Entrevistas

The Pains of Being Pure At Heart

Recuerdos de juventud dream-pop

The Pains of Being Pure At Heart

El noise-pop que hace Kip Berman es, ante todo, descarado. Su ultimo lanzamiento, “Belong” (Slumberland, 2011), habla de nuestros años de adolescencia, siempre tan extraños, todo exploración exultante e idealismo obstinado. Algo así como “mi vida de cada día” en formato álbum. En consecuencia, Berman se centra en las tribulaciones de la juventud: el descubrimiento ( “Es sobre nuestro lugar y sobre nuestra existencia en el mundo”), la inseguridad ( “no estamos tan confiados de que pertenezcamos a algo o a alguien”) y la reafirmación de la identidad ( “nunca me junté con los líderes”).

Después de hablar el doble del tiempo que teníamos asignado: Berman bromea: “Da gracias a que nuestras canciones son cortas y precisas, porque yo nunca lo soy”. Y sí – mirando de nuevo a mis anotaciones– tengo páginas de derivaciones y notas inútiles. Pero eso es algo maravilloso. Las revelaciones de Kip, simples resoluciones, frases instantáneas, no siempre son las que tú has vivido en tus años de adolescencia, pero sí que puedes compartir, sin embargo, una buena selección de sus recuerdos. Aquí es donde “Belong” encuentra su lugar: es un disco que te despierta todos los recuerdos de juventud (en forma de dream-pop). Un disco que revivirá este fin de semana, si vas hacia el norte, en la edición de este año del Santander Music, festival en el que The Pains Of Being Pure At Heart actuarán este viernes día 22.

En términos de producción, las voces en “Belong” parecen menos escondidas que en vuestro primer álbum. ¿Fue una decisión consciente? Si es así, ¿por qué la tomasteis?

Queríamos una sensación de inmediatez, un sonido muy visceral. Queríamos que las canciones fuesen el foco de atención en lugar de la producción. Para conseguir eso, muchas de las decisiones que tomamos durante la grabación tenían que ver con quitar cualquier cosa que pudiese oscurecer las canciones –quitar reverb, quitar delay– dejando que se sostuviesen por sí solas. Es algo que pensamos al escuchar a bandas como Weezer, ese rock inmediato, donde las voces no están sumergidas en un mar de reverbs tan grandes como una catedral. Muchos de los elementos que han oscurecido las voces –quizá el impacto de las guitarras– han sido erradicados. Queríamos que las canciones se sostuviesen por sí solas, y esta especie de sonido desafectado es lo que ha salido.

¿Eso te hace sentir más vulnerable como artista?

Creo que nunca me he sentido como un artista. ¿Pero vulnerable? ¡Sí! Lo puedes escuchar y creo que mola mucho. Mi tipo de voz no es dominante, en plan “30.000 personas van a escuchar lo que digo”. No voy a cantar como Tim Booth o el tipo de Stone Temple Pilots, no puedo. Mi voz es delgada y débil, no es la tradicional voz de soy-el-vocalista-de-una-gran-banda-de-rock-y-llevo-pantalones-apretados. Todo está despojado, casi vacío. Sólo hay percusión y luego entra la voz. Me gusta la música pesada, con una especie de voz vulnerable y delicada. No como las tradicionales voces de rock con rugidos.

Creo que esa cualidad humana es lo que lo hace atractivo.

Creo que eso es de lo que trata el álbum. El álbum es contradictorio, es mitad grandilocuente, mitad delicado… ¡si existe tal cosa! Es visceral pero también es tímido e inseguro. Es una mezcla extraña. Habla del tipo de banda que somos, dónde estamos situados en el mundo ahora mismo. No es como si fuésemos a lanzar ese disco increíble-que-os-hará-estallar-la-cabeza, porque ese no es el tipo de banda que somos. Al mismo tiempo, no es tampoco ese álbum de sentarte-en-tu-habitación-y-llorar, porque esa no es la clase de personas que somos. Es ese extraño mundo que hay en medio. Nuestro disco fue lanzado en Slumberland, pero ha sido producido por grandes productores de rock. No hay muchas cosas que encajen o tengan sentido, pero lo dejamos así.

Es interesante que utilices la palabra visceral. El disco parece conectar contigo de una manera más física que intelectual.

Bueno, yo no es que sea muy inteligente, precisamente [risas].

¡No me refería a eso!

[Risas] ¡Pero yo sí! Creo que, en su nivel más básico, la música pop –o el rock, como quieras llamarlo– funciona mejor cuando conecta directamente, emocionalmente. Cuando no tienes que pensar sobre por qué te gusta algo. Lo sientes inmediato, lo sientes intuitivo. No es como si tuvieses que pensar en 17 bandas distintas para entender si una canción es buena o no. En el nivel más básico, cuando escuchas a Nirvana por primera vez –bueno, la primera vez que yo escuché a Nirvana– piensas “esto mola”. Puedes volver a esa música y recordar momentos muy precisos que han sido significativos en la historia y han dejado huella. Cómo subvirtió los ideales de género y el tradicional mundo de grunge rock hípermasculino, por ejemplo, o lo que significó trabajar con una multinacional. Hay muchas maneras en las que puedes intelectualizar el legado de una banda como Nirvana y Kurt Cobain. Pero en su nivel más básico –la primera vez que lo escuchaste en el colegio– simplemente piensas “esto mola”.

Trasciende.

Sí, va directamente al núcleo de tu ser. Creo que la mejor música hace eso. Sonic Youth hacen eso. Sonic Youth son un grupo de gente extremadamente cerebral, pero creo que entienden –como toda la música que más amo– que debe ser visceral, intenso y totalmente emocional. Lo mismo con bandas como Pixies. Creo que esa fue la motivación detrás de “Belong”. No usar palabras como si estuvieses haciendo literatura. Porque, quiero decir, la música es música, y la literatura es literatura. Normalmente no consigues buena música cuando tienes ahí a un aspirante a poeta o a un autor con exceso de verborrea que escribe canciones de pop. El resultado es torpe.

Has mencionado algunas bandas con las que disfrutas y que quizá te han influenciado. Si tuvieses que escoger tres discos para llevarte a una isla desierta, ¿cuáles serían?

Oh, ésta siempre es una pregunta interesante. Antes de nada, estar en una isla desierta apestaría. Sería, simplemente, lo peor. En serio, no me van los desiertos ni las islas. No me gustaría estar en una isla desierta. Diría “Me And The Monkey On The Moon” de Felt. Es un disco extraño –diría que todos sus discos lo son– pero parece que sea el más emocional. Es reflexivo, es interesante. No sabría decirte por qué, pero sobresale por encima de sus otros discos. Me gusta escucharlos todos –son geniales–, pero “Me And The Monkey On The Moon” simplemente parece especialmente genuino. David Bowie… [pausa larga] ¡Oh, Dios mío! No consigo recordar el nombre. ¡Esta es una de las cosas más horribles! ¡Es uno de mis álbumes favoritos!… [larga pausa] ¡ “Hunky Dory”! Creo que el tercero sería –¡oh, esto es duro!–, no te puedes equivocar nunca con “The Velvet Underground And Nico”, es uno bastante obvio… pero bueno, The Velvet Underground son de Nueva York. Querría tener por lo menos una banda de Nueva York ahí.

Respecto a tu proceso de escritura, ¿escribís en colaboración, como un grupo? ¿O escribes tú las canciones y luego las das a la banda para que toquen?

Antes de nada, no soy un genio en plan Brian Wilson. No. Tengo un fuerte impulso por la música, pero no tengo la capacidad de visualizar cómo funciona todo en un conjunto. Creo que eso es un talento muy especial. Es casi como si pudiese imaginar la cima –el lugar al que quiero que la canción vaya–, pero no puedo conceptualizar las partes interesantes y cómo se relación entre sí. Lo que está bien, ¡porque mis amigos son buenos en eso! Las letras son lo único que no es democrático o colaborativo de ningún modo. Eso es lo único que tomo como propiedad personal. Así que escribo lo básico de las canciones, las llevo a la banda y nos las apañamos para ver cómo las tocamos. En el momento en el que el proceso termina, la canción ha mejorado gracias al input de todos. Realmente tenemos la ventaja de que mucha gente trabaja en una canción, pero al mismo tiempo es cohesivo. Hay un punto cohesivo en el origen de cada canción, pero se logra con un trabajo de equipo democrático. Creo que está bien. De otra forma, sería extraño e inconexo. Mucho de esto tiene que ver con el proceso de edición. Mucha gente piensa que todo lo que hacen es bueno. Realmente confío en mis compañeros de banda para que aporten reflexiones sobre cómo las canciones serán percibidas y recibidas, cómo son realmente las canciones. Me refiero a que si realmente me gusta una canción y el resto dicen que “esto apesta”, no vamos a tocarla. No importa que piense que una canción llamada “Girlfriend In A K Hole” es realmente buena, cuánto pienso “sí, ¡esto va a arrasar! Cuento las horas para responder a preguntas sobre ‘Girlfriend In A K Hole’ por teléfono a la gente”. Si el resto dice: “Kip, esto es horrible, ¿por qué cantamos una canción que se llama ‘Girlfriend In A K Hole’? ¡¿Qué es esto de “Girlfriend In A K Hole”?! No es una buena idea”. Tengo suerte de tener a mis compañeros de banda, que me dicen cuándo las cosas apestan. Es genial, creo que eso significa que somos buenos a la hora de editarnos a nosotros mismos antes de que la gente pueda escuchar nuestra música. La gente se piensa que somos muy constantes, pero tenemos tantas canciones terribles como buenas, simplemente no las hacemos públicas.

Estáis girando en este momento. ¿Cómo va?

Va bien. Acabamos de terminar nuestra gira estadounidense con una banda que se llama Twin Shadow. Tocamos en Coachella y pudimos hacer un montón de cosas que molaron. Pero América es tan grande que tenemos que volver y tocar más tarde en otras ciudades. Puedes tocar treinta días seguidos y aún no haber estado en la mitad de las ciudades que querrías. En cuanto a Europa, pues ya estamos por aquí. Empezamos en Dublín, luego seguimos con unas cuantas fechas en el Reino Unido, y ya andamos por la Europa continental. Después volveremos a Nueva York a finales de mes para descansar un poco antes de volver a salir de gira.

Hablando de Nueva York, ¿os sentís particularmente arraigados a la escena musical de ahí?

Esa es una buena pregunta. Primero, creo que la concepción de la gente sobre la escena indie de Nueva York –como una realidad vanguardista, urbana y enérgica– se ha de tomar en consideración con el hecho de que mucha de la gente arraigada a esa escena es de las afueras. Excepto una o dos bandas, normalmente es gente que ha crecido en los suburbios, que vienen a Nueva York a vivir esta fantasía. Así que no sé realmente si el Nueva York real es el Nueva York falso o al revés. Yo diría que nuestra música está probablemente más arraigada con las ideas suburbanas del pop y con una identidad de clase media americana que con una narrativa de la ciudad, de la calle. No creo que sonemos mucho a lo que se presenta como el sonido Nueva York o Brooklyn. Siempre hemos sido más poppy. Eso no significa que no seamos fans de esas bandas – realmente lo somos – pero siempre nos hemos sentido arraigados en otro lugar. Nuestro enfoque de la música siempre ha sido el de tratar de hacer canciones pop. ¡Canciones pop que nunca sonarán en la radio! [risas] Definitivamente somos menos abrasivos. No sé. No planeamos “ceñirnos a la realidad”. No sé cómo explicarlo. Nos sentimos un poco distantes de muchas de las cosas que pasa a nuestros alrededores. Pero al mismo tiempo nos encanta lo que ocurre ahí. Así que no sé si siquiera he contestado a la pregunta… Pero sí, somos de Nueva York, sonamos como si fuésemos de los suburbios y escribimos canciones pop sobre nuestros sentimientos. Eso es muy punk, pero al mismo tiempo estamos en un sello indie y estamos arraigados ahí también.

¿De dónde surgió el título “Belong”?

Fue una idea de Peggy y Alex. ¡Había algo de bueno en esa canción y en el hecho de titular al álbum a partir del nombre de la primera canción! Normalmente no me gusta titular álbumes a partir de una canción, le da demasiado énfasis a ese tema: “Y ahí va la canción a la que debéis prestar especial atención”. Pero creo que la canción en sí es una buena prueba de fuego para la percepción que tiene la gente de nosotros. La canción se llama “Belong”, el disco se llama “Belong” y aún así el estribillo va así: “No pertenecemos a sus ojos, al sol”. Nos gustan sus contradicciones. Es una canción rock grandilocuente, pero no somos una banda de rock grandilocuente. Y ahí hay esa aparente aviso de aquí estamos nosotros, pero no es un disco del tipo “pertenecemos aquí, somos muy cool”. Es algo así como: “No creemos pertenecer demasiado a todo eso”. Es sobre nuestro lugar y sobre nuestra existencia en el mundo como una banda, pero a la vez es sobre encontrar nuestro lugar como personas, a un nivel personal.

Es interesante que el énfasis esté en el “nosotros”, sin embargo. Parece haber una dualidad ahí: “Nosotros” no pertenecemos, vosotros existís como una entidad junta.

Totalmente. Siempre me siento mal cuando hablo de esta manera. Del tipo: “Oh, nadie me entiende”. A veces mis abuelos leen algo y dicen: “¡Nunca entendí lo alienado que estabas!” Y yo contesto algo así como: “Oh, no, abuelo. No llevaba una pistola al colegio y nada por el estilo”. Nunca quiero presentarme a mí mismo como alguien torturado. Todos venimos de entornos en los que hemos disfrutado de música punk e independiente, subculturas que existen fuera de los círculos sociales dominantes de nuestras identidades suburbanas. Lo que no es ni inusual ni único. Mucha gente que está en grupos tiene experiencias similares y es probablemente aburrido hablar de ello. Ya sabes: “Nunca fui con los líderes” y tú reaccionas con un: “¿Qué más da?”. Esta es una narrativa que se hace aburrida, o repetitiva, casi predecible. Al mismo tiempo, al mudarme a Nueva York, conocí a gente con la que compartía intereses. Gente a quienes les gustaban los discos de indie pop ruidosos y que se reunían conmigo para hablar sobre bandas que probablemente no interesaban a mucha gente. Ir a conciertos todo el tiempo –ya sabes–, ser amigos. Es bonito tener una cierta comunidad. Me refiero a que a la gente no le interesa el noise-pop indie. La gente pregunta: “¿Cómo es tener un disco aclamado por la crítica?”. Y yo respondo algo así como: “Nadie compró nuestro primer disco, nadie comprará este disco, y nadie comprará cualquier disco que saquemos” [risas]. Hablar de cómo la gente nos recibe como notables y distinguidos es gracioso. Recibiremos los datos de venta de nuestro álbum y un cantante de R&B de nivel medio probablemente venda más discos en una semana que nosotros en una vida. Así que esta percepción de aclamación o reconocimiento se encuentra en un mundo muy pequeño y estrecho. Así las cosas, es casi cómico pensar en esto como algo digno de mención. El 99.9% de la gente de esta ciudad vive y trabaja escuchando música que no es nuestra, ni siquiera remotamente cercana a nuestro estilo. Hay bandas que reciben reconocimiento y son importantes. Está Beyoncé, Jay-Z, y quizá The Strokes y MGMT en Nueva York, pero en el momento que llegas hasta nosotros te das cuenta que tenemos una pequeña audiencia. Aunque lo llamemos pop, es el pop más impopular que te puedas imaginar.

¡Pero tenéis una base de fans comprometida y agradecida!

Sí, tenemos como 37 fans. 49 en un buen día, si cuentas a nuestros padres. Lo que hacemos nunca ha sido universal. Nos confundimos. Decimos algo así como: “Vamos a grabar un disco y va a ser el disco de pop más alucinante”. Y luego reaccionamos con un: “Oh, espera, esto no es como la música de ahora”. Tenemos esta extraña percepción de lo que la música pop es, y luego ponemos la radio y nos damos cuenta de que nuestra música aún está a años luz de lo que la mayoría de gente percibe como música de rock moderna. Algo que es extraño. Es simplemente… ilusorio. Y al mismo tiempo disfrutamos ser así, creo que contribuye a hacer una realidad mejor, aunque ésta sea una irrealidad.

Sí, ¡debería ser celebrado!

Todo lo que digo es que no nos tomamos a nosotros mismos demasiado en serio. Y nos gusta tocar canciones de pop de dos minutos y medio.

Crítica: “ Belong

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