Entrevistas

¿Tontipop? ¡Su padre!

Stephen Pastel: “El rock and roll no era para mí”

¿Es el tontipop un concepto sexista? ¿En qué han cambiado las connotaciones del indie entre los ochenta y ahora? ¿Y por qué nunca nadie habla de The Jam? ¿Tiene el punk algún problema con la edad? La respuesta a estas y otras preguntas no menos desconcertantes están en la conversación que sigue entre Kiko Amat y Stephen Pastel a su paso por España.

Stephen McRobbie tiene cara de niño. En época de gángsters le hubiesen llamado Stephen “Babyface” McRobbie, o (de nacer en la Barceloneta) “El Niñato”, “El Nanu” o “Piojillo”. Pero no nació en época de gángsters, sino en el Glasgow de 1963 (he realizado las matemáticas yo mismo, restando desde su supuesta edad actual, así que no tomen esto como verdad inamovible). McRobbie formó en 1981 un grupo llamado The Pastels, y desde entonces su apellido eterno pasó a ser, algo prosaicamente, Stephen Pastel. Si a ustedes les interesa esa pequeña cosa llamada pop ya sabrán que The Pastels son unos de sus más venerados representantes, especialmente en la rama indie-pop prehistórica de inicios de los ochenta, la de los sonidos heterogéneos y el espíritu libre y la concepción hazlo-tú-mismito y los sellos minúsculos pero mega-ultra-influyentes a largo plazo (Whaam!, Creation, Sarah, Subway, 53rd and 2nd, Rough Trade y un extenuante etcétera). Una rama ocasionalmente mal entendida, según lo veo, y que tiende a ser considerada género o estilo o escena musicalmente cohesiva (C86, la llaman algunos hombres de espíritu especialmente pobre) o, directamente, se juzga y bautiza de forma faltosa (denominando twee, o –en nuestras tierras– tontipop a sus grupos de tendencia más naíf). Pero The Pastels no eran así, oh, les digo que no eran nada así. Eran una banda de pop mutante, fascinante, que tapaba con una cierta impericia una majestuosa visión melódica, que buscaba escapar en cien puntos de fuga y realizó decenas de canciones de muy diverso pelaje pero con un factor común: la excelencia. ¿Tontipop? Su padre, es lo que les digo a sus detractores.

Lo que van a leer a continuación es, así, una charla de viejo fan a viejo semihéroe. Se trata de una conversación telefónica –pues Barcelona no fue incluida en su reciente gira española– que además me coincidía con un cumpleaños infantil, y ninguna de las dos cosas son las ideales para una distendida charla entre caballeros. Así que, pasándome por la zona inferior de la rabadilla la hora que me había otorgado su promotora/distribuidora aquí, marqué su teléfono una hora y media antes de lo acordado. Stephen fue comprensivo y extremadamente cordial, y aceptó de inmediato comenzar a platicar a distancia. Hablamos de todas las cosas bajo el sol, exceptuando el último disco, que a su vez debió ser la razón original por la cual imagino que me concedieron la entrevista. Siempre se me olvida esa mierda.

"En los 80’s la idea de indie no tenía las connotaciones negativas que tiene hoy"

Tengo entendido que no das muchas entrevistas. Una de las pocas que recuerdo haber leído era para un minúsculo fanzine inglés llamado Kids at The Club, a principios de los 90.

¡Recuerdo ese fanzine! Lo hacía un chico llamado John McLauglin, era de la órbita de los Comet Gain. Me encanta Comet Gain, y David Feck es un gran tipo. Todos esos grupos me gustaban mucho: Comet Gain, Huggy Bear, Talulah Gosh...

A The Pastels a veces os llaman twee (tontipop) y a veces indie, y no sé qué es peor. Las dos cosas son harto descorazonadoras, ¿no? Vamos, que son insultos. A mí me llama alguien “tontipop” y acabamos en la calle a tortazo limpio.

( Ríe) Para generaciones más jóvenes esto no es tan así. En los 80’s la idea de indie no tenía las connotaciones negativas que tiene hoy. La idea de la independencia era algo que te liberaba de las constricciones industriales y comerciales para crear música hermosa. Pero en realidad odio la palabra twee (tontipop): implica la negación de ser adulto, y de las preocupaciones normales de un adulto. En The Pastels siempre existió un equilibrio. Pintábamos con ciertos colores, y no temíamos expresar ciertas emociones. Pero nunca fuimos twee. Todavía me sorprende escuchar ese término aplicado a nosotros. Quizás fue una cosa americana; después de todo twee no es una palabra particularmente inglesa. En el Reino Unido nos decían que éramos “una monada”, pero al principio a nadie se le ocurría llamarnos twee.

Quizás fue por aquel anorak de niño que llevabas en algunas fotos. La gente es muy cerril. Un anorak de nada y ya te han colgado el sambenito de tontipop para el resto de tu vida.

Katrina siempre dice que la palabra twee/tontipop es un término sexista. Si te fijas, todos los grupos que reciben ese sambenito tienen miembros femeninos. Quizás era una forma de ser condescendiente hacia este tipo de música, por parte de los críticos masculinos.

Para colmo, creo que algunos de los rasgos más destacables de The Pastels son vuestra inclinación al cambio y vuestra ambición de buscar nuevos caminos. Los dos son atributos muy poco indie-pop.

Tienes que pensar que yo tenía diecisiete años cuando empecé con el grupo. No estaba tan lejos de ser un niño. Desde el principio quisimos incorporar ciertas cualidades que eran inseparables de la infancia, como la sensación de que todo era posible, y el optimismo, y el impulso. Pero sin negar la madurez.

Mucha gente opina que The Pastels empezaron el rollo infantil en el indie pop, como decíamos, pero menos gente se considera influenciada por los que en mi opinión son vuestros discos de madurez, “Mobile Safari” e “Illumination”.

Tal vez esa sea una percepción exterior. Dependiendo de quién sean tus amigos, de cómo es la gente que te rodea, esa idea podría cambiar y que los que influencian sean otros. También depende de la edad a la que empiezas a escuchar música. Mi favorito, aunque sea algo típico de decir, es lo último que hemos hecho, nuestras nuevas colaboraciones y disco. Pero es cierto que en “Mobile Safari” me sentí como si estuviésemos haciendo algo importante. La gente suele fijarse en nuestros primeros discos, los ven como une muestra de qué tipo de pop hacemos, si bien “Mobile Safari” es la verdadera base de todo lo que hacemos ahora. En el momento en que el grupo se convirtió en Aggi, Katrina y yo, empezamos a hacer algo distinto de lo que hacíamos con la primera formación. Esos discos son tan importantes como el “Up For a Bit” ...

"Hasta cierto punto yo creo que no existe artista que no se sienta un poco incomprendido"

Quizá tiene que ver con la juventud de la banda cuando grabó esos primeros discos.

Cuando eres joven tienes un sentido menos completo de lo que estás haciendo. Hacia “Mobile Safari” nuestra dirección y ambición, si puedes llamarle así, ya estaba definida. Pero también me gusta mucho “Baby Honey”, de la época previa.

¿Te sientes incomprendido, entonces?

Bueno, hasta cierto punto yo creo que no existe artista que no se sienta un poco incomprendido. Como crítico puedes ver ciertos factores relevantes y empezar a provocar un enfoque consensuado que en realidad no es el correcto, al menos en lo que se refiere a la visión del artista. Algunos críticos anhelan estar controlando esos factores en lugar de intentar comprender cuáles son. De ese modo, gente a nuestro alrededor desarrolla distintas concepciones de lo que el grupo es. Depende del contexto. Para alguna gente somos parte de la escena de Talulah Gosh, The Field Mice y tal, como decíamos, pero quienes nos descubrieron en los noventa con “Mobile Safari” nos asocian a Yo La Tengo, Pavement y todos esos grupos americanos. Y si alguien se acercaba a nosotros en el 2000 nos encontraba similares a Lali Puna, por ejemplo. Me alegra que tengamos audiencias en cada campo. Gente a la que le gustan distintas cosas.

Cuéntame algo de tu bagaje musical. ¿Tus padres tenían proclividades musicales, o tocaban algún instrumento?

Mi padre sí. Era músico amateur, y tocaba trompeta y guitarra. Mi madre no era muy musical ( ríe). Pero a ambos les encantaba la música. Mi padre prefería jazz, al estilo Duke Ellington, e incluso había intentado componer alguna pieza. Lo primero que recuerdo haber comprado con mi dinero era un disco de los Beatles. Me encantaban. Además, parecían ser eternos, como si fuesen a existir siempre, y siempre cambiando. Incluso cuando yo era más joven y se disolvieron, seguían sacando tantos nuevos discos en solitario y por separado que nunca desaparecían del todo.

Imagino que, teniendo en cuenta tu edad y generación, tu epifanía adolescente debió ser con el punk rock.

Sí, fue una explosión muy excitante. Me gustó ser parte de ello. Buzzcocks y Ramones, Televison Personalities, Sex Pistols, Swell Maps... Te ofrecía la posibilidad de ser fan de veras de algo cercano, algo con lo que te pudieses identificar de forma íntima.

¿Por qué nadie nombra nunca a The Jam? ¿Tienen la peste, o algo?

( Ríe) No. Me encantaban The Jam. Pero en ocasiones los fracasos son mucho mejores que los triunfos. En ese sentido, me gustan mucho más los Television Personalities tratando de hacer algo parecido a los Jam, pero equivocándose un poco (o careciendo de la pericia original) y sacando algo que en cierto modo era mejor que la inspiración primigenia. La primera ola del punk es poderosa y muy excitante, el gran sonido de Pistols, Clash y Generation X, pero para mí la segunda ola de Swell Maps, Television Personalities y los demás fue cuando aparecieron las cosas verdaderamente interesantes e inspiradoras.

En el punk el problema es la edad. Al ser música anti-adultos, paradójicamente, envejece muy pronto. Como músico, imagino que debe ser complicado hacerte viejo y aún sentirte a gusto berreando canciones sobre adolescencia, peleas y pajas.

Muy cierto. Eso es un problema inmenso para el punk. Mira lo que están haciendo ahora Iggy & The Stooges, los reformados. Intentan mantener aquella vieja intensidad en los conciertos de hoy, pero fracasan. Cuando envejeces necesitas un nuevo tipo de intensidad que no se base en volumen o agresividad. Para mí un inmejorable ejemplo de conservar esa intensidad haciendo algo completamente nuevo fue Vic Godard y los Subway Sect. Y sigue haciendo cosas magníficas, habiendo superado el punk. Otro buen ejemplo serían The Saints. Ed Kuepper tenía un talento brutal.

Curiosamente, los dos ejemplos que mencionas superaron algunos de los problemas de limitación del punk enchufando trompetas a destajo y pasándose al soul.

En el caso de Subway Sect, creo que el punk no resultó una limitación. De hecho, fue algo muy importante, porque les proporcionó un vehículo para sus ideas y les ofreció una audiencia dispuesta a escucharlo. Y les enseñó que la composición de buenas canciones, que es lo que después de todo hace Vic Godard, podía pertenecer a cualquier lugar y género.

"La música de hoy es muy ecléctica. Escuchas algo y ves que en una canción están pasando muchas cosas a la vez, y que al mismo tiempo no está pasando nada"

El otro día entrevisté a Tracey Thorn de Everything But The Girl y me dijo, en pocas palabras, que Vic Godard era la máxima inspiración para todo lo que hizo.

Por supuesto que lo fue. Fue una influencia gigante para ellos. Escucha “Stop That Girl”, de Vic Godard & The Subway Sect. ¡Es de 1980! El otro día la pinché en una exposición de Glasgow y se acercó a mí un miembro de Orange Juice para decirme: “Este disco fue tan importante para nosotros. Nos enseñó que podías hacer algo importante con la melodía, aunque no fueses un virtuoso”. A The Pastels también nos enseñó lo mismo.

Hablando de grandes influencias. Leí una lista de discos favoritos que compilaste para no-sé-quién y pensé que debieron sorprender a mucha gente. No sale ninguno de los que normalmente se asocian como influencia del primer indie pop: Love, Kinks, Byrds... En lugar de eso hablas de Eno, Miles Davis, Faust... Me recordó a cuando Johhny Rotten dijo en 1977 que sus grupos favoritos eran Can y Van Der Graaf Generator.

Intenté ser todo lo honesto posible. Algunos géneros quedaron cubiertos por alguna de las opciones, y no consideré necesario cubrir ese género con muchos más ejemplos similares. Todos esos grupos me gustan mucho, por supuesto: Zombies, Kinks, Love... Pero hay que investigar mucho más. Necesitas escuchar muchas cosas distintas, de lo contrario te estás perdiendo cosas increíbles.

Es una lista muy poco rockera, además (cosa que a título personal celebro). No aparece ninguno de los álbumes “clásicos” del rock. Neil Young, por poner un ejemplo, ni asoma.

Me encanta Neil Young, ese no es el problema. El problema es lo expuestos que estamos a ese tipo de música. Se escucha en tiendas de ropa, en bandas sonoras de películas, en anuncios... Quería hablar de discos de los que nadie habla, y que nunca aparecen en ninguna parte. Hay demasiado escrito ya sobre Neil Young; no consideré necesario añadir mi opinión.

En el otro extremo se encuentra lo que tú has bautizado como la “teoría del donut”. Por favor, comparte de qué se trata con nuestros lectores.

( Ríe) Sí. Es posible que el gusto de los 1990’s se haya ido refinando y volviéndose cada vez más exótico. Es un fenómeno que imagino se origina en los modernos hipsters: conocer todo lo que se encuentra en la periferia pero no saber cuáles son los cimientos centrales de aquel género o estilo. De ahí lo del donut: muerdes lo exterior, pero en el interior solo hay un gran vacío. Conoces cada subgrupo exótico derivado de algo, pero nunca has escuchado al algo en cuestión.

E incluso cuando conoces todos los puntos de la periferia, eres incapaz de conectarlos. De comparar una cosa con la otra y decidir que comparten espíritu similar.

Conectar esos puntos es importante, pero hay algo más. La música hoy en día es muy ecléctica. Escuchas algo y ves que en una canción están pasando muchas cosas a la vez, y que al mismo tiempo no está pasando nada. Todo eso se anula, resta en lugar de sumar, todos esos instrumentos y géneros y cambios. En mi opinión, las limitaciones son algo crucial en un grupo. Intentar hacer solo una cosa, y hacerla bien. Todos los colores por separado son bonitos, pero si intentas usarlos a la vez el resultado será una especie de barro sobrecargado, homogéneo y confuso.

"Íbamos vestidos de aquel modo porque nadie tenía un duro, en pocas palabras"

No sé hasta qué punto te incomoda hablar de estilo y estética personal. Apareces en el libro de Sam Knee “A Scene In Between” comentando tus looks en los ochenta. Ya sabes que esa imagen tuya tan particular fue copiada de forma salvaje. En Madrid a mitades de los noventa había un tío que iba vestido de ti. ¿Emprendiste acciones legales?

( Ríe) No. Todo eso sigue pareciéndome grotesco y, muy, muy extraño. Cada uno tendría que encontrar su estilo, lo que le hace sentir cómodo, ¿no? A no ser que estés en camino de una fiesta de disfraces o una representación de teatro, no deberías ir vestido de otra persona. Por añadidura, mi imagen estaba cambiando constantemente, mientras que la gente solo parecía coger un look en particular, cosa que encuentro muy aburrida. Pero también me resulta vagamente elogioso, si tengo que serte sincero. Mis influencias eran muy diversas, me fijaba en muchas cosas, en Subway Sect y en Swell Maps, por ejemplo.

Creo que tampoco se acabó de pillar que tu look se originara en la carestía económica, y lo copió gente de elevado nivel adquisitivo. Pijos, vamos.

Ajá. La mayoría de cosas que llevábamos yo y mis amigos venían condicionadas por su precio ridículo, y también por su practicidad. Íbamos a tiendas de beneficencia como Oxfam o Spastic y pillábamos lo barato y que nadie quería, y que al mismo tiempo nos quedaba más o menos bien. Íbamos vestidos de aquel modo porque nadie tenía un duro, en pocas palabras.

Lo contrario de los hipsters, vaya.

En efecto. En los años 30, la moda era aspiracional. Era algo que usaban las clases trabajadoras para simular que sus vidas eran mucho más fantásticas y glamurosas de lo que realmente eran. Los hipsters han invertido esos términos. En general se trata de gente que está negando su verdadero estatus económico a través de la ropa. Es extraño.

Déjame que te diga una cosa más: has envejecido fantásticamente, Stephen. ¿Cuál es tu secreto? ¿Flexiones, meditación, glándulas de mono...?

( Ríe) Para empezar, intento no pensar en que estoy envejeciendo. En segundo lugar, no tomo drogas desde hace veinte años. Me alimento bien, hago algo de ejercicio... Lo típico. El otro día vi a Bobbie Gillespie de Primal Scream y pensé lo mismo: ¿Cómo lo hace? Deben ser los genes.

Bueno, él tiene incluso más mérito porque ha conseguido lo mismo sin dejar las drogas.

( Ríe) Es verdad. Y además manteniendo la imagen rock’n’roll, pantalones de cuero y toda la pesca. Yo intenté retenerla, pero fui incapaz. El rock’n’roll no era para mí.

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