PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Now

“Los directores vivimos un poco en la complacencia; tenemos que hacer campaña”, @vigalondo

H

 

Hablamos con Nacho Vigalondo acerca de su última película, este viernes en cines

Desirée de Fez

02 Julio 2014 10:01

Director de Los Cronocrímenes y Extraterrestre, Nacho Vigalondo estrena este viernes Open Windows, su tercer largometraje, un thriller protagonizado por Elijah Wood y Sasha Grey en el que desmonta, desordena, rompe y desdibuja desde el escritorio de un ordenador los códigos de una historia típica del género. La paranoia moderna empapa una película igual de interesante como reto técnico y como desafío narrativo. Hablamos con él sobre todo eso y sobre el espacio que ocupan las películas en una coyuntura mutante.

Desirée de Fez: Tus películas previas parecen partir de un doble objetivo: abordar los géneros desde un ángulo distinto y desarrollar una historia a partir de una imagen icónica o misteriosa. El origen de Open Windows, sin embargo, parece distinto.

Nacho Vigalondo: Porque es un encargo y, de entrada, aquí el punto de partida es formal. Pero, de todos modos, sí que creo que hay una imagen icónica. La imagen icónica sería el escritorio del ordenador en sí mismo; cualquiera de sus encuadres sería lo más definitorio de la película.

¿Cuál fue la propuesta inicial?

Me pidieron una película que tuviera mucho elemento digital en pantalla, o una cantidad significativa de lenguaje de Internet en pantalla, algo parecido a lo que veíamos en Closer (2004), la película que entonces teníamos de referencia, cada vez que los personajes hablaban por Messenger. A cambio, les sugerí que toda la película fuera el escritorio de un ordenador.

¿El reto era, entonces, básicamente formal?

Exactamente, al principio era eso. Pero me parecía aburrido limitarme a hacer una película clásica con la peculiaridad de que transcurriese delante de una cámara. Lo interesante era hacer una película que, de alguna manera, fuese autoconsciente de su formato y llevara al límite lo que vemos en las películas de found footage [metraje encontrado]. En esas películas se da una búsqueda de la verdad, de la crudeza, de cierta honestidad. Sus tramas son muy lineales y la cámara suele sobrevivir al protagonista; son filmes muy transparentes, muy limpios. Por alguna razón, la multipantalla y el lenguaje de Internet me llevaron a lo contrario, que es la mentira absoluta, el artificio total, casi a la narración que se descompone. Por eso Open Windows es un thriller clásico que poco a poco se convierte en otra cosa.

Sí, pese a su particularidad formal, arranca como un thriller convencional, como una versión tecnológica de La ventana indiscreta (1954), pero en el tercer acto toma una deriva extraña, hasta abstracta.

Sí, supongo que eso es porque, por ejemplo, reprocho mucho a los blockbusters que tiren de cierta política de forzar la propuesta en el punto de partida, llevando las cosas a un límite diferente y haciendo algo a priori muy llamativo, para luego, en el tercer acto, descansar en la fórmula tradicional. Eso me aburre, y también hace que la película tenga poca vida en el recuerdo. Son películas muy apabullantes, pero se van desvaneciendo en la cabeza.

Open Windows es voluntariamente excesiva, corres el riesgo de abrumar al espectador.

Sí, necesito que cada diez o quince minutos mi película de un paso adelante, que pase a otro nivel, que crezca o tome una deriva en algún sentido. Necesito hacer películas que me mantengan despierto en el proceso, autoestimularme constantemente tanto cuando estoy escribiendo como cuando estoy poniendo la cámara. Necesito multiplicar lo sugerido en pantalla porque tengo déficit de atención y me aburro fácilmente. Necesito que la película se defienda a sí misma no solamente una vez, sino dos o tres o tantas veces que la veas, aun a riesgo de que la primera vez quedes noqueado. Es una forma de trabajo.

"Mis películas, en vez de un masaje en la espalda, son una especie de juego de puñetazos y tensiones con el espectador, casi un enfrentamiento"

El exceso no deja de ser una decisión arriesgada.

Lo es, sí, pero también es verdad que si ves “Open Windows” por segunda vez te das cuenta de que todas las piezas están ahí, de que todo está anunciado y está presente. Para mí las películas tienen una responsabilidad, sobre todo si tienen una voluntad comercial. Independientemente de su funcionamiento en taquilla, tienen la responsabilidad de funcionar en el recuerdo, en una revisión, con el paso del tiempo… Eso es algo que me interesa muchísimo y que siempre he percibido en mis películas. Los Cronocrímenes (2007) está ahora en una posición muy bonita y la disfruto mucho, pero en su momento no fue una película que cayese de pie o fuese fácil de defender. El camino me ha traído hasta aquí. Por alguna razón, lo que hago genera conflicto en el momento, pero envejece bien. Y creo que eso, algo que agradezco mucho, tiene que ver con que mis películas, en vez de un masaje en la espalda, son una especie de juego de puñetazos y tensiones con el espectador, casi un enfrentamiento. Eso me pone las cosas muy difíciles y, con el paso del tiempo, a la vez muy fáciles. Pero bueno, tampoco creo yo que esté en la posición adecuada para juzgar algo así.

Nunca he entendido muy bien por qué tus películas no acaban de funcionar comercialmente en España. Es cierto que tienes un mundo muy personal y particular que puede no gustar a todos, pero no son filmes ariscos o inaccesibles y manejan temas y referencias con los que, a priori, conecta una generación muy clara de espectadores.

No, no es ni elitista ni excluyente. Pero es muy peligroso que los cineastas estemos lastimeros porque lanzamos un mensaje terrible. Corremos el peligro de caer en el victimismo, y nuestra obligación, nuestra misión, es precisamente hacerle frente. De todos modos, me cuesta mucho permitirme ser victimista porque he escrito estos días mi cuarta película, la que quiero hacer y la que creo que se va a hacer. Y cuatro películas no está nada mal. En el caso de Extraterrestre (2011) tengo que entender que en España tiene la aureola de película que no funciona pero, a la vez, está en todas las plataformas de VOD [Video On Demand / Vídeo bajo demanda] y existe una edición americana, una edición china… De todos modos, los nuevos, la generación posterior a la mía, son los que están sufriendo más porque incluso en el éxito no obtienen recompensa.

"Hoy parece que el gran reto es el estreno en Internet, cuando en Estados Unidos es ya lo habitual. Vamos muy atrasados y no somos conscientes de ese atraso"

Hablas del VOD. Supongo (y espero) que la idea que se tiene aquí del éxito de una película cambiará cuando se acabe de aceptar que ha habido un cambio coyuntural radical, que poco queda ya del cine tal y como lo conocíamos.

Sí, tiene que suceder algo. Ahora mismo hay películas brillantes independientes de bajo presupuesto que están teniendo un mercado, como la británica A Field in England (2013) o la americana Cheap Thrills (2013). Y lo tienen gracias a los países en los que se ha establecido el VOD, donde la producción independiente está brotando y brillando. Ahora mismo el público americano se está reencontrando con el cine independiente como sucedía en los 90, y es un momento muy excitante.

Pero aquí no acaba de cuajar.

No, en España el borboteo no acaba de cuajar porque el público todavía no confía en el VOD. Hay que habituarse a todo eso. Hoy parece que el gran reto es el estreno en Internet, cuando en Estados Unidos es ya lo habitual. Vamos muy atrasados y no somos conscientes de ese atraso. Me gusta hablar de esto con gente cinéfila o que aprecia este tipo de películas, y es sorprendente porque incluso personas que se enteran y conocen el medio se sorprenden cuando les explicas que el estreno en Internet es ya el canon; es como si despertaran de golpe. Te dicen que para eso hay que cambiar el modelo, ¡pero es que eso ya está hecho! En ese sentido, también nos corresponde a los directores ser activistas al respecto. Nos hemos estancado en una actitud un poco complaciente con las cosas tal y como estaban hace cinco años; los directores vivimos un poco en la complacencia y tenemos que hacer campaña. En Twitter, por ejemplo, soy activista del cine de pago en Internet. No tiene sentido seguir con los códigos de hace cinco o diez años, cuando pedíamos a la gente que fuese al cine o les condenábamos por bajarse películas gratis. Hay que cambiar el código ya, hay que pagar por ver cine en Internet.

Pero todos esos cambios, que deberían aplicarse a todos los sectores, no sólo al de la exhibición, implican un riesgo. Y es una evidencia que es más complicado correr riesgos en países en crisis.

Estamos en un país en crisis, sí, pero todos tenemos la responsabilidad de proteger esa cosa que hemos llamado siempre la clase media, y no a un nivel puramente social, sino también a un nivel cultural. La clase media cultural ahora mismo está en peligro, está temblando. En esta cultura ciberfetichista se mantienen aún algunas proclamas de hace diez o quince años sobre la necesidad de quitarle la piscina a Alejandro Sanz. Han pasado ya quince años y la piscina sigue ahí. El mainstream sigue igual, el mainstream no va a caer. Y el cine low cost hecho de las piedras y el cine de arte y ensayo para festivales van a seguir ahí, lo que hay que proteger es esa clase media.

"Para mí es mucho más divertido, más excitante como consumidor, cuando alguien se expresa a través de la verdad"

“Open Windows” también parece hablar de la paranoia contemporánea, de la angustia y la desorientación que genera la absoluta dependencia de Internet.

Totalmente, entras en una especie de dinámica mental, de paranoia y pérdida de puntos de referencia, que hace que luego incluso te cueste volver a un discurso normal. Eso es algo que se refleja en la película. En ese sentido, me gusta mucho cómo se descompone todo al final.

El protagonista de “Open Windows” se pierde y desdibuja en un mundo que cree conocer y tener controlado, pero que acaba controlándolo a él. Eres una persona muy activa en Twitter, no sé si el argumento de tu película funciona un poco como símil llevado al extremo de los peligros de sobreexponerse en las redes.

No es consciente, pero podría ser porque, aunque nunca es una imposición, en todo lo que hago hay siempre cosas autobiográficas. Pero la identidad desdibujada del protagonista, que al final ella sea más personaje que él, que se vaya solidificando mientras él se evapora, igual sí tiene algo que ver con lo que comentas. En cualquier caso, nunca he fabricado conscientemente un personaje para Internet o para los medios. Para mí es mucho más divertido, más excitante como consumidor, cuando alguien se expresa a través de la verdad. Por eso prefiero tirar de la verdad cuando soy yo el que se expone. Pero es cierto que hay gente que cuando me conoce en persona me dice que pensaba que era de otra manera. Es como en los relatos de Stephen King, hay por ahí otra versión de mí mismo. Y pienso, ¿quién ha creado ese personaje si no he sido yo conscientemente? Pero es verdad es que hay gente con la que tengo relación personal que no tienen ni idea de la personalidad que exponen en Twitter, de la parte de sí mismos que está ahí; y eso que no es una red que te exponga a un nivel tan íntimo como, por ejemplo, Facebook. No tienen ni idea de hasta qué punto el personaje que están exponiendo no es positivo.

Es interesante la elección de Sasha Grey para encarnar a un personaje que, en realidad, es sólo la fantasía erótica del protagonista.

Totalmente, hablé mucho con ella sobre eso. No es una película continuista con su trayectoria de actriz porno, pero tampoco ignora todo eso.

No es la primera vez que das una función narrativa a una canción. Pienso en el uso de ‘All my Little Words’ de The Magnetic Fields en “Extraterrestre”. En este caso has optado por ‘Ghost Rider’ de Suicide.

Sí, en este caso suena en varias ocasiones. Si recurres a una misma canción tres o cuatro veces no sólo le estás dando un valor, un significado, sino que también estás usándola como argamasa para unir determinadas partes de la película. Me parecía un juego divertido. También me hacía gracia que fuera una canción que habla de Ghost Rider porque, de alguna manera, Open Windows acaba siendo una película de superhéroes.

Decías que acabas de escribir una película nueva.

Sí, acabo de escribir un guión que empezaré a enseñar ya y es ambivalente, puede rodarse en España o en Estados Unidos.

Hubo un momento en el que parecía que todos los directores españoles de cine de género estabais llamados a hacer películas en Estados Unidos. ¿Has estado alguna vez a punto?

Sí, he estado cerca de hacer algunas películas, pero quizá no he estado lo receptivo que debía porque, en esta especie de salto de liana a liana, de película a película, para que decida rodar un guión ajeno tiene que interesarme de verdad. No me cierro a ellos, de hecho alguno me ha gustado pero no se han alineado los astros. De todos modos, la artesanía sería más fácil de asumir si las películas tardasen en hacerse un año. Pero es tanta la vida que te comen… El vínculo tiene que ser muy sincero porque sino puedes hundirte por completo en mitad del proceso. Si a veces dudas con películas tuyas, imagínate lo que podrías tambalearte con una ajena.

share