Entrevistas

The Knife: “Siempre que tocamos en directo, los primeros en irse son los clásicos varones heterosexuales blancos de edad media; es el tipo de concierto equivocado para ellos”

Durante Primavera Sound, su única actuación en España por ahora, hablamos con el grupo sueco sobre su profunda condición política y feminista, y sobre todo de cómo convertir un concierto en un acto de sabotaje al sistema

Provocar es fácil, incluso en pleno siglo XXI. Ahora bien, hacerlo con un discurso sólido y cuestionando el statu quo está al alcance de pocos. Eso es lo que llevan haciendo años The Knife, pero con su último trabajo, “Shaking The Habitual”, han ido aún más lejos: pocas veces un disco (y un directo) han dado tanto que hablar y han provocado reacciones tan encontradas.

Nadar contracorriente se ha convertido en una tarea titánica en un sistema capaz de asimilar, engullir, masticar y comercializar cualquier movimiento contracultural: el Ché se ha convertido en un icono pop que sirve hasta para decorar kleenex, de las revueltas de mayo del 68 mejor ni hablamos, y los más espabilados usan el 15M como coartada para vender manuales de autoayuda colectiva.

En el arte las cosas tampoco son más fáciles: hay que elegir entre quedarse fuera del sistema o infiltrarse en él y tratar de establecer reglas propias, que es lo que hacen The Knife. Ya lo dijo Herbert Marcuse: “la verdad del arte reside en su poder para romper el monopolio de lo establecido y definir qué es lo real”. Una norma que los hermanos Dreijer siguen a rajatabla y que llega a su polémica puesta en escena, un directo que levantó ampollas en la pasada edición del Primavera Sound y que ponía varias cuestiones sobre la mesa: la autenticidad, el culto a la personalidad (el grupo jugó a la confusión y el equívoco sobre la identidad de cada uno de sus componentes) y hasta la sociedad del espectáculo. Más que un concierto, era una “performance” de un grupo que se define como socialista y feminista y que subvierte las reglas del juego.

De este celo de The Knife a la hora de querer imponer sus propias normas tuvimos una buena prueba para conseguir esta entrevista, para la que tuvimos que pasar un verdadero proceso de selección. De entrada, dos peticiones inflexibles: preferían hablar con una mujer y que además tuviera un perfil político. No bastaba con levantar la mano, había que acreditarlo enviando enlaces a trabajos previos. Sin problemas: juguemos, por qué no. Después de todo, yo tengo acceso a información del grupo, y ellos no saben nada de quién se sienta frente a ellos. Mando, pues, los enlaces pertinentes y a cambio recibo cinco documentos de lectura obligada: las letras de las canciones del disco, el manifiesto que publicaron hace unos meses y la información sobre la gira y el álbum redactada colectivamente por los hermanos Dreijer y los bailarines y coreógrafos que les acompañan, a quienes Karin y Olof consideran parte fundamental de “Shaking The Habitual” (en la entrevista, de hecho, con ellos estaban Marcus Baldemar, Rami Jawhari Jansson, Adekka Asovic, Maryam Nikandish, Andrea Juersson, Kim Einars y Zoë Pluch, quienes participaron activamente).

Conseguir esta entrevista ha sido más complejo que otras porque preferíais que os entrevistara una mujer y que además tuviera un perfil político.

Karin: Sí, dijimos desde el principio que queríamos hacer entrevistas con mujeres, porque hasta ahora la proporción ha sido del 90% de hombres.

Olof: Nos dimos cuenta de que estaba muy desequilibrada.

Karin: Sí, no hay nada de equilibrio y nos preguntábamos si no había más mujeres periodistas musicales, y por eso lo pedimos, porque sólo nos han entrevistado hombres, y si además no tienen un punto de vista feminista entiendo que puede ser difícil entender por qué lo pedimos.

Parece que últimamente se está reavivando el debate sobre la representación de la mujer en los medios, en la música (Solange y Grimes denunciaban hace poco el machismo), en la reivindicación de un lenguaje inclusivo y que hace que mucha gente se sienta incómoda. Vosotros también habéis hecho vuestro este discurso en el último disco. ¿Qué reacciones habéis recogido?

Kim: Creo que es un discurso con el que mucha gente no se va a sentir cómoda nunca. No deja de ser política y el propio disco no deja de ser un posicionamiento político, pero era algo que queríamos hacer.

"Si hablamos de racismo, no es que en Suecia no exista, es que está mucho más escondido"

Al menos en España hay una imagen idílica de Suecia y a nivel social, desde fuera, parece que allí hay más igualdad que en los países mediterráneos, pero leyendo un poco da la sensación de que existen los mismos problemas, sólo que se visibilizan menos. De hecho ahora mismo hay revueltas en Estocolmo.

Marcus: Creo que se tiene esta imagen idílica tanto de Suecia como del resto de los países nórdicos, incluso te diría que los propios suecos creen que Suecia está aún mejor que los demás: se vende esta imagen de país socialista, muy desarrollado, pero hay un lado preocupante que nadie ve o nadie quiere ver.

Zoë: Ahora mismo nos hemos convertido en el país con la mayor tasa de desigualdad, y sigue subiendo, pero al final también hay como una escala que mide cuándo puedes cuestionar algo, y si nos comparamos con el resto de los países europeos en crisis, en Suecia las cosas aún van relativamente bien, lo que te permite poder hacer frente a otros problemas, porque aparentemente hay cosas menos graves a las que se puede dedicar tiempo, cosas que objetivamente no son tan urgentes.

Olof: Además también hay un lobby muy fuerte, muy potente, interesado en promover la imagen de Suecia como país muy desarrollado y no racista, así que es una idea producida que se ha propagado.

Kim: Si hablamos de racismo, no es que en Suecia no exista, es que está mucho más escondido, pero también tiene que ver con el uso que se hace del espacio público. Aquí, por ejemplo, usáis mucho la calle como un escenario para la protesta, lo tomáis y lo empleáis de una forma radicalmente distinta. Tengo amigos en Argentina que me hablan de cómo se manifiestan en la calle contra el machismo, y en Suecia eso no se hace tanto.

Sí, aquí la calle es un espacio para protestar, pero los que mueven los hilos siguen en sus poltronas, con todo bien atado: en Grecia llevan en la calle desde que empezó la crisis y las cosas sólo cambian a peor para los de siempre.

Karin: Sí, sí, sí.

Olof: Pero creo que es importante que la gente salga.

Sí, claro, si no puedes cambiar el sistema al menos le puedes molestar...

Karin: Exacto.

Decís de “Shaking The Habitual” que es un álbum político, pero en realidad todo lo es: no es lo mismo comer una hamburguesa en un fast food que una ensalada en un restaurante pequeño, las consecuencias son distintas, cada elección es política. Pero a veces da la sensación de que si no lo dices abiertamente, no lo parece. ¿Es por eso por lo que sentís la necesidad de explicar los motivos que hay detrás de lo que hacéis y firmar incluso manifiestos?

Karin: Sí, sí.

Zoë: Hace unos días hablábamos con un periodista de cómo la música es absolutamente apolítica ahora, y no sólo la música, sino la industria musical, y todo, y no sé cómo a veces hay gente que no entiende lo que transmitimos, porque es tan explícito... Así que a veces tienes que dejar claro que sí, que lo que haces es político, pero no sólo en cuanto a actitud, el sonido o la forma en que éste se organiza, sino todo. Es difícil manufacturar un eslogan.

A veces pienso en grupos de 25 años que sólo saben escribir canciones de amor, de qué bonito es todo, de no puedo vivir sin ti, y me entran ganas de decir: “mira alrededor, está todo lleno de mierda, no pretendo que seas Ian MacKaye, pero el sistema está podrido y sólo sabes cantar sobre el amor cuando está en juego tu futuro”.

Karin: Cuando empezamos a trabajar en este disco teníamos claro que lo que nos unía son nuestros intereses políticos y que la música es nuestra herramienta de trabajo y de lucha, es algo que hemos hecho durante años, y si nos dedicáramos a otra cosa probablemente seguiríamos trabajando sobre las mismas cuestiones, desarrollando las mismas ideas pero con otros medios. No puedo evitar mirar alrededor y pensar que tengo que hacer algo al respecto. Mucha gente que trabaja en la música no lo hace así porque no están interesados en decir nada sobre la sociedad o lo que está pasando, y son posturas muy distintas.

Kim: Para mí es imprescindible plantearse algunas preguntas, son condicionantes de mi trabajo, necesito plantearme qué hay detrás, qué es lo que está pasando, qué es lo que pasa en todas partes, qué es lo que ves, qué significa... y hay muchas de esas cosas que no se plantean en la industria musical. Y nosotros venimos de campos muy distintos: del arte contemporáneo, de la danza moderna, las artes visuales... así que a lo largo de todo el proceso ha sido muy interesante comparar todo y ponerlo en común.

Por lo que he leído de vuestros conciertos en esta gira, me da la sensación de que hay un componente situacionista, pero también veo un desafío al público respecto a la idea preconcebida de lo que debe ser un concierto y un setlist.

Olof y Karin: [Se sonríen maliciosamente]. Sí.

Es como integrarse en el sistema para boicotearlo...

Karin: Creo que cuando vamos a festivales, al menos es la forma de infiltrarse en el sistema, porque tenemos que estar en unas condiciones determinadas, siguiendo los arreglos del festival, quedándonos aquí (señala el lobby del hotel Princess, un hotel de lujo frente al recinto del Fórum), es todo súper jerárquico, en los festivales europeos casi todos los que se encarga de hacer el booking de grupos son hombres, los agentes son hombres, casi todos los grupos son hombres, bla, bla, bla... Es todo muy patriarcal, así que cuando venimos a festivales como éste tenemos que ser muy conscientes de que estamos en una zona en la que no nos sentimos muy a gusto, pero a la vez es muy interesante y muy divertido jugar con todas estas ideas, con la idea de la autenticidad, de lo que es realmente un concierto político, lo que debe pasar en un escenario. Es todo muy clásico, se mide todo, incluso cuántos instrumentos analógicos llevas. Así que es muy divertido meterse en estos espacios haciendo lo que hacemos. Sé que es difícil, hemos estado de gira tres semanas y por supuesto que hay gente que compra la entrada sólo para vernos, pero es más emocionante hacerlo aquí, donde también ha venido otra gente.

"Me gusta que haya gente entre el público que deje de preguntarse quién es quién, porque eso realmente no es lo importante"

Casi todos los escenarios del festival están patrocinados por alguna marca...

Olof: El nuestro no.

Karin: ¡Espero que no!

Olof: No, el nuestro no, o no tocaríamos.

Karin: Ésa es otra de las cosas: no tenemos patrocinadores, y para nosotros lo de los anuncios es algo muy duro en los festivales, así que en cada festival tienes que mirar todo y ver cuánto tienes que comprometer tus principios. Así que para nosotros este verano es como un experimento, porque hacemos unos quince festivales... y luego ya veremos.

Zoë: Normalmente tocamos en sitios donde hay 2.000 o 3.000 personas, y aquí el público es mucho más numeroso y nos interesa ver cómo funciona nuestro show, cómo lo podemos hacer... Es tan grande todo.

No sé qué público esperáis encontrar hoy, creo que teniendo en cuenta la programación del festival para esta noche puede ser una mezcla curiosa, porque hay una parte del cartel que atrae un público más ecléctico, pero hay otra que parece diseñada para el clásico hombre blanco heterosexual.

Olof: Jajaja, ellos serán los primeros en salir corriendo.

Karin: Sí, se irán en seguida. Siempre que tocamos los primeros en irse son los clásicos varones heterosexuales blancos de edad media, es el tipo de concierto equivocado para ellos.

Pero trabajáis en una industria en la que predomina justo eso: el hombre blanco heterosexual. Y aunque tengáis vuestro sello, hay cosas que no podéis controlar ni cambiar.

Karin: Tenemos nuestro propio sello y tenemos la suerte de trabajar con gente que nos pregunta qué es lo que quieren que hagan por nosotros. Soy consciente de que es algo muy, muy, muy raro en este mundo, así que cuando componemos, grabamos nuestros vídeos y hacemos todo se lo damos y decimos: ‘esto es lo que hay’. Y ellos intentan hacer dinero... o no, pero hemos llegado a un punto en el que si nuestros distribuidores no son feministas ni socialistas, al menos parecen aceptar lo que hacemos.

Olof: Cuando empezamos y nos movíamos en una escala modesta la gente se enfadaba con lo que hacíamos, pero ahora hemos alcanzado un nivel que nos permite hacer una serie de cosas. También para nosotros es muy importante el ser un colectivo, porque nos sentimos más fuertes, y cuando cuestionan lo que hacemos nos tenemos los unos a los otros, y sabemos qué estamos haciendo y por qué.

Lo entiendo: si estás tú sólo es fácil señalarte como el loco, pero si hay más gente alrededor que te apoya a lo mejor alguien se cuestiona todo y se pregunta lo que pasa.

Olof: Exacto.

Antes usabais máscaras, que en cierto modo os daban un anonimato y ahora jugáis con la idea de un colectivo, un grupo, pero siempre estáis desafiando el culto a la personalidad.

Karin: En el escenario salimos todos con mucho maquillaje, nos intercambiamos la ropa, los roles. Y me gusta la idea de que haya gente entre el público que deje de preguntarse quién es quién, porque eso realmente no es lo importante, y me gusta. Pero a la vez hay gente que se pregunta ‘para qué he pagado por ver este concierto, si ni siquiera sé si están ahí’, pero en realidad hemos estado en el escenario todo el tiempo.

Algo así os ha pasado también con el disco: no hay término medio y la gente lo odia o lo adora.

Olof: Sí, es igual que con el show.

Zoë: ¡Exactamente igual! Y me siento tan fuerte con lo que estamos haciendo... me parece increíble ahora que la gente se mueve tanto en los puntos medios y que todo es tan tibio, que no se moja, me encanta poder hacer algo así, que es como “zas, zas” (finge dar puñetazos al aire).

Karin: Ja, ja, ja.

Zoë: Creo que lo hacemos es muy difícil, y en mi campo, que es la coreografía, es directamente imposible, es el terreno del ‘tal vez’. Aquí es ‘o lo amas o lo odias’.

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