Entrevistas

Ras G, lecciones de hip hop en el África negra

El productor de Los Ángeles, vínculo entre los beats psicodélicos de Flying Lotus y el jazz astral de Sun Ra, viaja a Uganda para enseñar música a los niños del gueto (y nos lo cuenta)

Ras G viajó hace poco a Uganda para iniciar un interesante proyecto educativo: enseñar hip hop, nociones de producción y habilidades de rima a los jóvenes de Kampala, en un intercambio cultural entre la psicodelia de Los Ángeles y el tercer mundo real. Hemos hablado con él para conocer más de su experiencia.

De entre los productores y artistas que han cosechado últimamente un fuerte reconocimiento internacional –bajo el paraguas protector de la escena beat de Los Ángeles– Ras G siempre ha sido uno de los actores más interesantes. Hablamos de un hombre aparentemente proteico cuya música nos trae ecos de la espiritualidad y los viajes psicodélicos de Sun Ra con la misma facilidad con la que, a la vez, recuerda a los beats gruesos del hip hop clásico de los años 90. En sus discos, su música adopta perfiles y formas muy diferentes; aún así, es en el marco del directo donde todo cobra pleno significado, a medida que su despliegue de frecuencias golpea y rodea todo tu cuerpo, llevándote a un territorio sonoro propio con el que es muy difícil haberse cruzado previamente. Yo llegué a esperar hasta cinco años para poderle ver en directo, y el impacto que tuvo en mí su directo fue parecido al que obtuve al entrar por primera vez en una fiesta DMZ allá por 2005, que es lo mismo que decir que fue una de esas experiencias que te cambian la vida.

En tanto que miembro de la escena hip hop de Los Ángeles durante ya más de una década, y tras su comienzos humildes en el Good Life Café y el Sketchbook hasta llegar a Poo Bah Records y Low End Theory, Ras es alguien que tiene todavía mucho que enseñar, y que está dispuesto a hacer el esfuerzo. Por tanto, no fue una sorpresa para nadie cuando empezaron a aflorar noticias que le ubicaban, a principios de este año, en el centro de un intercambio internacional con fines educativos en materia de hip hop. Lo más sorprendente, quizá, fue que este proyecto recibiera financiación del Departamento de Asuntos Culturales de Los Ángeles, algo no precisamente habitual en Estados Unidos, al menos hasta donde yo sé, y que consistía en llevar en avión a Ras G y a su colega Open Mike Eagle –uno de los MCs más infravalorados de la ciudad– hasta Uganda durante tres semanas, para trabajar con el artista rap local Mon MC y una serie de jóvenes músicos de Kampala, la capital de Uganda. Organizado por J.U.i.C.E., un programa de artes sin ánimo de lucro de Los Ángeles, en colaboración con la organización local AGYA, el proyecto consistía en que Mike y Ras dieran consejos sobre producción y rap a partir de talleres, de manera que se ayudara a los jóvenes de la zona a entender mejor la cultura del hip hop y su música para que, de este modo, pudiera empezar a germinar en el país.

Durante sus tres semanas allí, el Twitter de Ras G no dejaba de dar información interesante sobre sus aventuras, arrojando luz sobre las actividades que la pareja estaba desarrollando en Kampala. Al cabo de unas semanas leí que Ras G ya había regresado de Uganda –vía Londres, donde iba a permanecer unos cuantos días–, y esa fue la ocasión perfecta para pasar un tiempo con él e intentar saber más sobre lo que, sin duda, ha sido uno de los proyectos más interesantes que han surgido de la escena beat de Los Ángeles este año (o, al menos, de los que yo tengo constancia). Nos sentamos en unos jardines tranquilos del sur de Londres en un atardecer caluroso y hablamos sobre los orígenes del proyecto, lo que había pasado allí, sobre las lecciones dadas y aprendidas, la realidad de la población joven más empobrecida de Kampala y los efectos del imperialismo cultural americano.

¿Cómo empezó este proyecto y por qué?

Hace un par de años, Mike Eagle me contactó a propósito de esta idea, me preguntó si quería ir con él a Uganda, y le dije ‘¡cómo no! ¿África oriental? Cuenta conmigo’. Me habló de esta organización llamada J.U.i.C.E. y de este muchacho llamado Daniel que había presentado un proyecto para nosotros y que consistía en ir hasta allí y trabajar con MCs. Íbamos a trabajar también con esta ONG que trabaja en Uganda y que se llama AGYA (Amagezi Germanyi Youth Association), que es el punto de encuentro para el hip hop allí y que trabaja con niños a los que les enseñan cosas sobre breakdancing, rap, diseño y producción, y también trabajan con mujeres locales. Tenía aspecto de ser una organización muy bien llevada, así que me ofrecí gustoso. Dos años después nos avisaron de que había por fin el dinero para ir, ‘¿estáis listos?’, así que de repente el proyecto se hizo muy real y eso es lo que ocurrió.

He leído que parte del dinero salió de la ciudad de Los Ángeles. ¿No es raro que se den este tipo de préstamos en Estados Unidos?

No estoy seguro de si es raro o no, a veces ocurren estas cosas. Creo que lo que ocurre es que mucha gente no sabe manejar bien el dinero, así que este tipo de subvenciones escasean, pero la nuestra llegó a buen puerto.

¿Hicisteis algo de crowdfunding?

Sí, hubo algunas donaciones que nos permitieron ir un poco más lejos y hacer el proyecto viable.

"Hay corrupción en los estratos más altos y los más bajos, lo vimos todo, tío, fue una experiencia muy positiva"

¿Cuánto tiempo estuvisteis ahí al final?

Estuvimos dos semanas. Se suponía que íbamos a estar tres semanas, cuando llegamos allí nos alojamos en la sede de AGYA y yo tenía un puñado de beats a medio hacer así que me puse a terminarlos en cuanto llegamos. Acabé cinco beats muy rápido y al día siguiente fuimos al estudio y los grabamos. Hice dos beats más, uno de ellos lo utilizamos en Uganda y el otro quizá lo aproveche para algo que haga en el futuro. Lo hicimos todo muy económico porque se nos acabó el trabajo, hicimos todo lo que teníamos que hacer en las dos primeras semanas. Creo que el impacto que obtuvimos en todo ese tiempo fue muy eficiente. Estuvimos en contacto con jóvenes artistas, establecimos conexiones con los muchachos, echamos un ojo a lo que estaba sucediendo en Kampala, estrechamos lazos con la gente adecuada, detectamos a la gente chunga, ¿sabes? Hay corrupción en los estratos más altos y los más bajos, lo vimos todo, tío, fue una experiencia muy positiva. Me encantó.

Cuéntame algo más sobre lo que hiciste ahí. ¿Talleres?

No es que hubiera muchos chicos. Los talleres que habíamos planeado consistían en que yo iría con un MPC y los chavales vendrían y aprenderían a hacerlo funcionar, si es que les apetecía. Los que vinieron ni siquiera eran niños, sino adolescentes y jóvenes adultos, de 18 y 19 años en adelante. Nunca habían tocado un MPC, así que les enseñé a utilizarlo y cosas así, cómo hacer un beat en 16 pasos, cómo transformarlo en una canción, cómo establecer las secuencias, utilizar el metrónomo y cosas así. Básicamente era eso, y hubo algo incluso mejor, que fue conocernos, sentarnos y hacer sesiones de conversación para entender el proceso. Les dimos nociones para comprender cuestiones de las que no tenían ni la más mínima idea.

Y supongo que Mike haría algo muy parecido desde la perspectiva del MC.

Sí, el estaba allí animándoles a hacer cosas y haciendo una demostración de cómo se pasa del beat en un MPC a una canción completa. La mayoría de esos muchachos sólo rimaban de manera muy libre, no sabían hacer ni estribillos ni nada de eso, sólo tenían esa mentalidad de ‘hago esto para ganar’, como en un combate, ¿sabes? La verdad es que eso también estaba muy bien, pero nosotros les enseñamos a mantener un orden, y aunque el caos está bien, también hay que tener algo de orden para mantener un equilibro, así que Mike les enseñaba ese equilibrio desde una perspectiva de MC. En aquellas sesiones yo me sentaba y tocaba unos cuantos beats de amigos nuestros para esos chavales, que nunca habían escuchado antes ese tipo de frecuencias. Estoy seguro, porque así lo vi, de que su flow progresó mucho, y que mejoraron sus ideas sobre las letras y la ejecución: estaban escuchando beats nuevos y aún así se adaptaron a ellos muy bien y los dominaron sin problemas.

Hasta ahora has hablado de compartir tu conocimiento con otra gente, y lo que esa gente ha aprendido de ti. Pero, ¿qué es lo que aprendiste tú?

A ellos les falta algo de lo que yo he dicho siempre de qué va mi música, algo así como la noción de ‘ciencia-ficción del gueto’. Hacen cosas sabiendo exactamente lo que hacen, pero sin saber en realidad lo que están haciendo. O sea, hacen lo mismo que yo, pero a su manera. Tienen su propio equipo, su propia organización y simplemente ocurren las cosas. ¡Me sentía como en casa! Ocho millones de cables, un montaje técnico rarísimo. Esa mierda era perfecta, sí, era como estar en casa, porque es lo que yo hago. Me traje una pieza futurista, un MPC con un SP 404, y lo enchufé todo en su mundo, que era un mundo que yo ya conocía. Era como una base espacial en Uganda. En Kampala, en la AGYA House.

"Ellos aún no comprenden la fuerza que tiene internet. Les teníamos que explicar cosas como Bandcamp, Tumblr, Soundcloud y cosas así"

¿Hay planes para hacer algo más, para seguir construyendo a partir de lo que ya has hecho?

Sí, voy a grabar un EP con el MC al que le dejé un puñado de beats allí. Tengo ganas de ver qué ocurre a partir de eso. El nombre de tipo es JaJa Nelly, es un muchacho joven que lleva rapeando desde hace años. Es jodidamente divertido. Yo le llamo Two Weeks. Estuvimos dos semanas hablando sin parar, sobre cosas muy diferentes, después de acabar su trabajo se venía al estudio, nos sentábamos y hablábamos durante horas y no dejaba de hacer preguntas. Él y muchos otros lo querían saber todo. Este tipo fue con el que conecté mejor. Me contaba que necesitaba hacer un éxito de club para recibir la atención que necesitaba en Kampala, porque llevaba haciendo música mucho tiempo. Se sentía frustrado. Así que le expliqué que hoy en día no necesitas hacer esa mierda. Que puedes hacer lo que realmente quieres y que al cuerno con todo lo demás. Le expliqué como Mike y yo, que vivimos en Los Ángeles, no tenemos necesidad de que suene nuestra música en la radio porque no le importamos a nadie. Y para él todo esto era una locura, pero le expliqué que no pasa nada, que estas barreras no detienen el movimiento, que tenemos internet para saltarlas, aunque ellos aún no comprenden la fuerza que tiene internet. Les teníamos que explicar cosas como Bandcamp, Tumblr, Soundcloud y cosas así.

¿Así que no tenían ni idea del papel que tiene internet hoy en día para los artistas independientes?

No, nada.

Así que pensaban que el sistema seguía funcionando de manera piramidal, como en los viejos tiempos…

Sí, porque así es como lo han conocido siempre. Me hablaban de los contratos que habían firmado con sellos locales, y de cómo ellos llevaban su música y les decían que con ella nunca iban a conseguir hacer dinero. Si quieres ganar dinero, tienes que hacer otras cosas. He visto cosas atroces por ahí. Lo más revelador que vi, y lo que me hizo pensar más que nunca en el poder de la música que sale de Estados Unidos, fue cuando Mike y yo fuimos a un club, a un lugar donde ponían hip hop. Entramos y había una pantalla gigante, y un montón de chavales sentados ahí, escuchando su hip hop, mirando vídeos de las estrellas y lo peor de los charts, atragantándose con esa mierda. Se lo aprendían todo, y creían que esa es la manera en la que tienen que ser las cosas, y que no funciona de otra manera. Así que para ellos es fácil: creen que deben hacer rap de esa manera y que inmediatamente ganarán un millón de dólares. Era alucinante mirar alrededor y ver a todo el mundo tan atrapado en esa movida, y creyendo que eso era el mundo real. De verdad, creían que era real. Luego hicieron una sesión de micro abierto y lo único que hacían era imitar toda la música americana mainstream que habían escuchado en la radio y en la televisión. No tenían ni idea de todo lo demás que se puede encontrar en internet, para ellos sólo existe eso y nada más.

¿Localizaste algún joven artista ugandés que intentara hacer algo a partir de sus experiencias de la vida real?

Sí, estos eran los chavales con los que pasamos más tiempo, y con los que estuvimos trabajando. Mon MC, los chicos de Luga Luga, este tipo llamado Signal MC… ese hijo de puta rapeaba duro.

"Tienen la inspiración y la creatividad, pero aún no saben cómo canalizarla"

¿Lo hacían en inglés?

No, no, rapeaban en… ellos lo llaman Lugu Lugu, imagino que es el dialecto de su tribu. Allí hay muchas tribus, tribus grandes, y esa es su tribu. Es una cuestión espinosa. Había un chaval, este Signal MC que te decía, que junto a lo que hacía Mon tenía el material más bestia. Mon es brutal, sabe cómo llevar la música. Signal me recordaba más a lo que hacía Sean P. Mi reacción fue ‘joder, no entiendo lo que está diciendo, pero suena muy bien’. No me importaba, no hacía falta comprender lo que estaba diciendo, la manera que tiene de dominar el beat ya lo dice todo. Todo. Le pasé unos cuantos beats y les sacó partido. Eso fue muy inspirador, porque hay gente en Estados Unidos que es incapaz de alucinar con este material tan crudo de la misma manera. Lo único que hacen es seguir lo que ocurre en el Reino Unido y cosas así. ¡Quieren ganar Wimbledon! [risas] ¿Sabes lo que quiero decir? Tienen la inspiración y la creatividad, pero aún no saben cómo canalizarla.

En Twitter mencionaste cosas como cortes de electricidad mientras estabas allí. ¿Cómo es la infraestructura?

Mike y yo vivíamos en un pueblo, era un sitio bastante pobre. No era exactamente el campo, sino el extrarradio de la ciudad. Era el gueto, allí donde los chavales se tienen que lavar en la puerta de su casa; se traen el agua de un pozo destartalado, ese tipo de cosas. Venían a la casa y pasaban el rato con nosotros todo el día [risas]. Me gustó mucho. Los chavales me quieren y yo quiero a esos muchachos. Yo hablo una lengua intemporal, lo que significa que hablo su misma lengua.

Los niños tienen muchas cosas que enseñarnos, a menudo nos olvidamos de eso.

Ah, tío. Allí conocí a muchos de esos chicos, chavales jóvenes que venían, se marcaban un freestyle y se salían por todos lados. Trabajamos con muchos tipos de jóvenes, de todas las edades. Nos veían caminar por el pueblo, nos preguntaban de dónde veníamos, nos sonreían y nos abrazaban, eso era lo que ocurría, aquello era amor. Los niños se acercaban a nosotros. Mirabas a tu alrededor y la gente venía, era una verdadera comunidad.

¿Cuál fue tu mejor momento personal, aquello de lo que más te acuerdas?

Todo estuvo muy bien, tío. Incluso la situación más nimia, todo fue una bendición. Las personas allí no tienen grandes fallos. El gobierno de Uganda es bastante ominoso, no hacen lo suficiente por la gente, no tanto como deberían. La corrupción está al orden del día. Y aún así me gustó. Para mí es como Estados Unidos [risas]. Siempre hay alguien en medio de todo que intenta joderte, y tienes al gobierno intentando joderte todavía más. Corrupción en los estamentos más altos y más bajos.

¿Cómo lo compararías a otras experiencias que has tenido en África?

Creo que esta fue la más real de todas. Aunque sólo sea por haber estado allí dos semanas. Recuerdo haber pasado por malos momentos en Sudáfrica, pero no fue lo mismo. Cuando estaba en Uganda todo era diferente, estaba con todo el mundo, durante dos semanas, con Mike. Dos cortes de electricidad por día, durante cuatro o cinco horas. A veces la luz no volvía en dos o tres días, a veces durante una semana entera. Oscuridad. Y la corrupción estaba, y perdón por repetirme, por todas partes. Mirabas hacia las colinas, donde estaba la ciudad, y allí había luz. Pero no en el gueto.

"Si eres un rapper de verdad, deberías ir hasta Kampala y estarte allí dos semanas, y vivir donde nosotros estuvimos"

Interesante...

Pero lo mejor de todo es que podías ver las estrellas con claridad. Así que era algo así como ‘qué es esto, qué no es, qué es lo que dicen que es, pero realmente no es’ [risas]. Intentaba tener algo de energía ahorrada en el ordenador para poder hacer cosas, seguir conectando con la gente, y luego lo cerraba. Ha sido una buena experiencia. Deberían hacer un reality show allí, con un personaje que fuera un rapper estúpido, que se cree que es rico, y llevarlo hasta allí [risas]. Si eres un rapper de verdad, deberías ir hasta Kampala y estarte allí dos semanas, y vivir donde nosotros estuvimos. Entonces clarificarás tus ideas, te pondrán un sello de aprobación en tu pasaporte del hip hop y entonces serás el tío más real del mundo.

A propósito de esto, me gustaría sacar a colación la idea de cómo África ha sido esencial en la formación de los contenidos de la cultura americana y, cómo a cambio, ésta a su vez ha sido exportada al resto del mundo, influenciando incluso a la cultura africana. ¿Cómo te sientes al ser un artista afroamericano que va a África y trabaja de esta manera?

Es lo más importante. Es lo más significativo que puedo haber hecho. Es lo que siempre había sabido, y para lo que me había estado preparando desde que tenía 14 años: aprender estas cosas y conocer la conexión entre ellas, de modo que para mí fueran como mi segunda naturaleza. No sentí ninguna emoción, no lloré. Estaba allí para hacer lo que se suponía que debía hacer. No fue una cosa emotiva al estilo Hollywood, sino que estaba allí para trabajar. Estaba allí para hacer ese rollo a lo Marcus Garvey [risas], estoy aquí, he vuelto a casa, estoy aquí para educar, eso es a lo que he venido. Es lo que tenemos que hacer con esta cuestión, del trasvase cultural América-África. Nosotros aprendimos a partir de esta educación, de este conocimiento, creamos cosas a partir de ellos y se lo devolvemos a África, y educamos a la gente porque la gente está preparada para esto. Lo que no saben todavía es qué hacer con ello.

"Voy a intentar dejar mi huella en la gente porque es así como voy a dejar algo valioso en este mundo"

O sea, revertir el flujo de información de América al resto del mundo, mostrar que hay más cosas en la vida que lo que se muestra en la televisión.

Pero eso no es lo mejor. Lo mejor del pastel es el pastel entero, no la guinda [risas]. Recuerda esto.

Más allá del EP que antes has mencionado, ¿hay algo más que tengas planeado a partir de esta experiencia?

Diría que hay cosas en preparación, pero no mucho de lo que todavía pueda hablar. Estoy pensando en ayudar a unas cuantas personas, conseguir dinero y lograr que se hagan cosas ahí fuera a ese nivel. Establecer una base de mi Afrikan Space Program allí, con artistas locales para que evolucionen, al final llegaremos hasta las estrellas [risas]. Ir más allá de las expectativas del gueto. Del gueto hasta mi gueto y hasta todos los guetos y mostrarles que todos son lugares especiales.

¿Crees que movimientos como éste, en la manera en que habéis conseguido el dinero público pero también consiguiendo financiación de particulares, puede ser una fuerza positiva para conseguir que se muevan las piezas en el actual tablero de juego cultural?

Lo que es mejor que nada es traer al tablero de juego a gente que no sabe lo que ocurre, pero necesita saberlo y conseguir que entren en acción.

¿Qué importancia tiene educar y ser educado?

Tienes que dejar una huella. Sobre todo dejar una huella en la gente, así que voy a intentar dejar mi huella en la gente porque es así como voy a dejar algo valioso en este mundo. Mostrarle cosas a la gente. Y no estoy intentando hacer esto por ninguna cuestión de vanidad.

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