Entrevistas

The Walkmen: “Es ponerte un traje y sentir que estás haciendo algo importante”

Hablamos con Pete Bauer para que nos explique cómo funciona el grupo que vuelve siempre con la frente marchita

Actúan esta noche en los conciertos inaugurales de San Miguel Primavera Sound y presentan el recientísimo “Heaven”, un álbum maduro, sensible, masculino y con vocación de clásico. Hablamos con Pete Bauer para que nos cuente los secretos de The Walmen.

Heaven bien podría funcionar como un compendio de toda la carrera de los distinguidos The Walkmen. Recoge todo lo sembrado en sus fértiles primeros discos y lo esparce a secar sobre las terrazas conquistadas en Lisbon y You & Me, sus obras maestras de madurez. En cierto sentido, también es la revancha definitiva de una banda totalmente crecida. Una banda que ha domado sus instrumentos por completo y que ha aprendido a dominar el alcance de su sensibilidad a la perfección, meciéndose siempre entre la ansiedad y la calma, pareciendo pedir a gritos la fuerza necesaria para ponerse en pie. Sigo pensando que como grupo están mucho menos reconocidos de lo que deberían y desde hace años vengo haciendo toda la apología de ellos que puedo. Ahora me ha llegado mi primera ocasión de hablar con el grupo y estoy un tanto nervioso.

Al otro lado de la conversación me espera Pete Bauer, multiinstrumentista del grupo con quien tengo concertada una entrevista que haré a través de un jurásico teléfono Nokia. La conexión se presenta complicada: es difícil adivinar cuando el altavoz de mi móvil está o no conectado y, para colmo, la batería de la grabadora –ésta supuestamente buena– empieza a dar problemas minutos antes de empezar a hablar con Bauer, que esta noche se subirá al escenario del Arc de Triomf de Barcelona para oficiar la jornada inaugural –y gratuita– de San Miguel Primavera Sound. Invoco al cielo para que la entrevista no se vaya al traste por culpa de los malditos contratiempos técnicos, y cuando me conectan con Pete al otro lado del océano he conseguido no sé cómo tenerlo todo listo. Sin embargo, sigo con miedo de que algo falle en cualquier instante de la conversación y es por eso que decido lanzarme directamente al grano.

"Las canciones se forman de diferentes piezas y a partir de un montón de material que ni siquiera sabíamos que íbamos a utilizar antes de comenzar"

“Heaven” como título suena grande, puro y muy inmaculado, con ese color blanco reinando en la portada. ¿Podemos decir que con este disco habéis alcanzado vuestro cielo particular?

Es un disco más brillante que los otros y estamos muy orgullosos de cómo ha salido, más de lo que damos con ningún otro trabajo. Lo del título es un tema espinoso. Puede generar dobles lecturas: interpretarse en plan serio o generar preguntas tipo “¿de qué van estos?”, pero nunca fue nuestra intención plantearlo así.

Guarda algunas conexiones con “Lisbon”. ¿Queríais dar una continuación a aquel sonido?

En realidad lo que intentamos fue huir de él. Tanto con “You & Me” como con “Lisbon” aprendimos un montón de cosas sobre cómo tocar juntos. Fueron discos que nos generaron sensaciones muy positivas a la hora de interactuar entre nosotros, de trabajar en las canciones y todo eso, pero en “Heaven” lo que queríamos era probar cosas diferentes. Creo que ha acabado quedando bastante… despejado.

Sí, entiendo lo que dices, aunque al mismo tiempo la producción suena ligeramente sucia. Cuéntame cómo fue grabar con Phil Ek.

Bueno, las canciones de por sí ya tenían un sonido definido. Se forman de diferentes piezas y a partir de un montón de material que ni siquiera sabíamos que íbamos a utilizar antes de comenzar. Cuando Phil entró en juego lo grabó todo de tal forma que después pudiésemos añadir cosas fácilmente, sin que pareciera que quedaba recargado o sobrescrito. Para un productor creo que es algo realmente difícil de hacer con nosotros y él lo hizo fantásticamente. Nos enseñó a encajar las ideas según iban surgiendo, algo que antes, cuando veíamos como imposibles las cuestiones musicales más básicas, nos costaba muchísimo.

Anteriormente habíais grabado en lugares que os influenciaban, como Mississippi o Memphis, y esta vez lo hicisteis en el estudio de Ek en Seattle. ¿Hasta que punto os influyó el lugar?

Siempre resulta positivo salir por ahí y no quedarse en Nueva York. Y siempre acaba por darse una cierta conexión con el lugar donde se graba. Esta vez el clima sí que tuvo su influencia, un clima invernal, muy del noroeste, muy lluvioso y nevado. La verdad es que casi todo el tiempo estábamos encerrados en el estudio y probablemente lo que más se filtrara en el álbum fuera eso, la sensación de algo cerrado e invernal, de no estar tan al aire libre.

Leí en alguna entrevista que durante la gestación de “Lisbon” discutisteis bastante el tracklist y el tono del disco. ¿Tenías las ideas troncales más claras esta vez?

Fueron surgiendo según avanzábamos hasta que lo vimos todo claro. Las canciones sólo comienzan a cambiar cuando te das cuenta realmente de lo que quieres hacer con ellas. El tema titular, por ejemplo, acabó convertido en lo que es por culpa de las canciones que lo rodean. Fue de lo último que grabamos y sólo salió tras haber completado el resto. Es un buen ejemplo de lo que ocurrió con el disco en general.

¿Hay algún tema concreto que recorra el disco entero?

Diría que no. No se trata de cantar sobre algo muy específico, sino más bien del sentimiento total que se generado al oír el álbum al completo. Más que decir cosas intentamos que se experimenten. Es algo fenomenológico antes que psicológico.

"Tampoco es que tuviéramos una idea preconcebida de hacerlo así, menos denso, simplemente jugamos nuestras cartas más fuertes"

En canciones como “Southern Heart” el dolor parece más al descubierto que nunca.

Lo que siempre intentamos expresar son sentimientos verdaderos. En otras ocasiones nuestro esfuerzo acababa atascándose por aquí o por allá pero esta vez nos sentimos muy cómodos con lo que estábamos haciendo. Nos sentimos capaces de hacerlo más poderosamente de como lo hacíamos antes, y esa comodidad es la que te lleva a escribir y grabar mejores canciones.

¿Quién escribe las letras? ¿Lo hace Hamilton [Leithauser, cantante] él solo, o las escribís entre varios siguiendo esa idea de democracia que aplicáis al resto de procedimientos?

Mayormente las escribe Hamilton, y Walter [teclados, bajo] suele echarle una mano. Ya sabes, es un montón de trabajo. En general suele ser Hamilton quien esboza la idea principal. Lo ideal es cuando le sale todo de una vez, pero cuando se atasca es ahí donde entra Walter y acaban de definirlo juntos.

Como ocurre con las letras, el sonido parece haberse vuelto más crudo y sutil.

Sí, algo así. Es el camino natural que el sonido ha acabado tomando. Tampoco es que tuviéramos una idea preconcebida de hacerlo así, menos denso, simplemente jugamos nuestras cartas más fuertes.

Lo que me parece sensacional es el gran arco de sentimientos que lográis desplegar a partir de un sonido tan minimalista.

Eso es lo que más nos importa. Antes, aunque intentásemos que no fuese así, la gente decía que resultábamos ciertamente distantes. Les gustaba nuestra música pero no se sentían tan conectados con ella como parecían sentirse con otras cosas. Así que ahora intentamos hacer algo de lo que podamos estar orgullosos pero también algo que llegue a la gente. Hablo de una conexión real a un nivel muy básico, tipo “me gusta cómo suena esta batería” o cosas así. No quiero pintarlo de una manera mucho más abstracta…

Lo que está claro es que habéis conseguido sonar como una banda que confía absolutamente en sus instintos, y a ese respecto quería preguntarte por “A Hundred Miles Off”. Tengo entendido que fue el disco que os hizo dar un giro decisivo a vuestra andadura.

Ese disco nos cambió y hasta se podría decir que nos mató en cierto sentido. Fue una lucha constante, un trabajo muy difícil de hacer y luego de digerir, sobre todo cuando salió y nadie lo escuchaba [risas]. No, en serio, fue horrible, aunque la verdad es que puedo entender por qué no atrajo a la gente. Con “You & Me” ya conseguimos enfocarlo todo más desde fuera. Teníamos ideas que nos encantaban y el disco acabó saliendo muy bien. Pero “A Hundred Miles Off” fue realmente algo tipo “nosotros contra el mundo”. Nos echaron del sello, nuestro mánager nos dejó, todo en este plan. No muy agradable, la verdad. El caso es que fuimos capaces de sortear eso y aprender a confiar en las canciones que amábamos.

Desde entonces es más fácil reconocer en vuestro sonido la influencia del rock de los cincuenta. “Heaven” parece un disco de rock purista por momentos. ¿Escucháis mucha música de aquellos años?

Sí. Es una influencia que tiene que ver con el hecho de decidir que vamos a hacer lo que nos gusta, más que preocuparnos por calcar un determinado modelo de rock’n’roll o responder a otros músicos. En los dos últimos discos está mucho más presente que antes. Ya sabes, ese sonido puro del rock’n’roll, el de toda esa gente que hizo cosas asombrosas a partir de las cuales tú luego construyes las tuyas.

"Creo que poner a nuestros hijos y esposas en la foto refleja quienes somos mucho mejor que una foto en plan grupo de mendrugos que tocan música rock"

Hablemos de vuestro directo. Recientemente disteis algunos conciertos para conmemorar el décimo aniversario de “Everyone Who Pretended To Like Me Is Gone” y quería preguntarte cómo veis ahora vuestros primeros discos y cómo os sentís al tocarlos.

Es muy divertido. Hicimos un par de conciertos en los que tocamos una burrada, como tres horas y tal, y disfrutamos un montón. Es bueno mirar atrás y ver que donde antes huíamos de nuestro pasado ahora por fin somos capaces de decir “oh, hicimos esto pero también hemos hecho otras cosas”. No tiene uno que preocuparse porque el material vuelva a ser cuestionado. Por eso es bueno tocarlo todo.

¿Y cómo encajan los temas antiguos más cargados de reverb con estos nuevos más luminosos? Yo los veo muy diferentes.

Para nosotros tampoco son tan distintos. Quiero decir, los vemos como otro tipo de canciones, quizá por las melodías y los ritmos, pero al final acaban por fundirse en un mismo grupo. Algunas son más propensas al reciclaje y otras simplemente resultan más frescas o coherentes con lo que hacemos ahora. Para mí son como diferentes piezas de una misma cosa y es divertido afrontarlas como tal. Creo que hemos dado con un tipo de show diferente y el hecho de tocar nuestras primeras canciones, las más potentes sónicamente, las que ponen al público en alto, nos ayuda a ver más fácilmente dónde estamos ahora. Y las que no nos gustan, claro, ni las consideramos. Siempre tienes que tocar aquello con lo que te identificas en ese momento.

Recuerdo muy bien vuestro directo del año pasado en Primavera Sound. Fue mi favorito del festival. Sonasteis increíblemente verdaderos y también me sorprendió gratamente vuestra manera de moveros en escena, muy masculina y elegante. ¿También eso forma parte del cambio que comentas?

Sí. Puede parecer algo superficial, pero al fin y al cabo desempeñamos un oficio y es divertido gestionarlo de esta manera. Es ponerte un traje y sentir que estás haciendo algo importante. Estando allí encima con la camiseta toda sudada siempre vas a parecer más cateto. Una vulgar camiseta blanca ya hace de por sí que te sientas más apático. En este sentido, lo de los trajes ayuda. Hay que llegar a la gente y eso es algo difícil, por lo que tienes que utilizar cualquier recurso que tengas a mano. El show está montado así para eso, para que dé la impresión de que intentamos transmitir algo a la gente.

El estilo casa perfectamente con la música, particularmente con la de este disco, con esas imágenes de promo tan domésticas en las que aparecéis alrededor de un sofá acompañados de mujeres y niños…

Sí, creo que la imagen ha quedado muy interesante. Pensamos que estaría bien mostrar de dónde venimos en vez de repetir la típica foto de cinco tipos súper aburridos ahí plantados. Estamos muy satisfechos con las fotos, con cómo muestran a las personas con las que compartimos nuestras vidas, entre otras cosas porque gran parte de nuestras canciones tratan sobre ellos. Esa era la idea que queríamos transmitir. Creo que poner a nuestros hijos y esposas en la foto refleja quienes somos mucho mejor que una foto en plan grupo de mendrugos que tocan música rock [risas].

¿Cuál dirías que es el elemento más importante en una canción de The Walkmen?

Mmmh… Hay algo decisivo en las voces y en la manera de cantar. Por supuesto que pienso en las cuestiones básicas y en la importancia de las primeras ideas, pero creo que la mayor parte del tiempo nos centramos en qué sería interesante de cara a que Hamilton cantase sobre ello. Algo que le guíe, ver qué cosas contribuirán a enfatizar lo cantado, ya sea una batería o cualquier otro elemento... Intentar resolver ese aspecto en cada tema es uno de los componentes decisivos, teniendo en cuenta que no puede ser algo muy diferente de lo último que hayamos estado haciendo.

Por último, dime: ¿qué es lo último que has aprendido en esto de la música?

Oh, tengo muchísimo por aprender [risas]. Yo y Walter, que toca el bajo en el grupo, intercambiamos instrumentos hará ahora como cinco años. Yo no tocaba nada de piano así que ha sido un gran desafío para mí. Cosas así son las que me hacen sentir todo el tiempo como si fuera un principiante y no hubiera tocado un instrumento en veinte años.

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