Entrevistas

Shed

En una galaxia muy lejana

ShedRené Pawlowicz no pertenece al universo techno que conocemos. Él permanece fuera, en otro universo paralelo muy parecido al que conocemos pero en el que la estética se ha sublimado a partir de modelos previamente conocidos. En este universo paralelo en el que habita Shed –o, dicho en lenguaje geek, en esa galaxia muy lejana– hay pocos nombres más y todos entran en la categoría de clásicos: innovators como Derrick May y heterodoxos como los más grandes de la facción intelligent del sonido inglés de principios de los 90. Nada es fórmula en esta visión de la electrónica inconformista, y por contra todo es pasión y ciencia (aunque él lo niegue). Shed suena como el último gran heredero y defensor de un techno que sólo saben hacer los que han estudiado sus misterios: ese sonido de ficción, explorador de infinitos, que tiene sus raíces en Carl Craig, B12, Drexciya y Reload. Detroitiano en la forma, warpiano en la substancia.

Nos cuenta Shed en la entrevista que viene a continuación que él no quería hacer otro disco como “Shedding The Past” ( Ostgut Ton, 2008), el debut en largo con el que se abrió a un público nuevo: el que no sigue los lanzamientos en vinilo, el que no consulta material por y para DJs, el que desconoce el fondo de catálogo de sellos como Subsolo –el que fundó el propio Pawlowicz a mediados de la década pasada–, Delsin o Styrax Leaves, pero sí acude regularmente al club Berghain, que es allí donde Shed pincha más y mejor, protegido por la seguridad del útero de su sonido nítido y brutal. “Shedding The Past” era un manual de techno moderno, de geometría irregular, denso, alejado de los clichés del minimal, el sonido duro y el revival: con su propia ley, madurado a partir de la experiencia y reconocible como perteneciente a una tradición codificada y respetable. “The Traveller” (Ostgut Ton, 2010) prosigue donde el anterior CD dejó su mensaje y se abre al recuerdo del pasado y a la exploración de lo incierto. Álbum en expansión (porque el disco es el universo), lento, renqueante, atmosférico, desafía leyes de la física como la de la gravitación universal (uno flota, es un hecho comprobado) y le da la vuelta al techno para escuchar en casa a la vez que desempolva maneras olvidadas de bailar en un club. Quizá por eso Shed es tan parco en palabras: en estos 47 minutos él ya lo ha dicho casi todo.

Hubo una época en la que tu identidad parecía enigmática. ¿Te estabas escondiendo aunque sólo fuera un poco, como hace Redshape (que mucha gente sabe quién y no se trata de un gran secreto, aunque no sea un dato abiertamente público), o es que no nos esforzamos por investigar lo suficiente?

Nunca entró en mis planes lo de esconderme. El tema de la identidad nunca ha sido un problema, y siempre ha quedado muy claro que era yo el que estaba detrás de mis proyectos. Quiero decir que, por ejemplo, Redshape tiene una parte de espectáculo: él sale con una máscara al escenario y quiere entretener a la gente. Pero a mí eso no es lo que me importa. Yo sólo hago música, música para DJs. Ni más ni menos.

Desde el principio, y comenzando con las primeras referencias de tu sello Subsolo que lanzaste hace ya más de media década, parecía como si evitaras los patrones rítmicos habituales, el 4x4 del techno. El ritmo aparecía casi siempre roto o asimétrico. ¿Qué es lo que te llevó a practicar este tipo de sonido?

Bueno, eso es porque normalmente me aburro de usar una percusión muy directa. Si la música está más rota, te permite más espacio y groove. E incluso diría que es mucho mejor para bailar.

Muchos productores están últimamente un poco perdidos acerca de cómo deben trabajar. Después de descubrir que el equipo estrictamente digital no era una buena idea, y tras descubrir también que el equipo analógico puede llevarte a sonar más retro de lo deseable, los hay que han optado por un equipo híbrido. ¿Qué soluciones has encontrado tú? ¿Es el equipo correcto el que ayuda de verdad a conseguir la música adecuada?

No es algo en lo que piense, la verdad, porque yo sólo quiero hacer música. Me da igual si existen equipos analógicos o digitales. Cuando la música es buena, suena bien, y cuando eso sucede, ¿a quién le interesa la intrahistoria técnica? A mí, por lo menos, no. En mi estudio, ya que preguntas, tengo un poco de todo.

“Shedding The Past” era un título muy transparente, venía a indicar que era un disco en el que se reunían todas las ideas desarrolladas a lo largo de un periodo de tiempo para dar forma a un disco coherente. “The Traveller” también es un título evidente: habla de moverse hacia delante, de explorar nuevas áreas. ¿Es para ti un paso hacia lo desconocido? ¿Cuánto afán de descubrimiento hay implícito en el disco?

Sin duda, quería ir hacia delante. Quería mostrar diferentes habilidades, mostrar el amplio espectro de la música que me gusta. Nunca sé cómo va a acabar siendo el disco y cómo va a reaccionar la gente, pero sí estaba plenamente convencido de lo que no quería hacer en ningún caso: otro disco de techno formulaico. Todas esas referencias insistentes al espacio exterior, ¿esconden a un aficionado a la astronomía? Lo pregunto porque a algunos productores techno les va el rollo. ¿A ti también te gusta la ciencia?

No, nada de ciencia aquí. El título del disco, de hecho, era únicamente el título de uno de los cortes. Me pareció que vendría bien para el álbum completo.

La pieza “44A (Hard Wax Forever!)” está dedicada a la tienda de discos Hard Wax de Berlín. ¿Recuerdas tu primera impresión al subir aquellas escaleras y entrar allí por primera vez? Hay para quien la experiencia es un shock, como entrar en un lugar que te da la sensación de hogar y espacio alienígena al mismo tiempo.

Llevo yendo a Hard Wax desde 1992. Por entonces, la tienda estaba en un lugar distinto a donde está ahora. Para un joven raver como era yo por entonces no era demasiado fácil poder hacerse con todos aquellos discos maravillosos. Había que trabajárselo mucho para conseguir que los dependientes te respetaran (risas).

Estuviste trabajando ahí durante muchos años. ¿Sigues en Hard Wax? ¿Durante cuánto tiempo has estado relacionado con la tienda y cómo ese trabajo ha moldeado tus gustos, tu forma de ser, tu vida personal e incluso tus fobias musicales?

Ya he dejado el trabajo en la tienda, pero sigo estando en contacto. Tengo que hacerlo, porque Hard Wax ha tenido un gran impacto en mí desde el primer día en que empecé a comprar los discos ahí. Lo que más respeto es la manera en que gestionan la tienda, la manera en que mantienen el interés y la pasión por la buena música. Nunca tiran de frases pomposas: sólo calidad, nunca cantidad.

Después de muchos años pinchando, comprando y vendiendo discos, habrás acabado amasando una colección de vinilos importante. ¿Te obsesiona ir completando los catálogos de algunos sellos y las discografías de algunos artistas, o eres de los que prefieren tener una colección pequeña bien seleccionada sin preocuparle si en las estanterías quedan huecos por cubrir?

Más bien es una mezcla de esas dos formas de actuar. Intento ir localizando buenos discos antiguos, de principios de los 90. Pero a la vez me interesa ir escuchando material nuevo. A veces es más difícil encontrar discos nuevos que sean buenos que localizar los discos viejos. Por desgracia. ¿Cuáles son los discos más sorprendentes que has escuchado este año?

He encontrado un sello del que me he comprado todos los discos que han ido sacando. Si no todos, casi todos. Recomiendo echarle un ojo a Ramp Recordings. Cuando estás produciendo, ¿el hecho de tener acceso a tanta música llega a condicionar el proceso de creación de tu propio material?

No, es muy fácil, de hecho. Cuando has escuchado tantos discos eres capaz de decidir con mucha rapidez si lo que estás haciendo es bueno, si funciona o si directamente es malo. Últimamente hay mucha nostalgia circulando en la música de baile. Desde hace años tenemos corrientes como el nuevo disco, los sonidos espaciales, etcétera. Eso le quita mucho margen a los artistas que de verdad quieren hacer algo nuevo y forzar los límites del sonido. ¿Opinas que los revivals son necesarios, o no?

Cuando estás aburrido del presente siempre te queda la opción de mirar atrás. También tienes esa opción cuando no eres capaz de encontrar nada nuevo. Además, pienso que a veces es necesario saber cómo funciona la música antigua para aprender a hacer algo nuevo.

Es muy fácil conectar tu sonido con una especie de revival del sonido Detroit, pero a nivel estético estás más cerca del sonido europeo –los discos de la serie “Artificial Intelligence” de Warp, sellos como New Electronica, GPR, ART y las licencias que llegaban de Planet E– que del sonido americano. Incluso más cerca del sector raro del techno (Sherard Ingram, Detroit Escalator Co., algunos proyectos periféricos de Drexciya) que del dirigido a la pista. ¿Tienes algún tipo de relación complicada con Detroit?

Sin ninguna duda, Detroit ha sido una gran influencia para mí. Pero como bien te has dado cuenta, a mí siempre me interesó más el sonido “inglés” de Detroit, sellos como Network, Warp o KMS. Las primeras referencias de Detroit estaban muy bajo la influencia de la música de, por ejemplo, Kraftwerk, y a mí Kraftwerk no es que me gusten particularmente. Sé que es completamente imposible que a alguien no le guste Kraftwerk, pero a mí me pasa.

¿El tema “Hello Bleep!” es, pues, algo así como un saludo para todos los fans de los comienzos de Warp y Network?

Jajaja. ¡Pues claro, sin duda!

Y títulos como “Can’t Feel it” o “Mayday”, ¿ocultan algún tipo de mensaje codificado para los fans de la vieja escuela?

No. Eso ya es una coincidencia.

Has remezclado recientemente a dBridge, y Martyn te ha remezclado a ti. Has pinchado con Pinch y otros artistas de la escena dubstep. En los años 90, a excepción de algunos discos de Aphex Twin o The Black Dog, el techno y los ritmos rotos no se llevaban demasiado bien. Pero a ti y a mucha más gente ahora mismo os gusta mezclar techno y breakbeats. ¿Qué encuentras de positivo en aproximarte a la gente del dubstep y qué crees que tú les puedes aportar a ellos?

Me encanta el intercambio entre diferentes estilos musicales. Hay una manera de mantener el interés de todo esto, y es ir observando diferentes escenas musicales y aprovecharte de lo que hacen, de las nuevas maneras en que hacen música. De ese intercambio, de hecho, nos estamos beneficiando muchos artistas, o eso creo.

Últimamente has editado discos bajo diferentes alias como Wax o Equalized. ¿Tienes más planes de futuro para estos proyectos? Es decir, ¿son proyectos con continuidad, o ya has agotado todo lo que querías decir con ellos?

No sabría qué decirte. No lo sé. Por ahora no hay ningún plan, como siempre.

Esos alias suelen centrarse en un sonido más rígido y pensado para la pista de baile; el de Shed es un material más libre. ¿Es por eso por lo que separas un tipo de sonido del otro a partir de proyectos diferentes? ¿Hay una conexión directa entre esas dos dinámicas?

Nunca lo había pensado en esos términos, si te soy sincero. Siempre tomo las decisiones de una manera muy veloz. Creo que lo de editar discos bajo diferentes seudónimos lo hago más por una cuestión lúdica que por motivos económicos. En cualquier caso, me alegro de que haya salido todo bien.

Estás todo el día trabajando, produciendo, pinchando, viajando: mucho tiempo dedicado a la música, pero quizá muy poco tiempo para todo lo demás. ¿Estás satisfecho al 100% con tu vida, o te falta algo?

Desde el momento en que puedo vivir de lo que me gusta, hay muchísima libertad en mi vida. Estoy satisfecho al 100% con lo que hago. Intento que la cosa no se me vaya de las manos, y además tampoco pincho tanto.

Sobre todo pinchas en Berghain. ¿Recuerdas tu noche más memorable en el club?

La fiesta de lanzamiento de “Shedding The Past” fue muy buena.

Se ha dicho de ti que eres un purista, pero tu música no suena exactamente como lo de un purista (puesto que no tiene un sonido fosilizado). Así que en serio, y para dejarlo claro: ¿te consideras un purista?

No.

* Como aperitivo del disco completo, si no lo has llegado a escuchar aún, puedes descargar a continuación, y por el plazo de una semana, el tema “No Way”.

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