Entrevistas

Regina Spektor: “No quiero ser perfeccionista, no es una buena cualidad, pero tengo que serlo pese a todo”

Hablamos con la compositora neoyorquina sobre su último disco, “What We Saw From The Cheap Seats” y, por extensión, del misterio del arte y el duro proceso creativo

Hablamos hace unas semanas con Regina Spektor para conocer más sobre su manera de trabajar y su visión del pop, aprovechando su visita a Barcelona para presentar su último disco, “What We Saw From The Cheap Seats”.

Ha pasado de ser una de las caras visibles de la escena anti-folk neyorquina a una de las artistas que han hecho del pop de envoltura naíf su razón de ser: Regina Spektor es una mujer de contrastes. Puede quejarse de perder muchos de los beneficios de su vida cotidiana mientras trabaja en uno de sus discos tanto como congratularse de estar sola y tener la libertad de decidir cómo y cuándo desarrolla su arte. La norteamericana de raíces soviéticas nos visitó hace unas semanas para presentarnos su reciente “What We Saw From The Cheap Seats” (Sire-Warner, 2012) y aprovechamos la ocasión para charlar con ella sobre el que, según sus propias palabras, es su mejor trabajo hasta la fecha. Habíamos preparado un gran número de preguntas para la ocasión, pero por culpa del limitado tiempo que pudimos compartir con ella –Mater, el hombre de la discográfica, y la incesante verborrea de Regina tienen la culpa–, el cuestionario se vio reducido a lo que pueden leer a continuación.

Hacía mucho tiempo que no te veíamos por España. ¿Cómo fue el concierto de la otra noche en Madrid?

Madrid es una ciudad fantástica y el público fue una auténtica maravilla. Si quieres que te diga la verdad, ¡no sé por qué hacía tantos años que no venía a actuar aquí! La primera vez que lo hice fue en el año 2000 en Barcelona, y después hasta 2006 no volví. En aquel entonces toqué en Apolo en Barcelona y Moby Dick en Madrid, pero no pude ver mucho de la ciudad porque llegué a la capital pocas horas antes del concierto y, literalmente, me encerré en el hotel. Por esa razón ayer me tomé el día libre y me dio tiempo a visitar muchas cosas como el Prado, el Palacio Real o el Mercado de San Miguel.

¿Tienes la sensación de que con “What We Saw From The Cheap Seats” has vuelto a conectar con tu público? Muchos quedaron algo insatisfechos con “Far”.

¡Ayer un periodista me dijo totalmente lo contrario! [Risas] Puede resultar un tópico, pero para mí éste último es lo mejor que he hecho nunca. Estoy muy satisfecha con el resultado y, además, me parece un álbum más cercano y directo. Contiene canciones nuevas y otras antiguas reinterpretadas. Nunca he sido muy dada a la lógica cronológica.

No sé qué opinarás, pero para mí “Far” era más sesudo y en las primeras escuchas resultaba complicado conectar con él.

El mismo periodista de ayer me comentó que Far le resultaba más comercial que éste. Esa es la auténtica magia de la música. No existe una verdad absoluta en este campo. Para mí el término comercial sólo tiene una acepción: llegar al máximo de gente posible. Lo masivo y lo difícil de escuchar son apreciaciones muy personales. Cuando se crean estos debates acerca de gustos personales me parece fantástico. Aún recuerdo cuando mi madre se empeñaba en que escogiera “Genius Next Door” como uno de los singles del anterior disco.

¿Cuántos conciertos has visto desde el ‘gallinero’?

Muchísimos, como todos. El título del disco es un concepto. Lo escogí hace cosa de un año y medio, antes de que me pusiera a trabajar en serio en los temas. Muchos me preguntan qué quiere decir, pero lo único que puedo explicar al respecto es que surgió de forma espontánea, ni mucho menos se trata de un concepto para dármelas de intelectual.

"Soy partidaria de que el arte preserve gran parte de sus misterios"

¿Eres de las que prefiere no dar muchas explicaciones acerca de las historias que esconden tus temas?

Los porqués y explicaciones al respecto de una canción varían considerablemente con el paso del tiempo. Siempre se mantienen vivas y van mutando sin descanso. Ayer mismo, cuando recorrí el Prado, estaba súper contenta de poder ver de cerca cuadros de Goya y Velázquez, pero al mismo tiempo me incomodaba en cierto modo que la audioguía me explicara hasta el más mínimo detalle de los cuadros. Soy partidaria de que el arte preserve gran parte de sus misterios. El arte no deja de ser una expresión del tiempo y el espacio que puede disfrutarse de forma atemporal.

La banda que te acompaña esta vez en el estudio, al igual que tu inseparable piano, suena más poderosa que nunca. ¿Ésta es una de las razones por las que te muestras tan satisfecha del disco?

Estoy de acuerdo, el empaque de las piezas destila mucha fuerza. Mike Elizondo y su ingeniero de sonido, Adam Hawkins, son los culpables de ello. Están chiflados por todo aquello que sea sinónimo de baja fidelidad. Repartieron un sinfín de micrófonos lo-fi por el estudio y mezclaron más pistas de la cuenta para encontrar el sonido perfecto. Lo han conseguido con creces.

Escuchando el álbum me hizo mucha gracia esa tentativa de poner a prueba tu acento italiano en “Oh Marcello”. ¿Qué papel tiene el sentido del humor en tus composiciones?

Si te explicara las cosas que me hacen gracia no acabaría nunca. Me río por muchísimas tonterías, pero no me veo como comediante, ni mucho menos. Para mí la tristeza siempre tiene un punto divertido y lo divertido algo triste. Es el coctel de nuestras vidas. La línea que separa la tragedia de la comedia es tan fina que en la mayoría de casos convivimos con ella sin que nos demos cuenta.

Para la ocasión has recuperado aquel “Don’t Leave Me (Ne Me Quitte Pas)” que ya editaste en 2002 en “Songs”. ¿Qué te lleva a regrabar canciones de tu antiguo repertorio?

En cada disco lo he hecho, no es algo nuevo para mí. Siempre pienso que hay canciones que pueden hacerse aún mejor. Toda pieza parte de un momento concreto. No obstante, regrabándolas vuelven a la vida como el primer día con un toque diferente. Así me resulta imposible aburrirme de ellas encima y fuera del escenario.

Entonces, ¿te pierde el perfeccionismo?

Afortunadamente, sí. No quisiera ser perfeccionista, pero lo soy pese a no tratarse de una buena cualidad. Puedes perder la perspectiva de otras cosas muy fácilmente. Las canciones surgen de un contexto muy concreto y nacen y mueren tan pronto el disco se ha terminado de grabar. Pero, aún así, ese ansia de perfeccionismo me ha llevado a perder parte de mi energía en otros aspectos que no tienen nada que ver con la música…

¿Renuncias a muchas cosas mientras te encierras en casa para componer?

Por suerte mis amigos siempre están ahí y comprenden cuál es mi trabajo. Me veo con ellos, planeo cenas en mi casa y demás cosas. Sin embargo, son conscientes de que hay otros instantes en los que necesito concentración máxima. Es algo así como cuando un médico tiene que ir de urgencias a casa de un paciente a altas horas de la madrugada. En mi caso me encanta perderme en el arte y vivir por mi cuenta. Cuando estoy sumergida en un disco puedo rodearme en el estudio de gente que está completamente loca. Pero, al mismo tiempo, intento encontrar instantes en los que experimentar cosas, completamente sola. Alejarnos de todo y todos nos ayuda a procesar mentalmente lo que nos rodea.

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