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Jordi Évole: “Nos equivocamos con tanta lupa al político y tan poca al empresario”

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Hablamos con el presentador de Salvados, que este domingo empieza nueva temporada. "Algo habremos hecho bien en España para que no exista la ultraderecha"

Germán Aranda

19 Febrero 2017 06:00

Fotografía de Pol Aregall

Aunque está más cómodo preguntando que respondiendo, Jordi Évole (Cornellà de Llobregat, 1974) no huye de las cuestiones polémicas. Eso sí, consciente del lío en que te puede meter una frase sacada de contexto, a veces realiza pausas de casi un minuto antes de dar una explicación.

El presentador de 'Salvados', que vuelve hoy con un programa sobre la adicción al teléfono móvil, habla con PlayGround de sus (nuestras) principales inquietudes: refugiados, extrema derecha, contradicciones de la vida contemporánea, periodismo y su poder transformado, etcétera, etcétera.

Vestido con pantalón vaquero, camisa vaquera y zapatillas rojas, Évole mantiene en la entrevista la informalidad provocadora que le ha hecho famoso. Empezó a sacarle partido hace años, como 'Follonero' que tocaba las narices a Andreu Buenafuente en su 'late-show'

Por entonces, poco se imaginaba que iba a convertirse en uno de los periodistas más vistos, influyentes e incómodos de España.

***

Buena polémica se armó el domingo pasado cuando apuntaste a las autoridades catalanas por no hacer suficiente para frenar la crisis de refugiados.

Vivimos en un momento de hipersensibilidad. Yo no dije que no era un problema de competencias, sino que no era sólo un problema de competencias. No me quiero conformar con pensar que en un drama como el que hay en el Mediterráneo, que nos toca tan de cerca y que supone 5.000 muertes al año, mi país hace todo lo que puede hacer. Me niego, con competencias o sin ellas.

Parece que los líderes independentistas lo arreglarían todo con la independencia.

Pues no lo sé, es un futurible que desconocemos y no es eso lo que quiero juzgar. Me parece un buen primer paso la declaración de intenciones de que si hubiera una independencia en ese nuevo estado habría una política de acogida de refugiados. Pero he ido a muchos actos en los que he aprovechado para hacer crítica delante de autoridades y jamás me había encontrado con una reacción tan beligerante de los propios gobernantes. Me escribieron directamente dos diputados, un conseller —que sería un Ministro—, un eurodiputado...Es la primera vez que me pasa y he flipado bastante.

En el discurso dijiste que la población ha estado un paso por delante de los políticos en la crisis de refugiados. No obstante, un estudio muestra que un 50% de los europeos está a favor de prohibir la entrada de musulmanes a sus países. En casos como este, ¿la ciudadanía no está más bien por detrás?

No, porque esa estadística de la que hablas sería diferente si los gobernantes se dedicaran a hacer pedagogía y no a meter miedo.





*PG Vídeo entrevista a Jordi Évole


Pero precisamente esos discursos xenófobos a veces nacen como reacción a un discurso más integrador, aparentemente del ‘establishment’, sean gobiernos o grandes medios de comunicación.

Yo creo que el ‘establishment’ no va siempre hacia la integración, sino hacia lo contrario, y los medios lo repiten insistentemente. Por eso al final hay gente que acaba pensando que es mejor protegerse del enemigo desconocido exterior.

Conozco a mucha gente que convive con el de fuera y no va a recoger firmas ni a conciertos, pero tiene más contacto con los inmigrantes. O sea, que no se trata de una burbuja bienestante.

Cambiando entonces el ángulo de la pregunta, ¿esa ciudadanía de la que hablas no es una burbuja progresista y urbanita?

No, porque conozco a mucha gente a la que no ves recogiendo firmas pero convive cada día con el desconocido que ha venido de otro lugar del mundo y está lejos de su familia. Lo tiene en su rellano y tiene una relación con él, seguramente más que el que está recogiendo firmas o en el concierto para acoger a refugiados. Así que no, no es una burbuja.

Cuando crecen estos discursos de odio entre la clase trabajadora, ¿no decae la esperanza en el poder transformador del periodista? Porque precisamente tú, por ejemplo, intentas sensibilizar para que haya menos xenofobia.

En nuestro país, en concreto, no ha habido este desplazamiento hacia posiciones racistas, o al menos yo no tengo esta sensación. Tenemos que valorar el trabajo que se ha hecho desde las escuelas. Tenemos un profesorado que no nos habrá convertido en los mejores del informe PISA pero creo que están pasando valores importantes para que no haya extrema derecha. Muchos dirán que está camuflada en el Partido Popular, pues yo los prefiero ahí. Como país, algo habremos hecho bien para que aquí no haya un partido como Amanecer Dorado, UKIP o el Frente Nacional.

¿No te acusan de ‘buenismo’ por tu ideología?

Sí, y siempre contesto lo mismo: ¿Tú qué propones, ser malista? Me resisto a ser malista aunque para muchos seguro que lo soy. No me molesta esa etiqueta aunque se me dé de modo despectivo. ¿Qué es ser buenista, hacer un programa que cuenta lo que está pasando en el Mediterráneo? Para mí es básicamente lo humano.



¿Te presentarías a unas elecciones?

No, cuando tuve la oportunidad dije que no, en las últimas autonómicas. Quiero que gobiernen los mejores y yo no me considero uno de los mejores, me dedico a preguntar.

¿Nunca te presentarías?

Bueno, a lo mejor cuando esté jubilado y tenga las tardes libres.

¿Te molesta que se diga que haces periodismo de izquierdas?

No, yo creo que cada medio de comunicación tiene su línea editorial. Esconderlo me parece absurdo. Si eso te lleva a manipular la realidad para que tus tesis no fracasen, es lamentable a nivel periodístico. Pero yo no creo en la objetividad y sí en la honestidad. Reconoces que tienes unas ideas, pero eso no tiene que llevarte a no mostrar tal y como te la encuentras una realidad que es incómoda para ti.

Cada medio de comunicación tiene su línea editorial. Esconderlo me parece absurdo. Si eso te lleva a manipular la realidad para que tus tesis no fracasen, es lamentable a nivel periodístico.

¿Qué te han enseñado los ‘haters’ de internet?

Relativizo mucho las críticas de anónimos en Twitter, sólo respondo a los que tienen cierta representatividad pública. Me molestan las críticas de la gente que me importa, de columnistas como Pàmies, Mónica Planas o Monegal. Sí que es verdad que le damos más importancia a las críticas negativas que a las positivas, aunque a veces son más. “Nada es para tanto” es una frase que me tatuaría en varias partes de mi cuerpo.

¿Existe la post-verdad de izquierdas?

No tengo ni idea, yo creo que lo que existe es la mentira de toda la vida, pero les ponemos nuevos nombres. Las hay de todas las tendencias, de izquierdas y derechas.

Hicisteis un falso documental, el del Palace, explicando una historia falsa sobre el intento de golpe de Estado del 23-f. ¿Te preocupa que alguien no se enterara de que era falsa?

Yo creo que ya pasado el tiempo, nadie se lo creyó. Nosotros dijimos que aquello era un falso documental, aunque vista la reacción de algunos tal vez no era tan falso. Nos cayeron muchos palos pero yo he visto portadas de medios que eran mentira y nadie nos aclaraba que era falso en la contraportada, como sí hicimos nosotros.



Empezaste haciendo humor con Buenafuente, era el Follonero. ¿Te sientes identificado con el personaje cuando ve los vídeos antiguos?

No los veo mucho pero cuando los veo me río. Tenía mucha verdad, mucha frescura, es algo que no siempre se logra en televisión ni siempre conseguimos en Salvados. Había muy poca impostura porque no sabíamos lo que nos íbamos a decir. Yo me ponía muy nervioso, era un salto al vacío y me enfrentaba a un tipo que tenía trienios de experiencia y es muy bueno.

Lo decía porque hay dos vídeos del Follonero que hoy en día serían calificados como humor machista. En uno Buenafuente entrevista a Paulina Rubio y le preguntas de qué color tiene los ojos la entrevistada. En el otro se explica un chiste con felaciones de unas chicas de 20 años...

No me acuerdo para nada, pero si son tal y como dices, seguramente no los volvería a hacer. Me parece bien que hayamos perdido según qué hábitos, aunque la mayoría de tíos seguimos teniendo comportamientos machistas. Pero si nos vemos diez años atrás, tú mismo estás relatando cosas que ahora no haríamos. Bienvenida sea la evolución. El otro día escuchaba a Millán Salcedo diciendo que se horrorizaba cuando veía un vídeo llamado ‘Mi marido me pega’ en el que se reían de los malos tratos.

¿Cuál era tu ideal de periodismo de pequeño?

Quería hacer radio, pero cuando descolgaba el teléfono me decían: “niña, dile a tu padre que se ponga”. Había un columnista, Josep Pernau, que me gustaba mucho por irónico y por cómo le daba a todo la vuelta. En televisión recuerdo los programas de García Tola, y también me gustaba Ángel Casas, Alfons Arús…

Me parece bien que hayamos perdido ciertas costumbres como la del humor machista. Hay bromas que hice como Follonero que seguramente no volvería a hacer.

Bastante más cerca del entretenimiento que del periodismo.

Bueno, Gabilondo me marcó mucho, me levanto con él desde que tengo uso de razón. Pero sí, me gusta el entretenimiento, no me siento muy cómodo con el traje de periodista ortodoxo y me gusta introducir la ironía, el chascarrillo, para que el personaje te diga cosas que no te diría.

¿Y qué harías si no fuera periodista?

Sería quiosquero, ahora que tiene mucho futuro. Siempre me marcó, de pequeño para comprar los cromos, las chuches o la revista que te daba la vida... Y aún me fascina para ir a buscar el periódico en papel.

¿Cuál es la proporción de sueldos entre tus trabajadores?

El tema de los números lo lleva una compañera de producción y no te sabría responder.

Pero si fiscalizamos al resto, ¿deberías saberlo, no?

Tienes toda la razón. Nunca he tenido alma de empresario, pero sí que doy instrucciones para que seamos justos. Y por lo que me dicen algunos miembros del equipo, no estamos mal aquí.

[Al día siguiente, Évole nos llama por teléfono y nos ofrece la relación, que es de 1/3 entre el sueldo más bajo y el más alto]

¿Y tú cuánto cobras?

Pues (pausa) dependiendo del número de programas que hagamos por temporada. Sin darte cifras, te voy a decir que la diferencia es escasa con respecto a lo que cobra el segundo.

¿Y los beneficios de la empresa?

No hemos tenido resultados aún, llevamos poco más de un año (la productora Del Barrio, pues antes Salvados formaba parte del Terrat). De momento hemos decidido invertirlos, si los tenemos, para otros proyectos.

He despedido a trabajadores y te sientes muy mal porque a veces es de manera injusta. Cuando es porque alguien regresa es un argumento poco válido para el que es despedido.

¿Has despedido alguna vez a alguien?

Sí, y me sentí muy mal porque a veces echas a personas de manera injusta. Pienso en un caso en el que alguien que había pedido irse tuvo que volver y la persona que ocupaba su lugar era muy válida, pero la que volvía también. Es un argumento no muy poderoso para que esa persona se vaya a la calle. Por suerte, en los dos casos que me vienen a la cabeza ayudamos a que encontraran trabajo fuera.

¿Cuáles son tus mayores contradicciones?

Tengo un montón. Tener un iPhone después de programas que hemos hecho (como el del coltán). Comprar ropa ‘made in India’...Es imposible vivir sin contradicciones, pero es bueno ir asumiéndolas para no hacerte muy mala sangre. ¿Por qué sigo viendo el fútbol sabiendo que algunos de los tipos que van a levantarme del asiento están defraudando a Hacienda?

Los programas sobre Mercadona e Inditex han generado más reacciones adversas que otros. ¿Está peor visto atacar a un empresario que a un político?

Sí, es mucho más sensible. Cuando quisimos saber cómo trabajaba Mercadona o Inditex, con opiniones diversas, parecía que estuviéramos atacando a España. Nos equivocamos a veces con poner tanta lupa en lo político y tan poca en lo empresarial. El mundo político nos pasa menos factura, no se anuncia en nuestras cadenas, y el empresarial intenta condicionar todo el tiempo. La marca España tendría que ser menos intocable en los grandes medios. 



Tal vez mucha gente necesite a los empresarios como espejos en los que mirarse, aquello del exitoso venido de abajo…

Bueno, yo creo que en España cometimos un error con el aforamiento de los diputados y también hay un error en el aforamiento de empresarios. Nadie puede ser intocable sólo porque crea puestos de trabajo. Vamos a ver qué trabajo, en qué condiciones.

¿Cuáles son las presiones más feas que has recibido?

A mí no me llegan muchas porque saben que las contaría. Hay jefes que han parado muchos golpes que le querían meter al programa. Las más feas vienen del entorno de los entrevistados y del mundo empresarial. Hubo una llamada muy fea que no te voy a contar porque al final salió como yo quería y no tuvimos que ceder a la presión.

¿En qué reportaje concreto has visto más claro el poder transformador del periodismo?

El ejemplo más claro fue el que hicimos sobre el accidente de metro de Valencia (emitido en abril de 2013). El programa sirvió para movilizar a la gente. Las concentraciones de víctimas cada mes eran de 200 personas y después de la emisión llegaron a casi 10.000. Fue una reacción en cadena, porque se reabrió el caso en la justicia y una comisión de investigación en las cortes valencianas. Supuso también una reparación social de un olvido del que todos fuimos responsables.

El próximo domingo volvéis con un programa sobre la adicción al móvil. ¿Eres adicto al móvil?

Sí.

¿Te dio Bauman la receta?

Lo que nos dio fue frases fantásticas. Le hice tres preguntas y el resto del tiempo habla él. Durante unos minutos del programa, por primera vez me sentí como interpelado por un terapeuta de adolescentes con adicción enfermiza. Por ahora no es una enfermedad reconocida por la OMS la adicción al móvil, pero creo que llegará.



Pues como lo tenga que cubrir la seguridad social...

Sí, habrá una buena lista de espera. El aparato viene con manual de instrucciones tecnológico pero no emocional. Steve Jobs dijo cuando presentó el primer iPhone que nos cambiaría la vida y se dan situaciones inverosímiles como estar con tu pareja cenando y los dos mirando el móvil. Una escritora decía recientemente que vivimos el final de la conversación tal y como la hemos entendido, mirarse a los ojos y esas cosas. El homo erectus se está convirtiendo en un homo cada vez menos erectus.

Ya no hay vuelta atrás.

Yo no quiero ser tecnófobo, pero otro tipo de uso nos vendría bien. Estos excesos nos llevan a un narcisismo extremo y a estar más pendiente del mundo exterior que de disfrutar los momentos.

Hay fenómenos como los constantes ‘selfies’ que a determinada edad ya no entendemos.

Sí, a los no nativos nos cuesta. Hay una chica que sale en el programa y habla del uso de los mayores. Dice: “¿Cómo lo va a entender esta gente si se hace un ‘selfie’ al año? Te sientes un ‘carca’, me pasa con mi hijo de diez años cuando se pasa un buen rato viendo a un ‘youtuber’ que pone una voz absurda explicando cómo pasarse una pantalla del Minecraft. Tenemos que hacer un esfuerzo por entenderlo porque algo tendrán. Es como cuando tu madre te decía que no te pasaras tanto tiempo delante de la televisión o cuando tu padre te decía que una música que escuchabas era sólo ruido.

Somos un pésimo ejemplo para los jóvenes con adicción al móvil. Estamos estirando la adolescencia.

De todos modos los periodistas estamos igual de enganchados al móvil que los adolescentes, aunque sea por trabajo.

Somos un pésimo ejemplo. Estamos estirando la adolescencia y nos gusta, nos quita una cierta responsabilidad.

¿De qué más váis a hablar esta temporada?

Uno de los programas que emitiremos se llama ‘Marca Arabia’ y aborda la relación con la marca España. Parece que no queremos saber lo que pasa allí. Hemos grabado a una mujer saudí que tiene a su marido preso en una cárcel de Riad porque tenía un blog que hablaba sobre libertades y al gobierno no le gustó. Aparecen muchas contradicciones, también de la izquierda. Podemos, por ejemplo, está en contra de los viajes a Arabia Saudí pero el alcalde de Cádiz, Kichi González, está a la espera de un contrato de corbetas de Arabia Saudí que puede frenar uno de los paros más altos de Europa. Está entre la espada y la pared.

¿Grabasteis en Arabia Saudí?

No, pero lo intentamos. Teníamos la posibilidad de entrar con un jeque que dejó de cogernos el teléfono y no sabemos por qué. Tienes que entrar recomendado y este hombre vive a caballo entre España y Arabia Saudí.


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