Entrevistas

Nacho Vigalondo: “He metido una comedia romántica en una película de ciencia-ficción”

El director nos cuenta las peculiaridades de su nueva película, la esperada “Extraterrestre”

En “Extraterrestre”, el segundo largometraje de Nacho Vigalondo, una invasión alienígena hace despertar a cuatro treintañeros (dos de ellos con una resaca tremenda) del coma emocional en el que andan, les pone a prueba, les hace salir de un bucle sentimental que les hace infelices. La ciencia-ficción de baja fidelidad se cruza con la comedia romántica –de ramalazo hilarante y poso tristón– en lo nuevo del director de “Los Cronocrímenes” (2007). Nadie mejor que él para hablar de esa mezcla, de ciencia-ficción, de comedia, de canciones de doble cara, de Carlos Areces y Miguel Noguera… En definitiva, nadie mejor que él para hablar de “Extraterrestre”.

Por espontáneo, el punto de partida de “Extraterrestre” podría salir de una conversación de café. Pero, al mismo tiempo, ese arranque tiene muchísimas cosas de tus anteriores trabajos: la invasión de lo cotidiano por lo fantástico, la ciencia-ficción en baja fidelidad, un romanticismo deliciosamente torpe... ¿Cuándo empezaste a pensar en “Extraterrestre”?

Fue leyendo a Philip K. Dick cuando empecé a fascinarme con la posibilidad de contar ciencia-ficción desde el punto de vista de personajes unidos a la mediocridad.

Intento tener un cajón de ideas a medio esbozar que se definen por su tamaño pequeño. Creo que tengo que tener a mano películas manejables por si las otras, las supuestamente grandes, tardan en llegar. En este caso, tenía en la cabeza la idea de contar algo tan reconocible para el cine como una invasión extraterrestre desde un punto de vista tradicionalmente en off, desde la perspectiva de personajes que en otro caso serían secundarios, o que están físicamente lejos de la acción, en la otra punta de la ciudad. Siempre me atrajo la idea de contar una historia de invasiones basada en la parte de la información en vez de en la confrontación, sin ir hasta la línea de fuego. Y esto derivó en la historia de estos personajes que despiertan la mañana siguiente de una borrachera sin saber qué hicieron la noche anterior.

No es la primera vez que optas por la ciencia-ficción domesticada, de textura casera. Ha pasado una década desde “Código 7” (2002), cortometraje donde aún llevabas más al límite ese concepto que aquí.

Sí, siento mucha cercanía por el tipo de texturas que generas cuando contrapones lo cósmico, lo lejano e imposible con la sordidez y la inmediatez de lo que tenemos ante nuestros ojos cada día. En cierta manera, fue leyendo a Philip K. Dick cuando empecé a fascinarme con la posibilidad de contar ciencia-ficción desde el punto de vista de personajes unidos a la mediocridad. Todos los personajes de K. Dick son mediocres; y quizá por la mediocridad que en un momento dado puedo sentir que represento, o que representa la gente a la que quiero porque de algún modo todos somos mediocres, me gusta partir de lo cotidiano e imaginar lo imposible.

No sólo entiendo “Extraterrestre” como una historia de amor, sino que creo que el romanticismo, a veces decididamente trágico, está en muchos de tus trabajos: los cortos “7:35 De La Mañana” (2003), “Choque” (2005) y “Marisa” (2009), o tu primer largo, “Los Cronocrímenes” (2007).

Sí, de hecho, “Los Cronocrímenes” va sobre un anhelo que al final era casi de un romántico tradicional. Uno de los autores que me abrió los ojos de muy joven fue Adolfo Bioy Casares; “La Invención De Morel” fue la novela que para mí marca un antes y un después. Y, leyendo los cuentos de Casares, quedé maravillado al ver planteamientos que partían de esquemas de la ciencia-ficción, el misterio y el terror, pero cuya desembocadura era el romance en estado puro. De todos modos, la contradicción que hay entre la ciencia-ficción y el romance es aparente porque, en realidad, la ciencia-ficción se considera erróneamente un género cuando no es un género, sino un continente en el que puedes colocar cualquier género que se te ocurra. Puedes coger cualquier película de ciencia-ficción y adivinar sin esfuerzo qué género hay detrás. Yo lo que he hecho es, en vez de colocar una historia de detectives como en “Cuando El Destino Nos Alcance” (1973) o “Blade Runner” (1982), meter una comedia romántica.

De tener que etiquetarla, diría que “Extraterrestre” es una comedia romántica. Pero creo firmemente que en ella la ciencia-ficción es más que la excusa para lanzar la historia, creo que la fantasía determina la acción.

Exactamente. Nunca me hubiera interesado que la ciencia-ficción fuese sólo el contexto de la historia. Eso sería abusar de un género y después despreciarlo. En ese sentido, para mí es muy importante que el último plano de la película sea el que es, y que la palabra extraterrestre no salga hasta el final, donde todo se cierra. No hay ningún giro en la película, ninguna situación, que se entienda al margen de que hay una invasión.

Has contado con Raúl Cimas y Carlos Areces, actores que aún se asocian por defecto a sus apariciones televisivas en “La Hora Chanante”, “Muchachada Nui” o “Museo Coconut”, que se relacionan con una comicidad brillante pero también muy particular. ¿Te daba miedo que el recuerdo de ese humor diluyera un poco la personalidad de tu propuesta?

No, en absoluto. Para un tipo de público será inevitable asociar a Raúl y Carlos con lo chanante, pero como para otros, en un momento dado, podría serlo relacionar a Michelle Jenner con “Los Hombres De Paco”. Para mí lo realmente importante era que, cuando presentara la película en un festival internacional y dijese que unos actores venían de la comedia y otros no, el público no supiese quienes eran unos y otros. Quería que todos tuvieran un tono muy medido, que Carlos, Raúl, Michelle y Julián Villagrán perteneciesen al mismo planeta, buscaba esa homogeneidad. A partir de ahí, confiaba plenamente en los chanantes porque, aunque el humor que hacen en televisión es muy característico, la textura de sus interpretaciones me venía de perillas para contar esta historia. Los personajes responden a una intención hiperrealista, quería que no representaran a ningún arquetipo tradicional del cine de género. Y sabía, sin ninguna duda, que esto me lo darían estos dos elementos.

Para mí era importante hacer un guiño a un público muy concreto, pero sin olvidarme del otro.

“Extraterrestre” tiene patrones de la comedia clásica, pero creo que también conecta muchísimo con la nueva comedia americana, concretamente con las comedias de apariencia sencilla pero fondo adulto de Judd Apatow. No sé, su diseño cuidadoso de personajes, su mezcla de distintos modelos de humor, su reverso tristón e incluso amargo… ¿Compartes esa similitud?

Sí, me atrae mucho de Apatow que su humor no sea reduccionista. En sus películas no hay un momento en el que una broma grosera elimine de la ecuación las más sofisticadas, o en el que un humor dirigido a una mente más adulta excluya una pedorreta. Sus películas funcionan en ese sentido: todos están invitados, hasta los que piden más que una comedia. Apatow tiene facilidad para manejar diferentes tipos de humor y conseguir que de esa conexión no surja ninguna grieta, que nada funcione mal.

En un momento clave de la película suena “All My Little Words”, de The Magnetic Fields. Y esa canción está en perfecta sintonía con la escena, me atrevería a decir que la perfila, que la hace más emocionante sin ponerse por encima de ella. ¿Por qué la elegiste?

The Magnetic Fields es un grupo que uno puede utilizar tranquilamente sin que el resultado sea engreído, por así decirlo, o sin que parezca que te diriges sólo a un tipo de espectador. “All My Little Words” funciona automáticamente con públicos muy diferentes y en un tono muy delicado, que es el agridulce. No es una canción que puedas calificar de triste o alegre. ¿Es un lamento? ¿Es una celebración? No está claro. Y eso era lo que quería transmitir en la última escena de la película. Para mí era importante hacer un guiño a un público muy concreto, pero sin olvidarme del otro. El gran reto no es dirigirte a un público determinado, sino conciliar públicos muy distintos en una misma sala. En ese sentido, la película me está dando muchas alegrías porque, por un lado, tiene ese halo de película de festivales y, por otro, es una comedia con posibilidades comerciales.

The Magnetic Fields. “All My Little Words”

Para mí la presencia de Miguel Noguera en pantalla es un tributo.

Se advierte en “Extraterrestre” un esfuerzo por huir del localismo, de la broma privada. Pero, aún así, su humor es peculiar y conecta con otros modelos muy de aquí (la conexión chanante de la que hablábamos antes, o la aparición de Miguel Noguera). ¿Te preocupaba que en otros países no resultara graciosa?

Hay una contradicción: se considera que la comedia es el género inexportable por antonomasia, cuando la película que abrió realmente fronteras, que nos abrió los ojos en los 80s a la posibilidad de hacer un cine que llegara al resto del mundo, fue “Mujeres Al Borde De Un Ataque De Nervios” (1988), precisamente una comedia que no sacrifica en ningún momento su identidad local.

También has contado en el reparto con el humorista, escritor y dibujante Miguel Noguera. Creo que, cada uno en sus ámbitos, compartís esa capacidad de rizar el rizo, de probar con resultados brillantes el más difícil todavía, pero sin perder de vista la idea original.

Me halaga lo que dices porque para mí la presencia de Miguel Noguera en pantalla es un tributo. Es alguien a quien admiro mucho, y no sólo por la gracia que tiene, sino porque es de las pocas personas que será capaz de fabricar un formato nuevo, como pueden ser las ideas, sus ideas, que no son chistes ni son nada. Que tenga una propuesta tan definida y sepa llevarla al límite, explotarla y desarrollar una mecánica, me parece muy valioso y me hace sentir afortunado de estar cerca de él. Su presencia en “Extraterrestre” se debe también a lo buen actor que es, eso es algo impepinable.

En tus trabajos hay un diálogo constante con el cine y con la cultura popular, pero has evitado siempre las referencias evidentes y los guiños cómplices. Aún así, ¿reconoces en “Extraterrestre” influencias concretas?

Evité al máximo la referencia directa o la cita. Pero sí, está ahí la influencia de las series de Steve Coogan, Larry David y Ricky Gervais, y del cine de Borja Cobeaga y, en un momento dado, Pedro Almodóvar. También me viene a la cabeza “Greenberg” [2010], de Noah Baumbach, que me parece una obra maestra y me fascina que esté construida sobre la incomodidad.

De hecho, ahora que lo dices, hay similitudes entre el personaje de Areces y el de Ben Stiller en “Greenberg”.

Sí, los dos personajes demuestran una falta de escrúpulos a la hora de expresar sus deseos y una total incapacidad para consumarlos. Expresan tanto lo que quieren que incomodan muchísimo a los que tienen alrededor. Pero nunca dan un último paso, no hacen más que dar vueltas en círculo.

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