Entrevistas

"Existe una ambición oscura y una luminosa, y una de las dos es un ideal"

El profesor Francisco Bengoechea reflexiona sobre la pasión humana que lo mueve todo

Adam Driver es la nuevo adalid del lado oscuro de la fuerza. En el papel de Kylo Ren, el heredero simbólico de Darth Vader se debate entre la ambición luminosa y la oscura. Como todos. 

Fotografías de Terry Richardson.

Nacer implica empezar a desear. Primero ansiamos el pecho materno, después un juguete, las zapatillas de moda, un amor. Les siguen el trabajo soñado, un estatus, quizá fama y riqueza. La lista puede ser infinita; la sed, inacabable.

No existen fronteras para la ambición humana, sólo los límites que imponemos nosotros mismos. ¿Pero es posible vivir sin ambición en la actualidad? ¿Hasta qué punto pueden controlarse los deseos? Y por último: ¿Es la ambición una pasión destructiva?

¿Es posible vivir sin ambición en la actualidad? ¿Hasta qué punto pueden controlarse los deseos?

Francisco Bengoechea, profesor de filosofía de la Universidad Autónoma de Barcelona, reflexiona sobre este impulso y sus dos caras enfrentadas: la luminosa y la sombría.

Hoy en día parece que no tener ambición es como estar muerto. ¿Qué piensa usted?

El capitalismo neoliberal va impregnando progresivamente la vida pública y tiende a contaminar la vida privada. De ahí a estar muerto si no participas en esa tendencia hay un abismo, el solo hecho de resistir ya significa que estás vivo y bien vivo. Otra cosa es cómo se te considera socialmente.

Me refería a eso. ¿No tener ambición nos convierte en parásitos sociales?

Afortunadamente la sociedad sigue siendo heterogénea y no todo el mundo ve las cosas del mismo modo.

¿Cree que tendemos a confundir motivación con ansias de poder?

No creo. Nos sentimos motivados para estudiar una carrera, para practicar un deporte, para dedicarnos a una actividad artística, para escribir una novela. Y nadie confundiría esos afanes con deseo de poder. O casi nadie. Nietzsche llama voluntad de poder a todo deseo, pero ese es su modo particular de interpretar la realidad, en general las cosas no se ven así.

Maquiavelo pensaba que quien renuncia a poseer algo que está a su alcance, tierras, riqueza o poder, padece una deficiencia. Le falta coraje

Usted asegura que la ambición tiene dos caras.

Hay un “lado oscuro” y un “lado luminoso”, dependiendo del valor que les reconoce la sociedad según las considere positivas o negativas.

¿Cuál es la zona oscura?

Suelen tacharse de negativas las motivaciones exclusivamente egoístas o narcisistas, como las de un político cuando solo busca su promoción o mantenerse en el cargo. Es el caso de Frank Underwood, el personaje de Kevin Spacey en House of Cards. Si falta la ideología y los principios, si da lo mismo esto o lo otro porque la ambición es pura ambición de poder, o de riqueza o de fama, entonces la denomino oscura.

¿Y cómo sería la ambición luminosa?

El diccionario define la ambición como “deseo apasionado”. Dejando a un lado el deseo erótico, sin la ambición de creación no existiría el arte, a lo sumo la artesanía, ni la ciencia ni la técnica ni la literatura ni las series de televisión ni prácticamente nada de lo que constituye nuestra civilización.

Otra cosa es pensar en un mundo sin ambición oscura, que es el ideal del comunismo.

Es que el lado oscuro también tiene fans, mire algunos mafiosos y criminales, o la saga de Star Wars.

Es que estamos ante un ideal: la ambición luminosa pasa con facilidad al lado oscuro. Lo vemos aquí cada día en ese trasiego que llamamos corrupción. Maquiavelo pensaba que el afán de poseer era constitutivo de la persona, de modo que quien renuncia a poseer algo que está a su alcance, tierras, riqueza o poder, padece una deficiencia. Le falta coraje.

¿Son nuestros héroes personas y personajes ambiciosos? 

El príncipe del que habla Maquiavelo no es necesariamente un héroe. Su equivalente hoy, el jefe de estado o presidente de gobierno, tampoco lo es. No creo que a Rajoy se le tenga por un héroe, por mucho que él se presente como quien ha sacado a España de una ciénaga económica y social. Ni a Obama, ni a Merkel. Pero en fin, sí, los héroes de todos los tiempos son personas ambiciosas. La pretensión de cambiar el mundo es ambición, los revolucionarios son ambiciosos. La pretensión de crear un estado, un imperio, es un proyecto obviamente ambicioso. Pasar a la posteridad por tus acciones también.

¿Cree que hay fans de Frank Underwood que le temerían u odirían si fuera un presidente real? ¿Hemos mitificado a criminales ambiciosos porque no hemos sufrido directamente sus acciones? Es decir, ¿idealizamos el lado oscuro?

A mí Frank Underwood no me produce esa sensación de ambivalencia de la que hablas. Y no es solo por el horror moral que produce el personaje, sino porque no me parece un malvado interesante. Lo encuentro romo, unidimensional, demasiado abstracto. Representa la ambición de poder en estado puro, carece de profundidad. Es un psicópata, ni siquiera es cruel. No me apetecería ir a tomar una cerveza con Underwood, me imagino una situación muy aburrida. Aparece como un miserable, un pobre diablo.

El capitalismo impregna progresivamente la vida pública y tiende a contaminar la vida privada. De ahí a estar muerto si no participas en esa tendencia hay un abismo. El solo hecho de resistir ya significa que estás vivo y bien vivo

Otra cosa es su mujer, Claire. Es capaz de afectos muy distintos, y algunos contradictorios. Es una señorita americana del sur con una formación francesa. Tiene rasgos de nobleza. Por ejemplo, le revienta tener que mentir para defenderse. Pero también es muy cruel, en una ocasión sorprende a su marido por su crueldad. Se muestra sensible al amor, a la belleza…

¿Hasta qué punto el sistema en el que vivimos enaltece y premia la ambición como rasgo ganador?

En el sistema capitalista se da por supuesto que el egoísmo individual redunda en beneficio de la sociedad. Según esa ley, cuanta más ambición más bienestar para todos.

Se dice que las crisis que atravesamos ahora, como la financiera, es resultado de la ambición. ¿Está de acuerdo?

Es obvio que el mundo no sería como es si no fuera por la ambición y también que la crisis es un engendro de ella. De la ambición en el sistema financiero qué te voy a decir: es una máquina necesaria en un mundo capitalista que funciona mediante la especulación. Sólo nos toca hacer lo que esté en nuestra mano para regular esa máquina desde la política y evitar que se dé sus propias leyes. Pero es una máquina muy poderosa. ¿Has visto Inside Job?

¿Existen los límites de la ambición? ¿Cuáles son? ¿Y quién los pone?

Tiene límites, claro. Límites morales y líneas rojas que marca la dignidad. Uno no está dispuesto a hacer cualquier cosa para conseguir su objetivo, a arrastrarse, a según qué tipo de mentira. Otra cosa es si hablamos de la supervivencia de uno mismo y los suyos, en ese caso todo queda justificado. Sólo el coraje y el miedo trazan la línea que no se traspasa. Pero entonces ya no se trata de ambición.

¿Cómo aprendemos a regular nuestra propia ambición?

Me parece que el límite más importante lo establece un mecanismo inconsciente que ajusta la ambición a su objeto, como el cristalino del ojo ajusta la visión a la distancia que nos separa del objeto. Sin darnos cuenta de ello medimos nuestras posibilidades de alcanzar el objetivo, y si el resultado es que éstas son escasas o nulas, una especie de sentido de autoprotección impide el nacimiento de la ambición.

¿Le ha pasado a usted?

A mí me encantaría tener un ático en la Quinta Avenida de Nueva York y una villa en la Toscana, pero no me quita el sueño el hecho de no poder conseguirlo. A esos deseos no les llamo ambición. Se puede hablar de ilusión, de sueño, incluso de deseo, pero no de ambición. No hay frustración en la renuncia, porque el límite está ya en el nacimiento del deseo.

A mí me encantaría tener un ático en la Quinta Avenida de Nueva York, pero no me quita el sueño no poder conseguirlo. No hay frustración en la renuncia porque el límite está en el nacimiento del deseo

¿En qué momento la ambición se convierte en obsesión?

La ambición es casi siempre obsesiva, es una tendencia a dirigir los recursos psíquicos y físicos hacia un objeto que hace la función de punto de fuga. Es como ir cayendo en un agujero negro. Eso está bien en el amor, pero que uno se obsesione por el poder, por el dinero, por la fama o por lograr un puesto determinado en la política me resulta un poco idiota.

En Inside Job se habla del presidente o vicepresidente de Lehman Brothers, no recuerdo bien. Bueno, pues ese individuo de que te hablo poseía 6 o 7 jets privados, no de la empresa, sino privados, y un helicóptero. ¿Para qué diablos necesita alguien 6 aviones? Se trataba, dice la voz superpuesta, de un concurso de meadas entre millonarios, a ver quién mea más lejos. Una estupidez, ¿no es verdad? Pero es lo que vemos a nuestro alrededor contínuamente, a escala inferior, por supuesto. No hay mejor caricatura de la realidad que ella misma.

Usted habla del afán de celebridad. ¿Cómo enlaza todo esto con las redes sociales y el ciberespacio?

Una pregunta así exige una respuesta muy amplia y muy larga, y sobre todo haber explorado el tema mucho más de lo que lo he hecho yo. Sin duda es un campo que aporta nuevos incentivos a la ambición, de negocio, de poder, que estimula la vanidad y la búsqueda del halago, seguidores en Twitter, aprobación en Instagram.

¿El nihilismo y la pasividad son lo único que frena la ambición desbocada? También existe un pensamiento a favor del decrecimiento, de volver a los hábitos y pasiones austeras.  

Reacciones a la ambición ha habido siempre. En el siglo IV antes de Cristo vivían en Grecia unos filósofos a los que se llamaba cínicos porque en el griego de la época kyon significa perro, y para sus conciudadanos el comportamiento de estos filósofos se asemejaba más al de los animales que al de las personas. Ha habido y hay eremitas, hippies, franciscanos en una iglesia opulenta. Cualquier movimiento provoca una reacción, aunque en los casos que he citado la reacción consiste en apartarse del camino, situarse al margen.

Es de cajón: por definición los ambiciosos se imponen en cualquier situación

Si alguien no es ambicioso, ¿qué es?

No ambicioso. Si tiene atrofiado el deseo, indiferente.

¿Cree que la humanidad está viviendo un pulso con la idea de ambición oscura porque implica, en cierta medida, autodestrucción?

La humanidad es un concepto que incluye una gran diversidad de culturas, grupos, individuos. Es indudable, sin embargo, que hay unas fuerzas dominantes a escala planetaria, y desde luego no le han echado ningún pulso a la ambición oscura ni llevan trazas de hacerlo. Es de cajón: por definición los ambiciosos se imponen en cualquier situación. Lo decía Napoleón, no me preocupa la gente con buenas ideas, me preocupa el individuo de una sola idea. O sea, el ambicioso obseso. Qué van a hacer los ambiciosos, ¿echarse piedras a su propio tejado?

Tags:

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar