Entrevistas

Un activista en la corte del rey Tsipras

Hablamos con Manos Manousakis, secretario de Estado del Ministerio de Economía de Grecia

Fotografías de Nikos Papadopoulos

Manos Manousakis es el secretario de Estado del Ministerio de Economía de Grecia. No es militante de Syriza. Su activismo siempre ha consistido en militar en colectivos y movimientos de base que descartan, o incluso se oponen, a la política representativa e institucional. Él se declara admirador de Ada Colau, a quien le gustaría conocer cuando venga a Atenas. Al igual que ella, se encuentra ocupando un cargo en el que nunca había imaginado estar. Ahora recibe a PlayGround en su despacho oficial del ministerio. Paradójicamente, es uno de los edificios que rodea la Plaza Syntagma en la que, junto a miles de personas, vivió intensamente el movimiento de 2011 y 2012. Ante la pregunta de cómo se define ideológicamente, Manousakis se ríe y hace un silencio.

“No es fácil. Por un lado está la ideología, lo que te gustaría ser, y por otro la realidad. Si me preguntas qué preferiría, diría que prefiero una sociedad comunista, con unas relaciones sociales y de producción completamente diferentes a la actual. Pero ahora atravesamos un momento histórico muy concreto, el de la crisis europea, en el que se han configurado dos campos diferentes. Uno apuesta por la continuación de las relaciones sociales neoliberales. El otro, que realmente es difícil de definir todavía, pretende detener el avance de éstas, sin saber muy bien cómo lo quiere hacer. Así que, para mí, participar en un gobierno que debe lidiar con los acreedores es parte de esta lucha. Nunca imaginé ser parte de un gobierno, pero creo que tiene sentido en este contexto. Comparto la estrategia de negociación del gobierno, en tanto que pretenden acabar con el chantaje y los recortes”.

¿Cuál es la relación entre Syriza y el movimiento de los indignados de la plaza Syntagma?

El discurso del movimiento de las plazas se centraba en varios puntos: detener la austeridad, imponer la democracia contra la represión y la redistribución del bienestar. Por otro lado, si nos fijamos en la composición de las movilizaciones en la plaza, recordaréis que en la parte de abajo de la plaza estaba la gente que hablaba de estos temas y, arriba de las escaleras, si situaba un grupo de gente más reducido con banderas griegas y un discurso que se oponía la austeridad con un mensaje nacionalista o soberanista. Esta es la estructura del actual gobierno. Por un lado Syriza Coalición de Izquierda Radical, representando lo que decía la gente de abajo, y Anel [partido de derecha nacionalista] representando a los de arriba. Así que esta extraña alianza, en realidad, ya coexistía en el movimiento de 2011 y se ha reproducido ahora en el gobierno.

¿Cómo es gobernar con Anel?

Es extraño. Anel ha votado por los derechos LGTB y a favor de leyes contra la represión… Y, sin embargo, votaron en contra de la ley de Syriza que da la nacionalidad a los hijos de los migrantes, porque son muy nacionalistas. Vivimos una situación muy particular, debido a la crisis, en la que la prioridad es luchar contra la deuda y la austeridad, por lo que tiene lógica esta extraña coalición en la que asumimos contradicciones.

¿Cuál debe ser el papel de los movimientos en este contexto?

Por naturaleza, el rol de los movimientos es estar en contra de cualquier gobierno. Me explico: no hay ningún gobierno que pueda producir una nueva sociedad, con nuevas relaciones sociales. Los movimientos siempre estarán un paso más adelante que el gobierno, presionando a éste a tomar medidas en beneficio de la mayoría de la gente. Aunque haya relaciones previas, es muy diferente estar fuera de los edificios del estado o dentro. Dentro, estás en el interior de un mecanismo muy poderoso del que no puedes escapar. Puedes intentar hacer cambios, pero no puedes vencer al estado desde dentro del estado.

Habría que sustituir al Ministro del Interior. Para ser honestos, ahora hay mucha menos represión que con el gobierno de Samarás, pero eso no es una buena comparación

Como generación, ¿seremos capaces de no repetir los errores de los 70? Aquella visión que considera a los movimientos como un espacio de aprendizaje y como trampolín para la política en mayúsculas, la que se practica desde los partidos e instituciones.

Yo también me pregunto si es posible no repetir cierto errores. Debemos intentarlo. Es realmente difícil encontrar la forma de seguir participando en el movimiento cuando estás en el gobierno. Si no comparto las decisiones que se toman, para mí va a ser fácil dimitir y volver a mi espacio natural, pero desde el punto de vista estructural, lo veo complicado.

Con un gobierno de Syriza va a haber mucha más libertad que con los gobiernos anteriores y se va a dar la paradoja de que se van a poder crear más colectivos y movimientos que estén en contra del gobierno. Y tiene todo el sentido que sea así. En este edificio, te puedo asegurar que todas las personas tienen el máximo respeto por los movimientos y su autonomía.

¿Compartes la impresión de que el gobierno de Syriza supone el primer conflicto político institucional en el orden neoliberal europeo? ¿Sois conscientes de que os miran como ejemplo desde otro países? ¿Cómo os tomáis las expectativas generadas?

El gobierno surgido de las elecciones de enero es un problema para las élites europeas porque es la primera vez que el jefe de un gobierno se muestra discrepante con las políticas de prácticamente todos los gobiernos del resto de Europa. Este gobierno es fruto del movimiento de los indignados  en 2011 y 2012. Tienen miedo de que otra producción del mismo movimiento, que se llama Podemos, pueda seguir a Syriza. Y tienen razón al temerlo, porque para Podemos sería mucho más fácil seguir el ejemplo de Syriza, si Syriza tiene éxito en su lucha contra las estructuras neoliberales. Por eso son tan duros contra el gobierno griego; no sólo para evitar la reestructuración griega, sino para evitar la victoria de Podemos.

Por naturaleza, el rol de los movimientos es estar en contra de cualquier gobierno

España es la cuarta economía de Europa. Por eso, creo que Podemos podría tener posiciones estratégicas más radicales que las de Syriza en sus negociaciones en la UE y la Eurozona.

¿Crees que el gobierno acierta en su posición respecto a la deuda?

Creo que el primer ministro lo ha explicado perfectamente, tanto a la opinión pública como a Merkel o Lagarde: “Si el estado, por pagar la deuda, debe dejar de pagar salarios y pensiones… No pagará la deuda”. Es lo que hicimos el 5 de junio, al decidir agrupar los pagos al FMI. Me parece lógico priorizar las necesidades sociales frente a la deuda. Es un mensaje que deben aceptar los acreedores. Vamos a priorizar el bienestar.

¿Podrías resumir la posición del gobierno respecto a los recortes que el estado debe hacer para no acumular más deuda?

El gobierno está en contra de las condiciones que imponen a través de la deuda. Estamos contra la austeridad, contra los recortes sociales, los recortes de salarios. El centro del debate no es la cantidad que se adeuda; todos los países del mundo están endeudados. La deuda es la cuestión central del capitalismo financiero, que la época histórica en la que vivimos actualmente. Por eso, debemos luchar contra las medidas que nos imponen con la excusa de la deuda y, también, para que se cancelen las deudas de todos los países. Tenemos todo el derecho, porque es absurda la situación actual. La deuda de Portugal ha superado el 130% de su PIB. Siempre ponen a Portugal como el súper ejemplo del país que, al contrario que Grecia, “cumple sus deberes” con las medidas neoliberales. Pues su deuda no deja de aumentar y, por ejemplo, el Financial Times expresa el miedo de que Portugal quiebre. Nos encontramos en un momento de la crisis en el que, o esta estrategia financiera de la deuda es derrotada por el movimiento y los gobiernos que surgen del mismo, o avanzará un nivel más. Ya veremos.

El gobierno está en contra de las condiciones que imponen a través de la deuda. Estamos contra la austeridad, contra los recortes sociales, los recortes de salarios

Las posiciones del debate en torno a la salido o no del euro, dentro de Syriza, se suelen resumir en que por un lado está Yanis Varoufakis y su apuesta por permanecer en la moneda común y, por otro, el también economista Costas Lapavitsas con su tesis favorable a la salida de la eurozona, ¿qué opinas tú?

Voy a utilizar un concepto de Marx: plantearlo así es una forma fetichista de presentar la realidad. El verdadero debate no es elegir entre en euro y la dracma. La cuestión real es cuánto vas a resistir las medidas de austeridad que nos tratan de imponer o cuántas concesiones estás dispuesto a hacer. Créeme: adoptar el dracma comportaría tomar medidas de austeridad. La nueva moneda se depreciaría y los precios de las materias primas se encarecerían. Claro que los medios presentan esto como un debate entre los pro-euro y los pro-dracma, porque su estrategia para producir miedo es exactamente esa, la de decir que salimos del euro.

Los que proponen la salida del euro, en cambio, no lo centran en la relación de fuerzas entre clases, sino que proponen lo que llaman “reconstrucción productiva”. Dicen “ok, tendremos problemas con las materias primas y la inflación, pero tras algunos años de sacrificios para la clase trabajadora, la nueva estructura industrial de Grecia habrá aumentado y seremos soberanos para hacer políticas redistributivas”.

¿Qué es lo que menos te gusta de lo que llevamos de legislatura?

Creo que el gobierno no está cumpliendo con sus compromisos contra la represión. O, mejor dicho, no lo está haciendo lo rápido que debería. Opino que habría que sustituir al Ministro del Interior. Para ser honestos, ahora hay mucha menos represión que con el gobierno de Samarás, pero eso no es una buena comparación. Por ejemplo, es cierto que se ha propuesto cerrar los Centros de Internamiento para Migrantes y transformarlos en centros abiertos de apoyo a los refugiados, pero no vale con proponerlo. Eso no puede esperar. Estamos ante la crisis humanitaria más grande en décadas, en ese aspecto. Debido a la guerra de Siria, cientos de miles de refugiados están llegando a las costas de Grecia y hay que ayudarlos.

También creo que debería haber mayores recortes en gasto militar. Ha habido importantes recortes, pero en mi opinión debería haber aún más, aunque desconozco detalles técnicos de cómo hacerlo, porque no es competencia mía.

En Bruselas, a menudo, se debaten las políticas migratorias comunes y se habla de cuotas. ¿Forma esto parte de las negociaciones con las instituciones? ¿Amenaza Grecia con “abrir las fronteras” para lograr mejores acuerdos respecto a las políticas de austeridad?

Este gobierno se niega a usar a los refugiados como parte de las negociaciones con los acreedores. No vemos a las personas como herramientas de la negociación. Trataremos de ayudarlos en centros de acogida que no sean cárceles como los CIE.

En Grecia el consumo de drogas es delito, ¿va a hacer algo el gobierno al respecto?

En el programa de Syriza está la legalización de las drogas, pero no sé en qué punto está este tema.

Última pregunta, ¿son Rusia y China el “plan B” del gobierno? ¿Es posible que Grecia encuentre a través de ellas vías de financiación?

No lo creo. No lo veo realista. Aunque saliéramos del euro, sería muy difícil para China y Rusia intervenir de manera rápida y directa. Incluso en el supuesto de salir del euro, Grecia seguiría siendo parte de la UE. Sin salida del euro, las posibilidades son cero.

 

 

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