Entrevistas

Matthew Dear

El urbanita ilustrado

Matthew Dear Por Mónica Franco.

Si hay una constante que perdura indeleble en todos los proyectos creativos de Matthew Dear, ésa es la elegancia. Un aura de refinamiento e intelectualidad ha acompañado siempre al productor, tanto en sus pasajes más technoides con su alias Audion como cuando desarrolla sus acercamientos al pop con su nombre “burocrático”. Elegancia igual de palpable más allá de lo estrictamente musical, extrapolable a su propia imagen personal y que envuelve todo lo que toca; sólo hay que darse un paseo por su propio blog o adquirir la edición limitada de su último trabajo Black City ( Ghostly International, 2010), una escultura totémica que indaga en la fusión entre arte y packaging, para apreciar este apego suyo por el buen gusto y la erudición.

“Black City” confirma la candidatura de Dear a caballero de la electrónica, gentleman de nuestro tiempo. Sin embargo, el DJ, productor y compositor ha evolucionado en otros aspectos desde su anterior trabajo, “Asa Breed”(Ghostly International, 2007), y lo ha hecho de manera paralela en lo vital y en lo creativo. Sin duda, mudarse a Nueva York explica muchos de los detalles de su nueva obra, en la cual hace las veces de cronista de su tiempo, aportando su particular visión nocturna, sociológica y urbanística en forma de metáfora musical. Pero hay otros detalles que escapan al entendimiento o a la mera documentación y por eso hemos preferido pregutárselos a él mismo.

Nos consta que te has cambiado de ciudad y que ahora resides en Nueva York. ¿Por qué te mudaste y en qué medida ha afectado Nueva York a la creación de “Black City”?

He querido vivir en Nueva York desde que era un niño. Recuerdo haber estado pensando que quería vivir en un loft en el que pudiera jugar a baloncesto. Quizá incluso tener un trampolín. Las películas pueden causar este tipo de cosas en un niño. Y llegó 2007 y fue un buen momento para dar el paso. Evidentemente, hablamos de una ciudad llena de vida y movimiento. Una vez estás ahí, no hay escapatoria posible, y toda esa energía puede afectar en la manera en que trabajas en el estudio. Mi trabajo, pues, refleja el tira y afloja al que te somete el lugar.

Además de la mudanza, han pasado tres años desde “Asa Breed”. Eso es muchísimo tiempo. ¿Han pasado muchas cosas en tu vida? ¿Has notado cambios como individuo, algún tipo de crecimiento personal, relaciones con las cosas o con la vida?

He intentado tomarme las cosas con más calma en el estudio. La mayor parte de “Asa Breed” está hecho, más o menos, en una “primera toma”. Trabajaba en una canción durante todo el día y, al final del día, decía: “vale, esto ya está”. Casi toda mi música la hacía así, sentía que la adrenalina de la experiencia quedaba de esta forma mejor capturada en la grabación y en la canción. Pero con “Black City” he empezado a volver una y otra vez sobre la música. Añadía partes nuevas varios meses después. Ya no sé a qué momento corresponde cada parte cuando hay un esfuerzo tan concentrado. Tres años es un periodo de tiempo muy largo, en efecto, e intuyo que de alguna forma yo ya sabía que esta vez el trabajo tenía que ser más rico, más denso.

¿Qué reflejan las letras? ¿Son esbozos de una autobiografía, impresiones poéticas sobre la realidad o completa ficción?

“Impresiones poéticas sobre la realidad”: me gusta. Me resulta muy difícil describir las letras. Están muy asentadas en el día a día de mi vida y reflejan mis experiencias con los amigos y la familia. De todos modos, estas auto-citaciones y preguntas no son en nada diferentes a las que se puedan plantear otras personas. En ese sentido, espero que mis difusas interpretaciones de la experiencia humana puedan estar en sintonía con casi todo el mundo. El punto de partida para mis canciones casi siempre soy yo mismo, pero quiero que la siguiente parada siempre sea el oyente. Yo me expurgo, ellos reciben y luego la idea queda en herencia para que quien quiera la aplique en su vida.

El título “Asa Breed” viene un personaje de la novela “Cuna De Gato” de Kurt Vonnegut. En su día ya manifestaste que ese título sólo era un título, nada más. De todos modos, ¿se puede rastrear un fondo literario en tu música? ¿Es posible que los libros te influencien más que la vida?

La ficción guía una gran parte de mi vida. De la misma manera en que me alimento de lo que me puedan aportar otros músicos en diversos momentos, hago lo mismo con los escritores. Si escuchas la música de otra persona de manera repetida, puedes llegar a existir en su espacio creativo. Pasa lo mismo con los libros. En el producto final queda atrapado mucho más que música y textos. Lo que estás metabolizando es un alma y el pensamiento de otra persona. “Asa Breed” lo escribí después de leer mucho a Kurt Vonnegut y a Philip K. Dick. “Black City” es más Cormac McCarthy. La visión de McCarthy es, de lejos, mucho más gótica y discordante de la realidad que cualquier manifestación musical que encuentres ahí fuera. Puede parecer que es como mezclar manzanas y naranjas, que parece lo mismo aunque no lo sea, pero es importante intentar alcanzar ese punto en la música siempre que sea posible.

En tu cuenta de Tumblr has colgado una interesante y amplia colección de paisajes de la vida urbana y de la vida al aire libre. ¿Son todas esas fotos hechas por ti? Y más importante aún: ¿son esas imágenes parte de tu visión de lo que es la arquitectura de la “black city”?

Todas esas imágenes las he capturado yo, sí, a través de la cámara de mi teléfono a lo largo de mis viajes alrededor del mundo. Lo que he intentado es dejar claro que “Black City” no es un disco sobre Nueva York, y todas esas fotos lo pueden atestiguar. Son pedazos de la densidad urbana en cualquier parte del mundo recopiladas en mi página de Tumblr. Y cuando llega el momento, esas imágenes también empiezan a formar parte de la música.

Para muchos de tus fans, tu música bajo tu nombre de pila (no hablamos ahora del material como Audion) es la representación de dos ejes sonoros: el techno minimal y las melodías pop. Pero, aunque la parte pop permanece en “Black City”, parece como si hubiera cada vez menos techno. ¿Cómo vives el techno estos días? ¿Estás en una de esas fases creativas en las que los beats 4x4 y los ruidos digitales te restan posibilidades o es sólo una fase transitoria?

Sigo pinchando con regularidad en muchas partes del planeta y siempre pincho techno y house, así que no estoy en ninguna fase de alejarme de la música de baile. Creo que si escuchas con atención todos mis discos, en cualquier caso, sí se percibe esa recesión de la parte techno en el material más vocal. Siento que ambas cosas tienen que ir separadas. Las canciones de “Black City” no las he escrito para que alguien las pinche en un club. Ya hay otra gente cumpliendo esa función con una intención mucho más fuerte. De todos modos, debo decir que “Black City” es mucho más sintético que “Asa Breed”. Es casi más “techno” ahora, pero muy ralentizado. Hay un montón más de espacio con el que jugar cuando haces las cosas con lentitud.

Leyendo tu entrevista “5-10-15-20” en Pitchfork, explicabas ahí que la música de tus últimos cinco años ha sido tu propia música. ¿Cuánta introspección ha habido en la creación de “Black City”? ¿Llega algún momento en que te cansas de ti mismo?

[Risas] Lo que quería decir es que he estado escuchando mucha de mi propia música hasta la edición del disco, para así hacer cambios y ajustar cosas. Disfruté mucho haciendo esa entrevista, me hizo pensar a fondo en todo lo que he estado escuchando a lo largo de mi vida. Estuve haciendo los deberes, indagando en mi pasado para poder conjurar un montón de recuerdos polvorientos. Por supuesto, en estos últimos cinco años he estado escuchando música de otra gente, pero casi siempre acababa volviendo a la mía para poder acabar “Black City”. Tengo como unas 30 canciones de los últimos tres años en las que quiero seguir trabajando para así poderlas editar en un futuro próximo. Estoy escribiendo más de lo que lo había estado haciendo últimamente.

Hay una aproximación a la música disco muy notable en algunos de los temas nuevos: menos techno, menos synth-pop, más ritmos mutantes, cambios de humor impredecibles que van de la euforia a una introspección tímida (de “You Put A Spell On Me” a “Gem”). Es fácil pensar que esto no es sólo un reflejo de una herencia musical y de tus recuerdos como oyente en tu juventud, sino el producto de aprender algo más (en la vida, en la música, en alguien). ¿Estamos siguiendo la pista correcta?

Completamente. Ahora tengo 31 años. Soy un hombre joven, por supuesto, y no se puede decir en ningún caso que sea un anciano, pero me siento muchísimo más aplacado que hace cinco o diez años. No puedo negar que el paso del tiempo tiene un efecto en mi música. He habilitado más espacio para que la música respire. Hay un regreso al espacio, a querer revisar las canciones una vez ya están escritas y aparentemente acabadas. “Gem”, por ejemplo, la escribí unos días después de “Deserter” en 2002, o por ahí. Como “Deserter”, creo que la escribí como si fuera un mensaje a mi yo futuro. Cuando estaba en el instituto, al comienzo de un curso, solía deslizar una página al azar entre las últimas páginas de un libro de texto. Escribía un mensaje a mano dirigido a mí mismo del tipo “Hola, Matt, soy Matt. Espero que te lo estés pasando bien”. Eso lo sigo haciendo, pero en forma de canciones.

El álbum suena más resplandeciente de lo que el título sugiere: es negro, pero no ese negro oscuro. Tiene un punto de brillo, como las luces de neón de un club. ¿Eres una persona nocturna?

No puedo con las mañanas, al menos hasta que me tomo un café solo bien cargado: entonces, el mundo es mío. Parte de mi mejor trabajo lo he hecho de noche, cuando casi todo el mundo está durmiendo. Ha salido de lo más profundo de mi mente una música maravillosa a las tres de la mañana, arrastrando el jet lag de una gira y aislado dentro de los auriculares. La mezcla final siempre la dejo para la mañana siguiente, pero así consigo que las canciones tengan un aura única, como si yo no las hubiera escrito.

Después del tour como DJ de este verano, vas a llevar “Black City” al directo, o al menos eso es lo que has sugerido en Tumblr. ¿Va a cambiar algo en comparación con la última gira, Big Hands? ¿Qué aprendiste a hacer y a no hacer cuando sales a recorrer el mundo para dar conciertos?

Sí, habrá gira, será en octubre y noviembre en Estados Unidos y en diciembre en Gran Bretaña y Europa. Aprendí a no tocar nunca en salas que tuvieran mucha ganancia en los subgraves. También aprendí a añadir subarmónicos en la instrumentación. Disfruto mucho tocando esta música en vivo y adaptándola a un formato de banda de directo, pero en el fondo, de una manera inherente, es música electrónica y necesita ser presentada de una manera muy concreta. Una banda de tres músicos, con bajo, guitarra y percusión, puede conectar sus amplis e hipnotizarte. Esto lo he visto con mis propios ojos en las calles de Brooklyn: jodido rock instantáneo. Pero si tengo que basarme en el material del disco, tiene que ser algo grande. Necesito que suene intenso. Si en la actuación sólo tienes un laptop a un lado del escenario, la impresión que queda es un poco patética.

Como Audion, has estado lanzando nuevo material de una manera gradual a lo largo de los últimos cuatro años. Así que es de suponer que hay algo nuevo previsto y pensado para la pista de baile. ¿Lo hay? ¿Qué será?

Voy a volver en breve. Ahora me voy a concentrar en llevar este disco de gira, me ocupará aproximadamente unos seis meses. Estoy seguro que de cuando el tour se acabe voy a estar hambrientísimo de techno.

Cuando estás en el estudio haciendo nueva música, ¿ésta fluye de una manera natural y con un ritmo de producción constante, o sufres mucho para acabar sacando la inspiración? Y entre escribir canciones o tracks de baile, ¿cuáles son las ventajas y las desventajas de cada formato?

Nunca puedo dejar de hacer música y reunir nuevas cosas para el estudio. Justo ahora estoy empezando a saber cómo quiero que sea mi estudio, y eso me lleva a seguir escribiendo y escribiendo. Por tanto, para mí es muy beneficioso, es como una terapia. Me molesta un poco salir de gira porque entonces no puedo estar echando horas en el estudio. La música se queda atrapada en la cabeza, y me da miedo que las canciones acaben por desaparecer si no las grabo tal como llegan. También me gustaría producir a otros artistas. Ése será el próximo paso.

¿Has cambiado la manera de producir desde que llegaste a Nueva York? Habrás vendido y comprado máquinas, y el equipo que tienes en el estudio es el que dicta qué forma final adopta el sonido…

Comprar, comprar y comprar. Es un proceso sin fin. Acabo de encontrar un lugar para ensayar al lado de mi apartamento en Brooklyn, así que por fin puedo montármelo a lo grande por primera vez desde que dejé Detroit. Tengo curiosidad por saber cómo va a afectar esto mis rutinas de grabación.

Ya has acabado de responder estas preguntas. ¿Qué vas a hacer ahora?

Voy a encender la televisión de la habitación en la que estoy, en este hotel de la costa francesa, y voy a comenzar a pasar canales hasta que encuentre algo en inglés. Acabaré por resignarme a ver CNN International, me quedaré dormido con el mando a distancia en mi mano y me despertaré al cabo de unas pocas horas para pasármelo teta con la gente en la playa. No cambiaría esta rutina de hundimiento y subidones de ánimo por nada en el mundo.

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