Entrevistas

Miqui Puig: “No hay que ser un talibán del pop”

Conversaciones sobre la música y la vida con el ex líder de Los Sencillos

En un pequeño pueblo catalán alejado del mundanal ruido, de los semáforos y de los coches, de centros comerciales decadentes e incluso de cualquier tienda de discos, habita un niño grande, un hooligan musical que lleva el entusiasmo en las venas. Hablamos de Miqui Puig, ex líder de Los Sencillos, una banda de pop, culta y de culto, que nos ha dejado clásicos como “Bonito Es” o “Mala Mujer”, hijos de su época y de la escena de entonces. Puig, que también es un reputado productor y DJ con gusto, posee una cantidad descomunal de fanzines musicales (sobre todo modzines y soulzines), y atesora entre diez y once mil discos de géneros que comprenden desde el soul hasta el jazz-punk. Convertido en todo un connoisseur, durante los últimos ocho años ha estado organizando un Concierto Navideño en su pueblo, l’Ametlla del Vallès, en el que ha invitado a bandas semidesconocidas de inusitada calidad, como The Pepper Pots o The Free Fall Band, y ha logrado lo imposible: convertir el far west catalán en un refugio musical tan peculiar como el propio Puig.

Hace unos años, Puig participó en el circo de la televisión haciendo de jurado en un programa cazatalentos, y la persona pasó a convertirse en un personaje. Ahí fue cuando media España (re)descubrió al ex líder de Los Sencillos, y cuando se comprobó (por enésima vez) que el mainstream es un mejunje con kilos de maquillaje que no traga al indie. Nada nuevo para Puig, aficionado a sobreexponerse con su habitual desparpajo, ya sea ante las cámaras o ante internet (cada tres horas cuelga en Twitter sus escuchas del día, como si Twitter fuese un bar musical y sus tweets mezclas de DJ). Ahora Puig sigue componiendo, produciendo y pinchando, pero desde donde lo vieron nacer: desde la Autenticidad. “Cuando eramos tan guays con Los Sencillos”, dice, “no quisimos jugar al juego de las multinacionales, y yo volvía a l’Ametlla, y volvía a ser el de siempre. Quizás si hubiéramos dicho que sí ahora seríamos El Canto Del Loco”. Puig habla atropelladamente durante toda la entrevista, probablemente porque tiene tanta cultura musical que no sabe ni por dónde empezar. ¿Quizás por el principio?

"Digo que soy punk rocker sólo para irritar, porque canto canciones de amor."

¿Cuándo descubres por primera vez la música?

Gracias la televisión española de los años 70s y los 80s, que programaba cosas muy underground. Los programas de Carlos Tena, Popgrama, Pista Libre, Auanbabuluba, Taula De So (con Gato Pérez) o Caja De Ritmos (que fue finiquitado por la emisión del “Me Gusta Ser Una Zorra”, de Las Vulpes, en pleno horario infantil), los conciertos que daban en la piscina de mi pueblo, donde yo me quedaba a ver las pruebas de sonido de los grupos que iban a tocar... Ahí empiezas a ver bandas como Blondie. Luego, en una tienda de mi pueblo que vendía libros y discos, me compré la “Màgia De l’Estudiant”, de Sisa. En definitiva, mucha radio, revistas y fanzines, pero mis primeros referentes son estos, TVE1 y TV2. No tuve ningún padrino ni hermano mayor que me introdujera en este mundo.

¿Al principio de todo, qué disco o artista te llamó más la atención?

Pues lo primero que me sorprendió fue Gato Pérez. Pero no recuerdo la primera vez que escuché algo de New Wave, o de Gabinete, o de Alaska.

¿Cuándo empiezas a darte cuenta de que, acumulando discos, te estás convirtiendo en un coleccionista?

Durante el instituto, pero no me lo planteaba así. Para mí tener discos era algo natural. No era el típico que se gasta cien euros en un disco, de la misma manera que no me ha gustado nunca llevar etiquetas. De hecho, digo que soy punk rocker sólo para irritar, porque canto canciones de amor. Tú descubres lo que te va llegando, y así vas acumulando material.

¿Dónde comprabas los discos?

En Granollers, pero muchas de esas tiendas donde iba han ido cerrando. En alguna de esas tiendas había dependientes que cuando te veían entrar por la tienda automáticamente te ponían Stone Roses o New Order, y conseguían que te compraras sus discos. De hecho, cuando voy a una tienda donde me conocen, ya me dicen directamente lo que ha llegado y me puede gustar. Y llega un punto en que desarrollas una especie de olfato. Por ejemplo, con los maxis de baile, miro el año, el productor y el sello, y el sello nunca te engañará. Una de mis joyas es el primer disco de Louis Philippe, con los Arcadians. Vi la portada toda blanca, le di la vuelta, vi que lo habían grabado en Bélgica, y luego veo debajo de todo, Louis Philippe ( “Mad Mad World”, comentado por el propio Puig en una de sus columnas “Placeres A Un Euro”). Otra vez vi, en un mercadillo, a un gitano con una cubeta llena de singles de northern soul. El día antes, uno de esos singles que tenía el gitano lo había estado mirando por internet, y aquel día que no fui a buscarlo, me lo encontré.

Pero esto de comprar discos es como lo del cierre de CD Drome. Es un drama porque considero que hay más gente que quiere estar opinando detrás de un PC que comprando discos. Por ejemplo, descubrí Gangway por internet, y aluciné. Sin internet no los hubiera podido conocer.

Los tiempos cambian. Alguna vez te habrá pasado comprar el disco de un desconocido que unos años después se convierte en un bombazo…

Bueno, creo que todo son modas. Ahora representa que el folk mola, por ejemplo. Además, es curioso que cuando las revistas de música hacían las listas de los discos más importantes, luego ibas a las tiendas y te los encontrabas en cantidades industriales. Pero no sigo las listas. Un amigo mío, cuando dejamos Los Sencillos, me dijo que en 15 años un chaval se compraría un buen día un disco nuestro y nos descubriría entonces. Eso no es una moda.

De quienes sí recelo mucho es de aquellos que se dicen fans de un tipo de música y luego, en poco tiempo, cambian de gusto radicalmente y se hacen fans de otra cosa. Hay un poco de sectarismo, como en el northern soul o el jazz-punk. Pero yo, con lo que me cuesta un single de northern me compro cuatro discos de otras cosas que también me gustan. Y de la época mod me llevé, por ejemplo, a Nat King Cole, y me compro todo lo encuentro de Modern Jazz Quartet.

¿Nos fijamos demasiado en las listas?

Es de las cosas más ridículas del mundo. Son totalmente manidas. De las listas de ahora me gustan sólo dos o tres discos. No porque lo diga la lista me lo voy a ir a comprar.

"En España no hay artistas de largo recorrido, no los hay. Y se critica mucho. Siempre petan cosas, en lo maistream puro y duro, que son triviales."

Respecto a los artistas como tú, cultos y con amor propio... Parece que no caéis del todo bien.

Aquí no se valora nada. No juego en esta liga, ni quiero jugar. Me llamaron outsider, pero no soy un outsider. No soy un maldito a quien nadie entiende. Tú tienes que hacer lo tuyo, y cuando coincide que gusta, genial, y cuando no, pues qué le vamos a hacer. En España no hay artistas de largo recorrido, no los hay. Y se critica mucho. Siempre petan cosas, en lo maistream puro y duro, que son triviales. Y no quiero que nadie de esta gente entienda “Vincent Montana Jr.” [nota: el cierre de su disco “Impar”]. Si me interesara ese mercado, estaría haciendo versiones con sintetizador de “Bonito Es”, o duetos.

¿Crees que en otro país te valorarían más?

No lo sé, pero es que el problema aquí es que a mí me gusta la música por encima de todo, y siempre he sido muy entusiasta con todo lo que he hecho, y que a veces quieres hacer cosas y te dicen que ahora “no toca”. Yo hago televisión aquí y me penalizan, pero hace lo mismo en Inglaterra Jarvis Cocker o quien sea, y mola. Pero esto va así. Una vez recibí un correo electrónico de un tipo, amenazándome, diciéndome de todo, etc., y ahora hago promo de sus grupos...

¿Qué esfuerzo supone sacar un disco hoy en día?

Para mí mucho. Por ejemplo, cuando saqué el disco de versiones, “Homenaje A Barcelona”, me dijeron que estaba acabado. Pero me lo planteo así: ¿qué es más importante, 120 personas en un concierto navideño, o miles que dicen que vendrán mediante un evento de Facebook? No nos han enseñado a aceptar el fracaso, y que cuando llegas al éxito luego caerás. No nos dijeron que el éxito puede durar sólo tres años.

Vivir lejos de Barcelona, ¿es una opción artística?

Yo es que soy muy de mi familia, pero tengo Barcelona a veinte minutos. Además, ya he vivido muchas escenas, y te acabas cansando de tanto vacío.

Un proyecto utópico.

Un disco de northern soul, puro y duro, con Guille Milkiway. Hace años que queremos hacerlo.

Pero el northern soul es muy suyo, y sus fans muy reservados…

Sí. Cuando fui a Buenafuente a hablar del northern soul me criticaron pero, por otra parte, hubo gente que dijo que había hecho más por la promoción del northern que nadie. Me acuerdo de que un día, en un bar, un motero con una scooter vino y me rompió una botella y me dijo que había traicionado a la causa. ¿Qué causa?

¿Se le da mucha importancia al pop?

Al pop se le da poca importancia. Si a mí me gusta un disco y a ti no, pues no pasa nada. Si no me gusta Bon Iver, no me gusta Bon Iver. El pop te tiene que interesar y emocionar. Para mí, el jazz punk es pop. Pero lo que no podemos hacer es ser talibanes del pop.

¿Hay tendencia a entronizar a grupos determinados?

Hace tiempo a The Free Fall Band les hicieron una entrevista en TV3, mencionaron a Manel, y luego sólo salió el corte con ellos hablando de Manel. Es un ejemplo. A mí lo que no me gusta de este negocio son esos señores que ponen el pulgar arriba o abajo según les convenga. Es romano. Los grandes grupos entran, lo petan, y tienen que hacer rápidamente otro disco para que la máquina no pare. Alguien que hace un disco al año o dos no puede ser bueno, así como un escritor no hace dos novelas al año. Además de grabar con los del Proyecto Robo, ahora estoy con lo de la OJO (Original Jazz Orquesta), quiero sacar un disco a finales de año, ¡y quizás no llegaré a tiempo!

"¿Qué pasará cuando las cervezas dejen de patrocinar los festivales?"

¿Cuál sería la Barcelona musicalmente ideal para ti?

Bueno, todo el mundo tiene ahora salas para hacer acústicos, pero es un engaño. Cualquiera puede hacer un disco, hoy en día. Sin embargo, con iLLA CAROLiNA la cosa ha funcionado mediante el boca-oreja, y ahora hemos creado la necesidad de sacar un disco. Hay que hacer directos y crear esa necesidad. En los festivales hay bandas hechas para tocar ante cien personas que están tocando ante 4.000, y no puede ser. Me gustan los festivales, por eso. Pero todo el mundo hace discos y todo el mundo programa festivales. Todo el mundo entiende de todo y todo el mundo se mete. ¿Qué pasará cuando las cervezas dejen de patrocinar los festivales? ¿Qué pasará? La verdad es que cada vez me interesa saber cada vez menos de todo eso. Estos que hacen dos discos al año también escriben libros, y hacen blogs, y hacen de todo... ¡Lo próximo que harán será moda! Por otra parte, yo siempre tengo mucho miedo con todo lo que hago. Me gustaría escribir algo, pero tengo amigos que escriben, y muy bien. Tengo miedo. Dicen que tengo ego, pero en realidad sólo me considero un fanático al que le gusta la música.

¿Algún disco genial que quieras recomendar?

Ahora estoy contento porque he conseguido en vinilo para mis amigos el “Casa Doce” de BB Sin Sed, un grupo pop de Sabadell que los reivindico desde hace años, así como lo hacía hace tiempo con The Jesus and Mary Chain o Brighton 64, los de “La Casa De La Bomba”. También el álbum de electrónica “Bel Air”, de Ultramarine, que me vuelve loco. La caja de Sid Johnson (Sidney DeWayne) que me compré el año pasado, la escucho poco a poco para ir disfrutándola. Y no quiero dejarme “Cuatro Rosas”, un mini-LP de Gabinete Caligari, un disco de referencia para mí. Y hace nada, el “Kaputt” de Destroyer. O Los Ginkas, que no suenan en ninguna parte.

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