Entrevistas

Momus: “Se puede escapar de la conciencia de clase pero nunca de la sexualidad”

El excéntrico músico escocés publica una novela, “El Libro de las Bromas”, vía Alpha Decay. Ha llegado el momento de hablar con él para que nos lo cuente todo

Hoy se pone a la venta “El Libro de las Bromas”, la primera incursión de Momus en la novela. En esta novela nos habla sobre Rabelais, los libertinos franceses, la facilidad de escribir historias, de Japón y de sentirse un criminal entre gente civilizada. Genio y figura.

Hace más de veinte años, el escocés Nick Currie eligió como apodo artístico el nombre de Momus, un hijo del demonio Nix convertido en la personificación del sarcasmo, del delirio, del ridículo, de la burla, de la parodia, del desprecio y de la culpa. Momus vivía con los dioses en el Olimpo pero acabó por socavar su simpatía con sus continuas perversiones a modo de críticas y reproches. Desde aquí no creemos que Currie vaya a quebrar grandes simpatías a estas alturas de la película pero sí que es bastante posible que congele más de una sonrisa con “El Libro de las Bromas” (2009), la novela que Alpha Decay publica hoy en nuestro país.

Segundo libro escrito por Momus (le precede “The Book of Scotlands”, también de 2009, y le sucede “The Book of Japan”, de 2011), “El Libro de las Bromas” narra la historia de una familia abocada a vivir su existencia a través de diversos chistes de raigambre popular. El libro no sólo mantiene intactas las constantes conceptuales que han marcado su andadura musical sino que las radicaliza aún más si cabe: tabús que se afrontan con naturalidad, un respeto casi profiláctico por el otro, lo siniestro conviviendo chocantemente con lo bello y una altísima transgresión humorística son algunos de los ejes alrededor de los que gira una novela tan aberrante como altamente recomendable. Por “El Libro de las Bromas” desfilan personajes con dos y hasta tres anos, pederastas y zoófilos varios, penes que echan partidas al ajedrez y niños que juegan a la inquisición española con langostinos por herejes. Entre tal melé de guarreridas, Currie menta a Proust o a Tolstoi, y también a Kafka y Dostoievsky cuando necesita anclajes para vehicular la historia de tres delincuentes en fuga. Asegura que disfruta haciendo “explotar el panteón literario para luego volver a reconstruirlo” y dice bromear únicamente acerca de aquello que respeta. No se considera un escritor subversivo.

Actualmente de gira por Europa para promocionar el libro, Momus hará escala el próximo 31 de octubre en la galería Mutt de Barcelona. En su comparecencia aprovechará para presentar su último álbum, el inquietantemente bello “Bibliotek”, el único que ha publicado este año aunque en nuestra charla nos confiese que en realidad ya lleva escritos cuatro. Dice que en Osaka, donde reside actualmente, debe quedarse mucho tiempo en casa y grabar sin parar, ya que “si salgo a la calle me transformo en un criminal”. Desde allí, sigue dejando que su carrera fluya como la de un genio al margen, en paralelo a la de otros estetas olvidados como Lawrence o Paul Simpson, sin hacerse notar en exceso pero dando forma a un erudito corpus artístico que ahora sube un nuevo peldaño con su vertiente de literato.

"El libro es como una serie de canciones dentro de una narrativa continua, pero yo las llamo bromas"

¿Cuál dirías que son las principales diferencias entre escribir un disco y escribir un libro?

Yo sólo consigo construir piezas cortas. Me aterrorizan las tramas y tener que estar pendiente de lo que le pasa a cada personaje, de sus relaciones y todo eso. De hecho, la broma que sale en la novela sobre si un hombre podría ser el tío de su propio tío es en realidad una sátira sobre los complicados árboles de familia que hacen tan aburridos algunos libros. También está la broma de “y de pronto, se oyó un disparo”, con la que me mofo de lo lentas que suelen ser las tramas. En realidad, el libro es como una serie de canciones dentro de una narrativa continua, pero yo las llamo ‘bromas’. Y no tienen sonidos.

¿De dónde surgió la idea para escribirlo?

Me encargaron un libro para una pequeña editorial francesa llamada La Volte. Habíamos estado hablando de ello durante un tiempo y mi primera idea había sido una enciclopedia de compositores ficticios, de músicos excéntricos. También pensé en algo sobre historias de animales, tipo La Fontaine y Esopo. La idea de las bromas acabó surgiendo de mi amor por los formatos cortos y la improvisación oral del folclore. Una broma no pertenece a nadie, no tiene autor aunque esté ‘escrita’; ha ido cambiando, distorsionándose, siendo contada de diferentes maneras. De hecho, ahí está la clave para la autorrealización de mis personajes: están atrapados en un ‘guión’ social, en una red de bromas, pero pueden alcanzar cierto grado de libertad contándolas de manera diferente, permitiéndose licencias. La libertad no es un sustantivo sino un adverbio. No es lo que haces sino cómo lo haces.

"Creo que el pop se ríe mucho más que el rock. Cohen es ahora menos divertido, y creo que la religión ha hecho mella en eso"

¿Cuál sería para ti el prototipo de escritor libre?

Admiro a los que se liberan del género, de la fórmula y de las expectativas del público a fin de entretenerse. Samuel Beckett es un buen ejemplo. Puede que ni tuviera esperanzas reales de que “Esperando A Godot” fuera a convertirse en una comedia bomba, y sin embargo, a pesar de romper con todas las reglas del juego, tuvo éxito. Lo que pasa es que si te liberas demasiado corres el riesgo de acabar como un autista y dejar de comunicarte por completo, y eso es algo de por sí inútilmente vanguardista. Yo escogí un formato popular como los chistes para evitar dicha esterilidad. Es lo mismo por lo que me decanté por el pop. Si por mi tendencia natural fuera, si me hubiese dejado guiar por mis mecanismos internos, la cosa hubiera tirado más hacia el esnobismo, el refinamiento y lo elitista. Eso es lo que debo tratar de equilibrar con lo crudo, lo bruto, lo chocante y lo terrenal.

Los personajes de la novela crecen con el ritmo de lectura y al final del texto vemos que han aprendido cosas, al más puro estilo bildungsroman. ¿Qué aprendiste tú al escribirlo?

¡Aprendí que es muy fácil escribir una novela! Había leído todos aquellos artículos del Paris Review sobre el bloqueo del escritor, todos esos libros sobre suicidios literarios, sobre la “literatura del agotamiento”, sobre la imposibilidad de publicar y tal… Pero cuando lo intenté lo encontré muy pero que muy fácil. En cada uno de mis tres libros las historias simplemente fluyeron. Ojalá lo hubiese sabido antes.

Quizá no tanto en literatura pero, ¿no crees que falta sentido del humor en la escena musical?

Sí. Creo que el pop se ríe mucho más que el rock. Cohen, lamentablemente, es ahora menos divertido, y creo que la religión ha hecho mella en eso. Aún así, tampoco busco necesariamente reír cuando escucho una canción. Lo que le pido a una canción es un feroz sentido de la ironía, e incluso un sentido del absurdo, pero busco sobre todo la empatía, sentir que el escritor no se está riendo de mi situación. Sobre todo porque los compositores de éxito conforman su pequeña minoría de ricachones mientras el resto sufren y luchan, y sería de mal gusto que sólo fueran esos ricos bastardos quienes riesen todo el tiempo.

En la novela se ríe bastante aunque, en el fondo, la historia no es tan divertida. Yo la veo triste, plagada de personajes solitarios llenos de dificultades y realmente dependientes los unos de los otros, y creo que conseguiste el balance perfecto a la hora de enfatizar dicho contraste.

¡Oh, gracias! Lo de la mala caracterización es deliberado. Por ejemplo, hay veces en que el asesino y el pederasta hablan como idiotas maleducados y otras en las que lo hacen de manera muy articulada e ingeniosa. Les hice deliberadamente inconsistentes porque son estereotipos, aunque encarnan roles sociales que son reales. En el Reino Unido, por ejemplo, sólo ahora después de su muerte se ha culpado como pederasta a una celebridad de la televisión. Fue alguien que también recaudó cuarenta millones de libras para obras de caridad, pero de quien se ha olvidado eso porque la gente no acepta que su historia pueda contener sutilezas o matices. Sin embargo, el crítico de rock Charles Shaar Murray señaló que en España, donde la edad legal para tener relaciones sexuales son los trece años, esta persona no habría sido juzgada como pederasta en absoluto. Por otro lado, y si así fuera, quizá la culpa no le hubiese llevado a impulsar tantas obras de caridad.

¿Por qué decidiste estructurar el libro en dos historias que se alternan por capítulo?

Me permitía editar, cortar y saltar de un lado a otro en los momentos dramáticos. También me gustaba lo de sobreponer un diario de presidio sobre un bildungsroman, y en particular la buñuelesca idea de unos prisioneros que se ven obligados a cometer los crímenes por los que han sido falsamente acusados a fin de que la sociedad “pague su deuda con ellos”. En el fondo, es algo que no tiene menos lógica que ver la prisión como una manera de pagar nuestras deudas con la sociedad.

"Es necesario sentir algún tipo de fracaso para experimentar algún nuevo tipo de éxito"

Pasemos a las influencias de “El Libro de las Bromas”. Se ha mencionado bastante a Rabelais aunque, durante la lectura, lo que me venía sin parar a la cabeza era Apollinaire y, en concreto, “Las Once Mil Vergas”. ¿Te influyó este libro?

¡Totalmente, y me alegra que lo menciones! Pasé una fase en la que únicamente leía literatura erótico-libertina, por lo general francesa. “Historia del Ojo”, “Las Joyas Indiscretas”, “Las Once Mil Vergas”. Me encanta la perversidad polimorfa de esos libros y su manera de entrelazar sexo y muerte, libertad y compulsión, comedia y horror. Una de mis citas favoritas es de Rilke: “La belleza no es sino el comienzo de lo terrible, lo que apenas somos capaces de soportar”.

Y luego está Bataille, claro, influencia confesa también en tu música…

Llegué a Bataille a partir de la oscura amargura existencial de Cesare Pavese. En realidad, esa transición recuerda a mi camino musical desde Jacques Brel a Serge Gainsbourg. Existía la noción, tanto en Bataille como en Gainsbourg, de que aunque la vida siguiese siendo tan oscura y potencialmente horrible como parecía en Pavese y Brel, el sexo era una especie de comodín, una salvación en potencia. Al ceder a absurdos apetitos, uno podía fundirse con la irracionalidad del destino, no importa cuán oscuro éste fuera. La vergüenza y la transgresión eran caminos hacia una transformadora magia chamánica. El sexo era azúcar en los labios de la muerte.

Diría que en el libro también hay mucho de Freud. ¿Conoces “El chiste y su relación con el inconsciente”?

¡Claro! Soy un ferviente freudiano. No digo que Freud tenga razón pero sí que le considero necesario. Lo que te comentaba sobre el paso de Brel y Pavese a Gainsbourg y Bataille también es aplicable a mi transición de Marx a Freud. La gente puede escapar de la conciencia de clase (¡ay!) pero nunca podrá escapar de la sexualidad.

"En Japón me siento como si cualquiera fuese más civilizado que yo; allí, yo soy el criminal"

Me gustaría hacerte algunas preguntas a partir de frases del libro que llamaron mi atención. Por ejemplo, la que lo cierra: “No te hablábamos a ti –decimos todos hablándote a ti”. ¿A quién dirías que va dirigido este libro?

En inglés tenemos la expresión “playing to the gallery”. Significa que alguien está hablando “sobre tu cabeza”, quizá negándose a hablar mal de ti o evitando tener en cuenta tus limitaciones. Hablar de esa forma puede dar pie a un diálogo con interlocutores imaginarios: mentores muertos, escritores antiguos o mismamente con Dios. Por eso creo que “El Libro de las Bromas”, aunque use lenguaje barriobajero, le habla realmente a las estrellas.

Sobre otra frase que dice “Un artista nunca pierde”, te pregunto: ¿qué significa el éxito para Momus?

No lo sé, todo está tan interconectado. Debes estar aburrido para ser impulsado a hacer algo interesante. Es necesario sentir algún tipo de fracaso para experimentar algún nuevo tipo de éxito. Necesitas ser amargo para gastar una broma realmente divertida. Todo es relativo y dialéctico. Vendo muy pocos discos y muy pocos libros, pero eso me ha permitido optimizar riesgos y controlar lo que hago, lo cual me da un inmenso placer. Creo que el verdadero fracaso habría sido alcanzar una fórmula popular y luego fracasar con ella. Pensar en el dinero y no lograr hacer ninguno.

En otro momento del libro un personaje dice algo así como “Lo peligroso es la seguridad”. ¿Qué es lo último que ha llamado tu atención en esta última visita a Europa en comparación con las conductas cívicas orientales?

Hoy estaba caminando solo por la calle en París, en un barrio popular. Permanecía alerta contra los carteristas, intentando evitar las miradas de las prostitutas y los camellos, y pensando: “En Europa me siento como la persona más civilizada en una calle de criminales potenciales. En Japón me siento como si cualquiera fuese más civilizado que yo; allí, yo soy el criminal”. Y me preguntaba qué me gusta más; si ser un caballero entre los ladrones o un ladrón entre caballeros. Si localizar el peligro fuera de uno mismo o en tu interior. Finalmente, mi respuesta fue que me gustan ambas opciones. Y así es como vivo, en constante alternancia entre Asia y Europa, entre la conformidad y el caos.

Hablemos de “Bibliotek”, tu último disco. ¿Cómo se lo describirías a alguien que no conociese tu andadura musical?

Es un disco escrito en ese tono que yo llamo ‘horrible pastoral’, o ‘bucólico terror’ tal vez. Tiene un montón de flautas y alusiones a películas de miedo como “La Piel de Satán” o “Una mujer en la Arena”. Hay algo de revivalismo ochentas y cierto afecto por extraños ‘pierrots del sinte’ como Alberto Camerini. Creo que lidia con cierta escuela nostálgica británica, de cuando la electrónica temprana y aquellos extraños y aterradores programas infantiles de televisión que teníamos en los setenta. Tiene un toque de folk, un suave acabado y un corroído brillo electrónico.

Es curioso que digas lo de la nostalgia, porque quería preguntarte por eso. Hay un tema en concreto en el álbum, ‘Core’, que suena como una isla entre el resto, muy años veinte. Me hizo pensar en el álbum de The Caretaker del año pasado…

La nostalgia trata sobre lo siniestro, sobre las emociones encontradas que sientes cuando ves una sociedad refractada a través del ajado espejo de estilos y valores de otra época. De repente, la arbitrariedad de nuestros propios valores se revela y eso nos da un sentimiento de libertad, como si todo pudiera reinventarse y nada fuese sagrado. Al mismo tiempo transmite una sensación terrorífica, como si nada realmente significase nada, como si nada contara ni fuese a durar.

Para acabar, unas últimas preguntas a modo de cuestionario. Si pudieras pasar un día entero con un personaje de ficción, ¿quién sería?

¡Oh! ¿Se puede decir Dios?

Claro. Y si se tratase de alguien real, ¿a quién escogerías?

A David Bowie. ¡Debería haber intercambiado estas respuestas!

Tu próximo libro tratará sobre…

La vida vista por un anciano de 112 años.

¿Qué te queda por hacer en la vida?

¿Morir, quizá? Esa sería una gran respuesta pero, técnicamente hablando, sería incorrecta al quedar ensombrecida por ese ‘en la vida’ implícito en la pregunta.

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