Entrevistas

Activismo de multinacional: la vida en la organización ecologista más grande del mundo

Anna Rosa Martínez Prat fue directora de Greenpeace en Cataluña durante 8 años. Y conoce todos sus claroscuros.

Anna Rosa Martínez Prat (Barcelona, 1967) jamás tuvo una vinculación con el activismo. Era solo una niña corriente a quien le gustaban los documentales de Jacques Cousteau y Félix Rodríguez de la Fuente.

Pero a pesar de no estar implicada en luchas políticas —“Creo que me hice ecologista por las monjas del colegio”, dice—, la combinación de la suerte y el talento la llevaron, nada más terminar la carrera, a estar negociando tratados internacionales sobre la pesca en Naciones Unidas en Nueva York en nombre de Greenpeace.

Investigaciones suyas han servido para que países como Sudáfrica rechacen tratados pesqueros que perjudicaban a las comunidades locales y a los ecosistemas marinos. Y junto al océano, ha investigado y representado al lobby ecologista en grandes áreas como la de los organismos genéticamente modificados (transgénicos) y la energía. Durante 8 años fue la delegada de Greenpeace en Cataluña.

A lo largo de su experiencia, ha podido conocer las dos caras de las grandes ONG ecologistas, y el difícil equilibrio entre los principios puros del activismo con la estructura de una macrorganización.

Me di cuenta de que las causas de la destrucción del planeta eran las mismas que la desigualdad

¿Por qué ecologista?

No lo sé muy bien. Estudié Biología y, cuando volví de Perpiñán de estudiar Oceanografía, surgió una oportunidad en Greenpeace y me metí de lleno. Siempre me había gustado la naturaleza y me había preocupado la desigualdad en el mundo. Y en ese momento me di cuenta de que las causas de la destrucción del planeta eran las mismas que la desigualdad. Decidí hacer algo.

¿Qué viste?

Pues mucho daño... A empresas como Monsanto, Syngenta, cuando intentaron penetrar con sus semillas en Europa. También a grandes corporaciones pesqueras que han devastado a comunidades pesqueras locales en países en vías de desarrollo, o a Gobiernos por su todavía inexplicable connivencia con las centrales nucleares. ¿Sabías en la central de Garoña en España tiene el mismo tipo de reactor que uno de los de Fukushima? Tiene la misma edad y las mismas no-medidas de seguridad. Podría haber un desastre.

¿Es coherente ser activista ecologista y trabajar en una gran ONG que a veces funciona como una multinacional de las que denunciáis?

Claro que es coherente, ¿por qué no? Yo siempre he sido una persona crítica y de ideales, y he dedicado 11 años de mi vida a Greenpeace: 3 nada más terminar la carrera y luego 8 como delegada en Cataluña en funciones más políticas. La gran mayoría de gente que trabaja en Greenpeace lo haría sin cobrar. Es gente con una vocación ecologista de verdad. Claro que, como en cualquier ámbito de la actividad humana hay gente de todo tipo. Y en Greenpeace también hay gente que usa el discurso ecologista para tener prestigio y un buen sueldo. 

En todos los ámbitos hay puristas que critican todo lo que se hace, pero ellos no tienen la capacidad de cambiar las cosas

¿Ha perjudicado a los fines originales de Greenpeace el hecho de haberse convertido en una organización tan grande?

Cuando algo crece, requiere de organización. De otra manera no podrían sacarse las cosas adelante. Además, la profesionalización, que te paguen por un activismo, exige mayor responsabilidad que un voluntariado. Y está bien que te paguen por un trabajo, ¿no? La estructura puede ser más vertical u horizontal, ser más nuclear o multipolar, pero siempre hay una organización. Y está claro que en cualquier proceso de este tipo, ganas algunas cosas y pierdes otras... 

¿Qué es lo que pierdes?

En una Navidad, organizamos una protesta contra Ayuntamiento de Barcelona que consistió en poner publicaciones antinucleares en un pesebre. Los compañeros de Comunicación de Greenpeace decidieron no distribuir las fotos de esa acción porque algunos católicos podían sentirse ofendidos. Con esto te quiero decir que cuanto más institucionalizado estás, menos autonomía tienes, las cosas van más lentas y hay que tener en cuenta muchos más factores. Sin embargo, ganas en relevancia. Si quieres transformar las cosas te tienes que organizar. Y gracias a eso hicimos una burrada de cosas.

Tengo muy claro que el mundo está mal, pero estaría mucho peor sin Greenpeace

A pesar de esto, muchos ecologistas siguen criticando a Greenpeace...

Esto pasa siempre. En todos los ámbitos hay puristas que critican todo lo que se hace, pero ellos no tienen la capacidad de cambiar las cosas. En cambio, Greenpeace ha conseguido enfrentarse al poder económico y político de igual a igual. Y esto, sin aceptar nunca dinero público para no estar condicionados, haciéndose un hara-kiri social en Estados Unidos cuando se opuso a la Guerra del Golfo en 1991, o colaborando con relativo éxito con muchos movimientos pequeños.

Tengo muy claro que el mundo está mal, pero estaría mucho peor sin Greenpeace. Y si Greenpeace no hubiera existido, tendría otro nombre. Al final Greenpeace es la puesta en común de la fuerza de la gente ecologista. Es una gran organización, pero no olvidemos que está formada por la gente y por sus donaciones. Greenpeace es el gran proyecto global de crowdfunding del ecologismo.

Entonces, ¿por qué saliste de Greenpeace?

Me incluyeron en un ERE (Expediente de Regulación de Empleo). Yo era una persona autónoma y no me callaba nada. La organización en España vivía con ambigüedad el hecho de tener solo la delegación política en Cataluña. A mí solo se me mencionaba en el organigrama. También querían aumentar la incidencia en muchas áreas y yo en ese momento estaba concentrada en los temas de energía. Pero para mí Greenpeace era relevante cuando teníamos un trabajo detrás, cuando nos sentábamos a la mesa y veían que sabíamos. Por eso yo estaba concentrada en los temas de energía. Al final, me bloqueé.

También vieron que hacíamos muchas cosas en los despachos pero querían que sacáramos a gente a la calle, que movilizáramos a los voluntarios en lugar de hacer tanta política. Al irme yo pusieron a un voluntario en un proceso pesquero muy transformador sin los conocimientos requeridos y, encima, estuvo poco tiempo.

En definitiva, me volví algo incómoda y cuando hubo el ERE, aprovecharon para echarme. Pero sigo siendo socia de Greenpeace. Nunca se sabe cuándo Cataluña será independiente y si volverán a necesitar una directora (risas).

Ser ecologista no te hace mejor persona. Que haya cosas que se hagan mal en Greenpeace no es culpa de Greenpeace, sino de cómo somos los seres humanos. Y como en todos lados, en las ONG y entre los ecologistas hay gente buena y gente que no lo es. Los clichés de la sociedad se reproducen en cualquier ámbito. Al final todos gestionamos nuestro ego de una manera muy similar, ya sea para hacernos ricos o para defender el ecologismo. Y los mecanismos de defensa del propio ego son universales.

¿Y la primera vez, antes de que fueras directora?

Fue una época que estuvo muy bien, del 91 al 94. Viajaba mucho, publicamos muchos informes... Pero internamente tuve muchos problemas con el director de la organización entonces. Quería a gente dócil a su alrededor y a mí terminó desplazándome. Me dijeron que no pondrían a nadie en mi puesto, y al día siguiente ya tenían a alguien...

No son prácticas que encajen mucho con una ONG con ideales como Greenpeace...

No, efectivamente. Ser ecologista no te hace mejor persona. Que eso pase en Greenpeace no es culpa de Greenpeace, sino de cómo somos los seres humanos. Y como en todos lados, en las ONG y entre los ecologistas hay gente buena y gente que no lo es. Los clichés de la sociedad se reproducen en cualquier ámbito. Al final todos gestionamos nuestro ego de una manera muy similar, ya sea para hacernos ricos o para defender el ecologismo. Y los mecanismos de defensa del propio ego son universales.

Greenpeace sigue siendo una organización muy anglosajona y muy del Norte. Parece que en las ONG están los anglosajones que mandan, los del sur que reciben y los del Mediterráneo que estamos en medio

¿Qué otras cosas no funcionan en la organización?

Sigue siendo una organización muy anglosajona y muy del Norte. Parece que en las ONG están los anglosajones que mandan, los del sur que reciben y los del Mediterráneo que estamos en medio. Es algo que pasa con casi todas las ONG. Ahora mismo, las directoras son dos mujeres pero no son de ningún país del Sur. Además, ¿es necesario que sean dos?

¿Cuál es el gran reto del ecologismo ahora mismo?

Hay muchos frentes. En el cambio climático parece que el mundo camina de la mano del ecologismo, pero hay otros temas en los que no. No hay una conciencia real sobre el peligro que entrañan las centrales nucleares. En España tenemos la amenaza de la reapertura de Garoña. Quieren alargar la vida de las centrales nucleares hasta 60 años cuando esas máquinas fueron diseñadas para durar 25 años y como máximo alargarlas hasta 40. Es un verdadero desastre que en el año 2016 se plantee la reapertura de centrales con precedentes tan cercanos como el de Fukushima.

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