Entrevistas

¿Puede la persona más rica ser buena persona? Una radiografía de Carlos Slim

Entre un abuelo amable con una vida interesante y alguien que no empatiza con lo que ocurre a su alrededor, de la mano de Diego Enrique Osorno

Noviembre de 2011, Acapulco. En los últimos años, el narcotráfico ha firmado la decadencia de un lugar que en su día fue parada obligada para las grandes estrellas de Hollywood. Y el exgobernador del Estado de Guerrero (donde está Acapulco), Ángel Aguirre, quiere resucitar aquellos días gloriosos. Aguirre invita a un elenco de estrellas de fama mundial para celebrar el Festival Internacional de Cine de Acapulco. Entre ellas está Sophia Loren, de 76 años. Loren es, por cierto, la obsesión particular de Carlos Slim, quien cada año se disputa con Warren Buffet y Bill Gates el puesto de hombre más rico del mundo.

Loren llega a Acapulco con las condiciones propias de una diva. Además de una cantidad millonaria de dinero para comprar su participación, su visita está plagada de detalles como un vuelo privado directo desde Ginebra para que no tenga que hacer escala en Ciudad de México. Ya en Acapulco, cumple con todos sus compromisos profesionales. Uno de ellos es una cena de gala con invitados importantes, el día 18.

En aquella cena, Ángel Aguirre se asegura de que Loren se siente al lado de Slim. Desde aquel momento surge una intensa amistad con muestras tan evidentes como la celebración del 80 cumpleaños de la actriz. Slim la invita a celebrarlo a Ciudad de México y rinde a la ciudad ante ella: le dedica una muestra de cine en la Cineteca Nacional, un homenaje a su trayectoria en el Museo Soumaya —que lleva el nombre de la mujer fallecida de Slim—, una gran fiesta con invitados como Andy García, John Voight o Forrest Withaker y un concierto ofrecido por la Orquesta Sinfónica de Minería.

La relación de Slim con el hombre que le presentó a Sophia Loren arranca unos años antes, cuando el exgobernador quiere al millonario para que ejecute un plan de revitalización urbanística de Acapulco. Slim ya lo había hecho antes en el centro histórico de la Ciudad de México con bastante éxito.

El gesto de Aguirre con Slim en aquella cena provoca que, años después, cuando el exgobernador se sitúa en el centro de la polémica por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, reciba el apoyo del magnate.

¿Es Carlos Slim buena persona?

Episodios como este muestran la enorme contradicción que supone contestar a esta pregunta: sí lo es con sus amigos, ¿pero lo es hacia la sociedad?

En esa respuesta se ha metido Diego Enrique Osorno (1980), periodista mexicano que publica en España SLIM ¿Puede uno de los hombres más ricos del mundo ser buena persona? (Debate). El libro es fruto de más de 100 entrevistas con personajes del entorno del empresario y 3 entrevistas con el propio Slim, de 7 horas de duración en conjunto.

Nosotros tenemos que hacer lo que tenemos que hacer

Hacerse rico —o hacerse más que rico, como es el caso de Slim— es un privilegio al alcance de unos pocos. Existen ejemplos de millonarios que se han enriquecido cumpliendo con sus obligaciones fiscales y sin necesidad de recurrir a negocios turbios. Pero son la minoría.

“En el mundo competitivo en el que estamos, existe el lugar común de que alguien que amase una gran fortuna tiene que ser capaz de todo”, apunta Osorno. Para empezar, por ejemplo, porque nadie se hace rico si no es con el trabajo de los demás. Por ello, la sombra de la sospecha también se extiende sobre Slim.

Sin embargo, a lo largo de la trayectoria del magnate jamás ha aflorado una sola denuncia por actividades ilícitas, explotación de los trabajadores o evasión fiscal. Todo lo que ha hecho Slim es perfectamente legal. Ahora bien, ¿es justo todo lo legal? Quizá no.

Osorno dice:

“El sistema en México funciona por el influentismo y la corrupción, por la captura política por parte de los empresarios. Ahí está el centro de la crítica a Slim. Slim hizo buena parte de su fortuna gracias al desmantelamiento del Estado donde él ocupó activos importantes y en el que además recibió un monopolio que se extendió durante 18 años. Millones de consumidores fuimos rehenes de ese servicio, si queríamos hacer una llamada solo podíamos hacerla con él”.

Slim no es un narcotraficante, pero un estudio de la OCDE habla de una pérdida de bienestar en México de 129.000 millones de dólares por la falta de regulación de sus negocios

“Eso no es ser un narcotraficante, claro, pero un estudio de la OCDE habla de una pérdida de bienestar en México de 129.000 millones de dólares por la falta de regulación de sus negocios. Hay cosas que son legales pero que son injustas. En el caso de Slim, el subdesarrollo político y la corrupción le han ayudado a ser quien es”.

Como en el discurso de muchos grandes empresarios, sin embargo, Slim defiende que su actividad genera riqueza por sí sola: empleo, inversiones, infraestructuras... En coherencia con este pensamiento, “incluso está en contra de la filantropía”, dice Osorno.

Pero a pesar de que él piense que solo genera riqueza las cifras de la pobreza en México hablan de 55 millones de personas, 11 de los cuales están en una situación extrema. Y no parece que la situación revierta.

Osorno ha inquirido a Slim con las problemáticas que atraviesa su país. Le preguntó por Aguirre y Ayotzinapa. Le preguntó por el narcotráfico y le preguntó también por la pobreza. Cuando Osorno le preguntó por qué no se había pronunciado sobre el caso de Ayotzinapa, Slim se limitó a contestar:  

“Nosotros tenemos que hacer lo que tenemos que hacer”.

“Esa respuesta es sintomática —dice Osorno—, quiso decir que el mundo económico va en su tren velozmente y cualquier cosa que ocurra alrededor no es importante”.

El mayor capitalista del mundo es amigo de Fidel Castro

El relato de Osorno sobre Slim puede sugerir dos cosas. La primera es que Slim sea una persona que no tiene ningún contacto con la realidad; la segunda es que tenga poca empatía. La primera premisa es completamente falsa. “Mientras otros millonarios están en otro planeta, Slim es posiblemente la persona mejor informada del país”, dice Osorno.

Sin embargo, Slim ha logrado contener la animadversión natural a alguien con una fortuna que tardaría 220 años en gastar a razón de 1 millón al día mientras en su país 11 millones de personas se mueren de hambre. Slim cae bien. Según cuenta Osorno, lo ha hecho con una personalidad austera, pragmática, trabajadora, dicharachera, discreta, poco polémica y terriblemente ecuánime.

Si no fuera por el conflicto que genera pensar que él tenga semejante fortuna en un país tan pobre, Slim sería un gran tipo, como el abuelo con el que da gusto hablar porque tiene una gran experiencia

Tan ecuánime que solo así se entiende que el expresidente de la Reserva Federal de EEUU Alan Greenspan y el presidente de la Cuba comunista Fidel Castro se hayan deshecho en elogios públicos hacia el millonario.

“Si no fuera por el conflicto que genera pensar que él tenga semejante fortuna en un país tan pobre, Slim sería un gran tipo, como el abuelo con el que da gusto hablar porque tiene una gran experiencia y una vida apasionante. Sin embargo no se puede despojar a Slim de todo lo demás”, dice el periodista.

Un sistema que propicia el narcotráfico, que propicia la figura de Slim

Slim ha sabido relacionarse siempre con el poder. Y también con la izquierda que, supuestamente, debería haber velado para que no se produjeran las injusticias del sistema capitalista. Sin embargo, la izquierda latinoamericana, en concreto la mexicana, ha sido complaciente con un sistema que ha permitido la erupción de un macrocapitalista como Slim.

El magnate se sentaba en los 60 con los intelectuales de izquierda mexicanos —la mayoría de ellos, blancos y de clase alta— y, a lo largo de su vida, ha contado con el favor de la izquierda del poder. Los únicos movimientos que han criticado al personaje han sido movimientos de izquierdas de base, como el zapatista.

“La izquierda mexicana está muy a la derecha de lo que es realmente la izquierda”, dice Osorno.

La izquierda ha incentivado al mayor capitalista de Latinoamérica

Y añade: “Mientras todos los jóvenes en los 60 hablaban de la revolución cubana, no supieron detectar que había un estudiante en Chile llamado Slim que escribía sobre el capitalismo latinoamericano. Cincuenta años después, él se yergue como su principal representante. Hoy en día la izquierda latinoamericana se ha resistido a aceptar que el capitalismo manda en cualquier país de Latinoamérica, mande la derecha o la izquierda, y además es un capitalismo de amigos. Y la izquierda ha contribuido a ello. Han incentivado al mayor capitalista de Latinoamérica”.

Mientras Slim se ha convertido en un referente para muchos sectores de México, alguien que representa con orgullo al país en la lista anual de Forbes, para muchos otros es solo la demostración del retroceso que ha vivido México en las últimas décadas: matanzas propias de una era medieval, impunidad, desaparecidos, torturados y gente cruzando la frontera o entrando en el narcotráfico para sobrevivir.

“Todo esto es fruto del mismo sistema que ha permitido que alguien como Slim amase semejante fortuna”, dice Osorno.

Al final, la respuesta a si Slim o cualquier gran rico del mundo es buena persona, queda en el lector. Los datos para formarse ese juicio ahí están.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar