Entrevistas

25 años de subterfugios

Hablamos con Subterfuge para repasar su trayectoria días antes de sus bodas de plata en el Matadero de Madrid

“Siempre nacimos con una predisposición de publicar lo que nos gustaba”, “no concebimos vivir sin música”, “no dependemos de nadie”, “seguimos haciendo lo que nos gusta, captar el talento y plantear una carrera musical”… Al habla Carlos Galán y Gema del Valle, responsables de un sello sin el cual no podría entenderse la actual escena musical española, y que además está de aniversario: bienvenidos a los cuarteles de Subterfuge.

Fotos de Liliana López

Hace 25 años, en el madrileño barrio de Malasaña, Carlos Galán y Gema del Valle comenzaron a publicar un fanzine llamado Subterfuge que, inopinadamente, se convirtió en la discográfica indie más conocida del país. Luego, con el derrumbe de la industria discográfica tal y como la conocíamos, supieron mantener los ojos bien abiertos y mutar con el signo de los tiempos hasta convertirse en la compañía todoterreno que son ahora, en la que abordan no solo lo estrictamente musical sino también lo aledaño: organización de eventos, management, booking, consultoría y demás. Renovarse o morir.

Si empezaron en el underground más absoluto, ahora celebran sus bodas de plata en dos grandes contenedores culturales de propiedad pública de la capital. La exposición Viaje al centro de Subterfuge, en Centro Centro, narra la peripecia vital del sello a base de posters, discos, flyers, fanzines y otra parafernalia. La banda sonora de este viaje (y de la vida de muchos que hemos sido jóvenes y no tan jóvenes desde los 90 hasta ahora) se podrá escuchar durante el Día de la Música en Matadero, el 20 y 21 de junio, que este año ofrece un monográfico de la compañía mezclando a la viejas glorias, algunas ya disueltas como Australian Blonde, Killer Barbies o Los Fresones Rebeldes, con los primeros espadas del presente, como McEnroe, Anni B. Sweet o Vinila Von Bismarck. En el nutrido cartel habrá otros nombres como Nawjajean, Dr. Explosión, Ellos, Arizona Baby y muchos otros. 100% Subterfuge para un evento que han bautizado como The Big Stereoparty.

Visitamos entonces sus oficinas, repletas de posters de cine de serie B, figuritas, vinilos o cachivaches vintage, que forman un ordenado caos de colores y donde está muy presente la mascota gráfica de la compañía, el ubicuo Alex (diseñado por Miguel Ángel Martín, compañero cercano en todo este viaje), y el recuerdo de la que fue la peluda mascota de carne y hueso, el gato Jordi Subterfuge.

Carlos Subterfuge y Gema Subterfuge (como para muchos se han acabado apellidando) nos cuentan cosas de su historia. “Con esto del aniversario hemos hecho un montón de entrevistas”, se queja Carlos en broma, “ahora entiendo por qué se quejan las bandas con el asunto de la promoción. Y nosotros les decimos ‘venga, hay aguantar, si no es para tanto’. Eso sí, no nos vuelvas a preguntar por Dover…” Bueno, eso ya lo veremos.

Carlos:"En Gema encontré algo que no había encontrado en mis amigos: la aliada perfecta para sacar adelante el fanzine. Y hasta hoy, más de 25 años después"

¿Quiénes erais hace 25 años?

Gema. En 1989 yo estaba pasando de segundo a tercero de BUP (no sé lo que será en equivalente en la ESO) y me estaba cambiando de un instituto de Carabanchel a uno de Malasaña.

Carlos. Yo había hecho ya fanzines y Subterfuge, que empezó así, no iba a ser más que otra aventura fanzinera que iba durar uno, dos o tres números. En la facultad, donde empecé a estudiar Historia del Arte, tenía a unos compañeros de instituto de Gema (porque Gema era ya de las malotas que iban con los mayores del cole) y me hablaron de ella. La conocí un día, hablamos de música y vimos que teníamos mucho en común. Y encontré algo que no había encontrado en mis amigos: la aliada perfecta para sacar adelante el fanzine. Y hasta hoy, más de 25 años después.

¿Qué escuchábais entonces?

G. Escuchábamos cosas diferentes, pero teníamos en común el hardcore y el punk.

C. Era la época más garajera de Madrid, había una escena garajera/psicodélica en torno a Malasaña bastante consolidada con Sex Museum, Los Macana, Pleasure Fuckers, Los Imposibles… Y ese fue uno de nuestros primeros nexos musicales.

¿Se ha perdido esa escena rockera de Malasaña?

C. Malasaña se ha abierto a todo. En el 89 era un reducto de esa escena y al final se convirtió en yonkilandia. Todo drogas, un barrio muy oscuro y sórdido. Ha renacido como un Soho, y es un crisol de todas las tendencias musicales, estilísticas y de todo tipo.

G. Yo vivía en Carabanchel Bajo y aquel año me mudé a Malasaña, así que no me asustaba de lo que había. Pero era un barrio muy peligroso, por ejemplo no podías ir a partir de las ocho de la tarde entre semana por la calle Pez porque te podía pasar algo malo.

C. Y la misma calle Fuencarral: había camellos de anfetaminas desde Tribunal hasta Gran Vía y era una calle completamente gris… Nada que ver con lo que es ahora.

Carlos Galán: "Nosotros como independientes decidimos nuestros propios pasos. Lo que pasa es que luego esto se transformó en el indie, y ahí se metieron los que no estaban en el mainstream"

Ahora parece que ha virado a lo diurno: los modernos han sido padres y hay cafés, planes para niños, tiendecitas…

C. Totalmente. Se ha hecho un barrio muy moderno con tiendas de cupcakes, agencias de publicidad y diseño, toda la propuesta que quieras. Nos sentimos muy orgullosos de nuestras raíces malasañeras. El otro día hablaron de nosotros en el Telediario como “el sello nacido en el barrio de Malasaña” y me hizo ilusión.

G. Además, nosotros no conocimos en un bar del barrio, el Nueva Visión. Era la época pre-Internet, y el único contacto que tenías era con amigos, los del barrio o el cole, y la gente mi clase, con algunas excepciones, no compartía mis gustos. Para mí conocer a Carlos, que tenía inquietudes por la música, el cómic, el arte o el cine similares a las mías, muy underground, me encantó. Le dije: “te ayudo en lo que haga falta”.

C. Y yo le dije: “¿Estás dispuesta a poner acentos a mis textos? Entonces vale”.

En la época pre-Internet era difícil encontrar gente que escuchara música indie, pero ahora se ha vuelto bastante popular.

C. Claro, antes la única manera de conocer música era grabando cintas. Ahora basta enviar un link a Spotify... eso sí que se ha democratizado. Todo el mundo tiene a acceso a todo en tiempo real. Antes podíamos estar seis meses esperando para escuchar un disco que sabíamos que había salido en alguna parte del mundo.

Siempre se ponía de ejemplo a Inglaterra donde bandas “alternativas” eran cabeza de las listas de ventas, eran populares, mientras que aquí estábamos encallados en el pop latino y otros géneros comerciales para el consumo de las masas.

C. La brecha que se abría antes entre el mainstream y lo que podía ser la “otra música”, el indie etcétera, era enorme. Ahora el mainstream está superestigmatizado, con esas propuestas de New Dance, de latino, reggaetón, mientras que el resto es más popular. Antes había un mainstream que era la mayoría y una escena independiente que era muy nicho.

G. Pero es cierto que en España se tergiversan mucho las cosas porque se considera indie Franz Ferdinand, que es un fenómeno masivo, internacional, mundial, y luego viene a festivales indies. O Mumford & Sons, que se considera algo como para hipsters, y es superpopular. Se confunden muchos términos, dependiendo de en qué círculo te muevas.

Es que el término indie se puede considerar una forma de producción, desde discográficas independientes, o un conjunto de géneros musicales ya aceptados como tales independientemente de cómo se produzcan… Un ejemplo clásico son Los Planetas: un grupo indie que trabaja en multinacional.

G. Más una actitud que un estilo, porque luego indie es Likke Ly o Arizona Baby…

Entonces, ¿os consideráis indies?

G. Más que indies, independientes, porque venimos de la independencia de los 90.

C. No dependíamos de nadie, y esa es la verdadera independencia de las compañías multinacionales, que sí tienen una matriz internacional que es la que dictamina los presupuestos y las cosas que hay que hacer. Nosotros como independientes decidimos nuestros propios pasos. Lo que pasa es que luego esto se transformó en el indie, y ahí se metieron los que no estaban en el mainstream.

Vuestro espectro de propuestas musicales también se abrió mucho con el paso del tiempo. ¿Qué bandas no hubierais pensado en el 89 que llegarías a sacar?

G. Ni idea: siempre nacimos con una predisposición de publicar lo que nos gustaba. Y ya desde el principio: lo primero que sacamos con el fanzine, fue un ep de cuatro grupos y era una cara más punk y otra más hardcore. Pero lo siguiente que publicamos fue un grupo de pop sixtie y rythm and blues, que eran Los Imposibles.

C. En el 97 sacamos a Dover y lo siguiente fueron Los Fresones Rebeldes. El 93 sacamos Psilicon Flesh y luego a Australian Blonde.

G. Y a la vez que estábamos con Mastretta estábamos con Mercromina. Siempre hemos escuchado mucha y diversa música.

Desde un punto de vista empresarial, ¿cómo ha cambiado este negocio?

C. Totalmente. En los noventa nos dedicábamos a hacer discos y a vender ese formato. Alrededor del disco había un manager, un distribuidor, un booker, el que hacía el merchandising, cosas que con la reconversión industrial que vivimos han pasado a ser roles que asumimos nosotros. Básicamente, en esencia, hemos pasado de ser una compañía discográfica, a ser una compañía musical, llámala 360, llámala como quieras, en la que cubrimos todo lo que hay alrededor de un artista.

Carlos: "Pasará un tiempo hasta que se normalicen las cosas, hasta que la gente reciba un link de descarga y lo valore de la misma manera que un disco"

¿Qué hacéis exactamente?

C. Seguimos haciendo lo que nos gustaba, captar el talento y plantear una carrera musical. Pero ahora somos sus editores: antes teníamos acuerdos con compañías grandes para edición, ahora somos edición 100% con todo lo que implica el tema, el registro de la obra, etc… Somos sus managers, no solamente a nivel musical sino para temas de imagen, organizamos eventos con nuestros artistas o con otros, hacemos consultorías para marcas, hacemos el booking para artistas que no son de la compañía… Un poco todo lo que se puede hacer dentro de este negocio.

De todo ese pastel, ¿qué porcentaje representa ahora el disco en formato físico?

C. Nada, absolutamente residual.

Pero seguís sacando siempre discos físicos.

G. Sí, cd y vinilos. Pero también es un mito eso de que los vinilos funcionan bien.

C. Seguimos haciendo los discos porque estamos atados a muchos medios que todavía necesitan el disco físico, o promotores que quieren ver el disco para comprobar que no le estas engañando. Pasará un tiempo hasta que se normalicen las cosas, hasta que la gente reciba un link de descarga y lo valore de la misma manera que un disco.

Oye, ¿hay nostalgia de los noventa?

G. Preparando el festival del Día de la Música, hemos visto que mucha. Estamos de subidón porque la gente lo recuerda con mucho cariño, con muchas ganas. Nos han puesto tuits diciendo que somos la banda sonora de su vida, cosas como estas hacen que merezcan la pena muchos momentos que hemos pasado mal.

C. Hay mucha gente de entre 30 y 45 años, que está muy activa en todos los lados, y esta es la música que escuchaba, con la que se enamoró, etc. Nos está llegando mucho feedback de gente de fuera que hace diez años que no viene a Madrid y ahora viene porque están todas estas bandas juntas en Matadero. Van a dejar a los niños con la abuela para esta ocasión. Algunos cuentan que conocieron a mujer en un concierto de Killer Barbies, y cosas por el estilo… Son cosas que nos estimulan.

G. Gente que, cuando la explosión de Australian Blonde o Los Fresones Rebeldes, bandas ahora disueltas, los escuchaban en el pub de su pueblo con 12 años y nunca los vieron en concierto. Ahora tienen veintitantos y es la primera vez que los puede ver en directo… Cosas que nunca pensaron que fueran a ver.

C. Y gente que les gustaba Los Fresones Rebeldes y ahora escuchan a McEnroe, así que se encontrarán el ayer, el presente y el futuro.

"El indie ha madurado y hay gente que habla de temas políticos con con clase y con talento. Pero en los noventa no había nada de eso, y lo que había era chusco, hablar de política era hacer el pareado cutre"

Entonces vuestro público objetivo ha crecido con vosotros…

C. Gran parte sí. BeGun, que para nosotros es la vanguardia absoluta, congrega a gente pasados lo cuarenta en sus conciertos que conviven con gente más joven.

G. Muchos han crecido con nosotros. Algunos han dejado de ir a conciertos, ha cambiado su vida, pero como las propuestas que hemos seguido sacando tienen que ver con lo que se hace en la calle en cada momento, nos sigue también gente más joven. Nos pasa con artistas como Anni B. Sweet, Joe La Reina, o Begun. Hay un contraste.

C. Nosotros llevamos toda la vida dedicados a esto, no concebimos vivir sin música, pero te encuentras con gente de 44 años que ha dejado de consumir música…

Se da el fenómeno de que estas son las primeras generaciones en España que envejecerán escuchando música rock, indie, alternativa, como la quieras llamar. En otros países es más normal encontrar un abuelo que escuche rock, pero, con el franquismo, mucho de esto no llegó a la generación de nuestros padres y abuelos, que tuvieron contacto con otras cosas.

C. En los sesenta y ochenta estaban con la copla y lo yeyé, que era como lo más transgresor. Toda la música estaba enfocada a la gente muy joven. Ahora trabajamos con agencias de publicidad que nos piden asesorías para targets de todas las edades… Hay diferentes generaciones consumiendo todo tipo de música.

G. Las percepciones han cambiado. Cuando tenía 25 años y estábamos en un plano bastante underground, yo tenía un tío en Valladolid, que tenía una tienda de discos, y me decía “tus primas están acabando la carrera y teniendo su primer hijo y tú estás haciendo algo que no se espera de una chica”. Hablamos de España en los años 90, y hacer esto se veía como algo arriesgado, meterse en música, hacer otras cosas…

Eso enlaza con lo que hablábamos de Malasaña. Ya hay una generación de hipsters y modernos de todo pelaje que tienen hijos y siguen llevando su estilo de vida. De hecho cada vez hay más actividades indies para esos niños… Pero cambiando de tercio: el indie y la política. Se ha criticado al indie por ser un movimiento apolítico, más bien intimista, escapista… Eran otros tiempos donde, aparentemente, las cosas a nivel macroeconómico, iban bien…

G. También estábamos un poco aburridos del poncho y la pana…

C. Siempre hemos tenido nuestra conciencia social. En el 93 organizamos un concierto en Minuesa, que la casa okupada, con Black Moon Fire, Eliminator Jr. y Pop Crash Colapso, que era lo que era el indie en esa época. Lo que no hacíamos era enarbolar ninguna bandera. Salíamos adelante como compañía, pero no teníamos necesidad de expresar por medio de esto nuestro pensamiento. El indie ha madurado y hay gente que habla de estos temas políticos con clase y con talento. Entonces, a decir verdad, las propuestas que llegaban no lo tenían. Todo lo que se editaba era muy hedonista… Si hubiese habido una propuesta como Nacho Vegas, que es el que ha roto el cascarón de todo esto, hubiera sido diferente. Nacho es buenísimo y lo hubiéramos editado. Coincidimos con él en lo que dice y musicalmente nos parece la bomba. Pero en los noventa no había nada de eso, y lo que había era chusco, hablar de política era hacer el pareado cutre.

También se hacía mucha música en inglés sin saber demasiado…

C. Eso es totalmente cierto, había hasta grupos como Penélope Trip que muchas veces no decían palabras y solo cantaban melodías de voces ensambladas en una estructura musical.

G. Se buscaba una musicalidad y había grupos que tenían mejor inglés que otros, pero era más importante el ruido, porque era la época del noise y no del mensaje. Ruido y sentimiento. Pero Mercromina tenían, en mi modesta opinión, de las mejores letras que se han escrito en castellano. O los Planetas.

C. O, en rollo hedonista, Dr. Explosión o Los Fresones Rebeldes, en castellano.

G. Para nosotros el idioma nunca fue una limitación, A mediados de los 90 había muchos medios que no ponían a nuestras bandas porque les parecía una ofensa que un grupo español cantara en inglés. Les decíamos: “Björk es islandesa y canta en inglés”. Y nos decían ¿quién?

Pero llegó a ser tan natural cantar en inglés que cuando un grupo se pasaba al castellano, era noticia.

G. Sí, pero la prensa tiraba a lo contrario. Luego coincidieron en el tiempo chicas cantautoras, y entonces era “el fenómeno de las cantautoras”. Joder, si sale una chica con una guitarra es noticiable, pero cuatro tíos con guitarra, bajo y batería, no se reseña.

C. Cuando sacamos a Australian Blonde no había muchas bandas en inglés, pero eso empezó a consolidar una escena y la gente empezó a hacer grupos en inglés porque en inglés era la música que le gustaba.

¿Cómo habéis llegado a montar un Día de la Música exclusivo de Subterfuge?

C. Como tenemos bastante experiencia en fiestas y saraos queríamos hacer una cosa así por el aniversario. Empezamos a llamar a grupos para estar con nosotros y todos desde el primer momento mostraron buena predisposición. Barajamos diferentes formatos, salas de 2000 personas o en hacer cuatro días en una sala de 1000. De repente, supimos que el Día de la Música estaba sufriendo cambios porque la última edición no había salido demasiado bien. Les llamamos y les dijimos: “nosotros tenemos un contenido estupendo, vosotros tenéis el mejor continente, el Matadero”. Y les cuadró.

G. Tiene todo el sentido, porque el número 0 del fanzine sufrió un retraso en imprenta y el día que salió fue el 21 de junio del 89. Entonces no sabíamos que era el Día de la Música. Todo encajaba…

Es una apuesta arriesgada…

C. La ventas, por ahora, van bien… No va a ser el Primavera Sound ni el Sónar, pero vamos a cumplir el sueño de juntar a todas estas bandas en un escenario algo único e irrepetible.

¿Qué bandas se reúnen?

G. Estaban separadas Australian Blonde, Mercromina, Los Fresones Rebeldes, Killer Barbies, Sexy Sadie, NawjaJean…

C. Bandas que se juntan para la ocasión, bandas que empezaron con nosotros y luego emprendieron el vuelo, como Dover, Marlango, Fangoria, Pauline en la Playa, Carlos Jean o Dr. Explosión, y todo esto mezclado con lo más selecto del catálogo actual.

G. Corizonas, Anni B. Sweet , McEnroe, Bravo Fischer, Neuman…

Gema: "Con Dover empezamos a tener mucha repercusión, salíamos en los Telediarios como “el fenómeno indie”, nos entrevistaban todo el rato. Y despertamos el deporte nacional español: la envidia"

Ya has mencionado varias veces a Dover sin yo decir nada. Creo que es momento que te pregunte por ellos…

C. Es un crisol de emociones a todos los niveles. Fue un pelotazo financiero que nos fortaleció para continuar, nos hizo ver que éramos pequeños pero que podíamos jugar en la misma liga que los grandes, nos hizo conocer muchos lados de la vileza de la raza humana. Muchos medios que hasta entonces no nos recibían casi nos abrían las puertas y nos hacían reverencias. Conocimos a gente rarísima que venía por la oficina y nos ofrecían cosas rarísimas: un distribuidor de la zona de León que quería comprar 10.000 discos, por ejemplo. Venía y te los compraba. Era una liga totalmente distinta. Decían “estoy muy interesado en todo vuestro catálogo. Ponme 10.000 de Dover y cinco de este, diez de aquel….”

G. Empezamos a tener mucha repercusión, salíamos en los Telediarios como “el fenómeno indie”, nos entrevistaban todo el rato. Y despertamos el deporte nacional español: la envidia.

¿Qué críticas os hacían?

C. Nos decían que nos habíamos vendido, que ya no éramos indies… En vez de decir que cuatro tíos desde un cuarto piso sin ascensor, fumando petas, con un gato por medio, estaban haciendo un ruido, dando un golpe sobre la mesa y compitiendo con los grandes. Hubo gente que lo vio así, claro, pero el éxito sienta mal muchas veces.

G. Despiertas muchos amores y algunos odios. No es por despertar a los haters para que salgan de la cueva, pero cuando empezó Twitter y las redes sociales pensé que tendríamos problemas en este sentido. Pero casi nada, solo algún chalado de vez en cuando que dice cosas muy locas… Hay amor y reconocimiento hacia nuestro trabajo.

En todos estos años descubriendo, criando, acompañando bandas… ¿Habéis llevado una vida muy alocada?

G. En los primeros 90….

C. Sí, hemos tenido nuestros momentos…

G. Claro…

C. …..

Mmm, ¿podéis desarrollar el tema?

G. Mira, pues alocada de noche y alocada de día, porque disfrutábamos mucho de la noche pero es que a las nueve de la mañana Carlos estaba clavado en la oficina. Yo igual llegaba a las once, porque era más gamberra, pero es que hasta las once de la noche no nos íbamos de la oficina. Aquí da igual que una noche tengamos siete conciertos y estemos rotos, que más tarde de la 10.30 no llega nadie. Hemos querido compaginar el disfrute a tope, pero eso no quita lo otro.

Este trabajo conlleva cierta dosis de vida nocturna, con los eventos y los conciertos…

C. Sí, tuvimos épocas más intensas en este aspecto, cuando nos daba igual dormir cinco horas…

G. Cuando tienes aún salud para ello.

C. Luego la gente que trabaja contigo empieza a tener sus responsabilidades, sus familias y demás, y te sientes un poco responsable, no solamente por nosotros sino por ellos. Eso requiere tener la cabeza lúcida para sacar adelante el proyecto. Sobre todo en estos tiempos inciertos.

G. Ni siquiera somos suficiente gente aquí trabajando para dejar un día el ordenador vacío y no venir… No puedes delegar en siete asistentes… Los tiempos que corren, en continuo cambio, hacen que tengas que estar superdespierto, con la cabeza lista para reinventarte. Eso no es compatible con no dormir.

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