Entrevistas

Patrick Wolf: “Ha llegado un punto en el que todo me importa una mierda”

Aprovechando que en los próximos días recalará su nueva gira por España, hemos compartido unos minutos con el artista para que haga balance de estos diez años de carrera que celebra con “Sundark and Riverlight”. Desde la serenidad, eso sí.

A punto de iniciar una mini gira por tres ciudades españolas, hablamos con el polémico artista británico sobre su nuevo álbum, en el que reinterpreta algunas de sus canciones en acústico, el amor de los fans y la tirria que le tiene cierto sector de la prensa.

Diez años derrochando hipersensibilidad y una magia incombustible. Patrick Wolf se ha ganado, por méritos propios, un lugar de excepción en la historia reciente del pop gracias a su sinceridad al proyectar sus pensamientos más ocultos entre arreglos sintéticos y demás barroquismos. Muchos le han girado la espalda (sobre todo después de que editara en 2009 “The Bachelor”), pero precisamente a aquellos que aún siguen viéndole como uno de los últimos genios que el pop nos ha dado va destinado “Sundark and Riverlight”, un atípico greatest hits en el que el británico ha decidido reinterpretar buena parte de su cancionero de una forma mucho más contenida y orgánica de lo que estamos acostumbrados. Días antes de que su última gira desembarque en España –estará sábado 26 de enero en San Sebastián (DonostiKluba), un día más tarde en Barcelona (Sala Apolo) y el 29 del mismo mes, martes, en Madrid (Teatro Lara)–, hemos hablado con él sobre esta década que lleva sobre los escenarios y también acerca de temas más banales, como su nueva vida de hombre casado.

Diez años en el mundo de la música siempre es motivo de celebración. Desconozco si cuando editaste “Lycanthropy” te hubieras imaginado que te mantendrías una década en el candelero musical.

Honestamente, sí. Cuando tenía 12 años quería estudiar Historia y otras cosas, pero ya tenía en la cabeza la idea de dedicarme a la música y escribir mis propias canciones. En aquel momento, pese a mi juventud, lo veía un reto, un sueño que de algún u otro modo debía materializarse. Si no me hubiera dedicado a esto no sé qué hubiera sido de mí. Este es mi universo, a pesar de que haya cosas implícitas en el trabajo, como por ejemplo la prensa, que en realidad no me gustan.

"Si me hubieras preguntado hace pocos años si editaría un disco así te hubiera dicho que no"

Uno de los puntos más destacados de “Sundark and Riverlight” es tu vuelta al arpa. Parecía que estabas cansado de ella pero, de pronto, te ha vuelto la fe en el instrumento.

Durante “Lycanthropy” estuve muy obsesionado con la tecnología. Tenía esa concepción más arty de la música, ¿sabes? No sólo se trataba de contar historias acerca de mi vida, sino también de ir un poco más lejos y experimentar con producciones electrónicas que fueran algo así como un valor añadido de lo que tenía que contar. Cuando me enfrenté a este disco pensé que sería maravilloso recuperar aquellas canciones y volver a revalorizarlas desde un punto de vista más íntimo y orgánico, retomar su esencia sin artificios. Si me hubieras preguntado hace pocos años si editaría un disco así te hubiera dicho que no, pero lo cierto es que estoy entusiasmado con el resultado.

¿Te ha resultado difícil escoger el tracklist o ya tenías claras desde un principio las canciones que ibas a reinterpretar?

Fue muy difícil, dediqué mucho tiempo a pensar qué canciones valían la pena recuperar. Desde el principio tuve muy claro que no quería que nadie, incluso mi sello, me impusiera un tracklist. Esas canciones son parte de mi vida, de modo que el feedback de impresiones tenía que hacerlo conmigo mismo. Había como un centenar de canciones que podía escoger, así que ya puedes imaginarte que de fácil tuvo poco.

Por momentos el disco es como un auténtico atlas sonoro. El flamenco camuflado de “Together”, las percusiones árabes de “Hard Times”… ¿Esta era la verdadera sensación que buscabas en el oyente?

He querido reflejar parte de los viajes que he hecho durante estos años. No se trataba de hacer algo relacionado con la world music, para nada, sino simplemente incorporar muchos de los elementos e instrumentos que he conocido gracias a mis giras. A su manera es la forma que tengo de dar las gracias a todo el mundo, de agradecer todo lo que he aprendido.

Las reinterpretaciones son mucho menos dramáticas que las originales. ¿Te resultó difícil autocontrolarte de este modo?

[Risas] Pues sí, también fue un reto. Cuando uno está en el estudio se deja llevar por cómo se encuentra. Reescuchando muchas de mis canciones me doy cuenta de que el día que las grabé andaba más cabreado de lo habitual y forzaba mi interpretación. Para esta ocasión quería ser lo más honesto posible, intentar que mi voz se proyectara exclusivamente desde mi corazón. Quizás por eso todo suena más contenido que de costumbre.

¿Qué puedes avanzarnos de la gira de presentación que esta semana recalará en España?

Es un tour con el que no me siento nada estresado, lo cual agradezco. Tocaré el piano y habrá una gran interrelación con mi público. Sin ellos el show no tendría sentido.

"A la prensa le gusta odiarme, por ejemplo cuando me tachan sin razón de ser un revitalizador de lo glam por cómo me visto"

Muchos recuerdan con cariño aquel primer concierto que realizaste en 2004 en la Barbarella de Madrid para cuatro gatos, cuando aún te estabas dando a conocer. ¿Sientes que en España, desde tus inicios, se ha entendido mejor tu propuesta?

España ha estado conmigo desde el principio. La gente siempre me ha visto como un intérprete, no como un bicho raro, tal como me ha ocurrido en otros países. En Inglaterra a veces me siento incomprendido, sobre todo por la prensa, cosa que aquí nunca me ha sucedido. Además de tener muchísimos amigos españoles, en vuestro país siempre he pensado que se ha entendido mejor mi pasión por la música.

¿Te siguen escociendo las tibias críticas que recibió “The Bachelor”?

Fue confuso para la gente. Generalmente a la prensa le gusta odiarme, por ejemplo cuando me tachan sin razón de ser un revitalizador de lo glam por cómo me visto. “The Bachelor”, pese a ser un disco sonoramente más oscuro de lo habitual, sé que es muy apreciado por muchos de mis fans. Recibir esas críticas tan frías fue algo nuevo para mí, y más después de la buena recepción que tuvo “The Magic Position”. Puedo entender que conmigo no haya medias tintas, que se me quiera y odie por igual, pero ha llegado un punto en el que todo me importa una mierda y prefiero tomarme las críticas con sentido del humor.

¿Las críticas de Pitchfork también te las tomas así?

[Risas] El enfado vía Twitter iba en realidad contra dos periodistas que opinaban sin conocimiento de causa.

Desde 2010 eres un hombre casado. ¿No recuerdas con añoranza tus tiempos de soltería?

No me he convertido en el típico marido que se pasa el día cocinando. [Risas] William me da una seguridad que no he tenido nunca antes. Cada uno, cuando lo necesita, tiene su espacio, de modo que disfrutamos de una libertad magnífica. Suena a tópico, pero es lo mejor que me ha pasado.

Aunque estás sumergido en tu actual gira, ¿ya estás pensando en un futuro álbum?

De momento ando centrado en los conciertos, pero eso no quita que cada día lea y escuche música antigua que me inspira de algún modo. Los viajes, las horas en los aeropuertos y demás, ya de por sí, también me sirven para pensar en futuras canciones. No obstante, prefiero tomármelo con calma y entrar en el estudio no entra en mis planes durante un tiempo.

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