Entrevistas

Owen Pallett

El cielo abierto

En un año en el que muchos de los que son alguien en el mundo del indie sacan disco nuevo (repasen esta lista de lanzamientos que van a aterrizar en 2010), ya lucen con brillo propio varias joyas que lucir con apostura en la solapa de nuestros reproductores. ¡Y eso que aún no hemos completado el primer trimestre!. De Four Tet a Beach House pasando por These New Puritans o Surfer Blood, las buenas noticias se acumulan semana tras semana. Entre ellas ha llamado poderosa y unánimemente la atención el nuevo trabajo de un Owen Pallett convertido en principito de la escena canadiense. Figura crucial en multitud de proyectos de toda índole (ha colaborado con más grupos de los que te piensas), Pallett ha regresado este invierno firmando con nombre propio y apellidos el que es su trabajo afinado con mejor puntería. Después de entregar en 2008 un triunfal “He Poos Clouds” que le hizo ganar el Polaris Music Prize, “Heartland” rebosa ambición y al mismo tiempo hace gala de una coqueta contención. Suena gallardo y expresionista pero está pintado con pinceladas de una atractiva finura. Es un título en el que el tacto y la pulcritud se ponen en primer plano a la hora de acometer vastos paisajes de pop en cinemascope a la manera grandilocuente de, por ejemplo, un Sufjan Stevens o un Andrew Bird.

La hazaña de completar el álbum le llevó nueve meses, los que se alargó un complejo proceso de grabación en tres fases localizado en emplazamientos diferentes del globo. A lo largo de ese tiempo, “Heartland” fue tomando forma poco a poco y no sin dificultades. Pallett nos habla en esta entrevista de cómo se forjó todo ese trabajo, una tarea tremendamente personal y aferrada a lo abstracto en sumo grado. También se despacha en nuestra conversación acerca de su afinidad con artistas como Annie Clark ( St Vincent), de su actual obsesión con OMD y Silver Apples, y de los guiños que hay en sus nuevas canciones a autores del intelecto como pueden ser Roland Barthes, Herman Melville o Terrence Malick. Por el contrario, se muestra reservado a la hora de confesar otros secretos que romperían la magia de un álbum tremendamente personal y sugerente, mucho más críptico de lo que pudiera parecer. Pallett al habla:

Parece que el proceso de grabación de “Heartland” ha sido algo titánico. Empecemos por el principio en los estudios Greenhouse de Islandia. Cuando llegaste allí, ¿ya tenías todas las canciones completadas en tu cabeza? Más que eso, de hecho ya las había probado varias veces. Eso sí, todavía no había escrito los arreglos y algunas de las letras no estaban completadas del todo. Teníamos un montón de canciones, unas 22 cuando llegamos allí. Luego volví con 16 y al final acabé cargándome otras cuatro más.

¿Qué grabasteis allí exactamente?

Básicamente los teclados, violines, pianos, guitarras y las percusiones y baterías. Es decir, todo menos la parte orquestal y las voces. ¡Aquella sala suena tan bien!. Es un lugar increíble para trabajar. Grabábamos sin parar hasta quedar exhaustos. Al final, la cabeza de Jeremy (se refiere a Jeremy Gara, batería de Arcade Fire) y la mía no daban para más. Después, grabación de cuerdas en Praga con la Orquesta Sinfónica de la ciudad. Me llama la atención esa idea de que manejaras a la orquesta como si se tratara de un equipamiento electrónico. ¿Cómo funciona eso?

De forma diferente para cada canción. Modelábamos algunos pasajes sobre procesos analógicos en base a ‘ring modulation’ o como si fueran generadores de ruido blanco, y los arreglos de otras canciones a través de filtros Mimic de gran alcance y mesas de ocho pistas. Yo trataba a las secciones de viento y metal como si fueran sintes, señalándoles los ADSR que tenían que seguir. Fue divertido.

Y finalmente mezcla con Rusty Santos (productor de Panda Bear) ya de vuelta en Norteamérica. ¿Cuánto tiempo os tomó esta parte?

Fue interminable. Teníamos tantísimas pistas que ensamblar... Nuestros colegas de 6 Nassau habían traído una consola de mezclas y se pasaron todo el fin de semana montándola para nosotros. Tuvimos que comprar conversores de digital a analógico para poder mezclarlo todo. "Tryst with Mephistopheles’" creo que la mezclamos unas veinte veces por lo menos. Nos tomó muchísimo más tiempo del que habíamos previsto. En un principio pensábamos tener listo el disco para el pasado septiembre, pero no nos arrepentimos de haberle dedicado todo ese tiempo extra.

¿Disfrutas mucho con las mezclas?

La verdad es que odio hacerlo sólo, soy incapaz de tomar decisiones definitivas. En cuanto Rusty se involucró en el proyecto, fue como ver el cielo abierto. Sólo discutimos una vez y por algo que apenas tuvo importancia. Rusty es el mejor y espero seguir trabajando con él para siempre.

Una de las cosas más atractivas de “Heartland” es esa sensación de que siempre parece estar ocurriendo algo en su interior, algo decisivo e importante que resulta difícil de verbalizar.

Ya... Yo tampoco sé de qué se trata. Da la sensación de que las canciones están cargadas de referencias históricas y culturales. ¿Dónde buscas la inspiración a la hora de escribir?

No parto de nada en concreto a la hora de empezar a modelar el disco. He estado leyendo a Flann O’Brien, “City Of Glass” (de Douglas Coupland), “The Confidence-Man: his Masquerade” (de Herman Melville) y un montón de cosas post-modernas. Algunos detalles de todo eso acabaron colándose en los temas. Puedes encontrar trazos de mitología azteca en ‘Keep the Dog Quiet’, de “Moby Dick” y Magellan en ‘The Great Elsewhere’, de Terrence Malick en ‘Tryst with Mephistopheles’, de Roland Barthes en ‘What Do You Think Will Happen Now?’. Un poco rollo... ¿Qué hay de la excusa conceptual del álbum?. Hace meses declarabas que el disco versaría sobre la nada. ¿Cómo surgió finalmente la historia de Lewis y Spectrum?

Se trata de un concepto muy ligado a la lógica interna del disco. Podría hablar de ello durante horas, pero no me apetece: lo estropearía.

¿Cómo de importante es la secuenciación de los temas respecto a la historia que se cuenta? Tengo entendido que variaste el orden varias veces...

Bueno, no es tan importante. Se supone que toda la base narrativa es una mitología, no una historia. Se trata de un álbum, no de una ópera. Y sí, cambiamos el orden de los temas varias veces. Por ejemplo, ‘Midnight Directives’ al principio era la antepenúltima canción. También había más temas que acabé quitando y otros que metí en el último momento. Pero tampoco lo cambié tanto, hice cosas como reescribir las letras de ‘Midnight Directives’ porque inicialmente hablaban sobre el fin del mundo o algo parecido y no parecía muy señalado colocar ese tema abriendo el disco. Como palabra, “Heartland” describe poéticamente el amor, pero también viene a designar algo así como el centro de poder de los territorios de un estado colonizado, ¿verdad?. ¿Se refiere a Canadá?

Exacto. Se supone que debe evocar ambos significados. ‘Heartland’ simboliza que el disco trata tanto sobre el romance como sobre el concepto de otredad, otredad en el sentido de ese lugar rural en donde la gente cree en otras cosas que en las que creen los urbanitas, y en donde se dedican a actividades olvidadas como cazar e ir a la mina o a la iglesia. Tampoco digo que se trate de una llamada de atención a “gente con diferentes creencias políticas”. Simplemente contemplo la noción del ‘otro’...

Además de la musical, esa connotación geográfica me lleva hasta Sufjan Stevens. En términos de la manera que ambos tenéis de fundir épica y lírica, encuentro bastantes similitudes en vuestros respectivos hallazgos. ¿Sientes una conexión especial con su música?

No realmente. Sufjan es genial, lo respeto un montón y disfruto enormemente con sus discos. Cuando hablamos, siento que realmente estamos en la misma onda. Pero creo que, dejando a un lado las similitudes en la instrumentación que usamos y en ese gusto por los proyectos ‘grandes’, ambos apuntamos hacia objetivos muy diferentes.

Además de Sufjan, se te suele incluir en el mismo grupo que todos estos jóvenes y superdotados compositores como Zach Condon (Beirut), Annie Clark (St Vincent) o Andrew Bird.

Los adoro a todos ellos pero ocurre lo mismo: en el fondo creo que somos muy diferentes. Bueno, con Annie sí que siento que me une un parentesco particular. Su producción para “Actor” me resultó tremendamente inspiradora. Nuestras charlas son encantadoras: cadenas de mails que se podrían leer como una columna del Sound On Sound.

Y luego está tu amigo y estrecho colaborador Nico Muhly. ¿Cómo participó él concretamente en “Dreamland”?

Nico contribuyó con dos cosas muy concretas: el piano invertido del comienzo de ‘The Great Elsewhere’ y un arreglo suplementario para ‘E Is for Estranged’ que yo ya había grabado pero que acabé desechando durante la mezcla. Aunque eso sólo no basta para expresar la enorme influencia que tuvo cuando estuvo acompañándonos en Islandia junto a su novio. Estaba todo el rato en el estudio y nosotros nos aprovechábamos continuamente de su feedback. El disco no sería lo mismo sin él.

Por otro lado, y en lo referente a la conexión con la música contemporánea, algunos pasajes de “Heartland” me recuerdan poderosamente al trabajo de compositores como John Adams, Aaron Copland o Leonard Bernstein. ¿Son una influencia directa para ti?

Para nada. No escuché ningún tipo de música orquestal cuando estaba escribiendo y grabando el álbum. Sólo cosas de OMD, Cluster y Silver Apples.

Has trabajado con Grizzly Bear, Great Lake Swimmers, Beirut, Last Shadow Puppets, Rumble Strips, Mountain Goats, Fucked Up, Mika y Pet Shop Boys, componiendo siempre los arreglos de cuerda de sus últimos trabajos. ¿Qué tienen todos ellos en común para que requieran tus mismos servicios?

No te sabría decir. Yo simplemente voy aceptando el trabajo según viene.

¿Alguna nueva colaboración que podamos destapar?

Acabo de rematar el nuevo disco de The Luyas. Desgraciadamente sólo tuve tres días para ello pero creo que se hemos hecho un muy buen trabajo. Tengo muchísimas ganas de que salga, aunque todavía no se ha fijado una fecha de lanzamiento.

Recientemente, escribiste en tu Twitter algo así como que acababas de completar el mejor disco en el que habías estado encantado de colaborar. Muchos lo tomaron como que te referías al nuevo de Arcade Fire...

No hablaba de Arcade Fire, pero como había estado quedando con Richard Reed Parry toda esa semana puedo imaginar por qué la gente pensó eso.

Hablando sobre ellos, ¿como surgió la colaboración junto a Win y Régine para la banda sonora de “The Box”?. ¿Os contrató Richard Kelly a los tres como un equipo?

No exactamente. Él ya había contactado a Win y Régine, pero ellos a su vez llevaban tiempo preguntándome si me gustaría hacer alguna banda sonora junto a ellos. Así que se encargaron de dar forma a algunos de los temas principales y yo los orquesté, además de poner música por mi parte a bastantes otras partes de la película. Lo grabamos todo en su casa de Montreal, y con una pequeña orquesta en Toronto. Markus Dravs fue el encargado de mezclarlo. Sin él, todavía hubiera sido mucho más difícil. La verdad es que fue una experiencia maravillosa, aunque sé que la mayoría de proyectos de este tipo no se suelen dejar tan en manos del compositor.

Es extraño, esa banda sonora suena totalmente suave y relajada. Es como si tanto tú como ellos hubieseis dado un giro de 180º a vuestros respectivos estilos, habitualmente mucho más excesivos y vestidos...

La música que escribo para Final Fantasy, o la que ahora firmo como Owen Pallett, está muy sobrecargada a propósito. Simplemente es como quiero que sea, pero no se trata de un reflejo del arco más amplio en el que descansan mis metas artísticas, o políticas, o como quieras llamarlo. En ese sentido, podríamos decir que “Heartland” suena mucho más cinematográfico que tus anteriores trabajos, parece desarrollarse en ‘cinemascope’. ¿Cuáles son las principales diferencias entre este disco y los anteriores?

Con el primer álbum trabajé la mayor parte del tiempo como un cantautor. Para el segundo me convertí en cantautor y arreglista. Ahora con este, tanto como con los epés “Spectrum 14th Century” y “Plays to Please”, he intentado pensar más en cómo lo haría un productor, algo totalmente nuevo para mí...

¿Fue este último más difícil de completar que los otros?

Sí, mucho más difícil, pero incluso eso lo sentí como algo necesario. Aprendí mucho acerca de dónde colocar los micros, sobre los compresores de audio y todo ese tipo de cosas aburridas. Fue muy satisfactorio el poder sentarme y conseguir los sonidos que quería además de lanzarme a captar las mejores tomas. Suena menos cerebral que “He Poos Clouds”. ¿Estás de acuerdo?

Mi nombre es Owen pero puedes llamarme como quieras.

¿Qué podemos esperar de la traslación al directo de las partes orquestales?. ¿Has empezado a ensayar?

Todas las canciones fueron compuestas con la idea en la cabeza de un show para mí solo, así que no comportarán mucho problema. Pero ahora tengo un guitarrista y corista girando conmigo que es genial y que añade un elemento humano muy agradable a todo el tema de los ‘loops’.

Recientemente, alguien de nuestra revista te vio en directo en Londres. Estabas solo y con una increíble especie de titiritera en el escenario junto a ti. ¿Todavía trabaja ella contigo?

No, Steph (se refiere a Stephanie Comilang) y yo ya no trabajamos juntos. Ella ha estado encargándose de mis shows desde hace cinco años y ahora hemos decidido de común acuerdo que sería mejor separarnos mientras todo siga... fresco. Ella tiene un montón de proyectos en vista. Dirigió el último clip de Junior Boys, por ejemplo.

¿Qué es lo último que has aprendido en el mundo de la música?

Pues escuché “ 100,000 Fireflies” el otro día y pensé: “Tiene que ser maravilloso hacer sonar a una canción como si pudiera ser tocada simplemente con una batería electrónica y un simple teclado”.

Humilde ambición para alguien que apunta tan alto con sus canciones...

Gracias.

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