Entrevistas

Trust: “Me marcaron mucho Ace Of Base cuando era pequeño”

Hablamos con Robert Alfons, fotógrafo y gutural voz de una de las bandas que más han hecho por el renacer del espíritu gótico y la música de cuarto oscuro

Trust es el proyecto del fotógrafo Robert Alfons en el que explora su particular visión del pop: oscura, gótica, homoerótica, sucia, gutural y musculosa, según las tradiciones de la EBM y la dark wave envuelta en cuero. Actuará en Sónar 2012 y nos cuenta cosas.

Han pasado ya algunos meses desde que descubrimos su universo de impudicia venérea y mal rollo, y aún seguimos reponiéndonos del sudoroso sabor de boca que nos dejó TRST (Arts & Crafts, 2012), un disco de debut de los que dejan huella y moratón. Ahí cabían la EBM homoerótica, la chatarrería analógica y las puñaladas del techno más primitivo, que se tiñeron de negro para facturar uno de los discos más enfermizos y fascinantes de la temporada. Los artífices de tal artefacto de pop sintético son los canadienses Robert Alfons y la también batería de Austra Maya Pstepski –que no le acompaña en los directos porque ya tiene lo suyo siguiendo la agenda de Katie Stelmanis–; son ellos los que nos harán rescatar nuestros trajes de leather para ir a verlos a un Sónar 2012 con mucho vicio.

Por ello, días antes del desembarco de Trust en el festival, compartimos una conversación con Robert para que nos ayudara a desgranar su particular universo. Aunque, tal como comprobarán a continuación, él no es muy dado a explayarse. Le ponen palote las respuestas (casi) monosilábicas y se esconde detrás del hilo telefónico con una timidez que poco tiene que ver con la guarrería de sus canciones.

"Más que como un disco de reminiscencias góticas, yo lo definiría simplemente como pop, a secas"

¿Cómo conociste a Maya Pstepski? Desconocemos si lo vuestro fue amor a primera vista.

Nos conocíamos de vista en Toronto. Una vez coincidimos en una sesión de fotos y a partir de ahí empezamos a estrechar nuestros lazos creativos.

Sigues compaginando tu carrera como fotógrafo con este primer devaneo musical. ¿No has sentido algo de vértigo al ponerte delante de los focos?

Me siento muy cómodo en el escenario. De todos modos, para desintoxicarme de la música, siempre recurro a mis fotos. Allá donde me encuentre siempre me acompaña mi cámara.

¿Te has inspirado en otros discos o artistas para componer este debut tan enfermizo?

Mientras trabajo en mi música no escucho a nadie más. Prefiero hacerlo así para no intentar copiar el sonido de otros y hacer algo que no sea honesto para mí.

¿Los papeles entre Maya y tú están bien diferenciados? ¿Cuál es vuestra metodología de trabajo?

Cada canción es y pide algo diferente. Escribo todas las letras de los temas, pero a nivel instrumental sí que en muchas ocasiones hemos trabajado unidos.

¿Hubo algún momento en el que llegaras a desesperarte porque no sabías cómo desarrollar una de las canciones?

Sólo me ocurrió algo así mientras trabajaba en ‘ Sulk’. Fue las más difícil de tirar adelante porque no encontraba la forma de ‘vestirla’.

Cuando uno os escucha, irremediablemente se queda impresionado por tu grotesca voz. ¿Puedes llegar a entender que haya gente que no conecte con tu música, precisamente, por lo atípico de tus cuerdas vocales?

Podría suceder que haya personas que la encuentren algo confusa. No obstante, pienso que la voz es un instrumento más, quizás el más interesante, ya que puedes hacer con ella lo que quieras. Supongo que el que guste o no es cuestión de pareceres.

Irremediablemente, todo el mundo tiende a tacharos como una banda de goth-pop. Asimismo, durante los últimos tiempos han florecido otros artistas y bandas como Zola Jesus, Light Asylum o los propios Austra que se enorgullecen de remodelar la cara menos amable de las pistas de baile. ¿Coincidencia o mera moda?

Más que como un disco de reminiscencias góticas, yo lo definiría simplemente como pop, a secas. No me molesta que la gente le ponga esa etiqueta, pero detrás de eso hay muchas otras cosas. Lo de que hayan salido otros artistas a los que les gustan las melodías menos luminosas lo achaco a una simple coincidencia. No hay ninguna escena ni nada que se le parezca en marcha.

Echando la vista atrás, ¿cuáles son tus primeros recuerdos electrónicos?

Crecí escuchando Ace Of Base gracias a mi hermana. Aquellos sintetizadores que usaban me marcaron mucho.

¿Alguna canción en particular?

Los dos primeros discos. Bueno, sobre todo el primero, que era excepcional y aún sigue siéndolo años después.

Tus letras, casi en su totalidad, tratan sobre miedos e inseguridades amorosas, tanto dentro como fuera de la cama. ¿Cuánto hay de autobiográfico en ellas?

Son bastantes personales. Así que lo que canto no atenta mucho contra la realidad.

También se desprende un feeling muy (homo) erótico. Lo más suave que me viene a la cabeza es una sesión de bondage.

No sé muy bien qué imaginario desprendo en los que me escuchan. Eso es cosa vuestra.

Hombre, una canción que se titula ‘Gloryhole’ no puede dar mucho pie a equívocos…

Me parece una palabra muy bonita, como de algo que podrías encontrar en el espacio.

Volviendo a algo más tangible, ¿quién es la persona que aparece en la portada del disco?

Es una mujer que estaba en un club de Toronto.

Tras tu primer concierto en Madrid en el marco del Valle Eléctrico ahora llegó el turno de Sónar. ¿Qué esperas de esta actuación? ¿Tienes ganas de ver a algún otro artista en concreto?

Estoy muy contento de tocar aquí. Puede ser una gran oportunidad para darnos a conocer a ese público que desconoce nuestra existencia. Si la agenda me lo permite, espero ver otros conciertos del festival.

¿Qué planes de futuro inmediatos te recomen ya la cabeza? ¿Quizás un buen puñado de nuevos temas?

Mientras estoy de gira no paro de escribir nuevas canciones. Una vez acabe los directos me volveré a Toronto para trabajar a fondo en ellas. No puedo avanzar nada de momento acerca de cómo sonarán.

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