Entrevistas

Plaid

Aquellos días azules

‘Plaid’ es un tipo de tela. Un material a cuadros que, normalmente, adopta la forma de una falda escocesa o de guinga. Por lo general, se utiliza para hacer pijamas estampados o bolsas para guardar el pan, con bonitos bordados, e incluso para esconder entre sus tejidos los pechos musculados de los leñadores. Dicho sea de paso, es una sustancia sin misterio. De hecho, lo más excitante que ha conseguido jamás este tejido ha sido protegernos de la visión de unos cuantos testículos escoceses.

Plaid es también el dúo electrónico formado por Andy Turner y Ed Handley, y en conjunto son un plan mucho más atractivo que una bolsa del pan. Después de separarse de Ken Downie a mediados de los 90s, con quien habían recorrido un camino sinuoso a través de las escenas techno e IDM como The Black Dog, Plaid consolidaron lo que había sido hasta ese momento un proyecto paralelo ocasional, hasta convertirlo en uno de los nombres más celebrados del catálogo de Warp. Han logrado esculpir un sonido propio, marcado por melodías celestiales en contrapunto y ritmos que rebotan como si mil bolitas de caramelo de colores brillantes cayeran sobre la gelatina más grande del mundo. Han colaborado con animadores, directores de cine y orquestas de gamelán de la isla de Java. Ah, sí, y también con Björk.

Acaban de publicar un nuevo álbum, “Scintilli”, que además estarán presentando este sábado en Barcelona, en el marco del nuevo festival de música y artes visuales MiRA!, una buena manera de comprobar cómo es su nuevo show y su material más reciente. Un material, el de Plaid, que en esencia es mucho más interesante que el material del que está hecha la tela de las faldas escocesas. Pero, de manera irónica, tal como explica Ed Handley, la banalidad de esa tela a cuadros fue lo que más les atrajo cuando se tuvieron que buscar un nombre para su proyecto musical.

“Básicamente, nos gustaba la idea de una camisa de ‘plaid’, que es una cosa mundana, aburrida, algo inane. Esa era nuestra tímida respuesta al súper-glamour de The Black Dog, que tenía tanto que ver con el ocultismo y la magia, así que era así como ‘olvidémonos de todo esto, concentrémonos en lo más normal, no te creas nada (como mucho cree en un Dios cristiano, aunque mejor si no)’. Las connotaciones ocultistas, tras un tiempo, ya no nos resultaban ingeniosas. No porque no fuéramos practicantes –tenemos un interés genuino en el tema–. Pero no de una manera oscura; hay gente que cree que hay algún tipo de magia negra, pero no es así, no existe, lo que te lleva a mejorar es sólo el espíritu de auto-superación”.

“Muchas de esas ideas son gilipolleces. De hecho, hay demasiada basura en ese rollo del ocultismo como para seguir adelante con ello, y se le han adjudicado muchas características negativas. Es un mundo muy interesante que muchos nos lo tomamos en serio, hay un montón de paganos genuinos que creen de verdad que una de las mejores maneras de vivir es desdoblándose en múltiples arquetipos. Y quizá sea así, pero al fin y al cabo acabamos por rechazar todo aquello porque no éramos creyentes al 100%”.

No hay muchos músicos que admitan practicar las artes ocultas estos días, y menos en una entrevista (a menos que sean bandas de black metal con una inclinación por incendiar iglesias), y menos aún tipos tan con los pies en el suelo y tan afables como Turner y Handley. Dan por hecho que no se espera de ellos que, por ejemplo, hablen de tomar drogas en el estudio, o hagan chistes sobre consultar el email durante los conciertos, o despreciar su último disco con el adjetivo de “disparatado”. Pero eso es exactamente lo que van a hacer.

Vuestro último disco fue “Spokes”, en 2003, tras el cual os concentrásteis sobre todo en colaboraciones audiovisuales. ¿Cómo es que os dio por tomar ese camino?

Andy Turner: La colaboración audiovisual con Bob Jaroc ( “Greedy Baby”) fue el siguiente proyecto que tomamos tras acabar aquel álbum. Su origen está en los shows en directo que estuvimos desarrollando con Bob durante cerca de ocho años. Nuestra relación se desarrolló hasta tal punto durante todo ese tiempo que tenía sentido; había ideas que estaban flotando aquí y allá, y una de las que mejor nos parecían era la de editar un DVD.

¿De verdad fue una buena idea?

Esto… No particularmente. [risas]

Ed Handley: En cuanto a ventas, definitivamente no.

Andy: Sí, no es que nos hiciera ganar dinero. Pero en lo estrictamente creativo sí lo fue. No tuvo el mismo impacto que un álbum normal. Creo que le hubiera venido bien salir también en vinilo.

Ed: Nos llevó mucho trabajo completarlo.

Andy: Fueron como tres años…

Ed: …y trabajar durante muchas horas cada día. Y cuando lo acabamos la reacción fue algo así como ‘bueno, ¿esto es todo?’.

Andy: ¿¿Sólo ocho temas??

Ed: Es decir, es un disco que me encanta, pero fue un disparate [risas].

Y luego hicisteis la banda sonora de “Tekkon Kinkreet” [una película de animación alucinante dirigida por Michael Arias. En serio, hay que verla]. ¿Fue un proceso similar?

Ed: En realidad fue mucho más fácil, porque el equipo de directores y productores era enorme.

Andy: Sí, el elemento visual estaba por completo fuera de nuestro alcance, pero teníamos acceso a los animatics a medida que iba avanzando la producción de la película y con eso puedes ir haciendo música. Con la animación está todo muy marcado, no puedes hacer edits a última hora. Luego hicimos la banda sonora de otra película del mismo director, “Heaven’s Door”, esta vez con actores reales, y el proceso fue todavía más rápido. Sí, fue mucho más fácil que ponerte a producir tú un vídeo por tu cuenta.

Ed: Hay una narrativa ahí en la que tú sólo tienes que añadir la música, no implica que tú tengas que crear una historia desde cero. El director también es músico, así que tenía una idea clara de lo que quería. Nos dio plena libertad para crear, pero con un montón de puntos de referencia –básicamente, temas nuestros de discos anteriores–, y a partir de ahí fue donde comenzamos.

Y después de todo eso, ¿qué es lo que os lleva a volver a sacar otro disco con Warp?

Andy: Bueno, estamos haciendo nueva música siempre, sobre todo para usarla en los directos.

Ed: Nos llevó el comercio, ¿sabes? Necesitábamos ganar un poco de dinero.

Andy: Y más allá de eso, también estamos desarrollando ideas musicales en todo momento. Hay algo que nos sujeta a esa rutina, la de no querer detenernos en la creación durante demasiado tiempo.

Ed: En cierto modo, es lo que más nos estimula, porque es algo personal que para nosotros tiene todo el significado. Las colaboraciones son geniales porque aprendes cosas nuevas y exploras otros caminos, pero un álbum es esta cosa autoindulgente, este festival onanista, en cierto modo, que siempre te va a propiciar todo el placer que necesitas porque no hay nadie más de por medio que tú mismo con tus ideas.

Andy: [risas] Yo a veces tengo influencias externas cuando me dedico al onanismo, pero eso ya es una cuestión más de tipo personal.

Ed: Así que esa es la razón, y también que hacía mucho tiempo que no editábamos nada en Warp. Se echa de menos la excitación de completar un trabajo y tener un pequeño producto en la calle.

Hablando de productos y objetos, ¿me podéis decir algo sobre el “CD mausoleo ejecutivo”? [así es como la nota de prensa describe el packaging de “Scintilli”; va por separado y se puede transformar en un modelo 3D en el que el mismo CD se convierte en una pieza central]. ¿Cuál es la idea, que los CDs se han convertido en objetos innecesarios para escuchar música y sólo sirven para adornar?

Ed: Sí. Cuando me compro un CD, casi siempre lo que hago es pasarlo al ordenador y escucho siempre una versión digital. Entonces es cuando tienes en casa un objeto que no necesitas.

Se queda ahí para que los que fisgones que vienen a tu casa se entretengan mirando lo que tienes.

Ed: Sí, pero para eso ya tienes la caja. El CD de verdad, con él puedes hacer lo que quieras con él.

(Andy toma prestada una copia de “Scintilli” de la oficina de Warp y construye la pieza con dos trozos de cartón y el CD en medio. “¡Prepárate para una sorpresa!”, exclama mientras introduce el CD en su justo lugar).

¡Es chulísimo!

Ed: ¡Un objeto perfectamente inútil!

Parece que últimamente se intenta ser más experimental con el packaging de los discos. Es una de las pocas excusas que quedan para convencer a la gente de que vale la pena pagar por un CD.

Andy: Sí, creo que se ha desarrollado un poco más de interés por esto. Quiero decir que yo me considero coleccionista, y me encantaba tener aquellos discos de Parliament en los que salían tantas figuras en la portada. No altera el contenido musical, lógicamente, pero añade algo a la experiencia en cierto modo. Sí, me siento feliz siendo así [risas].

Y si le pones una cuerda en la parte de arriba, se convierte en un objeto móvil…

Andy: Sí, para colgarlo en la cuna del bebé. Un amigo mío se lo ha puesto a su hijo pequeño y va a pasarnos fotos del niño jugando con el CD.

Con “Scintilli” lo primero que pensé al escucharlo es que inmediatamente suena a Plaid. ¿Eso es un cumplido para vosotros, o un motivo de preocupación?

Ed: Creo que tener un estilo que la gente pueda reconocer es probablemente algo bueno. Se puede ser abiertamente ecléctico y cambiar en cada álbum. Cuando yo escucho a otros artistas que son capaces de hacer eso lo encuentro excitante, pero no creo que sea lo que nos interesa. Buscamos la progresión sutil, intentar hacer la versión perfecta de lo que ya hemos hecho antes. No considero algo malo tener un estilo reconocible.

Andy: Para mí es algo mucho mejor que pensar “oh, este es su disco dubstep y este es su disco garage”. Preferimos estar en nuestro propio terreno, tomando ideas de aquí y de allá, antes que pertenecer a un género muy evidente.

Ed: Tampoco creo que pudiéramos hacerlo, así que no tenemos elección.

Es gracioso que mencionéis el dubstep. Un amigo os vio tocar en Brainfeeder hace dos años y me dijo que vuestro show estaba muy orientado al dubstep.

Andy: No sé, solemos tocar material más duro en los directos, comparado con el material de los discos, y forzamos los beats y el bajo mucho más porque es lo adecuado para el entorno. Pero no, no era nuestra verdadera intención.

Ed: Algo de influencia hemos tenido que recibir del dubstep, es algo irresistible la primera vez que lo escuchas. Es una evolución de este tipo de sonido tan de Londres, el drum’n’bass, el jungle y el garage todo en una misma cosa. Tenemos unos cuantos temas para el directo que nunca hemos editado, pero que funcionan bien en esas coordenadas.

¿Hay algún plan de editar un disco en directo en algún momento?

Andy: Tenemos planes muy poco desarrollados aún que consistirían en grabar los conciertos de esta gira, porque los temas estarán deconstruidos, y lo vamos a hacer más duro, más adecuado para entornos de club. Depende de cómo salgan las grabaciones, igual hacemos una versión limitada de “Scintilli” en directo. Pero va a ser una idea flexible, bastante tenemos ya con ocuparnos de que salgan bien unos 35 conciertos.

Ed: Queremos que el directo sea más vívido. Hace bastante tiempo que no tocamos, y se va a hacer aburrido si cada noche hacemos lo mismo. Al menos para nosotros.

Andy: Sí, y los temas están muy estructurados, así que si vamos a tocarlos como ya están en el disco, el directo se nos va a hacer tedioso. Si saliéramos ahí fuera a tocar la guitarra entonces no pasaría nada, pero nosotros tenemos que participar de la noche, interactuar con el público, porque si no no tendría sentido estar ahí.

Ed: Intentamos encontrar el equilibrio correcto entre lo que la gente puede reconocer como nuestro y lo que nosotros queremos hacer, y también manteniendo el interés para que la experiencia en directo valga la pena. No es una presentación del álbum, es otra cosa.

Parece ser que éste es un problema que se le presenta a muchos músicos electrónicos: la música se crea de una manera muy cuidadosa que luego cuesta llevar al directo y que parezca espontánea. ¿Como afrontáis ese problema?

Ed: Para nosotros se reduce a un juicio estético. Si suena bien, entonces le damos al play. Sólo eso, ¿sabes? En última instancia tiene que sonar bien y tiene que funcionar en su lugar. Nos da igual si alguien toca muchos botones, ¿a quién le importa eso? No impresionas a nadie. Queda bien a la vista lo de llevar muchos controladores y moverse tanto, pero a lo que vas es a escuchar música y, sin puedes, también a bailar. Es algo contra lo que luchamos mucho en los 90s, contra esa idea de que la calidad de tu actuación se mide según la cantidad de movimiento físico que realices o por la cantidad de improvisación que aportes. Eso sirve para el jazz, ¿pero para la música electrónica? Somos como los DJs, hay un cierto nivel de improvisación, pero si suena a mierda, suena a mierda. No importa la complejidad técnica de tu equipo mientras todo suene bien.

¿Es esa la razón por la que empezásteis a colaborar con Bob Jaroc? ¿Para darle al público algo en lo que centrar la mirada y no quedarse sentados pensado ‘qué estarán haciendo estos tipos ahí arriba’?

Andy: Sí, sin duda. Después de tantos comentarios de gente diciendo ‘oh, seguro que estábais mirando el correo’ llega un momento en el que te planteas que a la gente hay que darle algo para mirar.

Ed: Ha llegado un punto en el que mirábamos el email de verdad.

Andy: [risas] Sí, sí, básicamente trabajábamos con loops y Ableton, más que con Logic, así que a nivel estructural el directo tiene más amplitud. Nos ha gustado siempre fracturar las mezclas para poder hacer mucho trabajo desde la mesa, con efectos, como si estuviéramos haciendo dub. Pero al final tienes que conseguir que el conjunto suene sólido, no demasiado enrevesado. Suena tal como somos.

Antes decíais que preferís perfeccionar vuestro sonido antes que reinventarlo todo el tiempo. En la nota de prensa se dice que le dedicásteis un día a cada uno de los temas de “Scintilli”. Si lo primero es verdad, entonces lo segundo no puede ser cierto…

Andy: No, eso era un chiste. Básicamente, empezamos con las primeras ideas para el álbum hace tres años, e hicimos unos cálculos tras el mastering. La ecuación nos decía que cada beat nos había llevado un día, pero entre medio de esos días hubo muchos otros en los que no trabajamos en los ritmos.

Hay una historia apócrifa que afirma que, hace años, grababais música puestos de ácido, y que uno de vosotros estaba tumbado en el suelo, en medio de un viaje, mientras el otro estaba ante el ordenador haciendo sonidos. ¿Hay algo de verdad?

Ed: Bueno, un poco. Hay veces en que hemos hecho música bajo los efectos de las drogas, pero no sale casi nada bueno.

Andy: Es al día siguiente, cuando te estás recuperando y se han pasado los efectos…

Ed: Sí, cuando aún quedan restos en tu riego sanguíneo pero ya has recuperado la capacidad motriz [risas]. El LSD no sirve para hacer música, a menos que vivas en la costa oeste y toques los bongos.

Cincuenta años atrás…

Ed: [risas] Ordenadores y LSD hacen una mezcla muy extraña.

Andy: Es bastante confusa. Supongo que si alguna vez ha funcionado ha sido porque ya estabas trabajando en algo y la influencia comienza mientras ya tienes avanzado el trabajo. Pero entonces es cuando empiezan a desaparecer compases y no, no queda bien. No sale nada bueno.

Ed: Imagino que es uno de esos mitos sobre la droga y la música, ese que dice que la mejor música se hizo bajo la influencia de alguna mierda. Y luego, cuando le preguntas a los artistas, todos dicen lo mismo: ‘no, ni por asomo, tío’.

Andy: ‘¡Nunca nos permitieron colar drogas en el estudio!’

Supongo que es porque mucha gente escucha escucha música bajo los efectos de algo e interpretan que se tuvo que hacer la música en un estado mental similar.

Ed: Si, sí. Obviamente, fumábamos mucho.

Andy: …pero esto tampoco es una gran ventaja.

Ed: No. Lo mejor es estar sobrio.

En cuanto a trabajar con ordenadores, ¿es muy difícil componer a dúo? ¿Hacéis la música juntos, o hay algún tipo de división del trabajo?

Andy: Es más una cuestión de confianza. Hemos intentado trabajar a la vez algunas veces, pero no puedes improvisar porque los secuenciadores te obligan a seguir una rutina de parar y volver a empezar. Se hace imposible trabajar a la vez.

Ed: Necesitas momentos de aislamiento, porque si hay alguien que está controlando la pantalla y está parando y empezando sonidos, esto condiciona el proceso. Hay alguien que tiene que liderar. No se ha inventado un sistema según el cual se pueda compartir el liderazgo. Puedes consensuar los márgenes de acción, y se puede tocar en tiempo real un poco, pero si lo que quieres es fijar una estructura detallada, entonces no tiene ningún sentido hacerlo de esa manera.

Andy: Puedes tener sintes y trabajar en un patrón, o en un riff, pero en cierto punto alguien tiene que decir ‘páralo, que ahora quiero probar cómo funciona este otro riff’.

(Justo en este momento, que parecía ser el más adecuado, un empleado de Warp saca a Andy de la sala y se lo lleva a otro lado para atender otras labores, así que nadie piense que de repente se ha cerrado en banda y se ha negado a hablar durante el resto de la entrevista).

Con la ayuda de la tecnología, supongo que no es necesario ni siquiera vivir en el mismo país para hacer música juntos. Sin embargo, da la impresión de que preferís compartir el mismo espacio cuando hacéis música.

Ed: Compartir un espacio hace que la comunicación sea más fácil, sobre todo cuando se trata de expresar qué es lo que falta por hacer. Tienes herramientas como Skype, pero si tienes a alguien al lado, es mucho mejor. Ocurre con cualquier comunicación, ¿no? De todos modos, en abril me fui a vivir a Suffolk, así que tenemos que empezar a negociar una nueva manera de trabajar. Lo cual está bien, posiblemente cada uno hagamos nuestra música y nos reunamos para colaborar. Se trata de organizarse mejor, nada más.

Mi tema favorito de Plaid es “Eyen’”, y en la recopilación “Warp20” de hace un par de años fue elegido por los fans como uno de los diez mejores tracks de la historia del sello, lo que significa que mucha gente opina igual. ¿Recuerdas cómo fue su creación?

Sí, hicimos una buena parte del tema con Benet Walsh, que también está en el disco. Recuerdo que estábamos con él en el estudio, sentados, él con su guitarra. Al tener un instrumento, eso hace posible trabajar al mismo tiempo. La canción surgió como salen muchas canciones: alguien viene con un riff, lo desarrollas, lo tocas todo a la vez y luego lo grabas para ver cómo se puede desarrollar después. Benet nos tocó ese riff y luego nosotros añadimos nuestra parte.

¿Os parece que esa es una buena manera de romper vuestra rutina compositiva, la de introducir un tercer miembro en el equipo?

No lo haría en todos los temas, pero supongo que sí. En parte porque ya tenemos una historia de trabajo con él y sigue enviándonos ideas.

¡No os lo podéis quitar de encima!

[risas] No, no, nos llevamos muy bien con él y el proceso es muy gratificante. Tienes razón, Benet nos saca a Andy y a mí de nuestro aislamiento.

En el pasado también habéis tenido colaboraciones vocales. ¿Había algún tipo de idea en ese sentido para este álbum?

No. Porque cuando usamos síntesis vocal, lo hacemos con la idea de ver qué podemos hacer con eso, más como una curiosidad técnica, para comprobar cómo puede sonar. La respuesta suele ser… que suena raro. Si no le prestas mucha atención, parece una voz humana, es una idea que al principio nos resultaba atractiva, porque tienes ahí una especie de voz extraña, alienada, que es emocional aunque provenga de una máquina. Tiene una cualidad fantasmal que me gusta de verdad. Nos gustaría hacer más cosas con voces porque es un instrumento versátil. Sería genial trabajar con algún/a cantante de gran técnica y utilizarle como si fuera un sintetizar. Pero aún no hemos encontrado a nadie que quiera prestarse a ese tipo de sumisión.

¿Qué me dices del tema “Unbank”? La primera vez que lo escuché, parecía como fuera la sintonía de “Doctor Who”.

¡No eres el primero que lo dice! Sí, ahora, lógicamente, me doy cuenta, pero cuando hicimos ese tema ni reparamos en que se parecía a la música de ‘Doctor Who’. Se parece en la estructura, es muy familiar, el ritmo suave y ese sonido tan grave. De todos modos, no nos dimos cuenta. Nos gusta ‘Doctor Who’.

Esta pregunta os la van a hacer mucho y va a ser un coñazo, ¿lo sabes, no?

¡Ya lo está siendo! Voy a tener que pensarme una respuesta buena, enrevesada, pero ahora mismo no se me ocurre ninguna.

¿Eres fan?

Solía serlo, un amigo mío con el que fui al colegio es un absoluto freak de ‘Doctor Who’. Siempre dice cosas del tipo ‘las nuevas series no son tan buenas como las primeras’, y siempre le doy la razón. Cuando veías ‘Doctor Who’ por primera vez, de niño, era alucinante, pero ahora estamos tan expuestos a la ciencia-ficción, a los viajes en el tiempo y todo eso que el tema ha perdido mucho de su encanto. ‘Doctor Who’ no tiene tanto presupuesto como otras series de TV, pero aún así, se deja ver.

Quizá “Unbank” sea vuestra puerta de entrada para participar algún día en la banda sonora.

¡Ojalá!

Fuisteis miembros de Warp durante la época que mucha gente considera su edad dorada, a mediados de los 90s. Cualquiera al que le haya interesado el sello seguro que tiene, al menos, un disco de Plaid. De todos modos, Warp ha evolucionado y ha diversificado su sonido desde entonces. ¿Os sentís todavía conectados con el sello?

No lo sé bien. Para nosotros esto es nuestra vida, así que no puedo llegar a saber cuál es la percepción correcta. A juzgar por algunas de las respuestas que hemos recibido del álbum, hay gente que opina que nos habíamos estado escondiendo en alguna especie de agujero oscuro y profundo. Y no es así como nos sentimos…

Habéis seguido trabajando en vuestra música cada día…

Sí, y hemos hecho dos películas y colaboraciones con formaciones de gamelan y, en fin, hemos estado siempre ocupados. No hemos estado únicamente haciendo un álbum. Así que sí, se puede pensar que hay una desconexión con Warp, porque hace mucho tiempo que no les hemos dado un álbum. Han estado años y años pidiéndonos un álbum y nosotros estábamos con otra historia. Cuando nos decidimos a hacer el LP incluso nos llegamos a preguntar si entonces lo querrían. Y resulta que sí, que lo querían, y eso nos hizo felices. Fue una pequeña sorpresa, porque creía que nos dirían ‘vale, otro álbum de Plaid, ¿vosotros no erais esos que hacían discos en los 90s?’. Pero no, para ellos también ha sido una sorpresa. Han pasado ocho años… ha sido un shock, porque en todo este tiempo nos han sucedido muchas cosas.

Pero, como tú dices, la percepción desde fuera es diferente. ¿Crees que la manera en que la tecnología está cambiando la manera de consumir música va a hacer que se deje de entender cada disco como uno de esos puntos de referencia que nos permiten medir el paso del tiempo?

No sabría qué decirte, porque a veces piensas que sacar álbumes ya no tiene futuro, pero entonces es cuando alguien saca un gran disco y te das cuenta de que no, que no es así, que el formato álbum no está muerto. La idea de condensar música en una sola unidad, en una obra coherente que te lleva de viaje a algún lugar, no creo que nos la podamos quitar de encima, porque el impacto de una sola canción para mucha gente sigue siendo insuficiente. A mí me gusta escuchar álbumes completos porque es una inmersión, y aprendes cosas sobre el artista. Toda esta cosa digital lo que ha cambiado es el énfasis, no tanto cómo haces la música, sino cómo vendes la música. Era todo muy diferente cuando sacamos “Spokes”. Ahora es ‘sí, te van a piratear, casi todo el mundo se va a bajar el disco, pero no te preocupes por eso, no hay nada que podamos hacer para evitarlo, hay que seguir adelante y hacer todo lo posible por promocionarlo y que la gente sea consciente de que estás ahí’. No se puede hacer nada, sólo hay que saber encajar en la corriente actual de los tiempos. La ventaja es que eso hace mucho más fácil para todo el mundo editar música. No necesitas que te fiche un sello, lo puedes hacer por tu cuenta, y lo puedes hacer muy bien, además. Y conseguir que te escuchen. Eso es lo mejor que ha ocurrido. Luego hay otros aspectos muy molestos, porque al fin y al cabo el resumen de la situación es que la gente está consiguiendo tus cosas gratis.

Imagino que los aspectos positivos no os son tan útiles, porque ya tenéis hecha una base de fans, mientras que los aspectos negativos sí que os afectan de verdad.

Sí, aunque no soy tan egoísta, en verdad. Conozco el valor de la música porque a mí me ha ayudado mucho, así que todo lo que sea bueno para la música, también es bueno para mí.

Por suerte para nosotros, todo lo que sea bueno para Plaid suele ser también bueno para la música. Si eres de los que se han acordado de las madres de los señores de Warp por editar discos de Mäximo Park y Grizzly Bear, entonces puedes considerar “Scintilli” como un regreso a aquellos días azules. Para el resto, he aquí un avance en el camino que lleva a un disco de Plaid perfecto. Oh, y también un estupendo objeto móvil para colgar en las cunas de los bebés.

Crítica: " Scintilli"

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