Entrevistas

"Me dijeron que mi cáncer de mama estaba causado por llevarme mal con mi madre"

Hablamos con María Hernández Martí, autora de Que no, que no me muero y escritora indignada con la vida

Fotografía de Hannah Altman

" Lo único meritorio que he hecho en todo este tiempo es no morirme". Así de clara suena María Hernández Martí, guionista del cómic Que no, que no me muero, de Modernito Books.

Después de superar un cáncer de mama diagnosticado en 2009, Hernández ha decidido contar su propia versión sobre lo que significa tener esta enfermedad.

Normalmente, en publicaciones de este tipo vemos mensajes esperanzadores, emotivos y hasta sobrios. Un hilo de esperanza para todas las personas que quieran verse reflejadas en experiencias de sufrimiento y posterior superación.

Pero esta vez no es así. Que no, que no me muero es una visión realista sobre lo que supone sufrir cáncer de mama. Una recopilación en la que el falso buenrollismo deja paso al humor ácido e inteligente de una escritora tan honesta como enérgica.

"Cuando me diagnosticaron cáncer quise salir corriendo y no parar hasta llegar a tierras de pingüinos"

" Cuando me diagnosticaron cáncer no fue una sorpresa infinita", reconoce la autora. "Ya nací azul y sin paciencia alguna", añade, dando a entender que era lo único que le faltaba para ser la persona con la salud menos estable que ella misma conoce. " Así que no pensé 'cómo puede sucederme esto', sino que tuve un sentimiento de salir corriendo y no parar hasta llegar a tierras de pingüinos".

No son pingüinos los que aparecen en el volumen. Pero sí jirafas, ballenas y ratas. Para ordenar cada sentimiento que ha tenido durante su lucha contra el cáncer, Hernández ha elaborado un diccionario propio en el que cuenta su historia. Estrógenos, irrealidades y entierros. Todo es parte de una enfermedad que solemos ver en una única dirección.

"La enfermedad progresó bien, aunque se me hizo larga y, como es usual, sigo pasando controles periódicos. Mi salud me da pocas alegrías, si exceptuamos el hecho de que no me muero y eso. Pero mantenerme con vida me ocupa mucho tiempo y energía".

Tanto esfuerzo provocó que, lo que comenzara con una sensación de miedo evidente, fuera virando hacia la ira. "Es mi manera natural de enfrentarme a las adversidades. Ya me dice todo el mundo que es un sentimiento malísimo, pero es lo que me mantiene en pie", explica.

"Cuando la gente se me pone militante y evangelizadora, respondo"

" He contado lo que pienso a diestra y siniestra a quienes me han preguntado en salas de espera, autobuses, herbolarios, parques y piscinas. Cuando la gente se me pone militante y evangelizadora, respondo".

Para Hernández, gran parte del sufrimiento no viene dado por la enfermedad. Tampoco es culpa de una misma. Aunque sabe que puede parecer insignificante, admite que lo que más tirria le dio fue enfrentarse a la gente. A personas que le recordaban constantemente que tenía muchas papeletas para morir.

"Lo que más me desata es que me digan que en realidad el cáncer se debe a que no estoy en armonía con mi espíritu, a que mis pensamientos son negativos o demasiado terrenales; que si me he enfermado es porque soy una perra descreída (quizás lo dijeron con otras palabras) y alejada de la luz. Que si sigo por este camino no me voy a curar".

Esto es algo que quedó demostrado la primera vez que salió con la cabeza rapada a la calle. Según explica, las reacciones con las que se encontró fueron cinco:

1. Estupefacción. Los ojos abiertos como platos lo dicen todo.

2. Superconsejitos de la vecina. "Hay que ver, con lo bien que te quedaba el turbante = Tápate niña, que estás horrible".

3. Curiosidad asesina. "Mira, perdona, ¿tú llevas el pelo así porque te gusta a ti o es que tienes una cosa mala?"

4. ¿Ánimos? "Muchacha, te va a salir el pelo fuertísimo, seguro, mejor que antes; a mi perro lo rapamos porque tenía la sarna y mira, mira qué maravilla".

5. Lastimita. "Mírala qué contenta va, peladita como está, la pobre; qué lección, qué lección".

" Las personas somos agotadoras", nos cuenta.

¿Todas?

"Muchas de nosotras. En general no llevamos bien el quedarnos calladas. Y tenemos una relación muy poco sana con la enfermedad y la muerte".

"Las personas somos agotadoras

No hay duda de que su visión alternativa sobre la enfermedad puede generar ampollas en personas que la consideren frívola o pesimista. Sin embargo, a la autora no le parece que deba callarse en ningún momento cuando son situaciones que le han ocurrido día sí y día también.

" ¿Ofenderse? A mí me ofende que me digan que la quimioterapia es un invento inútil de la industria farmacéutica y que me podría haber curado con limón y bicarbonato", responde cortante.

Y este es solo uno de los argumentos pseudocientíficos con los que se ha encontrado.

"La gente dice cosas mucho peores. Como que si tienes cáncer en la mama izquierda es porque tienes una relación patológica con tu madre y los sentimientos negativos derivados de eso se convierten en un tumor. Y otras barbaridades equiparables para la mama derecha".

"La tendencia al cuñadismo es fuerte en los hospitales"

Afirma, literalmente en mayúsculas, que " LO PEOR SON LOS DESCONOCIDOS QUE QUIEREN SALVARTE DE TI MISMA".

Además, se trata de una competencia malsana que tiene ni pies ni cabeza. " La tendencia al cuñadismo es fuerte en los hospitales. La gente te enseña sus cicatrices: 'lo mío es peor'. O te lleva por el camino del conocimiento: 'lo que te pasa es esto'".

Podría decirse que, después de pasar por un proceso tan duro, como mínimo se lleva lo aprendido. Pero ni eso. " Ni siquiera aprendí a liar porros", aclara María Hernández Martí, que utilizaba la marihuana para aliviar las náuseas.

Por más que haya superado el cáncer de mama, se sigue medicando cada día y tiene que tomar cientos de medidas para prevenir esta enfermedad y superar el resto de las dolencias contra las que lucha.

Aunque, ¿quién sabe? Igual un día su vida da un vuelco de 180 grados.

" Viendo que objetivamente mi salud es un asco, no descarto que un día me dé un flash y acabe en una leprosería tibetana meditando 20 horas al día con flores en el pelo y toda la parafernalia".

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