Entrevistas

Todas las claves para comprender qué es el congreso Sónar+D

Ricard Robles, co-director de Sónar, nos explica en detalle en qué consiste la nueva área tecnológica y creativa del festival, una nueva puerta para comprender el futuro de las ideas y la cultura

Sónar+D es la transformación más importante que ha sufrido el festival Sónar en sus más de 20 años de historia: un congreso paralelo sobre tecnología que poco a poco va encontrando una dimensión grande y pionera. Para comprender más lo que persigue esta idea, hablamos con Ricard Robles, co-director del festival.

Si observamos detenidamente el modelo de festival que propone Sónar, comprobaremos que hace años que no evoluciona de manera sustancial, es siempre lo mismo, una misma estructura en unos mismos espacios. O lo que es igual: una idea cerrada, completa. Sus organizadores han insistido con frecuencia en la idea de que se sienten cómodos con lo que Sónar es actualmente, en sus medidas, recintos y oferta artística, así que lo que cambia de año en año son leves retoques, modificaciones para ajustar lo que todavía puede mejorarse. Pero en 2013 sucedieron dos cosas que impulsaron la idea de Sónar más allá de donde estaba hasta ese entonces: primero, el traslado del CCCB al recinto de Fira de Barcelona, mucho más espacioso y, por tanto, cómodo; segundo, el comienzo de Sónar+D como nueva rama programática de Sónar, dedicada a ‘la creatividad, la tecnología y el negocio’. Sónar+D se define como un congreso dentro del marco del festival, en paralelo a la programación musical, pero nunca entrelazado, con sus propias rutinas, espacios y objetivos.

Sónar+D es una marca nueva, que pudo crecer gracias al traslado del CCCB a Fira de Barcelona —otra de las razones por las que Sónar necesitaba urgentemente un cambio de recinto después de que las instalaciones de la calle Montalegre se quedaran definitivamente pequeñas para lo que el festival ambicionaba—, pero no es una iniciativa que venga de nuevo. Heredera de SónarPro y, a la vez, descendiente muy evolucionada de las antiguas SónarMática y la programación de ‘conferencias y debates’, Sónar+D es la nueva (y mejor) mutación de una aspiración antigua del festival: ser un escaparate de la tecnología aplicada a la creatividad, el conocimiento y la información como lo había sido para la tecnología aplicada a la música. Sónar+D es la mayor evolución de Sónar en 20 años, y como tal requiere una explicación a fondo, motivo por el cual nos sentamos con Ricard Robles, co-director del festival, para aplicarle el tercer grado.

Sónar+D parece un festival paralelo, que lleva su propia línea, y que parece que surge de cero, pero en realidad es tan antiguo como 1994, cuando en el primer Sónar ya había una preocupación por la tecnología más allá de la música. ¿Hasta qué punto veis Sónar+D conectado a los orígenes?

Está muy conectado. No hay que perder de vista los valores fundacionales de Sónar, y para comprender Sónar+D hay que volver definitivamente a 1994, y por qué se crea Sónar, y para quién se crea. Cuando hicimos el primer Sónar, que se había empezado a pensar en 1992, la idea era construir un espacio de intercambio de conocimientos y experiencias. No queríamos que fuera un festival al uso, en el que hay artistas actuando, el público los ve y no hay nada más. Por eso había una área de exposición, proyección de películas, una feria discográfica. La idea era que la industria musical y tecnológica, la cultura en su conjunto, tuvieran una casa común. En el primer Sónar coincidieron públicos y colectivos que tenían su propio espacio, y que era importante, pero que no se habían mezclado antes: el de las raves y el de las galerías de arte, por ejemplo. Nunca coincidían en el mismo espacio, pero nosotros queríamos que se encontraran, alrededor de una programación que reflejara lo que hacían, y sus puntos en común, además en el marco de un espacio de intercambio comercial. Siempre dijimos que no queríamos ser un faro de tendencias, sino un foro de diálogo.

Con la música lo hicimos así, y la idea era que la tecnología siguiera por el mismo camino. Porque cuando hablas de cultura, y en especial la digital y la de tecnología creativa, no puedes hablar de verticales, de nichos aislados. La música es una realidad horizontal: bajo el paraguas de la electrónica tienes muchos estilos, ideas, desarrolladas con la ayuda de un tipo de herramientas. Con la tecnología es lo mismo: no es que existan los videojuegos, el arte visual, las apps, etcétera, sino que todo esto está interrelacionado estrechamente. Hay una comunidad en la que músicos, desarrolladores, programadores, etcétera, hablan un lenguaje común. La música actual ha desarrollado un perfil en el que ya no sabes dónde comienza lo tecnológico y dónde acaba lo estrictamente musical. Todo se mezcla, y en este mapa cambiante y confuso hay que ponerlo todo en común en un contexto que podríamos llamar ‘transmedia’. Así que tuvimos claro que había que poner en valor el relato original de Sónar e incorporar nuevas comunidades al foro. No sólo la de la música, sino la relacionada con nuevas disciplinas y las empresas, laboratorios, etcétera. Son gente a la que igual el techno no les interesa, pero sí disponer de un espacio, un ágora, para proponer ideas y compartir conocimiento.

"A nosotros no nos interesa la tecnología per se, sino las posibilidades que permiten esas herramientas para consumir, crear y distribuir contenido"

Sónar+D se define como congreso, y congresos hay muchos. En Barcelona hay eventos, como el Mobile World Congress en el que se reúnen las empresas, hay un espacio de feria tecnológica y comercial. Debates hay continuamente. ¿Dónde está exactamente la diferencia y lo que haría especial a Sónar+D en el ámbito tecnológico?

En efecto, hay eventos especializados, ya sea sobre telefonía, videojuegos, etcétera, pero su prioridad no son los contenidos, sino los productos. A nosotros no nos interesa la tecnología per se, sino las posibilidades que permiten esas herramientas para consumir, crear y distribuir contenido. Ya lo hicimos con la música con la idea original de Sónar: no era sólo techno, o música de baile, sino música realizada con las nuevas herramientas, daba igual cuál fuera el estilo. En Sónar+D intentamos una actualización y puesta en valor de esa idea.

Desde el principio, Sónar tuvo exposiciones, SónarCinema, ferias, instalaciones, debates, todo el germen de Sónar+D. Pero hubo una época, entre la desaparición de SónarMática y el nacimiento de SónarPro, hace cuatro años, en la que todo eso se desvaneció del festival. ¿Cuál fue la razón?

Tuvimos una crisis de utilización de los espacios. Esa fue otra de las razones por las que tuvimos que dejar el CCCB. El CCCB sirvió para sentar las bases del festival, pero el espacio en sí no daba ya más de sí, no podíamos gestionarlo adecuadamente para permitir una buena circulación de público. Así que algunas actividades padecieron aquella crisis. SónarPro comenzó porque se abrió un nuevo espacio dentro del CCCB, el teatro, que nos daba más oxígeno, pero antes de eso tuvimos que sacrificar muchos contenidos. Sabíamos que teníamos que cambiar de lugar y hasta que no supimos cómo y con qué garantías, tuvimos esos años de impasse hasta poder calcular bien las posibilidades de producir ciertos contenidos y así revalidar la experiencia. Hasta que no tienes el espacio adecuado pasa tiempo.

"Los congresos no tienen que ser un peñazo, ni en el fondo ni en la forma, así que estamos dispuestos a estudiar formatos no tradicionales"

La programación de Sónar+D este año crece considerablemente. Hay más mesas redondas, más demostraciones tecnológicas, más charlas de expertos y creadores de aplicaciones populares como Shazam, por ejemplo. Crece tanto la programación que alguien interesado en la tecnología como herramienta y en la música deberá sacrificar muchas cosas del ‘otro Sónar’. ¿Es algo que os preocupe?

Sónar y Sónar+D se pueden solapar para mucha gente, y de hecho se solaparán. Pero la idea de Sónar+D es, ante todo, atraer nuevos públicos. Queremos que la gente utilice bien su tiempo y que el +D obligue a organizar la agenda de otra manera. Sónar+D está sobre todo orientado a un público que no tiene un interés especial por el techno y sí por otras áreas de conocimiento, pero que en medio del congreso tiene la posibilidad de bajarse al Village a tomarse una cerveza y llevar un ritmo de trabajo diferente. Sónar y Sónar+D son actividades separadas, pero que coinciden: gente que viene a Sónar por la música tiene la opción de disfrutar de diversas propuestas del +D, y la gente que viene al +D puede asistir a un congreso con parte lúdica. Los congresos suelen ser aburridos, así que esta puede ser una fórmula pionera. Forma parte de la actitud que tenemos hoy: ¿internet qué es? ¿algo para descubrir o algo para entretenerte? Es para todo eso y mucho más. Sónar+D tiene que ser un acontecimiento, una experiencia.

¿Hasta qué punto puede crecer Sónar+D?

El crecimiento es un reto al que el festival ya se ha enfrentado, así que estamos preparados para ver por qué caminos se mueve. Si resulta que Sónar+D funciona, tendremos que replantear el formato, posiblemente, y para eso tenemos suficiente espacio alrededor para ir buscando opciones. Los congresos no tienen que ser un peñazo, ni en el fondo ni en la forma, así que estamos dispuestos a estudiar formatos no tradicionales. Sónar de Día ya fue algo nuevo en su momento, no estábamos acostumbrados a esa manera de consumir música y ahora es de lo más habitual.

¿Sónar+D tiene ‘cabezas de cartel’? Algunas actividades están relacionadas con gente conocida como Juan Antonio Bayona, las compañías Kickstarter, Shazam, CANADA o Random International, estrellas del transmedia como Daito Manabe… ¿Dependéis del conocimiento que se tiene de algunos nombres?

¿Realmente mucha gente sabe lo que es Kickstarter? Yo no estoy tan seguro. Más que nombres, lo que traemos a Sónar+D son ideas. Nos interesan más los usos de esas ideas que no los nombres que hay detrás. Queremos que venga alguien ha explicar por qué su idea ha tenido éxito y cómo se aplica, más que ‘cabezas de cartel’ con fama o imagen.

Hablas mucho de ideas. ¿Son más importantes en Sónar+D que el negocio, el ayudar a que el dinero fluya?

También hay un objetivo comercial, por supuesto. Que lo que veas en Sónar+D y con quién hables sea el primer paso para ir más allá. Pero nuestro objetivo no es que vengan los comerciales de las compañías, sino el jefe del laboratorio, el que tiene la idea y la desarrolla. Y que luego esto llegue al mercado, pero no tenemos en mente a Sónar+D como un concepto de feria, sino que toda la cadena de valor esté representada en el festival.

¿Qué continuidad puede tener Sónar+D a lo largo del año? Cuando nació Sónar, apenas había clubes en Barcelona ni en España, ni medios de comunicación que reflejaran esta música, y poco a poco empezaron a surgir iniciativas que estiraban la idea de Sónar a lo largo de los meses. ¿Puede ocurrir lo mismo con +D?

De momento hemos creado el foro y lo que venga después ya lo veremos. Pero en cualquier caso, nada tendría que sustituir la experiencia tangible, vivida, de los tres días de Sónar+D. Eso es lo que tendría que tener valor. Hay miles de plataformas para continuar la conversación a lo largo del año, pero lo que no aportan esas plataformas es la visualización de la idea. Volviendo a 20 años atrás, yo veo cosas que se parecen a Sónar, pero que no son tan completas como el Sónar. Con Sónar+D queremos hacer lo mismo. Por ejemplo, tienes el SXSW de Austin, pero que es otra cosa: es una ciudad tomada por miles de propuestas a la vez, con una agenda exhaustiva, en la que no hay ese ágora de la que hablaba antes. Creemos en la necesidad de conversación.

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