Entrevistas

These New Puritans: “Me gusta la gente que ha logrado alcanzar una maestría en su oficio. Es algo que no se valora hoy en día. Se supone que debes limitarte a ser una estrella pop idiota”

Jack Barnett reflexiona sobre la identidad del proyecto y desmenuza el proceso de creación de “Field of Reeds” en vísperas de su paso por el festival Día de la Música

La transformación de These New Puritans en los últimos años ha sido espectacular, hasta derivar en el reciente "Field of Reeds", un disco de canciones ornamentadas a la manera académica y con toques de jazz que hablan de sentimiendo profundos de la manera más sincera posible. Les tendremos como plato fuerte del Día de la Música.

Un monje le preguntó al maestro Haryo: ¿Qué es el camino?. Haryo dijo: Un hombre con los ojos abiertos cayendo en un pozo.

Jack Barnett, motor de These New Puritans, hace tiempo que se lanzó de cabeza al pozo, enfrentando su fondo oscuro de cara, con los ojos abiertos como dos luceros. Haciendo bueno ese kōan zen que encabeza estas líneas, Barnett ha ido moldeando sus pasos musicales de acuerdo a su propio instinto, siempre abierto al cambio, haciendo del camino una búsqueda constante para la que no hay coordenadas fijas en avance. Y así, en tan sólo tres discos, These New Puritans han protagonizado una historia de refinamiento y maduración a la que cuesta encontrar parangón en la música popular contemporánea. Su último trabajo, el magnifico Field of Reeds (Infectious, 2013), vuelve a suponer un giro en su mirada, ahondando en el planteamiento camerístico que ya se dejaba sentir entre los pliegues de algunas canciones de “Hidden” (2010) e introduciendo destellos de jazz en los que se dejan oír ecos del trabajo de John Taylor y Kenny Wheeler o ensembles como The Claudia Quintet o The John Escreet Project. These New Puritans dejan atrás su vehemencia adolescente para mostrarnos su cara más adulta en una colección de pequeñas suites con mucho peso instrumental que reinterpretan el concepto de la canción pop desde una óptica más cercana a la música académica. Barnett y su equipo ya no buscan la sacudida. “Hidden” fue el exorcismo, la liberación violenta. Esta vez a la emoción se llega por la vía de la contemplación serena.

Comencemos volviendo la vista atrás a tus trabajos previos. Han pasado cinco años desde “Beat Pyramid”, tres desde el celebrado “Hidden”. Me gustaría saber cómo te sientes en relación a esos trabajos ahora, en especial a “Hidden”, un álbum que supuso una clara ruptura con el sonido inicial de These New Puritans y que os hizo llegar a un público más numeroso, además de ganaros el aplauso casi general de los medios.

Para mí los viejos álbumes son como viejas fotografías embarazosas. Con eso no quiero decir que no me gusten; es algo que siento con cualquier álbum. No pienso demasiado sobre esos trabajos, no es que me inquieten ni nada parecido. Imagina que hubiera algún tipo de registro permanente de cómo eras cuando tenías 19 años; supongo que uno se sentiría raro al verse a esa edad después de un tiempo. Aún pienso sobre las canciones de esos discos cuando tocamos alguna de ellas en directo, pero pienso en ellas como cosas que están vivas y cambiando.

¿Si pudieras volver atrás en el tiempo, cambiarías algo en esos dos primeros discos?

No.

Desde que la banda empezó a generar cierto ruido, justo en los meses previos a la publicación de “Beat Pyramid”, recuerdo leer entrevistas en las que citabas a RZA o Aphex Twin como grandes influencias en tu música. Ya entonces había presencia de sintetizadores y beats electrónicos en These New Puritans, pero vuestra música aún estaba ligada al sonido de las guitarras... o al menos así es como era percibida entonces. Para la prensa y para buena parte del público, These New Puritans era una banda de rock o de post-punk que buscaba sonar inusual. Incluso se os metió en el saco de aquella supuesta escena que nos quisieron vender como “New Grave”, aquella camada de bandas jóvenes que se acercaban a los sonidos oscuros after-punk desde distintas ópticas... ¿Alguna vez te has sentido incomprendido o malinterpretado por la prensa musical? ¿Os veíais al principio de vuestra carrera como ese grupo post-punk del que la gente hablaba o la visión que teníais de vosotros mismos era otra bien distinta ya entonces?

Creo que hemos sido increíblemente malinterpretados, especialmente cuando comenzamos. Nos metieron en el grupo de las bandas góticas, ¡o incluso en el del “new rave”!, pero no teníamos nada que ver con nada de aquello. Desde que empezamos siempre hemos tenido el impulso de alejarnos de lo que sucede a nuestro alrededor. No sé de dónde surgió ese impulso, pero es el hilo conductor de nuestras cosas. En relación a Aphex Twin o RZA, la manera en la que nuestro primer álbum fue ensamblado tenía más que ver con un disco de IDM. En la superficie puede que tuviera algunas guitarras, pero no era un disco rock. Algunos viejos periodistas amargados aún intentaban llamarnos indie pop después de publicar “Hidden”. No creo que puedan salir con esas ahora.

Después de “Hidden”, preguntado sobre los siguientes pasos que podría tomar la banda, hablaste de tu deseo de hacer un disco de lo que describías como “Disney pop”. Has reconocido que empezaste a escribir material en esa onda más pop, pero que la cosa al final no funcionó. ¿De dónde surgió esa idea de explorar el mundo del moderno pop de radiofórmula?

Creo que cuando dije eso en realidad podría ser que estuviera bromeando, no lo recuerdo bien. Probablemente todo fue cosa de un periodista tomándome demasiado en serio. Pero sí es verdad que cierto material pop de aquella época fue una influencia durante la era “Hidden”. Sobre todo en términos de ritmos y producción. También el dancehall.

¿Qué os hizo cambiar de idea? Recientemente has comentado que, quizás a resultas de aquel esfuerzo, has descubierto que en realidad odias ese tipo de pop comercial.

Siento que desde entonces todo se ha ido un poco a la mierda, todo se ha visto David Guetta-izado. Simplemente acabamos revolviéndonos contra eso y encontramos otro tipo de inspiración más interior.

Después de publicar “Hidden” realizasteis una serie de actuaciones en las que os hicisteis acompañar de un ensemble clásico, la Britten Sinfonia. ¿Puede ser que aquella experiencia con orquesta de cámara afectara la dirección musical de “Field of Reeds”, que hace gala de un enfoque camerístico mucho más acentuado?

No, porque entonces estábamos interpretando “Hidden” textualmente, así que esa dirección ya estaba tomada. Sí puede ser que aquello perfeccionara mi destreza para los arreglos porque tuve que preparar las partituras maestras de todo para la actuación. Así que en términos de técnica fue un buen ejercicio. En Inglaterra se está hablando mucho de este disco como si fuera música clásica. Pero no lo es. Para nada. Son canciones. En la tradición de gente cantando sobre lo que siente. Eso es lo que estoy haciendo.

"No soy lo suficientemente egotista como para ser una estrella pop, desafortunadamente"

Por momentos siento que hubiera cierta “cualidad inglesa”, lo que vosotros llamaríais 'englishness', recorriendo de forma soterrada todo el disco. Es algo que tiene que ver con los timbres, con ciertas atmósferas. Las arreglos orquestales pueden remitir a compositores ingleses de finales del XIX y principios del XX como Britten, Vaughan Williams o Elgar. Otros momentos pueden recordar a grandes personajes del rock experimental y el pop sin reglas como Robert Wyatt, Mark Hollis y sus Talk Talk. Hay melodías con cierto deje a folk tabernario. También se pueden oír ecos de Basil Kirchin, John Taylor o Kenny Wheeler, músicos de la escena del British jazz. Igual son sólo imaginaciones mías... ¿Te sientes parte de algún tipo de “tradición inglesa”, por así decirlo?

Bueno, no he oído hablar de algunos de esos nombres que citas. Kenny Wheeler, ¡sí! Es fantástico. No le descubrí hasta después de acabar el álbum, pero su música es maravillosa. El perfecto balance entre composición y libertad. El jazz británico cuenta con algunos músicos increíbles, y a algunos los tuvimos tocando en el disco. Es disponer de un recurso asombroso que la mayoría de la gente en Gran Bretaña simplemente no sabe que existe. Son algunos de los mejores músicos que hay en el mundo... Pero realmente no soy consciente de ser parte de nada. No suelo entrar en ese tipo de autoanálisis. Lo encuentro raro y me distrae. No soy lo suficientemente egotista como para ser una estrella pop, desafortunadamente.

Me gustaría saber cómo trabajas a día de hoy, siendo “Field of Reeds” un disco totalmente escrito en papel con anterioridad a entrar en el estudio, pura música de partitura. Cuando toca componer arreglos para metales, vientos o cuerdas, ¿cómo lo haces? ¿Eres capaz de escribir directamente en papel lo que estás escuchando en tu cabeza o usas algún tipo de editor software que te permite trabajar con esas ideas a partir de instrumentos virtuales y que te ayuda luego a traducirlas a partitura?

Uso una mezcla de software, papel e instrumentos. Y supongo que a eso hay que añadir la imaginación. El software es más rápido para la notación musical, pero uso papel para escribir ideas que se me van ocurriendo cuando viajo o sobre la marcha. En realidad todo son medios para un fin.

"Disfruto del proceso de perfeccionar una interpretación. Partes de la música que has escrito y en el otro lado está el músico que debe interpretarla, y en algún punto intermedio algo sucede"

Y dejando el aspecto técnico a un lado, ¿cómo es el proceso creativo, el puro imaginar la música? ¿Eres del tipo de compositor analítico y sesudo que gasta mucho tiempo a priori considerando lo que quiere, forzándose a experimentar con métricas y armonías de forma consciente, de acuerdo a una serie de pautas, o la música surge de una manera más intuitiva, sobrevenida?

La verdad es que no tengo una fórmula, y esa es la razón de que cada canción sea diferente. A veces simplemente me siento y me sorprendo tocando una canción de principio a fin al teclado, que es como surgió “Organ Eternal”. Y otras veces me puede llevar mucho tiempo y ser cosa de muchos fragmentos que van fusionándose a lo largo del tiempo y que me llevan a probar diez alternativas diferentes y al final el proceso se asemeja más a lo que sería encajar las piezas de un rompecabezas.

En “Fields of Reeds” te has rodeado de compositores y arreglistas como Hans Ek, Phillip Sheppard y Michel van der Aa. ¿Han aportado ideas a nivel de composición o su colaboración se ha limitado al plano técnico, en el sentido de ayudarte a adaptar tus ideas en materia de arreglos a las particularidades de los diferentes instrumentos?

Con Hans y Philip fue una cosa muy técnica. Yo ya había empezado con los arreglos, la música ya estaba escrita y era una cuestión técnica el optimizarla para la instrumentación que quería utilizar. Era la primera vez que escribía para cuerdas y no quería lanzarme a dar ese paso completamente en solitario. Escribir arreglos es algo que la gente se tira toda una vida aprendiendo. Con los metales, sin embargo, ya sabía lo que estaba haciendo después de haber hecho los arreglos para “Hidden”. Me gusta la idea de contar con especialistas en el álbum, auténticos artesanos, desde grandes músicos a ingenieros que son expertos en grabar determinado tipo de cosas. Me gusta la gente que ha logrado alcanzar una maestría en su oficio. Es algo que no se valora a día de hoy y casi es un tema tabú lo de ser bueno en algo. Se supone que debes limitarte a ser una estrella pop idiota.

Tener la música en papel es una cosa. Luego hay que dar vida a esa partitura en el estudio, canalizar esa música pensada a través de todos los músicos involucrados. ¿Fue difícil trasladarle tu visión de cómo debían sonar las cosas a esos músicos provenientes de un entorno académico?

Bueno, tenemos un buen equipo. Lo más importante es contar con gente en la que confías. Confío en Graham [Sutton] al cien por cien en lo que respecta a grabar instrumentos de una forma bella y realista. Realmente disfruto del proceso de perfeccionar una interpretación. Tú partes de la música que has escrito y en el otro lado está el músico que debe interpretarla, y en algún punto intermedio algo sucede. Es muy divertido.

"Sabía que tenía que haber una perspectiva femenina en el álbum. Amo la voz de Elisa. Tiene una suavidad especial pero a la vez tiene alma"

Scott Walker es bien conocido por ser muy maniático a la hora de grabar cuerdas, y a menudo eso implica llevar a los músicos al límite. Según ha comentado alguna vez, es cuando los músicos ya están cansados e incluso irritados después de haber tenido que practicar y repetir tomas varias veces cuando más se acercan al sonido tenso que él busca en sus últimos discos. ¿Te ha pasado a ti algo parecido durante la grabación de “Fields of Reeds”?

No, no hemos llegado a esos extremos. Me refiero más bien a que vamos a hacer cualquier cosa que haga falta para lograr que la interpretación sea correcta. Y si eso significa pasarnos un sólo día concentrados en grabar una única frase, eso es lo que haremos. Y no sólo por mí. La banda es muy perfeccionista.

Antes has mencionado a Graham Sutton, co-productor de los dos últimos álbumes de These New Puritans. ¿Cómo entráis en contacto? ¿Conocías su trabajo en Bark Psychosis o su producción más electrónica como Boymerang antes de empezar a colaborar con él?

Llegué a conocer a Graham a través de Laurence Bell de Domino Records. No conocía su música pero nos caímos bien, y eso es lo más importante. Estamos de acuerdo en muchas cosas relacionadas con la música. Es un tipo de primera y un productor con mucha clase.

Tras “Hidden” llegaste a decir que nunca más volverías a cantar. Pero luego, durante la composición del nuevo álbum, llegaste a la conclusión de que era realmente importante que tu voz estuviera en el disco. ¿Qué te hizo cambiar de opinión? ¿Por qué se volvió tan importante?

Porque el sentimiento de las canciones acabó estando muy cercano a mí. Cantarlas resulta algo muy natural para mí, las canciones van sobre las cosas que siento. Y porque ahora que Elisa [la cantante portuguesa Elisa Rodrigues] está haciendo el 50 por ciento, me puedo concentrar en mi 50 por ciento y me puedo olvidar de intentar hacerlo todo. Hago simplemente lo que me toca. Es genial cantar con otra persona; de repente todo encaja en su sitio. Así puedes especializarte un poco.

Cuéntanos como surge la colaboración de Elisa. Por qué pensaste precisamente en ella.

Sabía que tenía que haber una perspectiva femenina en el álbum. Y había escrito un montón de melodías pensadas para una voz de mujer. Así que llegados a un punto me tuve que plantear encontrar a la voz adecuada. Llegué a Elisa a fuerza de investigar, porque me gusta la música portuguesa y el sonido de su lengua. Simplemente le pedimos que viniera a Inglaterra a cantar en el disco y, afortunadamente, ella dijo que sí. Fue un poco un acto de fe para nosotros y para ella. Pero el riesgo se vio recompensado. Amo su voz. Tiene una suavidad especial pero a la vez tiene alma. Incluso cuando canta de una manera lineal en su voz hay expresión. Se metió de lleno en la música y trabajo realmente duro. ¡Y nos aguantó cuando la hicimos cantar una misma cosa mil veces! Es una música muy contra-intuitiva. Creo que es muy diferente a la manera que ella está acostumbrada a grabar jazz, así que el hecho de que se adaptara tan bien fue genial.

¿Qué es lo que encuentras en la música portuguesa para que te resulte tan atractiva?

Me gusta el sentimiento del fado y me gusta cómo suena la lengua. Siempre me ha interesado Portugal por alguna razón, desde que era pequeño. En parte tiene que ver con su asociación histórica con Inglaterra. El fado tiene ese sentimiento marítimo que alguna de nuestra música tiene. Ambos son países que ganaron prominencia en la época de las grandes expediciones, debido a nuestra localización geográfica. También está esa conexión. Pero no sé cuál es exactamente la razón.

En “Fields of Reeds” hay momentos de marcado sabor cinematográfico. Sobre todo por algunas de las partes orquestales, con aires de banda sonora, pero también por el uso de grabaciones diversas a la manera de efectos de sala o foley. Se diría que estos sonidos son más bien incidentales, accesorios, pero lo cierto es que siempre llaman mucho la atención, siempre acaban estando entre lo más mencionado cuando se habla del disco. ¿Qué buscas al recurrir a esos sonidos? ¿Consideras que pueden contribuir de una forma significativa a la hora de crear una atmósfera o desarrollar una narrativa para tu música?

Mi intención es puramente musical. Es divertido ver cómo la gente se centra en eso cuando sólo representa el 0.1 por ciento de la música. En última instancia es lo mismo que cualquier otro instrumento. Si la canción demanda un halcón se graba un halcón, sin trampas. Si demanda un piano, pues un piano... Es siempre así.

En cuestión de pocos días estarás actuando en Madrid en el marco del festival Día de la Música. ¿Qué podemos esperar del concierto? ¿En qué formato estáis presentando este álbum?

Seremos una banda de siete piezas. Así está bien; ni demasiado grande ni demasiado pequeño. Un equipo flexible, pero a la vez capaz de lograr un sonido grande. Es perfecto. Músicos de primera. Y Elisa estará cantando con nosotros, lo que es un placer.

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