento que promueve el establishment literario. Los dos son productos sin nada demasiado interesante que decir. No tienen ni idea de en qué consiste la vida real, no saben cómo vive la gente corriente, de la calle, y no saben cómo escribir. Me considero afortunado porque aún no me he topado con Amis; pero debo admitir que conocí a Rushdie. Fue cuando gané un premio del Arts Council. Rushdie era quien llevaba el asunto de la pasta. Recuerdo que habló con todos los ganadores menos conmigo. Lo que me pareció divertido. Porque lo último que quería era tener que hablar con él, lo único que yo quería era la pasta.

Tu protagonista, Johnson, se siente un farsante cuando finge ser burgués. ¿Qué tienes contra la clase media?

No tengo nada contra ella. Sólo es que la encuentro cero interesante culturalmente y en todos los demás aspectos. Además, siempre están del bando de la burguesía cuando hay cualquier conflicto con la clase trabajadora. Sólo quiero reflejar la clase media que veo, un puñado de gilipollas.

En el libro hablas de conceptos como el de gueto y el de las afueras. ¿Qué tipo de música dirías que escucha la gente que vive en ambientes así?

Depende del lugar del mundo del que estemos hablando. Por ejemplo, en el sur de Londres la gente suele escuchar música dance, estilos concretos como el grime. Pero un montón de gente se ha visto obligada a mudarse a las afueras, en eso Londres cada vez se parece más a París, así que es probable que el grime sea también la música favorita de la gente de las afueras también.

Hablando de música, ¿qué bandas te gustan ahora?

No voy a muchos conciertos últimamente. La escena musical en Londres no me interesa tanto como me interesaba a finales de los 70s. En esa época, la media era ir a cuatro conciertos por semana. Luego, en los 80s, aún venían buenas bandas norteamericanas por aquí, como Chuck Brown and the Soul Searchers. Pero ahora no hay mucho que ver. Sólo voy a los conciertos de mis amigos, a los de Chicks On Speed y Luke Haines, por ejemplo. Fui a ver a los Street Pirates de Bill Rath porque uno de mis amigos, el batería Chris Lowe, tocaba con él. Billy Rath ha estado retirado un montón de tiempo, de hecho la última vez que lo había visto en directo fue en un concierto de Iggy Pop en 1979. The Street Pirates tocaron básicamente canciones de su banda de antes, The Hearbreakers.

Te quedas más en casa, pues.

La verdad es que paso más tiempo escuchando viejos discos soul de los 60s y los 70s que otra cosa. Aunque también me siguen gustando el electro y el rap de los 80s y el minimal y el hardcore techno de los 90s. Lo que es rock, ya no escucho demasiado.

¿Cuáles fueron tus diez discos favoritos de 2011?

No soy de los que hacen listas, y no hubo diez discos que me gustaran de 2011. El único álbum que me impactó el año pasado fue “Wyrd” de Brend, un interesantísimo disco experimental que mezclaba el ritmo del dance con el folk escocés, orquestado por el DJ y productor Guy Veale. Aunque ahora estoy pensando que en realidad no salió el año pasado, sino que escribí parte del libreto el año pasado pero en realidad salió el mes pasado, así que es un disco de 2012.

Brend: “Wyrd”

La mejor canción de todos los tiempos es…

Siempre la que acabo de escuchar, que en estos momentos es “Soul Galore” de Jackie Wilson, pero dame un par de minutos y ya tendré otra.

Jackie Wilson: “Soul Galore”

Dime el nombre de la banda que hubieses querido montar de niño.

El nombre que siempre quise ponerle a mi banda y que nunca acabó de convencerles a mis amigos cuando era un chaval era The Teenage Pricks. En una de las bandas en las que estuve, la cantante dijo que ella no era un tío y que no tenía sentido y que, por otro lado, tampoco es que fuéramos ya unos chavales… ¡Esa chica era demasiado literal!

Hemos leído en alguna parte que crees que en el Londres de hoy la cultura juvenil es mucho menos visible de lo que solía serlo hace 20 o 30 años. ¿Por qué crees que es así?

No tengo claro haber dicho algo así sobre la cultura juvenil, en realidad supongo que me refería a la subcultura. La cultura juvenil está por todas partes, y es una de las razones de que la subcultura haya desaparecido. Todo se ha vuelto más caro. Y los chavales no pueden permitirse vivir en Londres, así que es difícil que surjan movimientos juveniles relacionados con la subcultura. Por otro lado, todo está disponible inmediatamente en internet, y los chavales tienen algo nuevo en qué concentrarse cada día, cada hora, cada minuto. Eso significa que están menos predispuestos a desarrollar un estilo único, algo que los distinga del resto.

Aseguras en tu página web que tu intención narrativa pasa por desdibujar las fronteras entre arte y géneros literarios. ¿Qué ganan tus lectores con eso, una especie de nuevo género, un ‘no-género’?

Lo que ganan es un intento de hacer algo nuevo. No es cuestión de si es ser una cosa o la otra, podemos serlo todo a la vez. ¡Los géneros también derecho a desaparecer!

¿Por qué creaste la Alianza Neoísta?

Para meterme en líos y poder tomarme un baño caliente [risas]. Ese anti-grupo era una manera de enfrentarme a la cuestión de la organización comunista, algo de lo que había estado discutiendo desde los 70s. Un puñado de nosotros empezamos a crear ‘grupos’ formados por una sola persona. Tenían nombres como The London Psychogeographical Association, The Association of Autonomous Asttronauts and Decadent Action, cosas así. Eso significa que la persona que constituía el grupo podía organizar una acción y el resto podíamos decidir si participábamos o no. Pero hiciéramos lo que hiciéramos no era responsabilidad nuestra.

Hemos leído que odias el capitalismo (tiendes a definirte como comunista). ¿Qué opinas de la crisis económica?

Es algo que llevaba años fraguándose. No hay que olvidar que la URSS era un estado capitalista aunque se siga considerando marxista. Así que cuando la burguesía de Occidente se alegró por el colapso del sistema soviético estaba siendo corta de miras. La economía no puede estar siempre en expansión, el capitalismo tenía que caer en algún momento. Lo más importante ahora es poner en marcha un mundo no hierático donde todo el mundo pueda tener lo que necesite, y no en el que unos pocos tengan más de lo que se merecen mientras millones de personas se mueren de hambre.

La manera en que el mundo debería funcionar, según Stewart Home, es…

No quiero que el mundo lo dirija una sola persona o una elite concreta. La única manera razonable de que funcione es que todo el mundo trabaje por un frente común.

¿Estás escribiendo algo nuevo? ¿O trabajando en algún nuevo proyecto?

Hace poco he acabado una novela basada en la vida de un antepasado mío, el ladrón Ray Jones. La novela se llama “The Nine Lives of Ray The Cat Jones”. Fue portada de todos los periódicos británicos en 1958 cuando se escapó de la cárcel de Pentonville. Lo que solía decir es que sus robos a los ricos eran un acto de guerra de clases.

Danos una razón para leer “Memphis Underground” AHORA.

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¿Qué pueden esperar tus fans de ti en el futuro?

En el futuro todo es posible, así que deberían esperar lo inesperado.

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