Entrevistas

El empresario que no quería serlo

Para erigirse como voz de la izquierda y emprendedor de éxito en un mundo posterior al derrumbamiento hay que hacer malabares. Hablamos con Ignacio Escolar sobre su doble perfil

Le encantan las estadísticas. Defenderá la educación pública aunque reniegue de la enseñanza del periodismo en las facultades. En su periódico hay un letrero con su nombre junto a una hoz y un martillo (cuya explicación no es tan golosa como parece). Opina que no son tiempos para que los trabajadores sean demasiado exigentes. Sabe que el escenario pedagógico más importante está en casa, y no en las escuelas. Su discurso, a ratos, suena ciberfetichista. De pronto suelta lemas como «sin datos no hay estrategia». Duerme poco. Dos rasgos que definen su carácter son el pragmatismo extremo y su habilidad para camuflarse.

Periódicos que prometen información «independiente» los hay a patadas, pero al igual que Tom Wolfe detectó que el estatus era lo que más obsesionaba a los neoyorquinos, Ignacio Escolar materializó mejor que nadie el hecho de que el sentimiento que daba forma a todo un país era la indignación.

Su última aventura es eldiario.es, y hoy todo el mundo entiende que compartir sus publicaciones es sinónimo de descontento. La cabecera apareció en septiembre de 2012, tras el verano más caliente de toda la crisis: la prima de riesgo había tocado techo, España respiraba un estado de alarma total y la salida del euro y la deuda anidaban en todas las pesadillas. Entonces todos éramos comentaristas económicos. Poner en marcha un proyecto empresarial parecía la opción más disparatada, y sin embargo el suyo prosperó.

Él es conocido como voz de la izquierda, aunque su camaleónico perfil le lleva a frecuentar foros sobre nuevas tecnologías. Antes que muchos, Escolar sabía el itinerario para salir de la crisis, o desde luego para reorientarse en ella. Él evoca al insumiso y también al alumno aventajado que siempre tiene la respuesta para todo. Mientras azota al poder, se alza como empresario digital de éxito. Y bromea con ello. En una entrevista para Forbes admitía aquello de: “tan rojos que éramos y al final hemos salido todos empresarios”. Era una declaración de intenciones. Convertirse en sinónimo de progresismo y emprendizaje implica malabares.

“La clave aquí es cómo la tecnología democratiza las cosas. Para un periodista como yo, plantearse un periódico propio era impensable hace veinte años y gracias a Internet hoy es posible. Internet ha permitido la puesta en marcha de proyectos que no dependan de un inmenso capital sino del trabajo de la gente. Emprendedor es una palabra a la que le tengo algo de manía, pero yo creo que responde a la posibilidad que te permite la tecnología a la hora de hacer cosas que antes eran imposibles. Ahora proyectos muy pequeñitos se pelean con grandes grupos de comunicación, y a veces somos capaces de ganar. En términos de audiencia, eldiario.es está por encima de periódicos con redacciones mucho mayores que la nuestra”.

Así es el mundo que sigue a 2008. Rechazamos al gran poder y rechazamos al gran estado, los únicos propósitos que prosperan hoy con el favor popular parecen ser los que brotan más allá de los límites de los dos, y el binomio que construye la ideología no es la izquierda o la derecha, sino el micropoder y los grandes poderes de siempre. La línea que separa una start up creada entre unos pocos socios en un garaje de California del proyecto cooperativo es tan fina como inapreciable.

“El problema no es de la prensa española, sino de España.”

Hemos conseguido algo casi milagroso. Es decir que un medio de comunicación (el peor sector posible) en el peor país posible y en el peor momento posible haya podido crecer, sacar a más periodistas del paro y abrir nuevas secciones y delegaciones. Esta redacción que ves es la tercera que tenemos. Empezamos en un coworking con cuatro personas y una mesa como ésta, pasamos a un piso enfrente de aquí que tenía ochenta metros y en el que estábamos 12 personas, y ahora somos 21; en enero seremos 25. Nuestras previsiones no eran tan optimistas.”

Escolar y yo ocupamos dos de los seis sillones acolchados que rodean la mesa de la sala de juntas. Desde aquí se ve el anuncio de una función de El Rey León en uno de los teatros de la Gran Vía de Madrid, en el tramo que media entre la Plaza de España y Callao. La habitación no es muy grande y tiene un detalle desconcertante. En una estantería hay una de esas cartulinas plegadas que se ponen en las conferencias para que los asistentes identifiquen a los ponentes. El letrero es de color hueso, en él está el nombre de Ignacio Escolar en alfabeto latino y logogramas, y a su lado hay una hoz y un martillo. Se da un aire al cartel de Stalin que Zizek tiene en su cocina: su utilidad sólo puede ser espantar a los idiotas. Pero un letrero de Escolar junto al símbolo comunista en la sala de reuniones de eldiario es un detalle goloso.

El cartel tiene una explicación muy poco morbosa, de todas formas.

Escolar acaba de aterrizar de un viaje en China de la mano de la fundación Madariaga y la cartulina es un recuerdo de su encuentro con el Comité de Disciplina, «el organismo anticorrupción».

Otro decorado llamativo en la sala de juntas es una portada de Público enmarcada. Su fecha es de abril de 2008 y la firma Jesús Rocamora. La portada dice: «GTA IV, el bestseller del futuro», y sin duda esos eran los últimos tiempos en que un periódico podía permitirse priorizar un videojuego como la gran historia del momento. Evidentemente, todo periódico es reflejo de su público, y al revés. Preguntado por la temperatura del termómetro político de los millennials de dos años a esta parte, él opina así:

Ha habido una repolitización de la sociedad muy fuerte que ha roto con este meme tan extendido en prensa, por el cual los jóvenes no tienen ningún interés por nada. Un montón de gente se ha dado cuenta de que, aunque ellos pasen de la política, la política no pasa de ellos, y en la política se toman decisiones que afectan a su vida, obligándoles a estar más implicados en el debate social. Luego hay una situación terrible: ellos son la primera generación en la historia de España desde la Guerra Civil que por primera vez y de manera muy evidente va a vivir peor que sus padres. De alguna manera el pacto social es que los hijos viven mejor que los padres”.

“Esa idea de que vamos siempre a mejor es muy neoliberal, ¿no?”

Evidentemente no tiene por qué ser infinito, pero ha sido así durante muchos años. Tú puedes plantearte un futuro en el que puedes vivir igual de bien que tus padres, pero un futuro en que vivas peor no es un futuro. Y por primera vez está pasando. A aquellos que han nacido después de los ochenta les han cambiado el derecho a la vivienda por la PlayStation 3.

“Vivienda, trabajo… ¿No te parecen reivindicaciones muy grises?”

Sí, pero es terrible que estemos así. Creo que medio millón o 700.000 jóvenes han vuelto a casa de sus padres.”

“Me interesa vuestra alianza con Vice. ¿Responde a este interés por conectar con los jóvenes? ¿Te interesa su manera de hacer política?”

“En el 98, probablemente el año en que despega Internet, la prensa española dedicó más portadas al Viagra que a Internet. Lo más seguro es que se deba a que los redactores jefe estaban en edad de Viagra y no de Internet.”

Me parece un producto interesantísimo. Sus videos son excelentes. Hace unos meses hablamos con ellos y nos parece que se acercan mucho al tipo de cosas que nosotros queremos hacer. También estamos intentando construir una nueva manera de acercarnos a los medios de comunicación, algo que me obsesiona desde la época de Público. Siempre pongo el mismo ejemplo: en el año 98, probablemente el año en que despega Internet, la prensa española dedicó más portadas al Viagra que a Internet. Lo más seguro es que se deba a que los redactores jefe estaban en edad de Viagra y no de Internet. Esa es una distancia que se nota. La historia de la prensa española es muy peculiar porque tenemos dos anomalías históricas muy fuertes: la dictadura y la transición. La dictadura porque coincide con los años en que la prensa crece y crea un modelo de prensa independiente de contrapoder, que en España no sucede. Y la transición porque cuando el modelo antiguo se abre y se cambia, llegan al poder una serie de periodistas muy jóvenes que durante décadas mantienen ese poder. En esos años hay un cambio muy fuerte. Pero desde el 78, la prensa queda congelada en España.”

“Qué piensas de los comentarios extendidos sobre Vice: que si son derechas, que si en España son solo una franquicia que sólo traduce de la multinacional, que si sólo se nutren de becarios…”

Bueno, eso es bastante ridículo. De becarios se nutren los medios de todo el mundo. A mí no me parece que sea criticable.”

Escolar viste para pasar desapercibido. Lleva un jersey gris Carolina Herrera y una camisa con corbata que en medio de la entrevista desanuda, enrolla y desenrolla. Su rostro casi siempre es de póker, dramáticamente resulta bastante inexpresivo y su manera de hablar no es fogosa ni apasionada. Está bastante lejos de todos esos tíos supercarismáticos de las nuevas tecnologías que dan charlas en el TED y dominan el lenguaje corporal como actores de stand up comedy.

Y eso a pesar de que Escolar maneja el idioma de los números como si gestionara un fondo de inversión, y no un periódico.

A él le hemos oído hablar de ComScore, de la imparable tendencia alcista en los usuarios únicos que su cabecera convoca y de sofisticadas herramientas de medición de audiencias. Traduce las palabras al idioma de las matemáticas, y ahora debe ser la última esperanza en esas fábricas masivas de desempleados que son las facultades de periodismo. Por si fuera poco, da el perfil de hombre hecho a sí mismo, rebotado por un sistema educativo más bien inane.

“¿Qué recuerdos tienes de la facultad de periodismo?”

No demasiados; la abandoné muy pronto. Empecé a estudiar y trabajar casi al mismo tiempo, y vida de facultad hice el primer día y el segundo año de carrera. Al final decidí abandonar, o mejor dicho la facultad me abandonó a mí: cada año mi plan de estudios se acababa conmigo, y tras suspender una asignatura sin más convocatorias me propusieron volver a empezar de nuevo, pero perdía casi todo mi trabajo. Del primer año recuerdo la frustración de unos profesores muy irregulares; eran muy malos aquéllos que hablaban de periodismo sin haber pisado jamás una redacción. Quienes trabajábamos sabíamos que eso no tenía nada que ver con lo que pasaba en las redacciones. También recuerdo profesores muy buenos y excelentes. Recuerdo a Ángel Bahamonde…

“Creo que el mercado no está para ponerse estupendo y pedir heroicidades a los trabajadores. Creo que hay muchos que, como todos, intentan llegar a fin de mes”

“¿Cómo llevas esta contradicción entre las reivindicaciones por la educación pública y el tiempo perdido en la facultad de periodismo, que es algo que todos los que hemos pasado por ahí compartimos, y la diferencia brutal que hay entre la teoría a la práctica?”

Es que en el caso de periodismo es muy marcada: la facultad tiene que abrirse más a periodistas que han ejercido. La parte teórica tiene sentido pero no debería ser fundamental. Redacción periodística y montaje audiovisual son los conocimientos centrales, y ahí la formación es muy floja. Puede que muchos de los periodistas que salen de una facultad no sepan redactar una noticia”.

“¿Es posible tener unos estudios de periodismo, o sólo se aprende en la redacción?”

Puede ser, aunque yo tengo mis dudas. Cada vez soy más partidario de que el periodismo sea un posgrado. El modelo más lógico es ése: que los periodistas se formen en algo y luego hagan un posgrado de dos años. Los estudios de comunicación están muy bien pero eso es algo distinto. Tienen que ver con la semiótica… —aquí suelta una risotada—, el emisor y el receptor y todas estas cosas… que no son fundamentales para el periodismo”.

“¿Sueña eldiario con ser el nuevo El País?”

Medita la respuesta en silencio durante unos segundos.

A nosotros nos gustaría ser capaces de hacer un periódico tan bueno como fue El País. O como es El País. Creo que fue mejor de lo que es ahora, aunque sigue siendo un excelente producto. Lo que me preocupa no son los nuevos medios o los viejos, sino que lo que sufra sea el periodismo. Que lo viejo se deteriore sin morir, y que lo nuevo crezca sin llegar a ser tan potente como lo viejo. Y eso es lo peor que nos puede pasar a todos”.

El punto de fuga del que surge su proyecto editorial alumbra dos líneas que avanzan de manera divergente. La primera canaliza la rabia popular hacia la corrupción y la miseria a la que nos ha abocado nuestro sistema; la segunda da vigor a la sociedad y se mantiene firme en la idea de que todos estos años de activismo han dado sus frutos. Evidentemente, las dos líneas van en direcciones contrarias y no pueden permanecer juntas durante mucho tiempo. El sentido común afirma que cuanto mayores son los éxitos de una sociedad, menor la tiranía de sus reyes. Y al revés. En 2011 triunfó el 15-M. El año siguiente un par de huelgas generales hicieron mucho ruido. Este año los grandes éxitos del activismo se concentran en la PAH y los escraches. Y aunque en público nadie que haya luchado quiere admitir una derrota, en privado todo el mundo sospecha que la ciudadanía está exhausta.

En uno de los relatos que Hans Magnus Enzensberger procura en Europa en Ruinas, construido a base de conversaciones con los supervivientes de la II Guerra Mundial, el alemán escribe que «todos eran jóvenes y una persona no puede vivir continuamente preocupada, ni siquiera por su país, sus familiares o incluso su propia esperanza de vida». El epigrama sirve tanto para la Italia de 1944 como en la España de 2013. En cualquier caso, y con independencia de los ánimos generales, el gran desafío se encuentra en la Moncloa por llegar.

“En una entrevista que diste hace un par de años criticabas la idea de ‘Rajoy el breve’. ¿Lo vamos a tener tras las próximas elecciones?”

Va a seguir.

“¿Va a seguir?”

Yo no sé si va a ganar pero va a intentarlo. Ahora mismo tiene probabilidades de perder las elecciones, pero es una incógnita. Lo que es seguro es que se va a presentar. La mayor virtud de Rajoy es aguantar, como cuando le dijo a la mujer de Bárcenas que «la vida es resistir». Va a resistir todo lo que pueda. Va a ser el candidato.

“¿Le auguras continuidad?”

No. Creo que va a ser el candidato. Otra cosa es que gane. Creo que lo tiene muy complicado porque se ha jugado todo a doble o nada en la recuperación económica. Hasta ahora hemos dejado de caer: bien, es una gran noticia. Pero eso no significa que nos hayamos recuperado.

No es difícil imaginar que capitanear una redacción debe succionar energías como un agujero negro. Pero Escolar provoca una sensación de sospechosa ubicuidad. Tertulias, televisiones, entrevistas, viajes, Twitter… Da la sensación de estar en todas partes salvo en su despacho. Todo el mundo intuye que como ejecutivo, su principal tarea es la de embajador de su propia marca. Y con ella de su empresa. Él lo confirma.

“¿Qué es lo más leído de eldiario?, ¿Zona Crítica?”

En su conjunto sí, pero Zona Crítica publica muchos artículos. Probablemente mis artículos. De media lo más leído suele ser mi blog. —Y precisa—: Nos está pasando una cosa: en el arranque teníamos muchos más lectores de opinión y ahora es la información, también porque nuestra redacción era mucho más débil de lo que es ahora. Ahora mismo casi siempre lo más leído tiene que ver con información”.

“¿Pese a lo cual las secciones más leídas son las de opinión…?”

Como artículo individual, probablemente lo más leído sea mi post. Pero en su conjunto la información pesa más que la opinión, aunque empezó siendo al revés.

“Tengo la sensación de que valoramos más la opinión que la información y que el reportaje de calle. ¿Cómo lo ves?”

Yo creo que la opinión tiene un punto de empatía mucho mayor que la información. Es decir, es más fácil decir que te gusta una opinión que una información. Se viraliza mucho más. Pero creo que lo importante es la información. La opinión ayuda a la gente a crearse un criterio, pero la función fundamental del periodismo es la información. Nosotros nos hemos apoyado mucho en la opinión, pero queremos crecer hacia la información. En los últimos catorce meses hemos ampliado el presupuesto un montón de veces, y cada euro que llega lo dedicamos a ampliar la información. En opinión creemos estar bien. Tenemos una buena opinión, muy característica y diferente de la que hay en otros medios, lo que nos ha permitido crecer muy rápidamente.

La mayoría de escritores que alguna vez ha pensado en hacer del periodismo el arte de los hechos tiene en mente una tradición inexcusable. Norman Mailer, Orwell, David Foster Wallace, Remnick, Upton Sinclair, Sullivan… Escolar está en las antípodas de todo eso. Preguntado por el hecho de que en España la no ficción y el reportaje anglosajón no haya terminado de cuajar, él es pragmático:

Es caro. Requiere tiempo, medios, periodistas con mucha experiencia y un gran trabajo de edición. Todos los periodistas queremos trabajar en el Economist, New Yorker, The Guardian, Financial Times… pero es muy difícil. También hay que saber de dónde venimos. España ha tenido sueños de nuevo rico en los últimos años pero no deja de ser un país que hace menos de treinta años estaba resolviendo problemas de analfabetismo. Somos nuevos en el mundo desarrollado. Hay un estudio de un teórico que dice que existe una correlación directa entre el porcentaje de corrupción política de un país y su grado de educación de 1870. Lo que demuestra que la educación es algo que modifica las sociedades a muy largo plazo. En Pisa lo vemos ahora: todos los datos dicen que el factor más importante en la educación es el nivel sociocultural y socioeconómico de los padres. Aunque un niño vaya a un colegio excelente, si en la casa no se lee el niño no va a leer. El problema no es de la prensa española, sino de España. Hemos crecido muchísimo en los últimos cincuenta años, a pesar de la crisis, pero tenemos lastres y cuentas pendientes.

“Una broma muy habitual entre periodistas suelen ser las piezas más leídas del día. ¿Sentís la dictadura del público?”

No. Nosotros somos un medio muy especial. No tenemos sección de gente, ni famosos, ni desnudos, ni desnudos de famosos, que es la combinación explosiva. Nuestra principal fuente de audiencia además son las redes sociales, y lo más recomendado no suele ser un mensaje al cerebro reptiliano. Cuando recomiendas, te pones a ver documentales de la 2, no sueltas en twitter: ‘eh, ¡Sara Carbonero está embarazada!

“Lo más leído y lo más compartido nunca coincide.”

Claro. Pero nosotros dependemos de la recomendación en redes sociales, y en nuestro caso lo más leído suelen ser bastante aburrido: un tema de la nueva ley de seguridad ciudadana o una cosa sobre banca —risas—. No se nos suelen colar los clásicos temas de lo más leído entre lo más leído del día.

“¿Dirías que tu público está compuesto por una mayoría selecta?”

Sin duda, pero todos los medios de información de economía y política lo están. En España el porcentaje interesado en esos temas es un porcentaje selecto: salen más universitarios que la media, una formación cultural mayor que la media… No es una característica específica nuestra; es la tendencia general. Pero tenemos una vocación generalista. Ahora mismo nuestra audiencia según ComScore son 1,5 millones al mes.

“¿Eres adicto a estas gráficas?”

Sin datos no hay estrategia. En la información nunca hemos tenido tantos datos sobre qué quiere nuestro lector como ahora.

“Todos los medios aseguran que su propósito último es el buen periodismo, aunque para ello recurrirán a distintas estrategias. ¿Qué me dices del Huffington o BuzzFeed?”

Nosotros miramos muchas cosas del Huffington. Es un producto muy distinto al nuestro, es un producto popular, pero es el primer gran modelo de periodismo popular 100% Internet y presenta muchas novedades de las que todos tenemos que aprender: tecnología, redes sociales, la apuesta por la jerarquía radical de la información… Y luego está el debate eterno sobre si pagan o no, o si el periodismo debe estar pagado o no: nosotros pagamos, pero yo entiendo que la gente quiera escribir gratis; yo mismo escribo gratis en Twitter y no espero que Twitter me pague por ello. Me considero pagado con otras cosas.

Un relato inagotable en los medios son los EREs, esa implacable táctica de realpolitik que consiste en el viejo «divide y vencerás». Es decir, un alto directivo sopla una cerbatana con dardos envenenados y varios empleados son despedidos. Quienes permanecen, convocan acciones y atraen la atención de la opinión pública, que lamenta la pérdida de sus puestos, a los que los supervivientes acuden evocando la escena de película en donde alguien clava sus garras contra el borde de precipicio, mientras mira con terror la bota que le arrojará al vacío. A pesar de todo, permanecen. Y lo hacen detestando la decisión impuesta por la empresa, y por tanto los valores de la empresa a la que con su fuerza laboral contribuyen.

Lo vimos en Telemadrid y en Canal 9, dos medios cuyas directivas ideológicas eran abominables (irónicamente, la única gente con estómago para tolerar sus contenidos parecía ser la misma gente que quería acabar con ellos). Los únicos motivos para desear la permanencia de los dos canales son el símbolo de derrota que significan hoy («otra propiedad pública arrebatada») y la oscuridad que sobreviene a sus trabajadores alienados. Público es el gran emblema de todo eso. Algo así pasó en la historia de su desenlace, de las últimas horas de sus trabajadores y de la actual transformación de la cabecera en un nuevo medio de izquierdas con nuevas voces. El interrogante moral que la situación encierra es un duro revés a la condición humana.

¿Qué nos vuelve más miserables?

¿El poder?

¿O su ausencia?

A mí me daba un poco de pudor todos estos últimos días de Canal 9, viendo a la misma gente que había estado sirviendo a su señor, descubriendo de pronto que su señor le traicionaba, y rebelándose contra él. Yo creo que la lección de Canal 9 es que si vendes tu profesionalidad para mantener tu puesto, al final te quedas sin ninguna de las dos cosas: no tienes ni ética ni empleo. Es cierto que hoy es difícil pedir heroicidades a la gente. Pero si yo me viese obligado a mantener a una familia manipulando información de manera consciente, luego no se me ocurriría quejarme si me despiden.

“¿Puede aplicarse esta tesis moral a Público?”

No. Hicimos nuestro trabajo de manera independiente hasta el final. Nuestro problema fue al final. En los años que yo estuve no tengo ninguna queja: no me dijeron ‘azota o defiende a este o aquel político’.

“¿Qué opinas de la gente que permanece o se suma a una cabecera que fue comprada para que los trabajadores no se hicieran con ella?”

Muchos de ellos son amigos míos y no voy a criticarles. Creo que el mercado no está para ponerse estupendo y pedir heroicidades a los trabajadores. Creo que hay muchos que, como todos, intentan llegar a fin de mes. Tampoco creo que estén haciendo un mal producto.

“Recientemente La Tuerka se alió con Público, en una nueva regeneración del medio y sus nombres. ¿Te parece bien?”

Son libres de intentarlo. A mí no me preocupa mucho lo que hagan o dejen de hacer. Además a nosotros siempre nos intentan poner a competir con Público, pero competimos con todos los medios de información general.

En España hay dos estilos muy sonados a la hora de hacer opinión. El primero es muy popular y parte de tres axiomas: los políticos (sobre todo los de derechas) son corruptos, los bancos roban y el capitalismo huele a azufre; la segunda clase de opinador parte del principio contrario: trolear a la propia audiencia para su disfrute (espadas, moranes, azúas, marías, revertes…). Entre medias hay un océano por explorar. Le preguntamos entonces a Escolar por qué si Pablo Iglesias va a Intereconomía, eldiario no atrae columnistas más conservadores, y qué piensa de ciertas estrategias de aparente pluralidad informativa.

Pablo Iglesias va a Intereconomía porque incluso en las tertulias muy de derechas necesitan alguien con quién discutir, si no sería aburridísimo: ‘no, yo creo que el gobierno lo ha hecho bien’, ‘no, ¡yo creo lo ha hecho mucho mejor!’… Técnicamente a eso se le llama tener un punching ball, alguien a quien golpear. Si no, ¿con quién vas a discutir? En este sentido yo creo que eldiario es un medio plural porque tenemos opiniones contradictorias. Hemos tenido algunos debates públicos entre distintos columnistas que se cuestionaban algunos argumentos sobre contrato único, debates económicos… pero lo hacemos dentro de determinados límites en los que alguien como Jiménez Losantos no entraría nunca. No se trata de tener a alguien muy de derechas para demostrar que somos un medio plural. Somos un medio que se define respetuoso con los derechos humanos, comprometido con la igualdad y la expansión de la democracia, que es algo muy amplio y evidentemente está relacionado con una visión política de izquierdas. Pero no somos un diario de partido ni de un tipo concreto de izquierda; incluso en ésta hay un debate muy amplio. Publicamos a gente que escribe en El País y también a gente que jamás entraría en El País y publica en Rebelión.

Llevo algunos días en Madrid, casi todos las noches he salido con colegas periodistas y todos tienen alguna anécdota, rumor o apreciación ingeniosa sobre el primer director de Público. Esa es la clase de comentarios encriptados que se cruzan los integrantes de alguna logia con el fin de confirmar que forman parte de ella. Es como hacer chistes a costa de los editores barceloneses o de la izquierda en Madrid: si no te interesa estar ahí, nunca entenderás de qué se están riendo.

“¿Cómo es Ignacio Escolar fuera de la redacción?”

Juego a videojuegos… Intento leer todo lo que puedo…

“¿Candy Crush?”

Voy por el 140 o 150. Desde hace unos meses también me ha dado por correr.

“¿Haces deporte?”

Hago deporte, pero no lo suficiente. Salgo a correr. Y me he enganchado mucho porque lo he convertido en un videojuego. Tengo pulsómetro, medición de frecuencia cardíaca sigma, VO2 MAX de capacidad pulmonar… y me paso todo el día mirando eso.

“No sólo ComScore sino también eso.”

“Sí, sí. Estoy muy enganchado. Salgo dos o tres veces por semana. Hago una hora y tengo unas marcas malísimas pero me gusta mucho. Esta mañana tenía jet lag por el viaje a China, me he levantado a las 4.30 y a las 6.30 he salido a correr. Me ha sentado muy bien.

“Cuánto duermes.”

Muy poco. 5 o 6 horas al día.

“Cómo lo haces.”

No lo sé, creo que tiene que ver con mi hijo. Hasta que nació mi hijo dormía 8 horas. Luego empecé a dormir mal, como todos los padres. No he vuelto a conseguir dormir con normalidad. A veces hago excesos de dormir 3 o 4 horas y luego caigo redondo y duermo 8 o 10 horas seguidas. Soy muy obsesivo con aprovechar mi tiempo. Cuando me da por jugar a videojuegos me siento muy culpable.

“¿Workaholic?”

Probablemente. En realidad me considero vago, pero sólo para las cosas que no me gustan. Lo que hago me gusta mucho.

“¿Llevas bien la conciliación familiar?”

Probablemente mi mujer diría que no, pero yo intento que sí. Todas las mañanas llevo a mi hijo al colegio, todos los lunes me voy con él a piano a una clase con el método Sukuzi que hacemos juntos e intento llegar a casa a una hora razonable cuando aún no se ha dormido.

“¿Eres vegetariano o lo has sido alguna vez?”

No, no lo soy, pero tampoco como muchísima carne.

“Qué música oyes.”

Música electrónica. Bueno, el tipo de música que hacía…

“¿Tipo?”

Me gusta la música pop electrónica, el dance independiente y cosas así… Te enseño mis listas”, el director de eldiario abre Spotify y ahí está “When a Fire Starts To Burn” de Disclosure.”

“Ese es un gran tema.”

Es buenísimo. Mira, esto es lo que utilizo para correr: Disclosure, Daft Punk, Punsetes, Kavinsky… Mi lista de destacadas es pública y hay de todo.

“Qué música te pones para ir a trabajar.”

Me pongo la SER. Escucho a Pepa Bueno y veo de qué va el día. Cuando escribo me pongo listas de Spotify.”

“¿Qué es lo más macarra que oyes?”

Máxima FM —carcajadas.”

“¿Eres la clase de persona que postpone 15 minutos el despertador?”

“No suelo. Últimamente me despierto antes de que suene el despertador. Me levanto a las 7.30.”

“Estás enganchado al resto de comunicaciones, correo, whatsapp…”

Sí, pero mi correo es un desastre. Ahora mismo tiene 55.000 mensajes sin leer. En el móvil hay más. Cada día recibo 600 correos y acabo fatal con la gente.

“¿Whatsapp? ¿Has usado el emoticono de la caca?”

Alguna vez, pero hace mucho que no lo uso. Recientemente dejé la BlackBerry por el iPhone y no he sido capaz de instalarlos. Debo haber sido la última persona en usar BlackBerry. Uso dos puntos y el interrogante, y la risa, y ya.”

“Además de Meteosat has escrito una novela. ¿Fantaseas con dejar el periodismo y dedicarte a otras cosas?”

Síiiiii —con gran convicción—. Yo de mayor quiero ser escritor de bestsellers. Cuando me retire del periodismo, y espero hacerlo algún día, me gustaría dedicarme a escribir ficción.

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