Entrevistas

Sleeping States

Un granero en lo profundo del bosque.

Sleeping States “Crecí en un pueblo cerca de Stratford upon Avon, una pequeña población turística en el centro de Inglaterra; el sitio en el que Shakespeare nació y creció. A los siete años comencé a tocar el violín y el piano y entré a cantar en el coro local, ese tipo de cosas que se hacen en los pueblos, y desde entonces la música ha sido una parte muy importante en mi vida. Nunca el foco principal, sólo algo con lo que disfrutaba mucho”. Para Markland Starkie, en fin, la música es algo casi tan natural como respirar, algo que está en su interior, que no controla de manera consciente, pero que necesita mantener en marcha para seguir sintiéndose vivo. “Más tarde comencé a estudiar música clásica”, prosigue, “y cuando tenía veinte años completé un graduado en arte sonoro, especializado en música experimental moderna. En paralelo a esos aspectos más estructurados de la música siempre he tocado en bandas de punk y folk, y tal vez lo más destacado sea la temporada que pasé como bajista en un proyecto llamado KaitO, que todavía me parece brillante: una banda a la que se ha tratado de manera muy injusta”. Todo este proceso ha tenido mucho que ver en el sonido que luce su proyecto en solitario, Sleeping States, una particular mezcla de estilos que en apariencia pueden parecer antagonistas (minimalismo, folk, pop orquestal, noise), pero que en discos como “ In the Gardens of the North” (Bella Union/Nuevos Medios, 09) se funden con la misma suavidad que una brizna de mantequilla sobre una rebanada de pan recién tostado. “Comencé a grabar como Sleeping States en 2004, tras mudarme a Londres”, concluye. “Y aunque al principio era sólo un pasatiempo, mientras encontraba una banda con la que tocar, poco a poco me hizo interesarme por las posibilidades que brinda la grabación de música y la composición en solitario. Y a eso me dedico ahora”.

Creo que todo esto que comentas se nota en tus discos, en los que tienen casi tanto peso los elementos clásicos como las construcciones más pop. ¿Eras el tipo de chico que iba por la mañana al conservatorio y por la tarde a conciertos de punk rock?

Definitivamente, soy ese tipo de persona. De hecho, mi tesis trataba sobre el crecimiento de la composición post-minimalista durante la segunda mitad del siglo XX, y eso incluye a músicos como Glenn Branca o Rhys Chatham, que combinan música clásica y punk de una manera muy particular.

¿Por qué tardaste tanto en montar un proyecto propio? Tu relación con la música parece demasiado intensa como para no haber explotado antes esa vía.

Sleeping States ha tenido varios comienzos graduales, en gran medida porque nunca me veía a mí mismo como un escritor de canciones. Siempre he sido un músico que estaba en bandas de otras personas, tocando las canciones de otras personas, y esa situación me parecía perfecta. Pero al mismo tiempo tenía en casa un cuatro pistas barato, en el que grababa algunas ideas y piezas pequeñas, sin preocuparme nunca del estilo o la coherencia de las grabaciones. A finales de 2003 comencé a escribir canciones más tranquilas y melódicas, y empecé a pensar que a lo mejor estaba en un camino interesante y que merecía la pena recorrerlo. De todos modos, nunca han existido planes grandiosos con Sleeping States y siguen sin existir: me gusta hacer música porque sí. Es el resultado de una serie de pequeños experimentos, pequeños pasos. Ni siquiera el nombre es algo importante, es sólo una frase que leí en una revista y me gustó. Ya ves, de nuevo algo sencillo y humilde, algo que parecía casar bien con la música que estaba haciendo.

Al menos tendrás claras cuáles son las influencias que hay en tus discos. Es decir, a qué te gustaría que sonara Sleeping States.

Las influencias han sido muchas a lo largo de los años, pero siempre me han interesado los artistas que aportan cosas, que no se conforman con mantener una postura más o menos típica de cantante o compositor de canciones. Mujeres como Liz Fraser (Cocteau Twins), Kate Bush, Patty Waters o Joni Mitchell han grabado interpretaciones vocales muy inspiradoras y las melodías que manejan son asombrosas. Stina Nordenstam es otra influencia muy grande, en especial su disco “ People are Strange”, que sonaba como si se hubiera grabado en la cocina, pero a pesar de eso tenía arreglos muy complejos y una cualidad catártica que, todavía hoy, me sigue afectando cuando lo escucho. Arthur Russell, Harry Nilsson, Scot Walker, David Grubbs... todos ellos han escrito discos que luego yo he saqueado de manera descarada, en busca de inspiración. Tu primer disco se publicó sólo en CD-r, así que a estas alturas es completamente imposible encontrar una copia. ¿Qué nos puedes contar de él?

Su título era “ Distances are Great”, y lo publiqué como CD-r a finales de 2004, en parte porque no conocía a nadie en un sello, ni tenía idea de cómo contactar con alguien en ese mundo, y en parte porque tampoco tenía demasiado interés en seguir ese camino: me conformaba con que mis amigos pudieran escucharlo. Es aún más calmado que los otros dos discos, si es que eso es posible: no hay baterías ni ritmos, casi no hay nada, en realidad. Y también es mucho más simple, aunque existe un hilo conductor que lo conecta con “ There the Open Spaces” y “ In the Gardens of the North”, los discos que vendrían después. No lo había escuchado desde hacía muchísimo tiempo, pero a principios de esta semana lo puse de nuevo y me hizo sonreír, señal de que sigue siendo un buen disco. También he publicado cuatro EPs, que es un formato que me encanta porque permite desarrollar ideas que son buenas, pero que no dan suficiente juego para llenar todo un álbum.

¿A qué ideas te refieres? Una cosa que me parece interesante de tus canciones es que no suelen seguir la estructura clásica de verso y estribillo. Antes bien, parece como si las estuvieras esculpiendo en el aire, añadiendo o quitando cosas a medida que te hace falta.

Casi todas mis canciones están levantadas a partir de un arpegio o un riff, por lo general de guitarra, un primer empujón desde el que voy construyendo más cosas. En realidad, las canciones son bastante sencillas una vez que les quitas todos los adornos: no hay demasiadas progresiones de acordes ni cosas por el estilo. Pero sí tienes razón en que no suelo utilizar una estructura de estrofa-estribillo, y es porque me parece muy difícil escribir estribillos; prefiero que la canción vaya evolucionando en vez de hacer que una determinada estrofa tenga tanta importancia que sea necesario volver a ella una y otra vez. También pienso que, como las melodías vocales que escribo son por lo general complejas y divagan mucho, es mejor dejar la música que las acompaña a un nivel más simple o todo terminará por volverse desordenado. Un oyente siempre necesita algo para engancharse a la canción, ya se trate de un estribillo que se repita, o de un motivo de guitarra repetitivo. Si no, es fácil que se aburra.

En otras ocasiones, da la impresión de que juegas con el "género" de las canciones, cambiando el estilo a tu antojo, ya sea para sumergirte en algo más suave o virar hacia campos más experimentales. Un ejemplo podría ser "Gardens of the South", que empieza como una canción clásica de Burt Bacharach y luego enlaza con "Red King", que utiliza la misma progresión de acordes pero desde un concepto más indie, hasta terminar en un colapso de electricidad.

Tal y como señalas, "Gardens of the South" es una canción "de género". Es un homenaje consciente, pero no a Bacharach, sino a esas viejas bandas de pop y RnB de los cincuenta. Cosas como The Flamingos, The Platters, Frankie and the Teenagers, que representan a una era musical que aprendí a amar desde niño, gracias a la colección de discos de mi padre. Al mismo tiempo, tengo que decir que no me interesa hacer una copia para karaoke de ningún género: sería incapaz de competir con las bandas que se dedican a eso. Por eso, siempre me veo obligado a introducir una cierta dosis de deconstrucción.

O sea, que escribes tus canciones de manera muy simple, utilizando un sólo instrumento, y luego decides de qué modo quieres vestirlas.

Es algo que suele pasar, y muchas veces la idea es aún más sencilla. Con "Gardens of the South", por ejemplo, tenía grabada una parte de ese riff coral hace mucho tiempo, y cuando estaba empezando a trabajar en el disco, apareció de repente. Suficiente para montar toda una canción. Todo esto me hace pensar en que existe un fuerte sentido de la composición detrás de tus canciones. Por lo que me has dicho al principio debes estar familiarizado con la música contemporánea, con gente como Béla Bartok o Morton Feldman, con escenas como el Tin Pan Alley (que me parece muy conectado con tu música, aunque no sé explicar por qué), y por supuesto con la música cinematográfica.

Conozco la obra de todos esos compositores, y aunque no estoy seguro de que exista una conexión consciente entre ellos y mi música, sí es muy posible que haya un trasvase de ideas a un nivel subconsciente. Sobre todo si el que escucha después la música es también un aficionado a esos compositores, como parece ser tu caso (risas). En serio, es posible que exista algo, pero me siento más cerca de otros compositores.

También me interesa la manera en la que tocas la guitarra. Me gusta el uso tan sutil que le das al feedback, la forma tan delicada que tienes de tocar los arpegios y, en especial, la utilización constante de elementos atonales. Esto último me parece algo también algo muy clásico. Más cercano a Berg o Schoenberg que a Sonic Youth, por ejemplo.

En realidad, aquí te diría lo contrario, que Sonic Youth es una influencia más consciente, pero tal vez tengas razón y mis canciones están siempre filtradas por algo... menos rock (risas).

Volviendo a los discos, creo que hay una gran diferencia entre los dos últimos y es que, mientras “There the open spaces” parece una colección de canciones puestas una detrás de otra, “In the gardens of the north” está construido alrededor de una línea narrativa. Por supuesto, hay cambios de atmósfera y de estilo, pero en general las canciones parecen funcionar como capítulos de una misma historia.

En gran medida, es cierto. "There the Open Spaces" es una colección de canciones que grabé a lo largo de un periodo de un año, funciona como un bloc de apuntes en el que hubiera ido mezclando muchas ideas. En cambio, "In the gardens of the north" es un disco escrito y producido en un periodo mucho más conciso, alrededor de cuatro meses, y siempre con la idea de "hacer un disco" en la cabeza. Por eso las canciones parecen formar parte de un todo.

¿Y qué me puedes contar de ese proceso de escritura y grabación? ¿Alguna historia interesante?

Con mis dos primeros discos la escritura y la grabación se realizaron al mismo tiempo, y tal vez por eso tenían una gran dosis de improvisación. En esta ocasión quería probar algo distinto, así que hice maquetas de todos los temas sin preocuparme mucho por el sonido, usando una caja de ritmos y cosas que tenía a mano. Una vez que tuve claro todo lo que quería me puse a grabar más en serio, algunas cosas en mi apartamento y muchas otras en casa de mi batería. Se llama Rose, y sus padres tienen un viejo granero en el bosque, a las afueras de Bristol. Un sitio perfecto para grabar, porque siempre estábamos en silencio, sin nada ni nadie que nos molestara. El lugar también está de alguna manera presente en el disco porque muchos de los sonidos de ambiente y de las grabaciones de campo que aparecen en las canciones los grabamos en los alrededores del granero.

También la producción es mucho más compleja aquí que en tus discos anteriores. Muchas de las canciones de "In the gardens of the north" juegan con capas, texturas e instrumentaciones que a veces rozan lo barroco. En las notas interiores dices que has tocado casi todos los instrumentos, así que imagino que también te interesan las técnicas de grabación.

Me interesa mucho la manera en la que suenan las cosas. No tengo demasiada experiencia como ingeniero de sonido, así que mucho de lo que hago es un juego de prueba y error, pero siempre tengo ideas específicas en mi cabeza acerca de cómo quiero que suenen los distintos instrumentos y no paro hasta conseguirlo. Muchos de mis discos favoritos no están grabados bien a un nivel técnico, pero aún así son capaces de transmitir una cierta atmósfera, y eso sí es algo que me obsesiona. Desafortunadamente, tengo tendencia a perderme en los detalles, y esa es la razón por la que intento hacer yo mismo todo lo que pueda: me resulta más cómodo enfadarme conmigo mismo por no hacer las cosas como quiero, que enfadarme con otros por no hacer las cosas como les digo.

Ya me dijiste antes que tus letras tienen un peso muy importante en las canciones, pero yo añadiría que también poseen un alto poder evocativo. ¿Cuáles son tus fuentes de inspiración?

Mis letras suelen ser personales, observaciones centradas en la memoria o que responden a la realidad que me rodea. Pero al mismo tiempo incluyen muchas ideas líricas tomadas de libros o artículos que he leído y me han provocado inquietud. "The next village", por ejemplo, es la respuesta a un relato de Kafka que también se llama así (en español se titula "El pueblo más cercano", N. del A.) acerca de lo rápido que pasa la vida y lo pronto que nos hacemos viejos. Y "Red king" es otra respuesta, esta vez a un relato de Borges llamado "Las ruinas circulares", acerca de un hombre que literalmente sueña a su hijo y al final resulta destruido por sus propios sueños. El nombre de Rey Rojo es un epigrama con el que se abre el relato, y que a su vez hace referencia a "Alicia en el País de las Maravillas", al pasaje en el que el Rey Rojo acusa a Alicia de no ser otra cosa que una ilusión que él mismo está soñando.

¿Cómo es Sleeping States en directo? ¿Tienes una banda, o eres de los que van por la vida con algo de equipo y una instrumentación espartana?

Cambio el concepto cada vez que salgo de gira. La última vez, en verano, llevé conmigo una banda completa, con tres guitarristas, un batería y un chelista. La semana que viene salgo otra vez de gira, y esta vez sólo me acompañará un guitarrista. También llevaremos algunas piezas de batería con idea de samplear en directo algunos ritmos, que es una cosa que puede ser divertida. Me gusta cambiar la perspectiva cada vez que puedo: así consigo que las canciones sigan siendo interesantes para mí. Y espero que también para el público.

Vidal Romero

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