Entrevistas

Cómo convertir tu ciudad en una capital del respeto por los derechos humanos

David Bondia se presenta al Síndic de Greuges de Barcelona y quiere convertir a la ciudad en un referente mundial de la defensa los derechos humanos. Estos son sus argumentos

Cuando hablamos de Derechos Humanos pensamos en cosas como la persecución a los homosexuales en Rusia o Irán, en la pena de muerte en Arabia Saudí o en el hambre en Eritrea. Sin embargo, en nuestras propias ciudades también hay derechos humanos que defender. No son derechos humanos macro. Son derechos humanos de proximidad.

¿Qué es eso?

Personas sin techo, detenidos en condiciones ilegales e impunidad policial, jóvenes que no se pueden emancipar, propietarios que no pueden pagar la luz y el gas en sus casas, personas desahuciadas, niños discriminados por raza o género en escuelas públicas, minorías atacadas —como la gitana o la homosexual—, mujeres agredidas...

Todo eso son violaciones de los derechos humanos. Y, por desgracia, todo eso forma parte de la vida de las grandes ciudades.

Dentro de las violaciones a tus derechos en el día a día también están la multa de la grúa que se lleva tu coche mal aparcado o el elevado precio del transporte público

Vale, puede que tú no seas ni gay ni migrante. Tu techo no peligra y nunca has sufrido en carne propia los abusos de los cuerpos de seguridad. Y quizás por eso sigues pensando que esto que te estamos contando no va contigo, que no tienes por qué preocuparte.

Bueno, quizás baste con ampliar el foco.

Porque dentro de las violaciones a tus derechos en el día a día también están la multa de la grúa que se lleva tu coche mal aparcado, el elevado precio del transporte público o las entradas a los museos. ¿O acaso no tienes derecho a la movilidad, derecho a que la administración no abuse de ti o derecho universal a la cultura?

Esto es lo que pretende transmitir —y arreglar— David Bondia, que este viernes presenta su candidatura al Síndic de Greuges de Barcelona.

Harvey Dent en Barcelona

Antes de seguir adelante, la figura del Síndic de Greuges merece una explicación. Su conocimiento es inversamente proporcional a su importancia.

En la tradición catalana, el Síndic es una especie de Defensor del Pueblo, o defensor de las personas. Alguien que, sin afiliación política, se encarga de recoger las quejas —greuges o agravios— de los ciudadanos para presentarlas a las autoridades y mediar en la búsqueda de soluciones.  

En la votación para la elección del nuevo Síndic de Greuges, que concluye este viernes, pueden participar todas las personas empadronadas en Barcelona. Pero Bondia solo tiene 1.542 votos. No porque nadie le haga caso: la candidatura más votada, de momento, apenas cuenta con 1.654 votos.

A pesar de todo, Bondia viene con una revolución. Es consciente del potencial de una institución apenas conocida. Hasta ahora se ha limitado a presentar informes esporádicos sobre problemáticas presentadas por los vecinos. Pero Bondia quiere más. Quiere ser el baluarte de los derechos humanos en la ciudad, una especie de fiscal de Gotham que arroje luz sobre las problemáticas de los que peor lo pasan.

No podemos limitarnos a presentar las quejas de los ciudadanos porque hay ciudadanos que no tienen esa capacidad de quejarse. Hay que actuar de oficio

“No podemos limitarnos a presentar las quejas de los ciudadanos porque hay ciudadanos que no tienen esa capacidad de quejarse. El colectivo de inmigrantes de Bangladesh o los vendedores del 'top manta' no tienen a quién acudir y ni siquiera saben que el Síndic de Greuges debería defender sus derechos. Por eso, además de actuar con el sentir de la ciudadanía, actuaremos de oficio”, asegura.

No podemos consentir que haya concejales que se nieguen a casar a personas del mismo sexo, ni que se discrimine a niños inmigrantes en las escuelas, o que la desigualdad entre barrios aumente cada día más”, añade.

En definitiva, Bondia quiere convertir a esta capital del Mediterráneo en la capital mundial de la lucha y respeto por los derechos humanos.

Una ciudad intercultural, con convivencia entre personas extranjeras y locales, con transporte público barato, acceso a la cultura, expansión de los espacios públicos, que respeta y potencia la diversidad y, sobre todo, que no permite que los derechos de nadie se pisoteen.

En eso lleva trabajando el ciudadano Bondia desde hace casi dos décadas.

Doctor en Derecho y profesor titular de Derecho internacional público de la Universidad de Barcelona, Bondia es el actual presidente del Presidente del Instituto de Derechos Humanos de Cataluña. Ha formado parte de varios grupos de trabajo del Euro-Mediterranean Human Rights Network. Ha participado como experto en varias misiones internacionales con la UE, el Consejo de Europa o la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo. Y también ha estado vinculado, desde sus orígenes (allá por 1998), a la redacción y aplicación de la Carta Europea de Salvaguarda de los Derechos Humanos en la Ciudad de Barcelona. No es ningún recién llegado.

El soñador realista

Bondia podría sonar ambicioso, un soñador. Más cuando su actuación, si gana, no podrá ir más allá de presentar informes. Sin embargo, el poder de estos informes es brutal: un informe del Síndic de Greuges de Cataluña consiguió que la policía antidisturbios dejase de usar pelotas de goma.

“Estos informes tienen un peso moral importante. Y sobre todo son informes que no dependen del Gobierno de turno en la ciudad. Los períodos de la Sindicatura son diferentes a los de las legislaturas. Por lo que podríamos tener la capacidad de influir en todo tipo de gobiernos”, comenta.

Muchas de las problemáticas que centran el programa de Bondia han sido puestas en valor por el actual gobierno de Ada Colau. La llegada de la alcaldesa ha vuelto a poner sobre la mesa debates que habían sido silenciados durante años.

¿Tiene sentido que la policía local tenga un cuerpo de antidisturbios cuando esa función, en caso de que sea necesaria, ya la cumple la policía autonómica?

En este sentido, Bondia no pretende suplantar la actuación del Ayuntamiento. Quiere reforzarla y ser una especie de órgano de vigilancia. Al mismo tiempo, espera obtener la ayuda del poder ejecutivo y legislativo para transformar el rostro de la ciudad.

“Barcelona siempre ha tenido fama de ser una de las ciudades más progresistas de Europa. Pero hay que poner esa imagen en práctica, y siempre hay cosas que mejorar”, dice.

Pero, ¿cómo conseguir todo esto? ¿Con informes?

Todos queremos una ciudad con todas las aceras acondicionadas para que las personas con capacidades especiales puedan moverse. O bajar el precio del transporte público. Pero la respuesta siempre es que, si no se hace, es porque no hay dinero.

Bondia lo tiene claro: “La implantación de las políticas públicas tiene que ser en función de la necesidad, no del coste”.

Reconoce que los recursos son limitados, pero que el Síndic debería recomendar que se redistribuyeran: “¿Tiene sentido que la policía local tenga un cuerpo de antidisturbios cuando esa función, en caso de que sea necesaria, ya la cumple la policía autonómica? Destinemos ese presupuesto para escuelas, o para acoger a refugiados”.

(Puedes encontrar todas las respuestas de David Bondia y de los demás candidatos en este enlace. Y si estás empadronado en Barcelona, también puedes votar por el próximo Síndic.)

La implantación de las políticas públicas tiene que ser en función de la necesidad, no del coste

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