Entrevistas

Por qué es normal que no te guste el último disco de El Guincho

Al habla con uno de los mayores talentos de la música en castellano

Suena Rotu Seco y no tienes ni idea de donde te has metido.

Ritmos seccionados. Melodías que empiezan y se desintegran para siempre y para no volver. Letras sobre alienación cantadas con voz todavía más alienante. Sampleos de hip-hop. Leads funkys. Muchos colores. Y una sola textura. Plástica, artifical, resbaladiza. Demasiado estímulos como para saber hacia donde mirar. La sensación, en definitiva, de no saber muy bien qué está ocurriendo.

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“¿Qué le ha pasado a El Guincho?”, lamentan los comentarios de YouTube.

¿Este tipo no era el de Bombay? ¿El de las melodías soleadas y los videoclips dónde queríamos quedarnos a vivir?

" Intento ir en mi contra siempre. Con violencia. Empezar contra el malo final. Mover todo el trabajo a la Papelera y vaciarla. Cuanto más ajeno y agreste el escenario, mejor. Está claro que te sientes imbécil muchas veces, te vuelves a casa golpeado por un problema que inventaste tú. Pero es bonito. Mis ideas más duraderas parten siempre de esa insolencia y acaban por definir los proyectos", nos cuenta el músico por email.

Intento ir en mi contra siempre. Muchas veces te sientes imbécil, pero es bonito. Mis ideas más duraderas parten siempre de esa insolencia.

En la era de la inmediatez, HiperAsia es un disco con el que es prácticamente imposible conectar de primeras. Un disco inspirado por algo a priori tan poco inspirador como una cadena de bazares chinos. Un disco que te invita a salir por patas. Un disco que suena a artificio, a truco de magia. Que te engaña constantemente para cogerte desprevenido una y otra vez.

Y todo ello, claro, está hecho a propósito.

“La ignorancia es clave para que las cosas brillen, así que me puse unas reglas estrictas: imitar la sensación de entrar a HiperAsia por primera vez. El individuo ahí, todo sorpresas, naïve, sería la señal mono. Un beat muy simple, una voz híper tratada, como nerviosa, alienada. La señal estéreo serían las baldas llenas de objetos, organizados de forma histérica. Elementos que vinieran a desestabilizar tu escucha, a joderte la experiencia pero también a renovarla y refrescarla todo el rato con nuevos estímulos”.

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Mientras que muchos creadores deben conformarse con hacer lo que pueden, Pablo Diaz-Reixa tiene la clase de talento que le permite hacer lo que quiera.

Desde que empezó siendo batería de Coconot a mediados de la década pasada, ha hecho rock experimental, folk doméstico, psicodelia tropical, pop negro y techno visceral. Y lo ha hecho todo bien. Todos estos giros han hecho que perdiera a muchos fans circunstanciales. Pero a él no solo no le importa sino que lo celebra: lo único que teme es encontrar su sitio.

“Eso sí que sería letal. Mi carrera ha sido una marejada permanente. Demasiado club para las salas, demasiado poco club para el club. Demasiado raro para romper hacia el pop, demasiados hooks para los raros. Soy canario y canto en castellano pero he grabado siempre para sellos extranjeros. En España un extraño. Fuera, también. Estoy a gusto en esa confusión. Una corriente loca de aceptación sería destructiva para mí”.

Soy canario y canto en castellano pero he grabado siempre para sellos extranjeros. En España un extraño. Fuera, también. Estoy a gusto en esa confusión.

Hace cinco años años, vivió algo parecido a esa aceptación de la que habla. Pop Negro, su anterior disco, tenía melodías pegadizas, y un videoclip que se volvió viral. Estuvo más de dos años de gira por todo el mundo. Tenía un contrato con el sello XL. Björk le pidió consejo. Estaba en una posición de privilegio. Podría haber entrado una rueda de complacencia; sacar un disco cada dos años e ir alternando festivales cada verano hasta que se cansara.

Pero ni era lo que quería, ni las circunstancias se lo hubieran permitido.

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Tal y como explicaba recientemente en Spin, su madre enfermó y Pablo decidió poner su carrera en barbecho para estar a su lado. Ello supuso dejar Barcelona para volver Las Palmas de Gran Canaria. Ahí siguió haciendo música, muchas veces llevándose el equipo al hospital. De ese periodo surgieron los cortes de Trances, su proyecto más electrónico y orientado al club.

Tras el fallecimiento de su madre, volvió a Barcelona. Y a los pocos meses rompió con su novia.

Fue un periodo convulso, que acaba reflejándose en las letras de Hiperasia, probablemente las más personales que haya escrito nunca. Nunca antes habíamos conocido tanto acerca de lo que piensa y siente a través de sus canciones. Lo paradójico es que estén envueltas por el universo sonoro más hermética que ha producido hasta la fecha.

“Me parecía interesante cargar de humanidad hasta el extremo los textos pero integrarlos en procesos artificiales de voz, como en músicas que relacionamos con voluntades más primarias. Es la parte que más me gusta del disco. Esa sensación androide, un androide muy hijo de puta pero también con achaques, deficiente, orgulloso, capaz de acercarte y ofenderte en espacio de tres minutos”, explica.

Mis discos favoritos me generan distancia. Me disgustaron cuando los descubrí y me acabaron reeducando, cambiando la forma en que veía la vida

Hay muchas cosas de HiperAsia que te cabrean. Como, por ejemplo, que una canción como Abdi solo dure 1:50. Con todo, es a medida que se acumulan escuchas (y no hablamos de tres o cuatro, sino de a partir de diez…) cuando empiezas a conectar emocionalmente con él. Es como si el disco te obligara a realizar una peregrinación antes de abrirte sus puertas.

“Mis discos favoritos me generan distancia. Me disgustaron cuando los descubrí y me acabaron reeducando, cambiando la forma en que veía la vida, la forma de hablar, de escuchar, de fijarme en nuevos detalles que ignoraba antes. Cuando alguien me dice que no entiende HiperAsia o que le enfada me hace sentir bien, realizado. Son sentimientos que relaciono con la música que más me emociona y me ha enseñado”.

Nuestras papeleras de reciclaje están llenas de álbumes que no superaron el examen de la inmediatez. Y en este sentido, HiperAsia es un disco que rema a la contra de nuestros hábitos de escucha actuales. Es volver al discman y auto-obligarte a que te guste ese CD porque es el único que podrás tener hasta tu próximo cumpleaños.

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Pero HiperAsia también participa en los debates actuales. Particularmente, en el que rodea la evolución del concepto de álbum. En un momento en el que el fascinante lanzamiento de The Life Of Pablo de Kanye West ha venido a definir el álbum como un universo fluido, en el que el diálogo con el público juega un papel determinante en la forma final de la obra, HiperAsia propone algo similar. Solo que, en el caso de nuestro Pablo, él lleva haciéndolo muchos años.

“Era algo que ya hacía cuando empecé, en el blog de Discoteca Océano. Alegranza mismo tuvo varios tracklists, hay hasta dos versiones distintas distribuidas. La idea de lo que se consideraba publicable pasaba menos filtros y las canciones chocaban más rápido con la inmediatez de la gente. Siempre me pareció la forma ideal de desarrollar mi carrera pero tuve que cortarla de forma abrupta al firmar por XL. Ahora que he recuperado independencia, me apetecía ponerlo en práctica otra vez a partir de una esencia más mutante, con más tentáculos, no sólo musicales. El diálogo con el público no es en busca de validación. Quiero ofrecer material fresco con mucha frecuencia porque me gusta, como agradecimiento”.

Ahora que he recuperado independencia, me apetecía recuperar el diálogo con el público. Pero no es en busca de validación

Esto se traduce en un disco que son 13 canciones, pero también una pulsera diseñada y una sudadera diseñadas por Wellness, una película de animación del estudio Manson, el fantástico videoclip de Comix a cargo de Canada y mucha más música. Esta misma semana ha llegado la mixtape Michael Dior, con 6 cortes nuevos en los que colabora con nombres emergentes como King B, Young Nivea, Torrent Papi y DJ Quasimatto.

“Quiero crear una sub escena dentro de HiperAsia con música nueva de El Guincho y nuevos músicos que me flipan y que no suelen tener la oportunidad o los medios para grabar”, explica. Es decir, que el disco no sea una meta sino un punto de partida, un núcleo desde el cual expandir un universo propio.

“Universo propio”, en este caso, con todas las de la ley. Porque, aunque beba del hip-hop, el trap, el footwork, el r&b, el pop, el grime y la bass music, HiperAsia no suena a nada qué conozcas. En un momento en el que mapa de la música actual se parece cada vez más a pangea, con infinitas conexiones y aleaciones que se retroalimentan, El Guincho se las ha ingeniado para seguir haciendo música que sigue siendo una isla.

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Esta actitud casi anti-público podría observarse como un gesto de arrogancia o altivez. Pero probablemente deriva del hecho que Díaz-Reixa se ve a sí mismo más como un productor que no como un artista en el sentido pop del término. No tiene la necesitad de mantenerse fiel a los códigos compartidos de la relación clásica entre artista y fan por miedo a perder su cuota de mercado. Sabe que su activo no es el personaje, sino su talento para exprimir ciertos conceptos e ideas estéticas.

Otro de los esquemas que trasciende es el de la dicotomía underground-mainstream. Es un disco con la producción cristalina que demanda la radio, pero con unas estructuras tan esquivas que incluso los oídos entrenados en lo inusual tienen problemas para entender. Y esto, claro, tampoco es casual.

En los tiempos de Pop Negro, Díaz-Reixa solía decir que él lo que quería era hacer música de radioformula que no estuviese reñida con la calidad. Cinco años después, vivimos en un momento en que el beat de un productor adolescente hecho con software pirata puede acabar en el disco de Rihanna. Las fronteras de han derrumbado, sí, pero quizá no en la dirección en la que la mayoría pensamos.

Aunque no lo parezca, el control de las majors sobre la música es brutal

“Es un tema que me interesa muchísimo. Especialmente lo que está pasando con el mainstream norteamericano. Mira el conocido caso de Atlanta. El clásico análisis ingenuo y superficial de cómo este sonido pasó a dominar la radio. O el periodista se pone místico y habla de alguna cualidad insondable del sonido que lo hace irresistible para las masas, o lo relacionan con el carisma y estilo de vida de los MC's y el fácil acceso del público a ellos vía redes, o con el crossover del hip hop como género masivo por su incursión en los repertorios de ídolos adolescentes, etc".

"Da igual, el motivo que quieras. Nadie está hablando de las estructuras. El dominio del mainstream es más radical que nunca. Como productor puedes atravesar esa barrera simbólica infinitamente más fácil que antes SI tus estructuras y la construcción de tu mix se adaptan a las técnicas clásicas de top charting. Hoy entras en Soundcloud y un productor de 16 años de Virginia, Murcia, Melbourne o Seoul está haciendo estribillos, hooks que se repiten cada muy poco, estrofas cortas, etc. Si te fijas en cómo se suceden las partes de una canción, no hay diferencias entre un tema para Bustamante y una producción de MetroBoomin. La imposición editorial de las majors es brutal”.

En este punto se hace evidente: HiperAsia no solo es un disco mucho más gratificante de lo que pueda parecer a primera vista, mucho más necesario de lo que se podría pensar. Lo dicho: siempre por delante.

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