Entrevistas

Shit Robot

Lo que nos mantiene en pie

Shit Robot “¡Es un encanto!”. Esto es lo que exclamo entusiasmada cuando me preguntan mis amigos cómo me fue en la entrevista con Marcus Lambkin, alias Shit Robot, añadiendo que “es un irlandés barbudo, pecoso, encantador y de voz dulce”. Mi novio, que también es barbudo, pecoso, encantador e irlandés, no pestañea. Él también está prendado. Ha escuchado el audio de la entrevista en mi maltratada grabadora. Ha visto cómo Lambkin se escurría, con modestia y educación, entre el público que le aguardaba, expectante, en la fiesta de lanzamiento de su álbum (y a la que muy amablemente nos quiso invitar). Marcus Lambkin es, se mire por donde se mire, un chico majísimo. Pero ésta no es la razón por la que estaba deseando hablar con él: la razón es que nuestro protagonista ha grabado uno de los discos electrónicos más importantes del año, From The Cradle To The Rave (DFA, 2010).

Me encuentro con Lambkin en el Hotel Hoxton de Londres. Él lleva despierto desde las cuatro y se abraza a una taza de espresso doble. Yo ya me he tomado mi dosis de cafeína matutina, mientras bailaba en la cocina al son de su maravilloso “Simple Things (Work It Out)”. Mascullo una excusa sobre el estado de mi equipo de grabación. “Probando, probando”. Lambkin sonríe al ver a mi máquina, recauchutada con un montón tiras de celo. Es entonces cuando despegamos.

¿Con qué tipo de música creciste?

Yo era un pequeño punk cuando adolescente, creo que todo el mundo en mi vecindario lo era. Mi primer amor fue Killing Joke, es un grupo al que aún escucho hoy en día. Luego Dead Kennedys y PiL, estaba loco por ese rollo. Después pasé por una fase de breakdance. Luego me enamoré de Kraftwerk y The Yellow Magic Orchestra: material electrónico, ese tipo de sonido. Poco después descubrí toda la escena acid house. Estalló en Londres primero, leía sobre lo que estaba pasando en mi casa, en Dublín, así que iba a clubes para escuchar música rave. Luego llegó el período de Stone Roses, Happy Mondays, el Verano del Amor y todo eso. Después fueron los remixes de Weatherall. Me volvieron totalmente loco, estaba muy enganchado. Tenía un par de amigos viviendo y trabajando en Londres en esa época y nos traían historias sobre raves. Luego empezaron a hacer fiestas en Dublín, y ahí empecé a pinchar. Yo estaba en la cabina de la planta baja.

Percibo lazos muy fuertes entre tu trabajo y la ética y estética del punk. No tanto a nivel sonoro, sino en la actitud hazlo-tú-mismo del sello y las fiestas Plant y todo lo que representa el logo de DFA. ¿Te reconoces en esta comparación?

Sí, para mí siempre ha sido así, el punk siempre me ha acompañado. “ Grim Receiver” es mi particular crossover a lo Killing Joke, con sintes bailables y guitarras punkies. Además, no soy músico según ninguna de las maneras aceptadas, y creo que por esto me gusta tanto el punk y el primer sonido rave, así como la primera época de Detroit (ellos tampoco eran demasiado buenos usando las máquinas). Realmente, no sé tocar nada bien. Así que básicamente se trata de juguetear con trastos y ver lo que pasa. Entonces, ¿tocas los sintetizadores en vez de secuenciar tu trabajo?

Sí. Yo soy todo lo contrario que James Murphy; él puede tener una idea en su cabeza, entrar en el estudio y hacerla realidad. Tiene talento, tiene un gran oído. Yo soy totalmente deficiente en este sentido. Hago temas con James y normalmente estoy fuera de tono y tiene que cambiarlo, tiene que arreglar las cosas.

Parece que existe una tradición de artistas electrónicos que colaboran con iconos del punk y el post-punk, como Von Südenfed (Mark E Smith y Mouse On Mars), la mítica participación de John Lydon en un tema de Letfield o tú mismo en tu colaboración con Ian Svenonious, de The Make-Up, en “Simple Things (Work It Out)”.

Adoro a Ian, pero eso fue idea de James. No le conocía de antes. James y yo estábamos en el estudio trabajando en “Simple Things”, que es mi tributo particular a Chicago. Había escrito algunas líneas vocales en las que simplemente salía yo hablando, con el pitch bajado con la ayuda de un sampler. Estábamos escuchando mucho material de la época primigenia, cosas muy soulful –Mr. Fingers, Frankie Knuckles, los clásicos chicos negros americanos dándolo todo. Pensamos que queríamos hace algo como aquello, algo auténtico, pero no queríamos un pastiche con alguien que intentara cantar de esa manera y que acabara siendo una parodia. Así que nos exprimimos las neuronas y James acabó sugiriendo a Ian. Le llamó y funcionó. Me hizo muy feliz. Antes era muy fan de The Make-Up.

Es mi canción favorita del álbum.

Genial. A Ian quería darle una versión instrumental del tema para que se la llevara, la escuchara y decidiera si quería hacerlo o no. Pero cuando vino al estudio a buscar el disco, escuchó la canción y dijo “¡está genial tío, hagámoslo!”, se metió en la cabina y lo hizo. Simplemente lo hizo ahí, en ese momento. Tenía un pequeño bloc de notas con algunas anotaciones garabateadas. Es un profesional, lleva haciendo esto desde hace años. Para mí fue una verdadera revelación.

¿Se le ocurrió la letra a él?

Si, ahí mismo, en ese momento, y muy rápido.

Así que fue una verdadera colaboración.

Sí, yo estaba alucinado. Me quedé de pie, en la sala de control, con la mandíbula en el suelo.

“From The Cradle To The Rave” (“De La Cuna A La Rave”) es un título muy didáctico que sugiere una progresión lineal. Percibo influencias, empezando por Kraftwerk, siguiendo con Drexciya y el techno de Detroit hasta incluso Prince. En este sentido, ¿lo consideras un álbum conceptual?

Supongo que lo es si atiendes sólo al título, pero no me senté a escribir el álbum de esa manera. Fue más un caso de “tengo mucho material y es lo suficiente para hacer un álbum ahora”. Aunque sí, definitivamente sí es un disco de concepto. Por eso me gustaba tanto el título. Fue a James y a otro amigo mío, Andrew, de Jessica 6, a quienes se les ocurrió en realidad. Estaban bromeando acerca de que querían escribir la historia de mi vida y ponerle “From The Cradle To The Rave” como título. Inmediatamente pensé que era una idea brillante y que la iba a robar. Definitivamente, el álbum es una amalgama de toda la música que he estado escuchando los últimos 20 ó 30 años. Todas esas influencias se mezclaron para transformarse en una sola cosa. Luego pasé mucho tiempo dándole vueltas a la secuencia de las canciones, intentando que sonara cohesionado, para que funcionara y no fuera un simple embrollo de influencias.

Una gran parte del álbum suena muy analógico. Esta estética sonora retro, ¿es consciente?

DFA es muy analógico. Uso sintes analógicos siempre que puedo, aunque grabo en el ordenador. DFA es como un recreo para chicos, totalmente lleno de equipamiento increíble. Raramente usamos plug-ins, sólo en ocasiones contadas. Todo es analógico. Cuando empecé a hacer música de baile aprendí con el Reason. Pero te frustras muy rápidamente cuando llegas a caminos sin salida. Nunca acabé nada porque era muy frustrante estar ahí sentado, moviendo el ratón, toqueteando cosas sin mucho sentido. James me dijo: “aléjate del ordenador y consigue un sintetizador”. Es mucho más divertido. Cuando estás en tu habitación, estás realmente bailando, jugueteando con los botones en vez de estar sentado en una silla con un ratón en la mano.

Creo que eso se nota, que se puede escuchar.

Sí, creo que se puede, suena muchísimo mejor. Compro muchos trastos antiguos y fuerzo que, al utilizarlos, pasen cosas. En vez de usar una distorsión digital, me gusta probar y usar equipo antiguo que distorsione de una forma natural. Suena mucho más cálido, bonito y enmarañado. “From The Cradle To The Rave” es, definitivamente, un guiño a los 90. Se percibe el optimismo de aquella época.

Es curioso que menciones eso. Ciertamente, era algo que quería conseguir, ese feeling que tienes cuando empiezas a ir a raves. Pensábamos que íbamos a cambiar el mundo, ¿sabes? “Optimismo” es la palabra clave para mí.

¿Cómo crees que encaja esto en el contexto actual, en un 2010 de postguerra y en medio de una recesión?

No lo sé. Creo que no hay mucho optimismo ahí fuera, pero a la gente parece que le está gustando el disco. Andaba buscando eso, la inocencia y el optimismo. Como ya he dicho antes, pensábamos de verdad que la música rave era algo especial. Estamos metidos en algo. Teníamos nuestro pequeño secreto. En Dublín éramos 50 personas, literalmente. No podíamos llenar un autobús para que nos llevaran a las raves, así que teníamos un pequeño club secreto para nosotros. Muchas de mis canciones favoritas son tracks rave que transmiten optimismo. Muy felices. Estás en el campo y el sol está saliendo.

Ese sentimiento de comunidad…

Sí, pianos bonitos, beats y pads. Me gusta el techno oscuro también. Pero creo que es más divertido escuchar este rollo optimista.

Cuando le dije a mi padre que te iba a entrevistar, me dijo: “Shit Robot es el mejor nombre de banda que he escuchado en años, me recuerda a We Were Promised Jetpacks: esa gente disgustada porque el futuro no se está materializando de la manera en que los cómics de ciencia-ficción de su juventud sugerían que iba a pasar”. ¿Es la sci-fi una influencia para ti?

Sí, claro que sí. Pero para mí es difícil fingir cualquier tipo de autenticidad sci-fi cuando comparto sello con gente como Juan MacLean, que es un verdadero obseso de la ciencia-ficción. No es tan importante para mí, soy fan de La Guerra de las Galaxias y ese rollo, pero no diría que soy un gran conocedor de la ciencia-ficción. Tengo que tener mucho cuidado para no ofender a nadie con según qué declaraciones.

¿Estáis unidos como sello en DFA? ¿Tenéis una relación cercana?

Sí, somos todos muy buenos amigos. Es un poco un cliché pero somos, literalmente, una familia. El núcleo central de DFA, que ha estado ahí desde el principio, somos todos muy amigos. James, Juan y yo mismo –y luego están Holy Ghost!, Gavin and Delia, The Rapture– somos todos amigos genuinos. No estamos relacionados únicamente a través del sello.

¿Crees que eso es, en parte, porque todos estabais en Nueva York, lejos de casa?

Sí, es algo así. Aunque algunos de los chicos son de Nueva York. La gente piensa en Nueva York como una metrópolis enorme y loca. Pero no es así, es muy pequeña. El East Village es un barrio pequeñísimo. Nunca puedo salir de mi apartamento sin encontrarme a alguien en la calle. Aunque es cierto que hay mucha gente, parece que todos nos congregamos alrededor de las mismas zonas.

Estabas completamente inmerso en una escena neoyorquina muy específica. ¿Crees que tu sonido está enraizado a alguna geografía en concreto?

Eso es difícil de responder. No creo que mi sonido sea específicamente neoyorquino. Viene de los años en Dublín, eso es seguro. Luego, como dices, transportas eso a Nueva York y le añades un poco de la producción de James, el sonido DFA. Pero una gran parte de mi sonido viene de cuando vivía en Dublín.

La localización geográfica solía ser antes increíblemente importante: Detroit y el techno, Chicago y el house, etcétera. ¿Ves alguna diferencia en la era digital? ¿Es todo más fluido?

No, de hecho creo lo contrario. Cuando empecé a salir me di cuenta de que no había tanta música por ahí. Me costó mucho trabajo convertirme en DJ, tener una maleta de discos completa. Tenías que ir a las tiendas y encontrar los 12”, luego irte a casa y practicar. Y tenías que comprarte mucho equipo caro para poder hacer música. No todo el mundo tenía ordenadores, tenias que tener un estudio. Cuando salías, cualquier cosa podía pasar. Podías escuchar garage neoyorquino, techno, disco o hip hop en las raves, todo mezclado la misma noche. Nunca era algo del tipo ‘este club está especializado sólo en un determinado estilo’, o un DJ poniendo el mismo tipo de música toda la noche. Era siempre una mezcla. Hoy en día vas a una fiesta y es en plan “solo electro”, o escuchas house toda la noche, o te vas a Berlín a escuchar minimal techno. Así que creo que actualmente el concepto de género está más asentado, aunque las líneas entre ellos se estén volviendo difusas.

Parece que, en este momento, la gente está obsesionada con etiquetar las cosas.

¡Sí! Dios mío, es algo que me vuelve loco. No sé la diferencia entre el dubstep y tal y cual y lo otro. No tengo ni idea de cuál es la diferencia entre todas estas cosas: electro, electropop, hard house, tech-house, progressive house; es como, ¡Jesús, ya vale! ¿Sabes? Miro revistas de DJs y hay cosas de las que nunca he oído hablar. Continuamente se les ocurren nuevos nombres: UK Funky. Y tú piensas: ¿que demonios es eso? Luego, es básicamente lo mismo que todo lo demás. Siempre ha sido así, pero ¿hasta donde van a llegar? ¿Sabes lo que quiero decir? Las revistas de DJs van camino de ser como enciclopedias.

En Nueva York parece que el DJ juega un papel más anónimo, el promotor es quién tiene el poder y toma las decisiones. ¿Percibes alguna diferencia en ese sentido a este lado del Atlántico?

Sí, definitivamente. Cuando fui a Nueva York por primera vez fue un shock. En los flyers lo que había eran listas de nombres de promotores, y el DJ salía sólo al final, en la parte de abajo, bastante irrelevante. Durante el período de los club kids, a principios de los 90, todo recaía en el promotor. Ibas a una fiesta porque conocías al promotor, todo se reducía a poner tu nombre en una lista. Y la cola de la lista de invitados era más larga que la cola de los que pagaban. En el Reino Unido y en Irlanda, en cambio, ibas a ver al DJ. Te organizabas y te tomabas la pastilla, o lo que fuera que tomases 30 minutos antes de que empezara el DJ. En eso se basaba todo, sabías que estaría pinchando de 1 a 3 y esa era la razón por la que estabas allí. La cosa está cambiando en Nueva York, esa gran escena de clubs está empezando a morirse. Aún tienes a la gente que cruza el puente o el túnel para ir a los grandes clubs comerciales. Van a un determinado club porque es “el nuevo club”, pero no porque sigan a un DJ en particular. Pero cuando te metes en la escena del downtown, la gente sí va a escuchar a DJs específicos o les gusta la música que ponen en una fiesta determinada.

¿Te sientes en el punto de mira? ¿Crees que has conseguido acaparar la atención del público?

Sí. Todo está aún muy reciente, el álbum acaba de salir. Pero lo estoy sintiendo. ¡Estoy haciendo un montón de entrevistas! Ayer por la noche estuve en BBC Radio. ¡Fue impresionante! Y en un rato iré a hacer un in-store en Phonica. He dejado de ser ese chico pequeño, con un nombre raro y que solamente tenía unos cuantos 12”s que pinchaban los DJs. Mis vinilos eran ediciones de 1.000 copias, literalmente, o quizá un poco más (más unas cuantas descargas). No tenía mucha exposición, la verdad sea dicha. Me encontraba en situaciones en las que me habían contratado para pinchar en lugares por Europa en los que los promotores eran DJs a los que les molaban los 12”s de Shit Robot, pero luego no había mucha gente entre el público que supiera quién era yo. Así que percibo que esto está empezando a cambiar poco a poco, aunque todavía es muy nuevo para mí. La respuesta al álbum ha sido increíble. Me ha sobrepasado. Ha sido genial. ¡Estoy tan contento de que haya gente a quien le importe lo que hago, que haya gente que quiera escucharlo! Es genial, estoy muy contento por todo.

Como DJ, te dedicas a filtrar, destilar y, de alguna manera, editar el trabajo de otra gente. ¿Ves alguna conexión entre esto y el número de colaboradores en “From The Craddle To The Rave”?

No lo sé. Para mí fue más un caso de necesidad. Hice el disco y tenía un montón de temas instrumentales. Pero sabía que no quería un disco de instrumentales bailables, porque nadie quiere escuchar eso. Sabía que quería voces, quería tener canciones. Tienes que hacer que las chicas bailen. No quería hacer un disco sólo para chicos empanados. Así que nunca fue una decisión consciente. Fue más un caso de que no sabía cantar. Soy realmente malo cantando y mis letras son horribles. ¿Qué quieres que haga? Sucedieron un montón de coincidencias felices con sólo llamar a unos cuantos amigos. Juan MacLean se dejó caer en el estudio para saludar y dijo que tenía una idea. Empezó a escribir unas letras y le dije “perfecto, métete ahí dentro y hazlo ahora mismo”. Fue Juan quién me recomendó a Nancy Wang. Le puse el tema y me dijo “¿sabes a quién le mola mucho este rollo? A Nancy. Deberías preguntar a Nancy”. Con Alexis Taylor fue algo parecido. James y yo estábamos trabajando en el tema en Nueva York, donde Hot Chip tocaban esa noche. Salimos pronto del estudio para poder ir a ver el concierto y estar con ellos, para saludar. James dijo: “Alexis sería genial para esto”. Así que fuimos al concierto y le pregunté si estaría interesado. Le encantó la idea. Al día siguiente tenía una jornada de descanso, así que se vino al estudio y lo hizo ahí, en ese momento. Así es como, más o menos, fueron las cosas.

Quizá por eso suena tan “directo”, no está demasiado pulido.

Sí. No fue precisamente un caso de estar yo sentado en casa con las voces, troceándolas y moviéndolas, sino que una vez las voces estaban grabadas era como: ‘perfecto, un pequeño arreglo y acabado’. El álbum hace tiempo que estaba terminado. Tuve una hija hace dos años y en ese momento ya tenía el 90% del trabajo hecho. Lo he tenido acabado todo este tiempo. La gente me preguntaba “¿no estás tentado de sentarte y juguetear con él, de continuar cambiando cosas?”. Y la respuesta siempre era “no”.

Tenías muchos pañales que cambiar…

Sí. La mayoría del material se mezcló en Nueva York con James. Así que no iba a ponerme a jugar con eso, porque lo que haga con él siempre será mejor que lo haga solo. Siempre trato de ser muy respetuoso con el trabajo de la otra gente. Además, siempre pienso que lo que hago es una mierda y que lo de los demás es mejor. La gente que es capaz de cantar y escribir letras siempre me ha inspirado mucho respeto. Lo encuentro tan difícil... Lo he intentado en este disco. No es que no me atreviera. James siempre se mofaba de mi, en plan “sal de tu zona de confort”. Y lo intentaba. Canté en tres canciones. James me cogió y me hizo cantar. Fui a por ello. Pero era en plan “bah”, ¿sabes? Esto no es algo en lo que sea bueno. Cuando trabajas con alguien como Ian Svenonious, te rindes. Dices, ‘ok, vamos a dejar que lo hagan los profesionales’. Me encanta la portada del álbum. El diseño de portadas parece ser un arte perdido en la era digital.

Eso era muy importante para mí. Sale en vinilo en una funda doble con el artwork dentro. Le he dedicado mucho tiempo y esfuerzo, quería tener algo bonito. Para mí se trata de eso, es importante que lo puedas “coger”. Esto me devuelve a ese primer disco de Killing Joke. Siempre me acuerdo de que tiene una carpeta muy chula y un gran artwork. En DFA decían, “no vamos a vender más copias”, y yo les decía “no me importa, tenemos que tener un vinilo doble. Tiene que salir en algún momento”. Con las descargas te pierdes algo. Odio comprar música online. Es horrible. Estás ahí, rastreando una página web para intentar encontrar algo. Echo mucho de menos ir a una tienda y escarbar, rebuscar en las cubetas, encontrar esas cosas que están en la cubeta de ofertas, o teniendo trato con alguien en la tienda, alguien que cuando entras te dice “escúchate esto, sé que te va a gustar”. Estas tiendas casi han desaparecido. Ahora me cuesta esfuerzo, donde vivo tengo que conducir un buen rato para encontrar la única tienda de la ciudad. Pero vale mucho la pena. En cuanto al diseño, teníamos que hacer algo que también funcionara como un pequeño thumbnail, lo que es muy difícil. Tenía varias ideas al principio, pero me decían “esto no va a funcionar en iTunes, esta cosa pequeñita.” El artwork lo hizo mi amigo Timothy Saccenti, que es un fotógrafo y realizador de Nueva York.

¿Te ves colaborando con él de nuevo?

Sí, espero poder hacer un vídeo con él, pero está muy ocupado, justo ahora ha acabado un vídeo para Battles.

¿Te interesa la interacción entre formas de arte distintas?

No en sentido estricto. Pero me gusta trabajar con gente como Tim. Es como con la familia DFA, es una excusa para pasar el rato con un amigo. Él es genial para hacerlo. Tengo algunas ideas en relación con la estética, de cómo quiero que sea, pero lo dejo a los profesionales. Eso se lo dejo a él. Trabajamos juntos en cosas: le doy unas pautas, o le digo “no me importaría que fuera algo parecido a esto”. Pero luego le dejo ir, que haga su trabajo.

Para acabar, ¿donde crees que está el corazón de la música electrónica hoy en día? ¿Dónde está el futuro? ¿Berlín? ¿Nueva York? ¿Londres? ¿Glasgow?

Esta pregunta es complicada. Glasgow es genial, una ciudad increíble. De algún modo se parece mucho a Dublín. Los chicos de Optimo y sus fiestas son, sin duda, una institución, una gran influencia para mucha gente. El público de Glasgow es uno de los mejores del mundo. La gente está loca. Me encanta pinchar ahí, es siempre tan divertido... Me sorprende que siempre haya alguien que te diga: “¿quieres venir a mi casa de after?”, y yo contesto “¿pero qué dices? ¡Tengo 40 años! No he ido de after desde hace siglos”. Cada fin de semana, antes de salir, llenan la casa con latas y setas y todo tipo de locuras. Dejan los platos conectados. Lo dejan todo preparado y luego salen de fiesta hasta las cuatro o las cinco, y luego es en plan “¡todos de vuelta a mi casa!”. Y no hablo de cinco o seis amigos, hablo de cincuenta o sesenta personas embutidas en el piso de alguien. La gente se muda mucho de piso porque los vecinos se quejan y se enfadan. Están locos. Me encanta Glasgow, tengo muy buenos amigos ahí.

Que Marcus Lambkin sea un buen chaval, de los pies a la cabeza, quizá no sea una cuestión irrelevante. Su encantadora manera de quitarse importancia, su indisimulada reverencia por el talento de sus amigos (“los profesionales”), importa. Todo eso está en el corazón de su disco, un disco con el que bailar en la cocina, haciendo buenas sus palabras ( “tienes que hacer bailar a las chicas”). Éste es un disco para saltar con tus amigos hasta que se haya hecho de día. Cantaba James Murphy en una de sus canciones: “If the sun comes up, and I still don't want to stagger home / Then it's the memory of our betters, that are keeping us on our feet / You spent the first five years trying to get with the plan / and the next five years trying to be with your friends again”. No me sorprendería que Lambkin fuera una de esas personas que te mantienen en pie, uno de esos amigos con los que siempre quieres estar.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video

cerrar
cerrar