Entrevistas

Peter Broderick

Divina humanidad

Peter BroderickAsiduo colaborador en discos de otros hasta hace bien poco, Peter Broderick parece definitivamente lanzado a desenredar la madeja de un talento propio que con cada giro de muñeca, con cada trama impresionista de piano y teclas, con cada arpegio que cuelga de sus dedos y sus venas se va revelando más y más grande, siempre en arco ascendente, apuntando hacia dominios para los que parece no haber límites. Talento polifacético crecido al calor de la América de provincias, el joven Broderick parece haber encontrado en la vieja Europa el clima necesario para seguir desarrollándose, explorando con naturalidad y primor las trazas de una curiosidad de foco múltiple que le lleva a saltar sin sofocos desde la partitura de acento neoclásico y evocación cinematográfica al rascado de un folk-pop de cámara de formas sutiles y aliento brumoso que se pasea por las cuerdas de la tradición norteamericana sin deber de más a nadie.

Acudan a nuestro ingenio buscador -el de PlayGround- si necesitan de pistas sobre sus más recientes trabajos, rebosantes de sugerencias, de fragilidades y hechizos, y lean lo que un Peter Broderick encantador nos contó un buen día de octubre recién llegado a Copenhage desde su base de operaciones provisoria en el Berlín del zwischenmiete.

Me gustaría comenzar preguntándote por los que son tus más antiguos recuerdos de cariz musical... O mejor aún, me gustaría enfrentar esas primeras memorias con las que son tus impresiones más recientes en relación a esos mismos respectos. Empecemos por el pasado. ¿Cuáles son tus primeras memorias musicales?

Mis primeros recuerdos me muestran imágenes de mis padres escuchando discos y tocando música. Siempre había música en mi casa. Cuando aún era un crío me hice con una grabadora de cassettes, y comencé a comprar y a regrabar cintas hasta que, algo después, comencé a aprender a tocar el violín. La música siempre ha sido algo completamente deleitoso y absolutamente inocente para mí. Creo que la importancia que la música tiene en la vida de la mayoría de la gente suele ir incrementándose a medida que las personas se hacen mayores, más incluso en el caso de los músicos... Yo puedo decir sin temor a equivocarme que la música ocupa a día de hoy el 75% de mi cerebro, ¡y eso es probablemente demasiado! La música lo es todo para mí en este momento. Puedo relacionar casi cualquier cosa con la música, y puedo relacionar la música con casi cualquier cosa. Hasta donde la memoria alcanza, ¿cuándo fue fue la primera vez que te sentiste afectado de forma especial por algún tipo de evento musical o fenómeno sonoro?

Según intento responder a tú pregunta me doy cuenta de que eso es algo muy difícil de recordar para mí. No hay un único evento musical que me venga a la memoria, pero creo que hay muchas posibilidades de que ese primer momento especial tenga que ver con escuchar a mi padre tocar la guitarra. Hay una canción que él escribió a la guitarra de cuerdas de nailon que solía tocar una y otra vez cuando yo aún era pequeño. Esa es una canción que siempre me ha sonado especial. Incluso cuando llegué a la adolescencia y lo único que me gustaba escuchar era música áspera y ruidosa, aún entonces aquella canción me seguía pareciendo hermosa. Quizás fuera la calidez y la suavidad del sonido de las cuerdas de nailon resonando con aquella progresión de acordes tranquilos, simples y melancólicos... Fuera lo que fuere, aquella canción siempre me procuró una suerte de consuelo relacionado con sentirme a salvo en casa. A día de hoy toco esa canción en casi todos mis conciertos. No puedo tocarla tan bien como él, así que ¡mi versión es diferente!

Y saltando hasta el tiempo presente, cuál sería la pieza musical (o el fenómeno sonoro) que más recientemente te ha causado algún tipo de impresión profunda o te ha llamado la atención de forma especial.

La verdad es que estos últimos meses me los he pasado grabando mi nuevo álbum, así que mayormente es eso lo que he escuchado, mis nuevas canciones, todo el tiempo trabajando en ellas sin descanso. Así que, en cierto modo, se podría decir que estoy buscando la manera de conseguir que mi nueva música me cause ese tipo de impresión profunda o despierte en mí esa curiosidad de la que hablas. En el ámbito sonoro en general, esa sería entonces la última vez que algo ha captado mi atención de forma especial. Aparte de eso, la otra cosa que reclama la mayor parte de mi atención auditiva estos días es la música de Arthur Russell. Hace sólo algunos meses que supe de él, y estoy absolutamente enamorado de su música. Creo que podría seguir escuchando esas canciones durante el resto de mi vida sin llegar a cansarme nunca.

Volvamos de nuevo la vista atrás. Cuál es el instrumento en el que recuerdas haber puesto tus manos de forma libre y voluntaria por primera vez, y cuáles fueron tus reacciones o emociones ante los primeros eventos sonoros producidos por tu acción sobre aquel instrumento.

Creo que el primer instrumento que toqué fue una guitarra que siempre andaba por casa, aunque no estoy cien por cien seguro, quizás fuera un piano... Probablemente haya gastado más de una hora tocando cascabeles, timbres y ese tipo de objetos concebidos como juguetes cuando era un niño, pero es algo que no logro recordar... Estoy seguro de que la primera vez que me acerqué a tocar la guitarra o el piano la cosa sonó... ¡muy torpe y vacilante!

Y aparte de los que se han convertido en tus herramientas habituales de trabajo (estoy pensando en el piano, en el violín, en la guitarra o en el banjo), ¿cuál es el último nuevo instrumento en el que has puesto tus manos por primera vez?

Bueno, estos últimos meses he estado viviendo en un apartamento subarrendado en Berlín, y la chica que allí vive normalmente tenía un violonchelo en la casa. Pregunté si podía usarlo y me dijo que sí. Ya había tocado algo el chelo de cuando en cuando, porque tanto mi hermana como mi madre lo tocan, así que siempre he tenido un chelo a mano. En realidad nunca he sido capaz de tocarlo bien, pero siempre me ha encantado intentarlo, trastear con él. Así que alegremente me puse a intentar tocar este chelo. Normalmente, con el chelo desisto muy pronto de hacer progresos, y me pongo inmediatamente a tocar cosas muy sencillas. Si lo que toco es algo muy simple, mis oídos pueden quedar suficientemente satisfechos. La verdad es que grabé una par de canciones mientras estaba en esa casa en las que hay lugar para mi forma rasposa de tocar el chelo. De regreso al pasado. ¿El primer disco que llegó a obsesionarte?

Pienso que ese primer disco obsesionante tuvo que ser el “Nevermind” de Nirvana.

¿El último disco que te ha causado algún tipo de impresión por razón de alguna cuestión de naturaleza técnica?

Arthur Russell.

¿Y el último disco que te ha emocionado?

Lo mismo. Arthur Russell.

Siento curiosidad por saber si la visión musical de Peter Broderick se apoyó en el pasado en algún tipo de idea o noción preconcebida que el paso del tiempo, la práctica o la experiencia han acabado demostrando equivocada, ya sea en el sentido de “no cierta” o en el de “irrealizable”.

Mi forma de escuchar y entender la música y el sonido está constantemente evolucionando... Para mí es extraño pensar de manera retrospectiva, comparar la forma en la que solía escuchar o entender la música cuando empecé con la manera en que la escucho ahora, porque es algo que siempre está evolucionando.

Y si abordamos esa misma cuestión pero en sentido contrario, ¿qué sería lo más valioso entre todo lo que has aprendido en estos últimos años de intensa actividad musical? En otras palabras: imagina que mañana, tras uno de tus conciertos, un chaval que te recuerda a ti mismo hace cosa de siete años se acerca a pasarte un CD-R con sus primeras canciones y a pedirte de paso un único consejo derivado de tu experiencia como músico que se gana la vida con su música. ¿Qué le dirías? Ya sabes, learn and pass it on ... aunque en este caso la sabiduría provenga de alguien ¡tan increíblemente joven como tú!

Creo que le diría que tuviera paciencia, y que intentara sacar el máximo provecho de todo tipo de experiencias. Si hay algo que he aprendido durante estos últimos años es que los instantes más gratificantes en esta vida agitada y frenética que llevamos surgen a menudo en los momentos más inesperados.

A pesar de tu juventud, y al hilo de ese constante proceso de evolución y transformación al que te referías hace sólo un instante, me gustaría preguntarte si reconoces algún tipo de entusiasmo, algún tipo de sensación o emoción derivada del acto de hacer música que hayas perdido con el tiempo y te gustaría poder recuperar.

Seguro. Creo que como músico he acabado siendo muy analítico con la música, es algo que ha sucedido sin ser yo plenamente consciente de ello. A veces tienes que esforzarte para recordar que de cuando en cuando conviene “apagar” el cerebro, sí es que puedes, para ver como siente la música.

Ya que es esta la primera vez que en PlayGround tenemos ocasión de “conversar” contigo, pongamos las cosas un poco en perspectiva... Por lo que tengo entendido, antes de acabar mudándote a Portland, creciste en entornos semi-rurales, primero en los campos de Maine, luego en Oregón...

Nací en Searsmont, Maine, pero la verdad es que no recuerdo casi nada de aquel lugar. Mi familia decidió cruzar el país hasta Oregón cuando yo tenía cosa de 3 o 4 años. Crecí en un pequeña población (menos de 2000 habitantes) llamada Carlton, situada a una hora de camino de Portland en dirección suroeste. Hasta qué punto crees que aquellos entornos (entendiendo por entorno tanto los escenarios físicos en los que trascurrió tu infancia, como aquellas personas que estuvieron más cerca de ti) han tenido algún tipo de influencia en tu visión musical.

Bueno, es cierto que no había gran cosa que hacer en el lugar en el que crecí, así que siempre me sentí afortunado por tener la música a mi lado. Tuve mucha suerte de tener desde muy temprano una increíble profesora de música, Liz Crockett. Ella se ocupaba de enseñar en la escuela y en la orquesta, y además daba lecciones particulares de violín, viola, violonchelo y piano. La verdad es que sin ella, crecer en Carlton hubiera sido una experiencia del todo diferente.

¿Cuándo empezaste entonces a estudiar música de forma más o menos seria? Me has comentado que empezaste aprendiendo a tocar el violín, ¿cierto?

Comencé con el violín cuando tenía algo así como 7 años. Había visto a algunos chicos tocar el violín durante una exhibición que hicieron en el colegio, y estaban tratando de reclutar a más estudiantes para la escuela. Pensé que aquello tenía una pinta tremenda y le dije a mis padres que quería aprender a tocar. Poco después, por Navidades, ¡recibí mi primer violín! Es bastante frecuente encontrarse con gente con estudios musicales que confiesa haber odiado aquellas primeras lecciones tanto como a sus profesores de música cuando eran niños. Por lo que parece, no fue ese tu caso.

(Risas) Sí, es algo que también yo he oído muy a menudo. Creo que es una reacción bastante típica en los críos (y en muchos adultos) la de empezar a odiar cualquier actividad desde el momento en el que ese algo se convierte en un deber. En el momento en el que tienes que practicar sí o sí, la cosa se vuelve una lata. La gente que es capaz de disfrutar de ese proceso de aprendizaje en todo momento imagino que es gente con una gran disciplina. En mi caso, recuerdo que justo en el preciso momento en el que tocaba ponerme a practicar con el violín, lo único que me apetecía de repente era jugar a los videojuegos y tocar la guitarra eléctrica.

Con el paso del tiempo has ido probando multitud de instrumentos diferentes. Tomando tus discos como prueba, uno diría que eres perfectamente capaz de tocar con suficiente maestría casi cualquier cosa que te eches a la cara... ¿Que alimenta esa pasión tuya por tocar tantos instrumentos distintos?

¡Creo que tiene ver con esa falta de disciplina de la que te estaba hablando! A veces desearía tener la paciencia suficiente como para ceñirme a una sola cosa y aprenderla tan bien como fuera posible. En lugar de eso tengo tendencia a probar tantas cosas diferentes como pueda, lo que me lleva a ¡no ser realmente bueno con ninguna de ellas!

De entre todos esos instrumentos que eres capaz de tocar, ¿podrías decidirte por algún favorito?

Solía decir que el piano era mi preferido, y es bien cierto que amo el piano, pero en este momento mi voz es mi instrumento favorito. ¿Hay algún otro instrumento que te mueras de ganas por probar?

¡Una key harp!

Y a la hora de lanzarte a probar nuevos artilugios, ¿cómo sueles enfrentarte al objeto? ¿Te sueles preocupar por mantenerte dentro de ciertos niveles de corrección técnica o estas más interesado en desarrollar una relación más singular e intuitiva con el instrumento?

Normalmente los toco de manera “equivocada”. Simplemente los toco de la manera que me resulta de entrada más natural, sin tan siquiera molestarme en aprender cuál es la manera “correcta” de hacerlo, algo que probablemente me ayudaría mucho a avanzar en la tarea...

Siento curiosidad por saber si alguna vez has pensado en los instrumentos en términos de su “sensualidad”. En caso de que así sea, ¿cuál sería el instrumento más sensual que has llegado a tocar?

¡Oh, seguro! ¡Algunas cosas son simplemente increíbles de tocar! He tenido ese tipo de sensaciones con un montón de instrumentos distintos, pero los mejores momentos para mí en términos de sensualidad están en el cantar, el tocar el piano y el rasgar el violín.

Volvamos al cauce de tu biografía. A día de hoy la gente parece que tiende a ignorar aquella primera parte de tu itinerario musical, pero lo cierto es que antes de comenzar a firmar discos con tu nombre propio pasaste un par de años de tu vida tocando y girando con bandas como Norfolk & Western, Loch Lomond, Laura Gibson, Dolorean o, de manera más notoria, Horse Feathers, un proyecto del que fuiste miembro oficial y al que en buena medida diste forma en el estudio codo con codo con Justin Ringle. ¿Cómo encajaban entonces tus sensibilidades más neoclásicas con tu implicación en la escena indie-folk de Portland?

Tan pronto como me mudé a Portland comencé a tocar en una banda con mi hermana y el que era su novio por aquel entonces. En aquella banda yo me encargaba de tocar la batería, el violín, el banjo, la sierra musical, de hacer segundas voces y algunas otras cosas dependiendo del momento. A fuerza de dar conciertos con esa primera banda fui conociendo a gente agradable de otros grupos con los que también acabé tocando de manera natural. A menudo andaba involucrado en más de cinco bandas al mismo tiempo, y lo de componer música por mi cuenta era algo que hacía de manera secundaria y por mera diversión. No fue hasta que me mudé a Europa que realmente comencé a pensar que quizás podría editar música con mi propio nombre y comenzar a ofrecer conciertos por mi cuenta.

Ya que sacas el tema. Hace cosa de dos años que decidiste dejar tu vida en Portland para volar hasta Copenhague con la intención de enrolarte en Efterklang. No me interesa tanto preguntarte sobre cómo pasó aquello (en cierta manera es de dominio público la historia que cuenta cómo todo comenzó con un inocente intercambio de mensajes vía MySpace y acabó con Efterklang invitándote a unirte a la banda), sino inquirir sobre los sentimientos encontrados, las dudas o los conflictos a los que imagino tuviste que enfrentarte a la hora de decidir si debías o no aceptar su invitación.

Lo verdad es que en aquel momento estaba prácticamente listo para marcharme. No fue para nada duro para mí tomar la decisión de dejar Portland. La parte más difícil tuvo que ver con abandonar a mi gato (ahora vive con mi padre), tener que vender mi piano, dejar allá todos mis discos y mis libros, y decirle a los chicos de Horse Feathers que ya no podría seguir tocando con ellos. También había por allí ciertos asuntos de índole personal de los que me apetecía alejarme, así que básicamente estaba entusiasmado con la posibilidad de venirme a Europa.

¿Has hablado alguna vez con los chicos de Efterklang sobre los motivos que les llevaron a preguntarte a ti y no a ningún otro?

Alguna vez hemos hablado sobre el tema. Yo aún no sé exactamente por qué me preguntaron a mí, y ellos mismos están de acuerdo conmigo en que todo aquello fue bastante absurdo. Decidieron invitar a un chico americano, al que aún no habían llegado a conocer, y al que nunca habían visto tocar, a mudarse hasta Dinamarca para unirse a la banda. ¡Es una verdadera locura! Lo que importa es que todos estamos contentos de haber hecho lo que hicimos.

Una vez llegado a Copenhague, ¿las cosas fueron como esperabas? No sé si ya habrías estado antes en Europa, pero imagino tus primeros meses en Dinamarca como un constante flujo de excitación y sorpresas...

Estaba que casi rebosaba de excitación aquellos días. Al principio me dio todo un poco de miedo, porque a veces tiendo a ser reacio a probar cosas nuevas y me cuesta atesorar valor como para lanzarme. Pero era algo que sabía que tenía que hacer, y dejé que todo me fuera llenando de una manera muy positiva. Era mi primera vez en Europa, pero es que además el primer concierto que ofrecí abriendo para Efterklang ¡era el segundo concierto que daba yo solo en mi vida!

Con la perspectiva que dan estos últimos dos años, ¿cómo valoras aquella decisión ahora? Te lo pregunto porque yo tengo la sensación de que tu música encaja mejor en Europa, y quizá tu carrera no hubiera despegado de la manera en que lo ha hecho si hubieras decidido quedarte en U.S.A...

Lo único que puedo decirte es que estoy absolutamente agradecido y contento al ciento por ciento de haberme mudado aquí y haber sido capaz de hacer que las cosas fueran saliendo adelante. Han sido dos años tremendamente agitados, pero todas las experiencias que he tenido durante este tiempo son muy valiosas para mí. La cosa va mucho más allá del hecho de hacer música. Todo ese cúmulo de experiencias me han ayudado a crecer de un modo muy diferente a como hubiera crecido si me hubiera quedado en Portland. Hablo de lenguas, amistades, relaciones, viajes, músicas, películas, lugares, gentes; todas estas cosas son igualmente interesantes para mí.

Desde que llegaste a Europa no has parado de trabajar ni un sólo minuto. La lista de lanzamientos de Peter Broderick durante estos últimos dos años es bastante impresionante. ¿Cómo te las apañas para sacar adelante tantos proyectos en tan poco tiempo? ¿Privación voluntaria del sueño quizás?

¡Probablemente debería dormir más de lo que duermo! Pero soy una persona nerviosa que siempre esta trabajando en algo. Hago música todo el tiempo, y soy muy rápido a la hora de aceptar colaboraciones cuando la gente se aproxima a mí. No ha sido hasta hace bien poco que he empezado a ser consciente de que necesitaría decir que no a algunas de las cosas que se me ofrecen.

Cuéntanos cómo llegaste a entrar en contacto con Type Records, a mí juicio uno de los sellos más interesantes a los que uno puede acercarse en la actualidad.

Un día me dio por escribir al Myspace de Type, simplemente contando cuánto me gustaban y cómo apreciaba los discos que editaban, y John me escribió de vuelta para agradecerme aquel mensaje, y de paso decir que mi música le parecía bonita y que le encantaría oír una demo con más temas. Así que le envié “Float”, disco que por aquel entonces acaba de terminar de grabar, y él me respondió el mismo día que lo recibió para decirme que ¡le encantaría publicarlo! Mucho me temo que aquel día me lo pasé caminando de aquí para allá con una gran sonrisa boba atravesada en la cara.

Me gustaría conocer tu opinión sobre John “Xela”, no tanto como artista, sino en lo que se refiere a su rol como director artístico del sello. En particular, me gustaría que me dijeras si para ti, a la hora de presentarle tus nuevas canciones a tu sello, es o no es importante saber que estás tratando con alguien que también es músico.

John es una persona con la que es increíble trabajar. Es muy alentador para los artistas porque realmente él ama la música que edita. Además hace gala de una honestidad brutal. Por ejemplo, le pregunté si podría grabar algo de música con vistas a su publicación dentro de la serie Type 7”, y el me dijo que sí, que encantando, así que grabé cuatro temas cortos en los que puse mucho esfuerzo y trabajo, y se los envié convencido del resultado. Me escribió de vuelta diciendo que no le gustaba lo que le había mandado. Así que me vi obligado a empezar de nuevo, y esa segunda vez preferí hacer un sólo tema más largo para cada cara del 7”. Le envié esos dos cortes tan pronto como los tuve acabados, y esa segunda vez me respondió que aquello era perfecto. Lo mejor del asunto es que yo también estoy mucho más contento con la segunda música que hice.

En este mismo sentido, me gustaría preguntarte por tu papel como comisario de las “solo piano series” de Kning Disk. ¿Cómo es que acabas ejerciendo de curador para este pequeño pero exquisito sello sueco?

Al principio era Mattias Nilsson de Kning Disk el que estaba al cargo de todo. Un buen día él me preguntó si me gustaría editar un disco en Kning Disk y mi primera respuesta fue que siempre había querido hacer un disco de sólo piano. A él le pareció genial, porque de hecho, por lo que me dijo, llevaba un tiempo pensando en poner en marcha una serie de discos centrados en exclusiva en el piano. Así que mi mini álbum “Docile” fue el primero volumen en la serie. Después de aquello pasó algún tiempo sin que hubiera un segundo disco, y a mí un buen día se me ocurrió que yo mismo podría ejercer de coadjutor de la serie, dedicarme a encontrar a otros artistas que estuvieran haciendo música de piano que a mí me pareciera maravillosa, y de paso encargarme yo mismo de “producir” esa música. Escribí a Mattias preguntándole su opinión al respecto de esa idea mía y me respondió de forma muy entusiasta, diciendo ¡que le encantaría que yo fuera el curador! Así es como surgió todo.

Gracias a ti y a las series de Kning Disk descubrí hace unos meses la increíble música para piano del alemán Nils Frahm. Si no me equivoco tú mismo te encargaste de producir su disco “The Bells”. ¿Qué puedes contarnos sobre Nils?

¡Podría contarte muchísimas cosas sobre Nils! Podría, porque a día de hoy él pasa por ser mi mejor amigo. Un día se me acercó después de uno de mis conciertos a darme unos CD-Rs con su música, y cuando aquella noche me puse a escuchar uno de aquellos discos, uno titulado “Tonalagia: Piano Improvisations”, su música me pareció impresionante. Desde que nos conocimos hace cosa de un año hemos pasado mucho tiempo juntos, haciendo música, girando, gastando las horas en hacer todo tipo de cosas. En realidad podría decirse que fue su música para piano la que me dio la idea de querer ser el curador de las series de Kning Disk. Y estoy realmente contento de que las cosas acabaran saliendo bien. Nils es una persona realmente fantástica, alguien a quien quiero mucho, a él y a su música.

Por lo que tengo entendido grabasteis el disco en el interior de una iglesia berlinesa, la Grunewaldkirche, en el barrio de Wilmersdorf, un templo que en el pasado ha sido utilizado por la Berlin Philharmonic Orchestra o la Berlin Radio Symphony Orchestra para grabar piezas sinfónicas de Beethoven, Bach, Strauss... Cómo conseguisteis tener acceso a grabar allí. Se cuenta que el espacio tiene una acústica realmente increíble...

De alguna manera Nils se enteró a través de alguien a quien yo no conozco de que la iglesia estaba disponible, que se podía alquilar, y la verdad es que la cosa fue bastante sencilla y barata. Estoy realmente contento de haber grabado el álbum allí, y sí, la acústica del lugar es una de las más impresionantes que yo haya escuchado nunca.

Volvamos a centrarnos en tu música. Atendiendo a las que hasta ahora son tus grabaciones a título personal, los cambios de registro entre cada uno de tus discos son notorios. De las piezas para piano solo de “Docile” a las composiciones basadas en piano y cuerdas de “ Float”, para más tarde lanzarte a explorar fórmulas cercanas a la tradición folk basada en la guitarra y la voz en “ Home”... ¿A qué responden estos cambios? ¿Son fruto de algún tipo de reflexión consciente, una manera de evitar que los medios te encasillen quizás, o estos movimientos son simplemente el resultado de tu curiosidad natural?

La verdad es que estoy realmente interesado en probar a hacer música de tantas maneras diferentes como pueda. Quizás tenga que ver con esa falta de disciplina de la que hablábamos antes. No soy capaz de estar centrado en una sola cosa durante mucho tiempo. Al contrario, estoy más interesado en probar a ver cuántas cosas diferentes soy capaz de hacer.

¿Y hacia dónde apuntan tus próximos pasos?

Justo ahora estoy en los últimos estadios de gestación del que será mi nuevo álbum, uno en el que llevo trabajando casi sin pausa desde enero, y al menos para mí, el disco siente de una manera muy diferente a los anteriores...

A veces, escuchando tus trabajos, me llama la atención el hecho de que, aún a pesar de ser capaz de tocar muchos instrumentos diferentes, tus piezas siempre son muy contenidas, suelen tender a restringirse, a hacer convivir muy pocos elementos en un mismo plano...

Es cierto. A menudo tiendo a imponerme reglas a mí mismo que me faciliten el tomar un decisión musical y empezar así a trabajar en una dirección definida. Si por ejemplo me digo, “bien, en este disco voy a usar mi voz y la guitarra en todas las canciones, y no voy a usar ni cuerdas ni ningún detalle de piano”, eso hace que para mí sea muy fácil el empezar a componer, concibiendo la música siempre dentro de esos límites.

Y de cara al futuro, ¿no estás interesado en hacer un álbum más complejo, uno en el que todos los elementos que has venido usando hasta ahora se fundan en un entramado más elaborado, más ricamente adornado?

Justo el álbum que estoy haciendo ahora se parece más a una combinación de todo. Llega a ser bastante denso por momentos, con todo tipo de instrumentos distintos sonando a un mismo tiempo. La verdad, ¡espero que la cosa acabe funcionando!

Me gustaría preguntarte por tus sensaciones al respecto de “ 4-Track Songs”, ese disco de “demos caseras” que Type ponía en la calle a mediados del pasado verano. Grabaste esas canciones hace cosa de tres años, en tu propia habitación, con tu cuatro pistas de cinta. Me gustaría saber cómo te sientes al ver esas canciones -en algunos casos poco más que bocetos inacabados- publicadas ahora. Te lo pregunto porque es obvio que son muchas las cosas que han cambiado en tu mundo desde que grabaste aquello.

Cuando John me comentó por primera vez que le gustaría publicar esa música no supe qué pensar. Es algo que hice por simple diversión y que acabé reuniendo en unos CD-Rs de los que hice apenas 50 o 60 copias que acabé regalando entre gente de mi entorno. No tenía ningún tipo de ambición en lo que respecta a compartir esa música con el resto del mundo. Pero a la vez he de decir que me sentí muy feliz cuando supe que John había podido ver algo atractivo en aquella música. Y creo que la respuesta que gente y medios le han dado al álbum ha sido muy agradable. Es más un cuaderno de bocetos que un álbum al uso, e imagino que para alguna gente esos bocetos son agradables de oír.

Siento curiosidad por saber si los instrumentos que aparecen en la portada de ese disco son retratos más o menos fieles de los instrumentos reales que usaste para grabar aquellas canciones.La portada fue dibujada por Matthew Woodson, creador del artwork de muchos de los trabajos de Type. John mencionó que a Matthew le gustaría poder encargarse de hacer una portada para el disco, y yo dije que sí encantado. Le conté qué instrumentos había usado durante la grabación de aquellas canciones y le pedí si podía dibujar algunas de aquellas cosas. Los instrumentos que aparecen en el disco no están modelados exactamente a imagen y semejanza de mis propios instrumentos, pero todos los objetos que aparecen tanto en la portada como en la contraportada fueron usados para crear la música que cabe en el disco.

Este año, entre otras muchas cosas, también te has dedicado a escribir bandas sonoras para un pequeño film -ese corto de Matt Clark que inspiró las piezas de “Five Film Score Outtakes” (Secret Furry Hole, 09)- y una obra de danza contemporánea, “Falling From Trees”, obra coreografiada por Adrienne Hart que dio lugar a las músicas que hemos podido disfrutar en “ Music for Falling From Trees” (Erased Tapes/Western Vinyl, 09). Cómo surgieron esas colaboraciones y cómo enfocaste cada uno de esos proyectos.En ambos casos fueron los artistas los que se pusieron en contacto conmigo y me preguntaron si estaría interesado en componer música para acompañar sus trabajos. Y en ambos casos tuve que resolver los encargos en períodos cortos de tiempo. Llegué a escribir algunas de las partes en la carretera, en la misma furgoneta, durante el tour que hice con Efterklang por Norteamérica a principios de año. La verdad es que aprecio el poder colaborar con todo tipo de artistas, porque eso me obliga a expandirme en lo que hago y me exige salir con cosas nuevas.

¿Tienes planes de seguir trabajando en esa dirección, haciendo música para películas, para teatro o para danza?

Lo cierto es que en este momento estoy en conversaciones con un montón de directores y coreógrafos diferentes, y creo que sí, que habrá muchas colaboraciones de este tipo en el futuro próximo.

Hablando de futuro. En cuestión de días debería ver la luz “Blank Grey Canvas Sky” a través de Fang Bomb. Qué nos puedes contar de ese disco que has hecho a medias con Machinefabriek. Desde fuera, uno diría que vuestros acercamientos al hecho musical son muy diferentes. ¿Qué tal casan esos dos mundos?

Rutger es uno de mis artistas contemporáneos favoritos. Me encanta cómo esculpe y diseña el sonido. Antes de comenzar a trabajar estaba realmente feliz de poder colaborar en un álbum con él, y la verdad es que estoy muy contento con el resultado. Pienso que nuestros enfoques musicales sí son muy diferentes, ¡pero precisamente es eso lo que hace que para mí sea interesante trabajar con él! Hemos trabajado básicamente a distancia. Yo grababa algo y se lo enviaba a él, y el me devolvía un track hecho a partir de lo que yo le había enviado, música que a menudo era casi irreconocible para mí. Yo luego me dedicaba a trabajar sobre esa pieza, a añadir algún nuevo elemento, y se la enviaba de nuevo. Así, una y otra vez hasta que los dos dijimos: terminado.

En tiempos más o menos recientes también has estado involucrado en la grabación de “ From The Ground”, el debut en solitario de tu hermana Heather, un álbum que lleva apenas un mes en la calle. Tu aportación ha sido capital en el disco...

Bueno, ese fue uno de los primeros álbumes en los que ejercí de “productor”. Ella escribió todas las canciones, algunas a la guitarra y otras al piano, algunas con palabras y otras sin ellas, y yo me encargué de grabarlas junto a ella. Nos llevó mucho tiempo terminarlo, porque comenzamos a grabar justo antes de que yo acabara optando por venirme a Europa, así que tuvimos que conformarnos con grabar partes o piezas sueltas cada vez que nos juntábamos. Amo su música, y creo que ella confía en mí, así que siempre vio con buenos ojos que, en ocasiones, después de grabar las pistas iniciales con ella, yo me dedicara a trabajar en las canciones por mi cuenta. Intenté limitarme a hacer unos arreglos muy minimalistas, así que en el disco suenan un montón de instrumentos distintos, pero casi siempre tocados de una manera muy simple y económica.

¿Y qué pasa con Efterklang? ¿Piensas seguir girando con ellos a pesar de la cantidad creciente de proyectos que te traes entre manos?

Sí, estaré acompañando a Efterklang en la gira de presentación del nuevo álbum, de manera intermitente a lo largo de todo el próximo año. Creo que el nuevo disco es muy diferente, pero diferente en el mejor de los sentidos imaginables, y la verdad es que me apetece mucho que llegue el momento de tocar esas nuevas canciones en directo.

La última pregunta es obligada. Aunque ya lo has dejado caer durante la conversación, ¿hay algo que nos puedas contar sobre el que será tu próximo disco?

En estos momentos estoy trabajando en ese nuevo disco, un álbum para Bella Union. La cosa ha ido creciendo hasta acabar convirtiéndose en un proyecto muy grande, aunque de momento no puedo contarte por qué. Confío en que el disco esté acabado y listo para editar a lo largo del próximo año. Aún hay mucho trabajo pendiente, muchas cosas por hacer, pero tan pronto como tenga algo de tiempo libre me pondré a intentar acabarlo. Hay por ahí algunos otros proyectos excitantes en preparación, pero nada que pueda compartir de momento.

Luis M. Rguez

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