Entrevistas

Spank Rock

Meditaciones sobre el estrellato y el dinero (y el sexo, claro)

Spank Rock

Naeem Juwan, también conocido como Spank Rock, tiene el aire de un hombre confundido. Quizá se deba, en parte, a las alabanzas excesivas que ha venido recibiendo tras el lanzamiento de ese disco espectacularmente titulado “Everything Is Boring And Everyone Is A Fucking Liar”, la largamente retrasada continuación de su álbum de 2006, “YoYoYoYoYo”. Hablamos dos días después de la fiesta de lanzamiento en Londres y Juwan todavía tiene el aspecto de alguien pasado de vueltas, hablando en susurros, como si dormitara mientras recuerda que “fue una noche realmente divertida, al día siguiente ya ni me acordaba de cómo había ido el concierto”. Y a pesar de que se siente orgulloso del nuevo material que ha grabado, admite que se fue a espiar a Thom Yorke mientras pinchaba en el after-party en el Saturday Night Live, unas calles más abajo, y que aquella fue “una de las mierdas más grandes que se hayan ocurrido hacer jamás, no me mostré ni un ápice de respeto por mí mismo” [risas]. Esta es la primera de las muchas contradicciones que hay en mundo de Spank Rock.

Tal como indica el título del álbum, Juwan está muy molesto con el estado actual de las cosas, tanto en el género en el que se mueve ( “el hip hop de hoy en día está estancado”) y en un sentido más general si hablamos del entorno político y cultural. Encontrar una respuesta coherente a todos estos desajustes no siempre es fácil: es capaz de detectar los problemas, pero como el resto de nosotros, no sabe qué soluciones aplicar. Y mientras “Everything Is Boring…” intenta, a un nivel lírico, distanciarse ligeramente de los raps hiper-sexuales de “YoYoYoYoYo”, siempre está no más de dos versos más allá de lindezas como “su coño sabe tan bien que ha ganado una estrella Michelín” o la indescriptible “muéveme la polla hasta que se vuelva racista”. Uno tiene la sensación de que Juwan quiere decir cosas serias, ahora que ha alcanzado un nivel de éxito y que la gente le escucha; sin embargo, no quiere despegarse del todo de la fórmula que le hizo llamar la atención desde el primer momento.

“Yo ya sabía que en el primer álbum había momentos que no eran del todo, ya sabes, tan descaradamente sexuales, pero probablemente nadie le prestara atención a esos versos, a excepción de Thom Yorke, que en su momento dijo que su canción favorita era “What I Looks Like”, cuando todo el mundo citaba “Backyard Betty” o “Bump” o lo que fuera. Creo que es a este tipo de cosas a lo que los periodistas y los fans le quieren prestar más atención, pero en cualquier caso, no he hecho un esfuerzo en especial por traer al primer plano mis sentimientos más tiernos. Y aún así quería que el álbum fuera sexy. Sí, sigue siendo un álbum sexy”.

Todo esto a pesar de que XXXChange (el productor Alex Epton, que fue el colaborador de Juwan en “YoYoYoYoYo”) está prácticamente ausente en este nuevo álbum. Su lugar lo ocupan ahora una lista de productores invitados entre los que están Boys Noize y Savage Skulls. ¿Dónde diablos está Epton?

“Sale una vez en este álbum, pero no tiene una gran presencia porque nos distanciamos mucho cuando tuvimos la oportunidad de fichar por un sello más grande. Fue una situación, ya sabes, muy típica que le ocurre a muchos artistas jóvenes. Como cuando tienes una oportunidad en la que empieza a aparecer mucho dinero y debes aceptar nuevas responsabilidades. Fue muy duro para nosotros el entender que teníamos que tomar decisiones muy claras al respecto de cómo darle continuidad a nuestro trabajo juntos y seguir siendo amigos a la vez. Pero eso duró sólo un tiempo. Éramos amigos, hacíamos música juntos otra vez, pero durante la grabación preferí trabajar con más productores. Tampoco es como para darle mucha importancia”.

¿Fue difícil involucrar a nuevos productores y crear algo que siguiera sonando como debería hacerlo un disco de Spank Rock?

“Bueno… sí [risas] . Primero de todo, yo no sé producir. Nunca he tocado una sola tecla de un ordenador. Pero cuando estaba con Alex siempre revisábamos juntos los beats que había hecho y yo escogía mis preferidos. Y, ya sabes, es lo que hacen todos los rappers, así que no me parece tan raro el hecho de juntar un álbum que suene como yo quiero. Eso sí, necesité como cinco productores para que entre todos me hicieran un Alex [risas] . Él es tan creativo que me llevó mucho tiempo poder armar un disco en el que no estuviera”.

El sello responsable de la disputa entre Juwan y Epton fue Downtown Records, que además publicó la colaboración con Benny Blanco, “Bangers And Cash”, en 2007. Antes de eso, Spank Rock había fichado por Big Dada, y aunque insiste en que colaborar con el sello británico “estuvo guay”, Juwan admite tímidamente que se sintió “un poco… frustrado” durante el seguimiento de su triunfo inesperado con “YoYoYoYoYo”, un éxito que fue quizá demasiado grande como para que un sello independiente lo pudiera manejar bien. Como sea, esa frustración palidece en comparación con la que experimentó al trabajar con Downtown, y en su voz todavía se nota la ira cuando intenta explicar qué es lo que fue mal.

“No lo sé, ¡es la jodida industria musical! Todos esos sellos han perdido montañas de dinero porque no han sabido adaptarse a la tecnología, ¿sabes? En cambio, tuvieron aquella reacción odiosa, reaccionaria, contra la tecnología, a la que intentaron callar o enterrar arrojándole más y más dinero. Y no lo consiguieron. Y todo lo que tenían que hacer era trabajar con la gente que estaba creando la nueva tecnología y utilizar mentes creativas para seguir adelante y aprovecharse de la trayectoria de crecimiento, pero les resultó imposible hacerlo así, y ha sido así durante tanto tiempo que han cargado toda la presión en los artistas para parar el golpe”.

“Así que, básicamente, estas compañías discográficas están perdiendo mucho dinero y lo que no quieren hacer es invertir en creatividad. Quieren que todo el mundo suene igual, quieren asegurarse de que tú haces algo que les vaya a reportar dinero al momento, y entonces, para asegurarse de que tienen las espaldas bien cubiertas, obligan a los artistas a firmar contratos 360º [un tipo de contrato en el que, a cambio de una financiación y avance de royalties, el sello se lleva un porcentaje de todos los ingresos que genere el artista en todas las posibles plataformas] . Así que se están llevando tus ventas por los discos, el puto dinero de tu merchandising, la pasta que haces yendo de gira y cualquier otra cosa que puedas generar, en vez de aprender cómo vender discos”.

“Por desgracia, estaba en esa situación en la que el sello discográfico en el que estaba quería renegociar mi contrato y casi que me puso contra la pared, obligándome a ser un tipo de artista que no quería ser. Estuve hablando con otros sellos, pero me puse muy nervioso, me parecía horrible que las ambiciones de otra persona pudieran detener mi vida y cambiarla, cuando todo lo que quiero yo es sentarme, hacer música y sacarla. Mis ambiciones son muy simples, ¿sabes? Así que pensé que lo mejor para mí era sacar el disco por mi cuenta”.

“Cuando estuve en Downtown, recuerdo haber tenido un montón de discusiones sobre qué productores eran los mejores para trabajar. Todo empezó con esas reuniones maravillosas en las que te decían cosas tipo ‘¿con quién quieres trabajar? Te conseguiremos a quien tú digas’, ya sabes, esos grandísimos ejecutivos gilipollas, y estoy seguro de que no soy el único artista que ha escuchado alguna vez esta clase de mierda. Te venden el oro y el moro y te hacen creer que puedes hacer lo que quieras. Yo sólo les transmitía lo que creía que eran peticiones muy sencillas, porque había muy poca gente con la que yo quería trabajar, pero ellos no tenían paciencia, lo que querían era que yo hiciera hits, así que me colocaban a trabajar con productores que ya habían hecho algún número uno. Pero estos productores no tienen ninguna pista de dónde provengo yo. Creo que tengo una perspectiva bastante singular, al menos en lo que tiene que ver con el hip hop, y es muy duro intentar colaborar y poner mis ideas sobre la mesa cuando el hip hop está actualmente tan estancado y sigue un camino tan lineal. Todo es materialismo, y sentía que no tenía la paciencia para sentarme e intentar escribir algo guapo. Lo que querían era que escribiera algo que sonara como lo de todo el mundo”.

He aquí el problema que aflora cuando un género, antaño vibrante y original, comienza a ser consumido por el mainstream: cuando es devuelto entre arcadas a las masas, pierde todo lo que una vez lo hizo excitante, lo que explica el bombardeo banal de hip hop comercial que inunda hoy en día las ondas. Juwan se muestra resignado antes este desarrollo, y sin una explicación de por qué ha ocurrido esto.

“Ojalá pudiera saber cuáles son las claves, pero la verdad es que no lo entiendo. Recuerdo cuando era más joven y tenías ahí a A Tribe Called Quest, Nas, Pac, Biggie, Wu Tang, De La Soul, Salt-n-Pepa, todas esas voces diferentes y todos esos estilos y puntos de vista en el hip hop. Todo era extraordinariamente bueno. Y ahora no lo veo. Admito que hay buenos rappers, pero en general no me interesa casi nada. En cambio, escucho a muchos cantantes y cantautores. Los artistas a los que he escuchado más este año han sido Connan Mockasin, Joanna Newsom, Beach House y Deerhunter. Ojalá fuera capaz de hacer música así, pero tampoco quiero alienar a mi público más de lo que ya lo hago [risas].

De manera muy perversa, la canción más interesante del álbum (y, para mí, también la más irritante) ni es hip hop ni tampoco indie, sino un intento de imitar el pop-rap moderno, algo así como la antítesis de lo que sería la ambición aparente de Spank Rock. “#1 Hit” muestra una imagen cínica de la persecución de una fama transitoria, así como de los personajes sospechosos entre bambalinas que explotan a aquellos que ansían desesperadamente llegar ahí. Es un comentario interesante sobre la actual bancarrota cultural de la escena pop, pero resulta decepcionante por la canción en sí misma, en especial por su estribillo sacarinado, en el que se emplean las peores técnicas del género (a excepción, por suerte, del auto-tune). ¿No sería acaso una sátira fallida? Resulta que esa, más o menos, es la idea.

“Quería que sonara como una buena canción pop, así que quise ser competitivo. Creo que si la sátira se difumina, posiblemente haya conseguido mi objetivo. Fue una especie de broma privada, para mí y para mis amigos. Tuve discusiones muy gordas sobre esa canción porque es un poco cutre y obvia. Quería dar la imagen de que hacer una canción pop es fácil, del tipo ‘mira, esto lo puedo hacer cuando me dé la gana, ahora vete y déjame en paz’ [risas] . Quería demostrar que podía empezar a ser el artista que quiero ser. Así que si esa canción no es un éxito, entonces la idea no es exitosa (hasta el día en que se haga popular). Y si no se hace popular, entonces es que no he escrito una buena canción pop [risas] . Lo que querría decir, entonces, que no es tan fácil escribir una canción pop”.

De nuevo, aparece la paradoja de Spank Rock en 2011: desprecia la frenética persecución de la fama, y a la vez se anima a buscarla por su cuenta. Su reciente gira como telonero de ese animal pop que ha vendido millones de discos, Ke$ha, enfatiza aún más el espacio contradictorio que ocupa: el rapper de Baltimore de boca sucia, pero a la vez inteligente, que reparte bajos muy explícitos, para mover el culo, a un público de pre-adolescentes adictas al pop. Todavía no sabe si se siente incómodo haciendo este tipo de cosas.

“Por ahora la cosa ha ido bastante bien. Creo que tendríamos que haberlo hecho todavía más raro. Fue bastante loco, en el primer concierto salimos al escenario y todos los chavales empezaron a gritar como si supieran quién era yo, y luego empezaron a bailar con la música, a bailar música que no habían escuchado antes. Era, ‘hostia puta, ok, colega, puedo hacer esto’. Los tres siguientes conciertos fueron muy parecidos. Pero luego hicimos otro show y la gente me odiaba. Estuvieron todo el rato de brazos cruzados, me echaban miradas asesinas y lo único que quería era que salieran LMFAO y Ke$ha [risas] . Fue una experiencia salvaje, cada ciudad era diferente, y en general fue bastante bien”.

“Me sorprendió de verdad, y me pareció muy bien que Ke$ha tuviera una base de fans tan abierta de mente. Se supone que ella tiene que ser la alternativa malvada a la típica estrella pop, así que imagino que es algo que tiene sentido [risas] . Me avergüenza un poco decir esto, no porque me avergüence ser amigo de Ke$ha, sino porque le echo tanta rabia e ideas a mi música [risas] que habría estado bien que cada vez que saliera al escenario la gente me abucheara y me tirara cosas y así yo pudiera decir ‘¡no estáis entendiendo una mierda!’. Era una idea que me seducía mucho, pero no sucedió como yo esperaba, porque la gran mayoría del público… sí lo estaba entendiendo”.

“Lo interesante de todo esto es que no estoy en una situación en la que nadie escuche mi música, así que estoy contento con cómo van las cosas. ¿Cambiaría poder hacer la música que hago por una alternativa en la que fuera más famoso y ganara más dinero? No lo creo. No me interesa lo que hace a la gente famosa hoy en día; hay mucha gente que es famosa por nada. Hubo una época en la que alguien tenía que tener un talento real, y era ese talento el que te convertía en estrella; eran gente inusualmente bella o increíblemente inteligente. Tenían algo que el resto de personas no tenían, o hacían algo que el resto de gente no podía hacer, y eso era lo que les volvía famosos. Pero ahora es una cuestión de cuán mediocre eres, o con cuánta gente te relacionas, y porque son famosos mucha gente piensa ‘oh, yo también puedo ser famoso’. Entonces creen que se pueden parecer a ti, que pueden sonar como tú, que pueden hacer lo que tú haces, y tienen la esperanza de que algún día los focos les apunten a ellos. Y eso me parece raro. No sé cuál es la razón por la que pasa todo esto. Y es lo que me aliena tanto, me molesta mucho. Si te pones a ver los reality shows de la tele, o le echas un vistazo a esos artistas de moda que cantan con auto-tune, bueno, ¿quién no puede hacer eso? No entra en mi cabeza: ves un reality y piensas ‘por qué estoy viendo esto, si tengo la misma clase de vecinos de mierda aquí al lado’ [risas].

Cuando Juwan habla sobre las estrellas del pasado que llegaron arriba gracias a un talento real, quizá esté refiriéndose a artistas como Prince: hace poco se ha tatuado la cara del príncipe púrpura en una una parte de su cuerpo, y hasta se podría sospechar que sus letras pornográficas tienen un origen en canciones como “Do Me Baby” o “Come”. En cuanto a otras influencias que pudieran haber tenido el honor de acabar tatuadas en la piel de Spank Rock, habría que mirar más cerca de casa.

“Es raro, creo recordar que el primer tatu que me quería hacer era un retrato de mi madre, a partir de su foto del instituto. ¡Tenía un afro perfecto! Es una foto muy bonita. Me sorprende, y a la vez me avergüenza, que Prince se vaya a quedar para siempre en mi piel y que haya llegado allí antes que mi propia madre [risas] . Pero a mi madre siempre la puedo llamar por teléfono, así que está bien. Ella siente bastante fascinación por mí. ¿Qué le parece mi música a mi familia? No lo sé, es difícil de decir. Es divertido porque yo siempre digo ‘vosotros me criásteis, así que no sé por qué os tiene que sorprender algo que potencialmente yo pueda hacer o decir’. Mis padres siempre están así, ‘ay, yo no crié a mis hijos para que fueran así’, pero la realidad es que ellos eran los que en casa ponían los discos de Bowie y los jodidos Boogie Down Production, y a Shabba Ranks y al puto Prince, esas son las influencias que ellos me dieron, como también Parliament / Funkadelic, que tienen las letras más locas y espaciales de todo el funk. Yo sólo intento seguir una tradición musical con la que he crecido en casa, ¿sabes? Yo tengo un lenguaje muy crudo, muy de Baltimore en los años 90; la generación más joven que sube ahora es mucho más malhablada que la mía, pero aún así intenté escribir una canción, ‘The Dance’, que intentaba ser una versión funk falsa, pensada para mis sobrinos y sobrinas, y quise que el lenguaje fuera lo más limpio posible”.

“Crecer en Baltimore tuvo un gran efecto sobre mí, porque Baltimore es una de esas ciudades americanas en las que se ha desarrollado un estilo propio, una variedad especial de house music, y a muchos de los chavales de Baltimore no les crían como deberían [risas] . Hubo muchos momentos en mi juventud en los que me comporté como un salvaje y un promiscuo, he visto muchas cosas y he formado parte de un entorno hipersexual, y eso ha tenido claramente una influencia. No ha sido nada particularmente loco, yo no tengo una historia como la de Lil Wayne, nadie me forzó a tener sexo con una mujer de 30 años cuando yo sólo tenía 12, eso a mí no me ha pasado. Pero cuando eres consciente de tu sexualidad a una edad tan temprana, eso se acaba notando luego. Y cuando tu comunidad es violenta, también lo notas, y cuando tus padres están trabajando todo el día para criarte a ti y a tus hermanos, y cuando los chavales que no tienen padres se cuidan los unos a los otros… entonces aparece una perspectiva única, no tengo más que decir”.

No es sólo su perspectiva la que es única; su posición en la música también lo es. Es un rapper que no escucha rap, un iconoclasta advenedizo adorado por el público del pop mainstream, un artista que graba discos y que decide separarse del sello que intenta homogenizar su sonido, pero que luego graba, intencionadamente, una canción que suena tan homogénea como las demás. Está en un lugar extraño. En la fantástica “Car Song”, una colaboración con Santigold que quizá sea el tema más poderoso de todo el álbum, dice: “ahora quiero ir al oeste / pero, ¿como Kanye? / no, más bien estaba pensando en algo más Cornel”. La verdad es que tampoco es así. Así que, ¿quién quiere ser de verdad? Y resulta que quiere ser un ratón megalómano de dibujos animados…

“Quiero ponerme a escribir ahora mismo, porque no quiero que el próximo álbum me lleve tanto tiempo. Quiero aprender a producir algunas cosas, y quiero ser más prolífico. Sólo quiero ser un poco mejor en lo que hago y ser un mejor compositor, y quiero ser también capaz de entrar en la mente de las personas durante tres minutos, ¿sabes? Y escribir cosas que se queden contigo para siempre. Quiero que la gente se pueda perder en la música. Quiero que, cuando alguien mencione a los mejores compositores, yo esté en esa lista. No ahora, algún día. Quizá me lleve mucho tiempo, más del que yo desearía. Quiero ser como Pinky And The Brain, ¡quiero conquistar el mundo!”.

Ojalá tenga más éxito de lo que estos tuvieron. Un mundo dominado por Spank Rock no tendría mucho más sentido que el mundo en el que vivimos, pero, hey, sería muchísimo más divertido.

Crítica: " Everything is Boring and Everyone is a Fucking Liar"

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