Entrevistas

Yo sufrí acoso escolar y me resisto a creer que eso es “lo normal”

Hablamos con Tom Clad sobre su emotivo testimonio contra el acoso escolar

Ni siquiera en su entorno lo han sabido hasta ahora. Tom Clad tiene 31 años y hace diez días que ha hecho público el acoso que sufrió en su niñez y preadolescencia.

El mensaje de Tom Clad —seudónimo que emplea para escribir en la web Perdidos en la tele— es claro: "no me da la puta gana de que mi mierda de infancia haya sido algo normal", escribió en su columna.

Hemos hablado con él sobre una violencia estructural disfrazada de "cosas de críos".

¿Por qué contarlo ahora?

En mayo pasado una chica de 16 años se suicidó en Madrid tras sufrir acoso escolar. Cuando vi la noticia me dio un ataque de ansiedad. Se me vinieron un montón de recuerdos de golpe. Desde entonces he querido contarlo.

Seguro que te han dicho que eres valiente.

Es que tenemos tan asimilado el acoso que hablar de ello parece un acto de valentía. Pero no he sido valiente, es algo que le debo a mi yo de 8, 10 o 13 años. Ha sido un acto de liberación.

No me da la gana de que mi mierda de infancia sea algo normal

¿Qué años tenías tú cuando fuiste víctima de acoso?

El primer recuerdo chungo que tengo es con 6 años. Hubo picos, pero se mantuvo más o menos hasta 4º de ESO.

¿De qué contexto hablamos?

De Córdoba, de un centro concertado muy pequeño con solo dos clases por curso.

Y tú eras...

Desde muy pequeños tenemos prefijados los roles. Y yo nunca quería jugar al fútbol. Tampoco me gustaba la música que les gustaba a los otros chicos. Me gustaba leer. Tenía cierta tartamudez y estrabismo y lo de ‘bizco’ estaba a la orden del día. Los insultos homófobos no llegaron hasta los 12 o 13 años. Al final tu rol se reduce a uno: el de víctima.

A veces se nos olvida que todos hemos sido niños y que ser niño no es sinónimo de ser tonto. Hay que tomarles en serio, hay que creerles

¿Cómo era el día a día?

El día a día es que no existes, que no vales nada. 

Vas subiendo a clase y te van dando collejas y empujones. Si tus padres te han comprado un boli nuevo a segunda hora ya está roto. Bajas al recreo y te tiran por las escaleras.

Imagina que entre los 6 y los 8 años tú te levantas y te has hecho pis en la cama. Tu madre te grita. Vas al colegio. Allí golpes e insultos. Vuelves estresado y al poner la mesa se te cae algún plato al suelo. Gritos en casa. ‘No sirves para nada’. Te vas a la academia de inglés y desde que entras hasta que sales se están riendo de ti, pero tú no sabes por qué. Vuelves a casa y de camino te encuentras a dos chavales del barrio que aprovechan para pegarte hasta que llegas al portal. Llegas, te acuestas y al día siguiente tu madre te grita porque te has meado en la cama.

¿Acudiste a los profesores?

Sí, pero es que además no debería hacer ni falta: les estallaba en la cara. Una vez entre clase y clase me estamparon la cabeza contra una mesa. Imagínate el percal cuando llegó el profesor.

¿Y qué pasaba en un caso así?

Se avisaba a ambos padres, se daba una charla tipo 'no hay que pegar' y ya está. Ahora imagina que tienes que hacer un avión de madera para un trabajo de tecnología. Al sexto que te rompen, ya no quieres entregar nada. Yo suspendí esa asignatura. Y todo ocurría en clase, a la vista del profesor. Fueron cómplices. Miraban para otro lado. Nunca sentí que ningún profesor me ayudase.

¿Puede más el deseo de venganza o el de desaparecer?

Llegó un momento en el que fui consciente de que la única forma de salir era que yo llevase a cabo una agresión lo suficientemente fuerte contra algún agresor como para que a la gente se le activase un resorte... pero eso no va conmigo.

Has dicho que se parece a no existir.

Ponle que te pega 'solo' el 15% de los compañeros, pero el acoso es muy perverso, genera una jerarquía interna en clase. Hay un acosado, al que si no pegas, te ríes de él. Y si no le ignoras.

El acoso es muy perverso, genera una jerarquía interna en clase

¿No tenías ningún aliado?

Mis pandillas eran de una sola persona, el que se juntaba conmigo por descarte. Tuve solo 2 o 3 diferentes en todos esos años. El problema es que si ellos se querían integrar con el resto tenían que hacer ver que su relación conmigo era totalmente secundaria. Ellos mismos me lo explicaban. Quedaba con ellos para hacer los deberes y me decían ‘por favor no lo digas mañana en clase’.

¿Has mantenido el contacto con alguno?

A los dos que eran de clase dejé de verlos cuando dejé el colegio. El otro era del barrio y dejó de hablarme cuando le dije que era gay.

A los niños hay que educarles en la diversidad desde que nacen. Mis acosadores tenían grabado a fuego que tenían que ser machos alfa. Recuerdo un debate en clase sobre las tareas domésticas, el único niño que dijo que era cosa de chicos y chicas fui yo. Ese día me dieron una paliza por maricón. Pero cuando tu familia no quiere asumir que eres gay, los ataques homófobos “no existen”, claro.

Todo ocurría en clase, a la vista del profesor. Fueron cómplices. Miraban para otro lado. Nunca sentí que ningún profesor me ayudase

En tu columna dices que el deseo de dejar de vivir llega cuando tratas de fingir normalidad en casa. Conociste bien ese estado.

El primer intento fue sobre los 9 años y el último con 13. Un niño no trata de suicidarse por una o dos peleas, sino por una tortura sistemática y mantenida en el tiempo.

¿En qué te apoyaste?

Buscaba refugios para saber que había más mundo que el que me rodeaba. Me metía en las cuatro paredes de mi habitación con mi música y mis libros. Leía un montón de dominicales y escuchaba en la radio tertulias de adultos. Escuchaba mucho a Javier Álvarez.

Un niño no trata de suicidarse por una o dos peleas, sino por una tortura sistemática y mantenida en el tiempo

Estoy seguro de que nos está leyendo alguien que está pasando por algo parecido a lo tuyo. ¿Qué le decimos?

Que lo diga en casa y trate de que el centro se implique. Si continúa, que denuncie a la policía, que llame a la prensa. Que lo visibilice.

¿Y a los padres?

A veces se nos olvida que todos hemos sido niños y que ser niño no es sinónimo de ser tonto. Hay que tomarles en serio, hay que creerles. Si los padres prestan atención al comportamiento de sus hijos, no es tan difícil descubrir cosas.

¿Qué necesitabas tú?

Saber que eso no era normal. Que alguien me dijera ‘tú vales mucho’.

Si alguien está pasando por algo parecido, que lo diga en casa y trate de que el centro se implique. Si continúa, que denuncie a la policía, que llame a la prensa. Que lo visibilice

¿Has sabido algo de los que te agredían?

A veces me llegan noticias suyas. Muchos son padres de niños de 7 u 8 años. Su vida hoy me es indiferente. Hace poco limpiando los mensajes de Facebook me apareció un mensaje de una chica de clase para una reunión de excompañeros. Hay que tener cojones. Lo borré.

¿Qué pensarían si te leyesen ahora?

La inmensa mayoría diría que no fue para tanto.

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