Entrevistas

“El Sónar es como la Navidad, llega una vez al año y tiene que ser especial”

Entrevistamos a Enric Palau y Ricard Robles, co-directores del festival barcelonés, con motivo de sus 20 años propagando la música electrónica, incidiendo en recuerdos del pasado y las novedades de este año

A dos semanas de la celebración de la edición número 20 de Sónar, hablamos con dos de sus directores, Enric Palau y Ricard Robles, sobre temas del pasado –nostalgia, orígenes, recuerdos–, polémicas recientes –Crystal Castles, Skrillex, Lana del Rey– y los cambios de esta edición. Todos tranquilos: habrá césped.

En el año de la vigésima edición de Sónar hay dos frentes abiertos que darían para escribir una enciclopedia: por un lado, la acumulación de recuerdos en una trayectoria caudalosa –se dice rápido lo de los 20 años, pero para algunos veteranos del festival es ya más de la mitad de su propia vida– y los cambios radicales previstos para esta experiencia de 2013, con un traslado definitivo de las actividades de día al más amplio recinto de Fira de Barcelona en Plaça Espanya, algo que ya dijimos en su día que nos parecía muy bien porque en el céntrico CCCB ya no había quien pudiera estar a gusto. La confluencia de estas dos circunstancias nos hace acudir al encuentro de dos de los co-directores y fundadores de Sónar –Enric Palau y Ricard Robles; falta al encuentro Sergio Caballero porque por esas fechas andaba por Cannes vendiendo la que será su segunda película, de la cual conocimos imágenes a través de la campaña de imagen de Sónar en 2012, la de los enanos rusos y las enfermeras–, y lo hacemos para hablar un poco de todo: de recuerdos imborrables, de polémicas, de cambios, expectativas y los orígenes del festival que hizo que la música electrónica pasara de ser importante a convertirse en indispensable en nuestras vidas.

¿Recordáis a quién de vosotros se le ocurrió el nombre Sónar para el festival y en qué circunstancias?

Ricard Robles: No me acuerdo, si digo la verdad. Como todos los nombres que hemos utilizado para las diferentes áreas y marcas dentro de Sónar, el proceso habitual es un brainstorm entre los tres. Lo que sí recuerdo es que la reunión fue en el viejo estudio que teníamos en el Poble Espanyol, pero quién dijo primero ‘Sónar’ no lo sé. No se barajaron muchos nombres, en cualquier caso. La autoría es compartida, que es algo que ha ocurrido muchas veces. Toda la historia del festival se ha ido desarrollando a partir del trabajo en equipo.

Enric Palau: Hay gente dentro de Sónar que lleva trabajando desde la primera edición, y del equipo fijo, que deben ser unas 15 personas, la mayoría ha estado aquí unos 10 ó 12 años.

En estas 20 ediciones en las que habéis estado sacando adelante Sónar, ¿cómo habéis notado vuestra evolución personal? El festival ha crecido mucho, se ha convertido en algo cada vez más importante y de dimensiones casi inabarcables, y sin embargo el espíritu original se mantiene. ¿Vuestros espíritus personales se han modificado de alguna forma, o seguís siendo en esencia como en 1994?

RR: Yo la sensación personal que tengo es que se ha recorrido mucho camino y se han hecho muchas cosas, pero que el proceso de parir el festival, desde 14 meses antes de la fecha de celebración hasta que se acaba, no ha cambiado a nivel vital. Una cosa ya distinta es la praxis, cómo funcionan las cosas aquí dentro en la oficina, su funcionamiento interno: hemos tenido muchos cambios con el paso de los años. Pero la experiencia íntima no ha cambiado apenas.

EP: Los momentos malos se olvidan, pero los buenos se quedan. En este año del 20 aniversario tenemos un reto muy grande, que es el de trasladar la actividad del festival de día a otra ubicación, después de mucho tiempo en el Raval. La edición de 2013 va a tener mucha chicha, y eso hace que no se pueda vivir de la nostalgia. No podemos permitirnos acomodarnos. Sabemos que habrá conflictos de diferentes tipos (este año, por ejemplo, a algunos les ha sorprendido que venga Skrillex, como el año pasado trajimos a Lana del Rey), pero es lo que creemos que tenemos que hacer. Son artistas que vienen porque nos interesan y queremos traerlos, no hay ninguna voluntad de polemizar. El cambio de lugar también sabemos que es una pérdida, porque dejamos mucha historia detrás que la gente recordará durante mucho tiempo, pero lo hacemos para mejorar. Al menos te quedas con la sensación de haber creado algo importante.

"Hemos conseguido una experiencia diferente a todo lo que ya había. Nosotros no queríamos hacer un festival de conciertos, sino otra cosa"

En cualquier caso, aunque este año haya una variación fundamental de espacios, eso no altera la filosofía del festival. La ubicación de noche ha pasado ya por cuatro lugares distintos y la experiencia sigue siendo la misma, sólo que con más público y más oferta musical. ¿Cómo valoráis que el festival durante 20 años sólo haya tenido que evolucionar, pero nunca transformarse en algo distinto?

EP: Los principios fundacionales de Sónar siguen siendo muy actuales, es verdad. La forma de trabajar que te exige un festival así es peculiar y de vez en cuando tienes que re-conceptualizar lo que haces, revisar ciertas áreas para que todo sea cada año mejor. Es lo que hemos hecho esta año, no sólo por el cambio de lugar de las actividades de día, sino también por la creación de Sónar+D. Los cambios no suceden porque sí, se tiene que desarrollar el concepto con coherencia, es algo vital. Hemos pasado por diferentes periodos, pero la suerte es que la idea de partida nunca se ha tenido que tocar. Desde el principio vimos claras cosas como que tenía que haber una división entre el día y la noche. Ahora hemos visto claro que hay que potenciar aún más la parte de desarrollo tecnológico en Sónar+D y hacerlo acorde con los tiempos que corren. No somos un festival de acampada según el modelo inglés, que es un formato que puedes replicar en cualquier parte. Somos un festival urbano, multidisciplinar, y tenemos que inventarnos nuestras maneras de hacer, no podemos copiar lo que se hace en otro sitio. Este modelo te obliga a estar alerta y nos impide apalancarnos.

RR: Todas las áreas de actividad en la cultura tienen aspectos muy parecidos. Nuestra experiencia, sin embargo, tiene características específicas que no se podrían haber llevado adelante sin unos buenos cimientos. En nuestro caso ha sido centrarnos en la ‘música avanzada’ (que es un concepto que salió de Enric, esto sí que lo recuerdo): era una fórmula para enfrentar a la audiencia más joven ante artistas que habían transgredido en el pasado y ante los artistas transgresores de hoy. La nostalgia nos da pereza. Este es uno de los principios del festival que siguen vigentes: queremos unir diferentes comunidades con simpatía por la tecnología y la creación, y a partir de esa conexión generar un tejido cultural y negocio a su alrededor.

¿Os sigue haciendo ilusión hacer Sónar cada año? ¿No hay momentos de debilidad o cansancio?

RR: Un amigo nuestro nos dijo una cosa que creemos que es muy cierta. Que el Sónar es como la Navidad: sabes que llega cada año, y tienes que esforzarte en conseguir que el momento sea especial, lo mejor posible.

EP: Nos sentimos orgullosos de una cosa: nosotros pensamos en cómo producir una experiencia, y hemos conseguido una experiencia diferente a todo lo que ya había. Nosotros no queríamos hacer un festival de conciertos, sino otra cosa. El formato de Sónar es narrativo, el diseño de la programación y el orden de los artistas está hecho como si escribiéramos un guión cada año, el guión de una película que es esta experiencia. En la programación de noche esta narrativa es evidente: los grandes shows van encajados de manera lógica con las sesiones de DJ, y el desarrollo exige estar pendiente de muchas cosas que hay que resolver a nivel técnico con visuales, luces y un hilo sonoro argumental. No es una serie de conciertos uno detrás de otro, sino una noche completa con varios capítulos seguidos en la que hay que cuidar muy bien el sonido, los formatos audiovisuales y demás cosas.

Cuando empezasteis a pensar en Sónar, este tipo de festival no existía en ninguna parte. Había raves, había festivales tipo Glastonbury, había encuentros de música experimental, pero no algo así y además urbano. ¿Hubo algún punto de referencia claro, o erais conscientes de estar inventando algo nuevo?

RR: Nos fijamos en todos los formatos que existían, en los festivales de música experimental y en los de acampada, y en las raves. Pero no tuvimos en cuenta ninguno, y no por soberbia, que conste. Lo que pasaba es que nos interesaba construir un contenedor de muchas cosas. Rastreamos mucho el mundo de las galerías de arte, las raves y los festivales de rock. Pero en la mayoría de estos formatos faltaba algo que para nosotros era crucial, que era el elemento urbano, de figurar como una cita importante en la agenda cultural de cada año en una gran ciudad. Con Sónar queríamos participar de esa vida cultural en la ciudad y aprovechar equipamientos culturales, que era algo que los festivales no hacían. Tuvimos suerte de que el CCCB naciera en 1994 en Barcelona y de que hubiera buena conexión con ellos, y aquello favoreció el formato de Sónar.

De aquella primera edición de 1994, ¿qué es lo primero que se os viene a la cabeza?

RR: Yo recuerdo sobre todo a Garnier y Vapourspace. Te hablo como usuario, no como organizador. Yo por entonces no tenía ninguna experiencia en montar cosas, pero sí en asistir a conciertos, y lo de Vapourspace yo no lo había visto nunca en Barcelona, esa actitud tan nueva de tocar con todos los cacharros desperdigados por el escenario, además de que musicalmente, en aquel momento, lo que hacía Mark Gage era muy impactante. Y lo de Garnier porque en aquel momento se elevaba el DJ a la categoría máxima de artista, algo que en Barcelona todavía no había visto. Era un artista con herramientas nuevas capaz de relatar una historia musical en hora y media de manera muy novedosa.

EP: Lo que yo recuerdo es la participación de Holger Czukay y el proceso de entrar en contacto con gente a la que llevabas tiempo admirando y con la que podías hablar por fin, por teléfono o por fax. Por entonces aún no había internet, hay que recordarlo. Y tenerle aquí en Barcelona, y descubrir que tu ídolo es en realidad una persona con sus cosas buenas y sus momentos pesados. No hizo un concierto en Sónar, sino que dio una conferencia con apoyo visual, y para mí fue especial tener a Holger, que es un mito, porque no vamos a descubrir ahora la importancia que han tenido Can en la historia de la música electrónica.

RR: También fue importante la sesión de Ángel Molina, que cerró aquella edición y sentenció. Por aquel entonces todavía se hacía llamar DJ Ángel. Recuerdo que en su tarjeta de visita ponía ‘techno-trance DJ’. Al poco tiempo le obligamos a quitar eso y a ponerse un nombre artístico en condiciones. No se va a ninguna parte siendo DJ Ángel. [risas]

Hablando de mitos, este año regresan al festival Kraftwerk, 15 años después de la edición de 1998. Aquel año se vio a Ralf Hütter paseando con vosotros por el SónarVillage. ¿De qué hablasteis?

EP: Con Hütter ya he estado tres veces. Como soy un gran aficionado al ciclismo, sobre todo hablamos de eso. De lo que hablamos en aquel momento en el Village no lo recuerdo, pero el momento importante no fue ese, sino una cena la noche antes en la que también estaban Mike Banks, Richie Hawtin, Jeff Mills y François Kevorkian. Kraftwerk estaban muy interesados por todo lo que había sucedido en Detroit, y estaban muy puestos en lo que tenía que ver con el techno. Florian Schneider, que aún estaba en la banda, descubrimos que era un fiestero: aquella noche en la que tocaban se quedó hasta tarde siguiendo otros conciertos, y luego se quedaron el resto del festival. Tenían que irse el viernes, pero anularon los vuelos para estar todo el fin de semana en Barcelona.

RR: Cuando la actuación de Kraftwerk, fue la primera y única vez en que hemos tenido que parar algún escenario en Sónar. Fue en la Mar Bella y teníamos el SónarPub en la terraza justo al lado; el sonido se mezclaba con el de Kraftwerk y dijeron que con ese ruido ellos no podían tocar, así que tuvimos que detener las actuaciones durante esas dos horas.

Y yendo a otras ediciones, ¿qué recuerdos en lo artístico son los primeros que se os vienen a la cabeza?

RR: Orbital en 1995, por supuesto. Kraftwerk en el 98, Spring Heel Jack en el 96… Años después, Masters At Work. Son demasiados.

EP: Yo tengo recuerdos distintos. Me impactó mucho el DJ set de James Holden en el Village, aquel completamente ambiental en el que no sonó ni un solo bombo, y sin embargo consiguió mantener a toda la gente en tensión. Fue una demostración magistral de música porque la gente esperaba el beat, y él parecía estar anunciándolo siempre y amagándolo, y nunca llegó. Holden es un artista con mucho criterio y ahí lo demostró. Recuerdo también a Fat Freddy’s Drop en el Village, o el show audiovisual de Cornelius en el Park, que para mí fue una exhibición de perfeccionismo al límite en la sincronización de música e imagen. Y luego, ya más en lo personal, estar involucrado en los ensayos con la OCB [Orquestra de la Ciutat de Barcelona] en aquellos programas que hicimos de colaboración entre la orquesta sinfónica y los músicos electrónicos, y mostrar el potencial sonoro de una orquesta de 100 músicos a cierto público. En uno de aquellos shows trajimos a Dose One, el rapper de Anticon, que se dedicó a encajar textos suyos en los silencios de una pieza de Anton Webern. Fue una experiencia muy costosa, pero a nivel artístico valió mucho la pena.

¿Por qué se detuvo en cierto punto el experimento de fusionar música electrónica popular con música contemporánea? Este año lo recuperáis con el concierto del domingo de Max Richter, pero hacía tiempo que no apostabais por esto.

EP: Porque el encuentro más interesante que se puede producir entre la música acústica y la electrónica no es el que tenga por en medio una orquesta sinfónica, creo yo. Creo que fue más orgánico e interesante lo que hizo Herbert en el Auditori de Barcelona con la big band de jazz, porque compartían algo fundamental, que era el ritmo. La orquesta trabaja sobre partitura, y el trabajo con un músico electrónico, un DJ o un rapper no es natural, el resultado no siempre es el mejor y además es muy caro. Para mi gusto es más interesante lo que están haciendo artistas como Francesco Tristano, o el show que tendremos este año con Pascal Comelade y Richard Pinhas, porque son artistas con formación clásica que, sin embargo, llevan otro lenguaje dentro y pueden fusionar los dos mundos con más naturalidad.

¿Algún recuerdo más de estos 20 años? Seguro que se os han venido algunos más mientras hablábamos sobre esto.

EP: Sí, uno importante: Diplo pinchando reggaetón en el Park. El momento en el que sonó “La Gasolina” fue mítico, porque hizo pensar a mucha gente en si eso era realmente más bueno de lo que creían. Esa música, esa canción, estaban horriblemente mal vistas en España en ese momento y algunos hicieron clic.

RR: Porque Diplo no lo hizo para vacilar a nadie. Él venía de Estados Unidos y no conocía para nada la realidad del reggaetón en España. No fue una provocación, sino que pinchaba esa música con toda sinceridad, valorando sus cualidades musicales.

EP: Diplo fue quien me descubrió a Calle 13. Y al poco tiempo los trajimos a tocar. En Estados Unidos el reggaetón se veía de otra forma, y todos ellos han ayudado a cambiar la percepción también aquí. También me quedo con el momento del directo de SebastiAn, que aterrorizó a todo el público del Club con un directo que en sus primeros minutos fue pura tensión, con unos zumbidos estremecedores. Además, repartió unas máscaras entre una parte del público, y resultaba que esas máscaras estaban conectadas con una cámara que transmitía las imágenes, y de repente, con todo ese ruido, la gente se vio en las pantallas del escenario. Siempre hemos querido acoger este tipo de propuestas especiales.

RR: También fue especial cuando, sin avisar, apareció Kanye West en el escenario con De La Soul.

Una anécdota de los primeros años que aún se recuerda fue la entrada al escenario del SónarPark de la Mar Bella de Jimi Tenor, montado sobre un caballo blanco. ¿Fue difícil montar aquello?

EP: Conseguir un caballo es fácil. Lo difícil fue meterlo en la Mar Bella, acondicionar un espacio para tenerlo ahí, y que además fuera un caballo manso, entrenado para el espectáculo. En esto, como en muchas otras extravagancias del festival, estaba implicado Sergio Caballero.

¿Ha sido lo más complicado que habéis tenido que gestionar o montar?

EP: No, ha habido cosas más difíciles. Por ejemplo, hace un par de años, cuando se hizo la instalación “Spectra” de Ryoji Ikeda en el Teatre Grec, tuvimos que dialogar con AENA y el Aeropuerto de Barcelona para negociar horarios de aterrizaje y despegue de ciertos vueltos que pasaban por el espacio aéreo de la ciudad a esas horas. La experiencia de Ikeda era muy invasiva, porque consistía en 64 focos que proyectaban luz de manera vertical hacia el cielo. Había que avisar a AENA de que durante toda la noche habría luz sobre el cielo de Barcelona, y no cualquier luz, sino sky trackers, haces de luz que llegaban hasta nueve kilómetros de altura, y eso implicaba interrumpir rutas aéreas.

¿Qué esperáis de la actuación de Skrillex este año? Hay gente, como ocurrió con Lana del Rey, que antes de verlo ya se ha puesto a criticar con dureza.

EP: Yo creo que mucha gente se lo pasará bien, Skrillex tiene muchos fans, y otros pasarán por allí por curiosidad, y espero que se tenga en cuenta que detrás de lo que es Skrillex hay mucho trabajo y cosas nuevas. No es la primera vez que vivimos este tipo de rechazos. En 1994, por ejemplo, venían al Sónar los fans de la electroacústica y nos ponían a parir las propuestas electrónicas, y con Skrillex puede pasar lo mismo.

RR: Es una propuesta que va a convivir perfectamente con el festival. Ya veremos a cuánta gente convence o gusta, pero lo normal es que un artista como Skrillex esté en Sónar, porque forma parte de esa escena cercana al festival y a la vez es el nombre paradigmático de un cambio de actitud en el público americano, donde se están produciendo transformaciones radicales en las formas musicales, y yo creo que son cambios para bien. En Estados Unidos hasta ahora, más allá de otros circuitos consolidados como son el del jazz y el country, los pilares de la música joven eran el rock, el rap y el R&B. Y ha sido a raíz de artistas como Skrillex cuando se ha considerado el dance como una opción legítima de la que se puede hablar, y que está permitiendo entrar al circuito musical a mucha gente joven. La EDM es una etiqueta absurda, pero a nivel de industria es oficialmente la cuarta pata de la música en Estados Unidos, y esto se tiene que tener en cuenta. Skrillex es sólo un elemento de esta escena, quizá el más conocido, y ha ayudado a abrir una nueva vía para el público más popular. Tampoco va a ser un antes y un después en la historia del festival, pero nosotros, como Sónar, tenemos que estar atentos a estas cosas.

EP: El tema que le ha hecho a A$AP Rocky, “Wild For The Night”, a mí me parece un himno y un temazo.

¿Se pueden ver cosas en el festival mientras estáis trabajando?

EP: Yo intento ver bastantes cosas. Durante el día no es tan fácil, porque estoy implicado en cuestiones de logística, que es una cosa bastante estresante a veces. De noche también es estresante, porque hay que estar pendiente de muchos cambios por lo que decía antes, que cada escenario tiene un guión particular que implica cambios técnicos como cortinas, etcétera, y hay que vigilar. Si no estoy encima me siento intranquilo, y por eso no paro de moverme, hay que atender muchas cuestiones, hablar con gente de la industria, socios de otros festivales. Pero mientras me muevo, voy viendo cosas.

RR: De día se ve poco, sí. De noche ya se puede ver algo más.

EP: Yo priorizo, y lo que quiero ver de verdad normalmente no me lo pierdo. Si no, ¿para qué trabajas durante 14 meses? Con Lana del Rey el año pasado, antes del concierto, hubo mucho debate y yo quería verlo en persona para poderlo valorar.

RR: Fue un debate que se acabó pronto, además, porque lo zanjó ella misma con una actuación muy competente.

EP: Nosotros tenemos que arriesgar. Con Lana del Rey había que apostar, porque era una artista que hasta ese entonces apenas existía en directo, era todo muy nuevo. No teníamos referencias y nos la jugamos. Cuando vi que era capaz de cantar bien esas canciones en directo, que se defendía bien, que llevaba un buen guión para el concierto, el debate se acabó. Con el tiempo me gusta cada vez más, y aquel concierto en Sónar había que verlo.

¿Hay algún artista que os haya decepcionado tanto que ya no queráis traerlo nunca más?

RR: Bueno, no se pueden decir nombres, pero hay gente que ha venido, ha hecho cosas que no estaban a la altura, les saludas, les despides y hasta la próxima, si hay próxima. Sólo hay un nombre que nunca más estará en Sónar. Si me deja Enric lo digo.

EP: Si vas a decir Crystal Castles, lo puedes decir.

RR: Crystal Castles nunca más volverán, y esto está consensuado entre todos. Lo que hicieron aquel año fue muy antiprofesional, fue una auténtica falta de respeto por todo el mundo: por el público, por el festival, por los otros artistas… Y además no tuvo ninguna gracia.

EP: A Grace Jones sí que la aguantamos, y eso que lo puso todo muy difícil. Estuvo retrasando su concierto una hora a conciencia, primero prohibiendo la entrada de los fotógrafos al foso, luego permitiéndolo, pero diciendo ella dónde se debían poner para dictar ella el guión. Y luego salió cuando le dio la gana. Le soportamos los caprichos de diva antes, durante y después del concierto, sobre todo porque lo que hizo luego sobre el escenario fue un gran concierto. Además, a toro pasado, ese momento diva caprichosa moló mucho.

"Lo que buscamos en el nuevo Sónar de Día es más comodidad, mas espacio para todos. Y no habrá limitación de sonido, así que los conciertos sonarán más fuertes"

La pregunta que se hace mucha gente este año, aunque sea una pregunta absurda. ¿Habrá césped en el nuevo recinto de día?

EP: Habrá césped, habrá cortinas, habrá luces, habrá de todo. Habrá sobre todo más césped que antes, porque el Village en la nueva ubicación de Fira de Barcelona será más grande que el del CCCB. El fenómeno de las redes sociales a veces es incontrolable, y siempre está ligado a comentarios del tipo ‘esto va a ser una mierda porque no habrá césped’, y por mucho que te esfuerces en comunicar que sí habrá, que además habrá más, no lo quieren aceptar o no se lo quieren creer.

RR: Y entonces es cuando te dicen, ‘ya, pero no será lo mismo’. Este año los escenarios serán más grandes, habrá más espacio para todos, y este trabajo no se acaba ahora, el año que viene tendremos que estudiar cambios para mejorar cosas y potenciar las ventajas del nuevo espacio y limar los inconvenientes que veamos. Porque nos metemos en un espacio al que todavía no se le ha dado uso para Sónar y estamos en medio de un work in progress. Estamos muy animados y emocionados con el cambio.

En las redes sociales también se ha usado el argumento de que cambiáis de lugar para meter más gente y vender más dinero, cuando la verdad es que era una necesidad buscar un nuevo lugar más amplio porque el CCCB se había vuelto incomodísimo. Ya pasó con la noche, que nadie quería irse de la Mar Bella, pero resulta que el espacio actual es más ancho, tiene aire acondicionado, espacios al aire libre… y por tanto es mejor.

EP: Lo que buscamos en el nuevo Sónar de Día es todo eso: más comodidad, tener aire acondicionado, más espacio para todos. Estamos muy agradecidos al CCCB por todo lo que nos han dado este año, pero ese engranaje ya no tenía más vueltas posibles, ya no podíamos hacer más.

RR: Y no habrá limitación de sonido, así que los conciertos sonarán más fuertes. Todos los cambios son para mejorar. Ya no podíamos evitar todas las incomodidades que se daban en el CCCB. Si traes público de 92 países, tienes que procurar que se lleven la impresión de que han estado en el mejor festival posible, y eso ya no lo podíamos garantizar. Porque como decía antes, el Sónar es como la Navidad, que llega una vez al año y tiene que ser especial. Y el día tiene que ser cómodo. Además, la circulación es mejor en el nuevo espacio. Va a ser muy fácil manejarse ahí dentro, todo se distribuye desde el Village y en dos minutos estás en cada uno de los escenarios. Además de que la conexión entre el espacio del día y el de noche es más fácil y se llega antes.

* Aquí puedes ver un recorrido por la evolución del festival

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