Entrevistas

Delirios y miserias del primer 'indie' español

Ambiciones, autocomplacencias, rencillas e impagos: o por qué lo ‘indie’ parecía tanto y se quedó en tan poco

Ilustración de Rami Niemi

Enero de 1993. La madrileña sala Siroco acoge la última parada de la gira Noise Pop, una tournée que reúne a cuatro de las nuevas bandas que desde cierto tipo de medios comienzan a ser encumbradas como alternativa al anquilosado y caduco panorama musical patrio.

La sala huele a excitación. Varios cientos de personas abrazan con curiosidad y euforia el nuevo ruido de aquellos jovencísimos grupos. Su música es un caldo de guitarras distorsionadas, melodías poco claras, estridencias, disonancias...

Definitivamente, aquello parecía algo distinto. ¿Pero distinto en comparación con qué?

Para muchos, aquella gira fue el gran momento fundacional de la escena 'indie' española. Una escena marcada por la dispersión geográfica, por la anglofilia y el amateurismo. Una escena que con el tiempo acabó dando lugar a una "burbuja" cuyos efectos duran hasta nuestros días.

" Los medios fuimos culpables de sobredimensionar aquella escena. Esa es la parte de culpa que yo veo: el hacer creer a quienes leían estas revistas que aquellos grupos eran realmente importantes y realmente valiosos. Porque no era así. Porque socialmente eran grupos que no llamaban la atención. Sólo interesaban a unos cuantos. Y aún así nos empeñamos en intentar convencer al país de que lo mejor que se estaba haciendo era esto del indie".

Son palabras del periodista barcelonés Nando Cruz. Él mismo tomó parte durante años en ese ensalzamiento acrítico de (casi) todo lo que oliera a 'indie' desde revistas como Rockdelux. Ahora, más de 20 años después de aquella cita seminal con la gira Noise Pop, Cruz ha asumido el reto de encastrar la historia oral del 'indie' en España a partir de los testimonios de sus principales protagonistas.

El resultado es Pequeño circo, un meritorio libro de casi mil páginas que acaba de ver la luz a través de la Editorial Contra y en el que se ofrece un retrato crítico de una escena que nació lastrada por la autocomplacencia y que no tardó en reproducir muchos de los males contra los que supuestamente se revelaba.

"A mí me encargaron una historia oral del 'indie', explicar cómo surgió aquello a través de la palabra de los propios grupos", nos cuenta el autor. "Pero también quería incluir una parte de reflexión. Que la gente, veinte años después, opinase sobre qué valor cree que tuvo aquello. Valor no sólo estético, sino también político, social... Yo quería reconstruirlo, y luego cuestionarlo. De ahí la extensión".

Nuevas sensaciones (no tan nuevas)

"Recuerdo ir a ver el concierto de la gira Noise Pop en la sala Garatge y tener la sensación de que aquello era diferente. Que era muy cercano a mí. Que me parecía a ellos. Cambió la sensación. Hasta entonces yo había escuchado música de unos grupos que veía muy distantes, y en aquel momento empecé a notar que los grupos eran mucho más próximos a mí".

Cruz alude a una sensación compartida por muchos de los que empezamos a frecuentar aquella escena incipiente en los primeros años 90. Esa sensación de conexión, de cercanía, que iba más allá de lo físico.

Porque ver a aquellas bandas jóvenes te hacía sentir que podías formar parte de aquello, que podías ser uno de ellos. Sólo había que dar el paso. Y el paso parecía sencillo de dar.

La escena 'indie' fue incapaz de proponer dinámicas alternativas. "Al final nada cambió. Sólo el decorado"

En cierto modo, en la explosión 'indie' de principios de los 90 muchos tuvimos nuestro punk. Nuestro 'puedes hacerlo tú mismo'.

De la noche a la mañana empezaron a surgir grupos en todos los rincones de España. Grupos que rechazaban la tradición del pop-rock español para emular sin rubor a sus ídolos foráneos. En paralelo empezaron a nacer nuevos sellos independientes deseosos de dar luz a todo aquello. También fanzines legendarios, revistas, programas de radio, festivales...

Piezas de un movimiento que "avanzaba entre el entusiasmo y el precariado, el hedonismo y el arribismo", en palabras de Cruz.

Con el tiempo fueron llegando los primeros éxitos (el Chup Chup de Australian Blonde, el fichaje de Los Planetas por RCA, etc.) y las primeras grietas. Llegó el dinero de las multis y llegaron las marcas. Llegaron las microescenas, las envidias y las desavenencias.

Con ayuda de los medios, se generó la falsa ilusión del 'indie' como fuerza cultural dominante. Y en ese mismo proceso la etiqueta acabó perdiendo todo su significado.

El 'indie' dejó de ser lo que era para convertirse en otra cosa.

Para algunos, poco más que la banda sonora joven y cool del neoliberalismo.

Los festivales de ahora son como una versión reconcentrada de lo peor de la sociedad capitalista

De la pasión al negocio

La crónica de Pequeño circo se estructura en dos partes bien diferenciadas. La primera recorre la geografía española para rememorar el germen de los principales viveros del indie patrio. La segunda abandona el guión geográfico para entrar en ese tiempo en el que empieza a vislumbrarse en la escena la conciencia de ser, o querer ser, una pequeña industria musical capaz de generar dinero.

Esa 'industria indie' que, con el tiempo, fue reproduciendo muchos de los vicios de aquello que odiaba.

"Hay un momento en el libro en el que alguien afirma que el 'indie' nació siendo la negación de La Movida y acabó recogiendo todos los males de aquella Movida", comenta Nando. "En realidad yo creo que se repite la misma historia que en los 80".

O sea, el paso de la verdadera independencia de los primeros Aviador Dro, Discos Radioactivos Organizados o Tres Cipreses, al momento en el que esas estructuras crecen hasta convertirse en una fuerza relevante en el mercado, entra el dinero de los ayuntamientos y llega el desmadre de los cachés inflados.

"El 'indie' empezó prácticamente de la misma manera, con grupos que tocaban para 30 personas, que se cruzaban el país para cobrar 15.000 pesetas a repartir entre 4, y en determinado momento empezó a entrar dinero a mansalva. Por un lado, porque hubo una multinacional que empezó a ofrecer adelantos a nivel editorial. Por otro, porque muchos grupos ficharon por RCA. Y luego, porque entran a saco las marcas. Entran las marcas porque ven que hay un público con un poder adquisitivo destacable y hay que venderle todo lo que se pueda".

Nando sostiene que la escena 'indie' fue incapaz de proponer dinámicas alternativas. "Al final nada cambió. Sólo el decorado".

Donde antes estaban los ayuntamientos, ahora están las marcas inyectando dinero en un entramado empresarial de estructura piramidal en cuya cúspide están los festivales.

"Los festivales de música, en su inmensa mayoría, y sobre todo los más grandes, son todo lo contrario de lo que debería ser un festival de músicas que se pretenden independientes o alternativas", opina el autor.

"Para mí, los festivales de ahora son como una versión reconcentrada de lo peor de la sociedad capitalista. En un festival ves cuarenta logotipos de marcas antes de llegar a ver al primer grupo. Me parece que fomentan el consumismo y el hedonismo ciego hasta niveles extremos. Y no estoy en contra del hedonismo, pero yo entro en un festival y me siento más agobiado por la presión comercial que en la calle".

No creo que la industria independiente en España se plantease en ningún momento romper con los vicios o los malos hábitos que había consagrado la industria multinacional

Malas prácticas

En Pequeño circo hay lugar para las anécdotas felices, para las confesiones íntimas, y también para los trapos sucios. A lo largo de la narración se suceden las referencias a pufos económicos, impagos, cartas de libertad millonarias, desfalcos, chantajes...

Son varios los grupos que se quejan de no haber visto royalties. La queja resultó tan recurrente que Cruz estuvo a punto de titular el libro Por favor, págame, en un guiño al clásico Por favor, mátame, el libro de Legs McNeil y Gilliam McCain sobre el punk norteamericano de los 70.

"Sobre este asunto hay dos visiones y creo que las dos son complementarias", aclara el autor. "Una, que muchos sellos, antes de pagar royalties a un grupo, efectivamente preferían destinar ese dinero a sacar otro disco. Y otra, que aquella visión acrítica que ejercíamos desde la prensa hacía que muchos grupos pensaran que estaban vendiendo mucho más de lo que realmente vendían. Al no poder acceder a las cifras, todo el mundo desconfía".

Fueran sospechas ciertas o infundadas, lo cierto es que la honestidad no queda reflejada en el libro como un valor al alza entre ciertos empresarios 'indies'. Y las críticas no sólo llegan desde los grupos. Manuel Torresano, uno de los capos del sello Siesta, afirma haber visto más comportamientos repugnantes en la escena 'indie' que en el ámbito de las multinacionales.

Nando tampoco cree que existiera una ética especial en la industria musical independiente de aquella época.

"Gran diferencia no hubo. Entre otras cosas porque cuando empezaban a firmar contratos con los grupos, eran contratos que habían conseguido de alguna multi, de los que igual quitaban unas cuantas cláusulas y los pasaban como si fueran suyos. Eran contratos literales, como los de las multinacionales. Yo no creo que la industria independiente en España, en aquella época, se plantease en ningún momento romper con los vicios o los malos hábitos que había consagrado la industria multinacional respecto al trato con los artistas. La manera de funcionar fue la de las multis a escala pequeña".

Los medios fuimos culpables de sobredimensionar aquella escena

Midiendo (de)méritos veinte años después

Más allá del esfuerzo de reconstruir la historia de su despegue durante los años 90, el valor de Pequeño circo está en su intento de arrojar luz sobre las zonas oscuras que aún esconde el análisis de nuestro 'indie' como fenómeno sociocultural.

A eso se dedica la última parte del libro, en la que se lanzan al aire una serie de preguntas con las que se busca reevaluar la significancia de todo aquello.

¿Fue el 'indie' un movimiento rupturista o sólo un viraje estético? ¿Fue una música hecha por y para la clase media? ¿Tuvo algo de contracultural? ¿Fue el principio de algo? ¿Cuál fue su verdadero calado social?

Las respuestas oscilan entre un J (Los Planetas) que ve aquello como un precedente de la protesta social del 15M, entre quien considera que el 'indie' tiene un componente antisistema en tanto que cuestiona la cadena de valor asociada a la fama, el dinero y el éxito, y las voces que lo despachan como expresión de esnobismo, que tildan su mensaje —o su falta de mensaje— como autocelebratorio y vacío, que hablan de "secta grande", de elitismo cultural mal entendido, de reacción contemplativa, de desconexión con la realidad social... Reflexiones todas ellas interesantes que merecen ser leídas de forma a su vez crítica.

Nosotros nos quedamos con una aportación de Abel Hernandez (Migala, El Hijo), cuando alude a la visión de Jacques Attali según la cual la música es siempre profética.

"No es que (la música de una determinada época) prefigure la música que va a venir, sino el momento histórico que va a venir. Y la música independiente de los 90 explicó muchas cosas de la España que iba a venir. Si la prefigura o, en realidad, contribuye a crearla, depende de la lectura que hagas".

¿Independientes, o demasiado pendientes de ser 'indies'?

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