Entrevistas

Mark Kitcatt: “Es una sana costumbre española menospreciar su propio nivel cultural. Me hace gracia, pero no me lo tomo en serio”

Segunda parte de la conversación sobre crisis e industria discográfica en España con el director de Popstock/Everlasting

Tras la primera parte de la conversación con Mark Kitcatt publicada ayer, retomamos la charla con el director de Popstock/Everlasting, una de las distribuidoras de pop-rock independiente con mayor trayectoria y mejor catálogo de España, al respecto de los tiempos de cambio (duros) que afectan al sector discográfico en el país, sobre sus problemas, errores, esperanzas y posibles vías de solución.

¿Crees posible a estas alturas el llegar a cambiar esa concepción que ya se ha instalado en una amplia parte de la sociedad, sobre todo en los segmentos de edades más jóvenes, según la cual “música = gratis” (y si alguien defiende lo contrario es que está “contra la libre circulación de la cultura”) y “que las bandas que toquen en directo, que ahí es donde se gana dinero” (algo que no es necesariamente cierto cuando hablamos de bandas pequeñas)?

Si no se pudiese adquirir gratis, la pagarían. A mí me gustaría que se pagara de forma consciente, no tengo mucha paciencia con esas historias donde engañas a la gente y les haces creer que no están pagando, que lo paga la publicidad, que lo patrocina esta o aquella marca de cerveza. Y el desafío es encontrar un precio que se puede pagar sólo por tener acceso a escuchar música, diferenciado de poseer un disco. Estamos en tiempos de crisis. Tampoco somos los únicos que sufrimos ese problema que identificas. Debe haber mucha gente que nunca ha comprado un periódico, y se nota en la calidad de los periódicos. Pero sí creo que se puede cambiar esa concepción, claro, si no lo creyera, no estaría aquí.

En el lado contrario, ¿cómo caracterizarías al individuo que aún sigue creyendo en el valor de la música y aún sigue destinando una parte de su presupuesto para ocio y cultura a la compra de discos (ya sean físicos o descargas digitales)? Dicho de otro modo, ¿quién creéis que es vuestro público consumidor a día de hoy?

Lo único que sé es que le voy a dar un gran beso cuando le conozca. En serio, voy a tiendas, voy mucho a conciertos. La gente compra discos y se interesa por los discos. Y compran descargas también. Si no hubiera nadie en el metro mirando si la gente salta la barrera sin pagar, aún habría gente que pagaría el billete porque saben que para que haya metro es necesario pagarlo. Y si tuvieras un bar con un honesty box habría gente que pagaría sus copas. No es ningún misterio. Gente legal. Ahora, lo que es prácticamente imposible hoy en día es vender un disco malo. Pero ¿quién quiere vender discos malos?

¿Consideras que habría que responsabilizar a ciertos medios de comunicación de este país, como agentes implicados en esa “culturización”, de una parte de los problemas que sufre el mercado discográfico aquí?

Sí. Hace mucho que no hay un programa en la tele en hora de masas que saque a relucir a la música pop ni la embellezca, y en las radios masivas tienden a lo peor desde hace muchos años. Les disgusta lo nuevo; la excusa es que los oyentes eligen lo que suena allí. La música pop se tiene que renovar continuamente y la radio es fundamental en ese proceso. La prensa diaria trivializa la música, con excepciones. Hay prensa especializada, fanzines y webs bastante buenos, pero el mainstream les da la espalda y creo que lo hace porque el pop ha perdido su poderío económico. Es un círculo vicioso. Necesitamos el mainstream y que se trate lo nuestro de forma digna.

¿Qué opinión te merece el tratamiento que se ha venido dando a temas como la crisis de la industria musical, la “piratería” o la tramitación de la Ley Sinde desde los medios de comunicación más o menos generalistas? ¿Se informa de manera clara, profunda e imparcial, o veis manipulación y demagogia en sus mensajes?

Son medios. Los compositores, músicos, intérpretes son fuentes. Los medios pertenecen a grupos mediáticos enormes. A los medios les interesa cualquier cosa que tienda a reducir el valor de la propiedad intelectual. La P.I. realmente es un derecho que protege al individuo, el trabajador, de la capital. Hay periodistas capaces de hacer un análisis más allá del tópico, pero en la prensa generalista van a ser únicamente los “intocables”. Diego Manrique ha escrito mucho y bien sobre el tema en El País. Pero El País, El Mundo, etc., harán lo que sea para minimizar los derechos que paga por los DVDs y CDs que regalan. Claro que les interesa propagar el “que vivan del directo” y toda esa historia. Y es un mensaje muy seductor para sus lectores.

Desde ciertos estamentos de la industria se viene culpando a la “piratería” de todos los males del sector. Nos gustaría saber qué opinión os merece la llamada “piratería”, entendida como compartición o descarga (sin ánimo de lucro) de obras musicales sin el consentimiento del autor. ¿Veis en esa práctica una acción contraria a la legalidad que además os perjudica como negocio, o por contra entendéis ese proceso como un medio para la “difusión positiva” de una obra?

La “difusión positiva” la decidirá el artista o quien esté encargado de sus derechos, supongo. Pero sí, se han liado todas las definiciones con los cambios tecnológicos y las soluciones que valían ya no valen. Quiero decir que antes las “compartías” con tus colegas, tus hermanos. Les grababas una cinta, se la dabas en el bar, la cinta incluso llevaba un canon para cubrir esa posibilidad, y tan anchos. Ahora tienes tipos de amistades distintas, más amplias, con las redes sociales y tal. Y se ha ido poniendo parches sobre leyes que sirvieron para un mundo distinto por no afrontar una reforma más profunda de la LPI.

Pero si el artista quisiera que se suba su obra a una red de gente a la que no conoces, o que se descargue, evidentemente la editaría con un contrato Creative Commons que permitiera de manera explícita que hicieras eso. Es muy fácil, todos lo sabemos hacer, todos los sellos y artistas sabemos dar cosas gratis y todos hemos utilizado licencias Creative Commons, son un gran invento, que habría que potenciar. Pero, si decidimos afirmar nuestro derecho exclusivo de difundir la obra, pues pídenos una licencia si lo quieres difundir. Igual nos convences. Y si no, espero que respetes nuestro derecho a decidir qué se hace con nuestro trabajo. El mismo derecho lo tiene cualquier ciudadano.

Habitualmente se alude a la “histórica falta de cultura musical” del ciudadano medio español como causa última de ciertos comportamientos arraigados aquí; desde la preferencia de las masas por ciertas músicas comerciales consideradas “de escaso valor cultural” a la tendencia generalizada a bajarse la música gratis de internet sin considerar la posibilidad de comprarse un disco salvo en contadísimas ocasiones (cumpleaños, Navidades, etc.). ¿Consideras que esa falta de cultura ha jugado un papel relevante en la formación de los gustos y los hábitos de consumo musical del ciudadano medio español?

Es una sana costumbre española menospreciar su propio nivel cultural. Me hace gracia, pero no me lo tomo en serio. Vamos, no como para derivar una visión filosófica de ella. Lo que me parece más dañino es algo que se puede percibir como el corolario de ese supuesto; creo que se da demasiada cancha a la idea de que nada de valor artístico se produce en España. Y considero que eso contribuye al menosprecio a la cultura. Es una visión bastante ignorante, nadie puede estudiar la historia del cine y la música popular en España y no ser consciente del arte que aquí se ha creado, tanto en la inspiración como en los equipos realizadores. La peli más casposa de la dictadura a menudo tiene una factura de primera. Y hay discos pop españoles de los años 80s que emplean técnicas que más quisiera Prince. Estés de acuerdo o no con el valor de la cultura propia, me parece una evidencia que el poderío económico va acompañado del poderío cultural y tecnológico, y que vale la pena intentar resistir la uniformidad que derive de eso.

A tu juicio, ¿a través de qué métodos y qué cauces habría que luchar para mitigar o corregir esa “incultura musical”? ¿Sería responsabilidad del Estado el articular más medidas y ayudas destinadas a favorecer la formación y la creación musical, o a subvencionar a las industrias creativas (no sólo a la del cine) como sucede en otros países?

Me horroriza la idea de subvenciones directas a la música. ¿Te imaginas presentando la petición de subvención en el Ministerio de Cultura para grabar “Tutti Frutti”, “Blonde On Blonde” o “Never Mind The Bollocks” o “It Takes A Nation Of Millions To Hold Us Back”? La subvención tiene lugar en España para ayudar a grabar en las lenguas minoritarias del Estado, al parecer, y para hacer un documental como ¡Copiad, Malditos! y compartirlo por Creative Commons. Para eso necesitas de fondos públicos. Claro. De hecho, tienes un arte popular subvencionado en España, como es el cine, y digamos que no me parece como para tenerle envidia. Aunque está claro que de aquí salen directores y actores de mucho nivel.

Donde siempre ha tenido un papel relevante en la música popular la subvención, en España, es en el directo. Y ahí se puede entender que los festivales y los conciertos dan un valor al contribuyente porque incrementan el consumo, por ejemplo en hostelería, en una localidad concreta. Y ese debe ser el criterio para la subvención, desde mi punto de vista, que represente un valor añadido para los que pagan los impuestos. Pero la música es como los cómics o los videojuegos, y también el cine. Para que sea vital lo deben sufragar los que lo consumen. Me parece una obviedad. La fórmula clásica del creador y el inversor que cree en el creador e invierte dinero y trabajo en su creación (obviamente, los dos pueden ser una misma persona), no me parece una mala fórmula para que haya creación y riesgo. Y genera empleo. La subvención es para las formas artísticas moribundas.

Sobre el directo subvencionado se ha escrito recientemente, reflejando una crisis profunda en ese sector también.

Hay un problema que siempre ha existido, pero que sigue creciendo. El estado está subvencionando a festivales que se llenan de grupos extranjeros pagados, y bastante bien pagados, y los festivales ofrecen un trato desigual y a menudo, degradante, a los grupos españoles. No cobras. Tocas a horas de mierda. No hay runner para ti, pagas el viaje, el alojamiento, esperando que el aparecer en el cartel hará que te vea un sello guiri que te lanzará al estrellato. Si el estado, la comunidad autónoma, el ayuntamiento, apoya económicamente a un festival que hace eso (que no son todos, pero diría que casi, algunos de mucho renombre), es partícipe de ese abuso y menosprecio.

Eso no quiere decir que las instituciones no puedan ni deban intervenir en el negocio de la música grabada. Hay un problema diría, galopante, de paro en España. Y sabemos que las PYMES generamos tres o cuatro veces más puestos de trabajo por euro gastado que las empresas grandes y multinacionales. ¡Vaya medidas para favorecer a las PYMES y a los autónomos, los artistas, compositores, músicos de sesión, aficionados y amateurs, en la música, al menos para corregir los desequilibrios creados por el oligopolio! Haz que el pequeño autor, el pequeño intérprete, o el pequeño productor pueda tener voz en las sociedades recaudadoras. Haz que su música suene en la radio y tenga acceso a las grandes canales de distribución en igualdad de condiciones. Todas estas cosas se pueden conseguir y se puede hacer cuando dejas de escuchar exclusivamente al dinero y al poder. Culturalmente será mejor para todos, favorecerá la diversidad, y va a crear empleo. Si Everlasting o BOA o Acuarela o Naïve dan beneficios, contratan a más gente para hacer mejor su trabajo y fichan a más grupos. Igual hasta pagan a un fotógrafo. No quiero que parezca obsesionado con Telefónica, pero dio 10.000 millones de beneficios y despidió a 25% de su plantel en España en una ERE acordado con el gobierno. España tiene un problema extraordinario de paro, y más con el paro entre los jóvenes, y necesita apoyar a la pequeña empresa.

¿Cuál es tu opinión al respecto de todos esos miles de “MP3 blogs” que únicamente se dedican a ofrecer discos en descarga directa, muchas veces antes de que hayan sido editados? Muchos responsables de ese tipo de blogs creen sinceramente estar ayudando a los músicos con sus acciones.

Les diría que hablen con nosotros, que nos convenzan, igual les concedemos la licencia. El “no” ya lo tienen. Puedes enlazar a Spotify, a Youtube, a la página del artista, donde la gente puede escuchar la obra de la que hablas. Y ante la duda, pregunta. Es deprimente abrir un blog y ver que consiste en reproducir la nota de prensa que has escrito y enlazar a una descarga del álbum. Y es lo típico. Pero pasa como con las compañías tecnológicas, los que sobreviven y funcionan son los que aportan material propio y original, y respeten los derechos de los creadores.

¿Qué medidas consideras que deberían ser tomadas para regular/atajar esas descargas “ilegales”? ¿Habría que ir contra el que difunde un contenido sin autorización, contra el usuario final que se nutre de esas descargas, contra los intermediarios tecnológicos que no ponen de su parte para limitar el alcance de esas prácticas?

Creo que vale la metáfora del transporte público. Descargar un disco o una serie o cualquier cosa que puede convertirse en binario y pasarse por la web, sin pagar, es como saltar la barrera en el metro. Lo veo en ese orden de importancia e ilegalidad o transgresión. No debería de existir en un mundo ideal y cualquier manera que se encuentre para dificultar la práctica está bien, si se hace con mesura. Pero obviamente no vas a matar a una cucaracha a cañonazos. Una vez atajas el problema de fondo, obligas a los que se lucran a coste de los creadores a remunerarles, este problema va a disminuir hasta el punto de carecer de importancia.

¿Qué opinión te merece la llamada Ley Sinde (o Disposición Final Segunda de la Ley de economía Sostenible, para ser más precisos)?

Hay una respuesta larga a esa pregunta, pero te dejo con la corta. En España lo que hay que hacer es una nueva ley de Propiedad Intelectual, consensuar como vamos a tratarla. Y si decidimos como sociedad que no queremos que los creadores de cualquier bien susceptible de ser transmitido o compartido por la red telefónica sean protegidos y remunerados, pues lo sabremos y habrá que actuar en consecuencia.

Las telefónicas y los proveedores de Internet, máximos (y en muchos casos únicos) beneficiarios de las descargas, parecen seguir “saliendo de rositas” con la Ley Sinde. ¿No debería hacerse partícipe a estas grandes teleoperadoras de parte de las mermas que, se supone, causan las descargas a sellos y artistas?

Pues ahí está la clave. Eso te lo dicen muy claramente en los Ministerios cuando te preguntan por cómo solucionar este problema. El Gobierno jamás actuará contra los intereses de Telefónica. Telefónica es más grande y más importante que el gobierno de España. Las demás compañías en España son irrelevantes porque la práctica totalidad de las líneas telefónicas pertenece a Telefónica y ellos las alquilan a las otras compañías –es una competencia mentirosa–. Decide Telefónica; y como no existe competencia real, no puede haber una ventaja competitiva comercial en ofrecer un servicio legal de música. Me explico. En otros países, hay otras compañías telefónicas, cada una con su 20% del mercado, y una de las técnicas para fidelizar al cliente ofrecen un servicio musical legal. Puede ser que contrates ADSL y te regalan Spotify Premium durante un periodo, u otro servicio interesante de streaming o suscripción, ese tipo de cosa. Pero en España aunque cambies a otra compañía, nunca escapas de Telefónica porque las líneas son suyas, por lo cual, ni tenemos precios competitivos en servicios como ADSL, y por consecuencia no tiene urgencia hacer nada para promocionar una oferta legal de música. Lo que le conviene a Telefónica es la situación actual. La gente paga banda ancha entre otras cosas, para acceder a la música, las series, y el dinero va a Telefónica, y ellos no tienen que pagar a los creadores.

Aunque la verdad es que me parece el suyo, un punto de vista algo miope. Porque si hay una compañía “tecnológica” que ha intentado tratar de forma honesta con la música pop, es Apple. Y no tienes que ser un genio para darte cuenta que, desde el momento en que Apple decide ligar su fortuna a la música pop, empieza a dejar de ser una compañía segundona, casi acabada, y pasa a ser lo que es ahora, la empresa dominante, más rica, más respetada. Claro, es lo que tiene la música pop, ¡es popular! Pero Telefónica históricamente no tiene ese tipo de visión. Esperemos que cambie, que se den cuenta, o que entren tipos con imaginación. Telefónica tiene un poderío y dispone de unos privilegios aquí, y en tantísimos países, sobre todo de habla hispana y portuguesa, que se hace muy difícil de entender cómo puede ser que en países como España, Chile, México, Argentina, los nombres propios de los servicios y compañías tecnológicas de música y entretenimiento, de los que se habla en la calle, ninguno es español; iTunes, Facebook, Spotify, Amazon, Google…

¿Crees que la propia industria ha contribuido con su estandarización y su imposición de formatos cada vez más asépticos a la depreciación o devaluación del disco como objeto cultural u obra artística?

No lo sé. Cuando quieres vender algo, tiene que ser atractivo. Pero mi teoría es que lo que interesa de la música no es el continente, sino el contenido. Si hablas del CD, a mí no me parece algo malo en sí. Hay grabaciones que suenan mejor en CD, si están hechas, preparadas y masterizadas para CD. Veo más un problema de intentar masificar a artistas prestando más atención a marketing y automatizando el proceso de introducir el público a un nuevo creador, toda esa historia de forzar a través del single resultón por la radio, y que luego decepcionara el álbum. Todos conocemos muchos casos. Yo creo que se perdió una cercanía a la gente, un curro orgánico.

¿Crees que el modelo discográfico “tradicional” está a tiempo de adaptarse a las nuevas dinámicas del mercado? O dicho de otro modo, ¿hay futuro para un sello enfocado únicamente a la edición y la venta de soportes musicales, sean los que sean, o el futuro de cualquier plataforma discográfica pasa por diversificar sus actividades e involucrarse en el management, el booking o el publishing de sus artistas?

Eso, depende donde estés. Por ejemplo los sellos ingleses o americanos con los que trabajo más de cerca suelen tener claro que se quieren dedicar exclusivamente a la edición de música y publishing. Esa es la situación idónea en un mercado que está funcionando. Manejar bien el proceso de grabación, saber moverlo, explotar los derechos y oportunidades que salgan de la obra grabada, en todo el mundo. Es un trabajo enorme y necesita de expertos en eso. El publishing puede estar en el mismo sitio, de forma bastante natural, muchas veces tener a esos dos departamentos en un mismo sitio ayuda a desarrollar a un artista.

En un mercado que no funciona o funciona mal, como España y América Latina, se tiende a tener derechos fonográficos –que por tan vulnerados no son muy valiosos en esos países–, editoriales y la contratación en un mismo sitio, y así aprovechar sinergias para ayudar al artista. Yo creo que ese modelo puede funcionar muy bien en un primer momento para lanzar a grupos o músicos, y puede funcionar si un artista vive solo de un país, quizás. Habrá que ver si el modelo funciona para ir un poco más allá. De momento no se me ocurre ningún ejemplo de un grupo que haya llegado al mainstream con esa fórmula. Los que ganan dinero tocando en directo vienen del modelo antiguo, donde es muy importante la inversión de dinero y tiempo que ha hecho una discográfica. Y hablando como manager de artistas que trabajan con otros sellos distintos al mío, lo que quieres ver es que todo el mundo que trabaje para el artista, que sea un experto en su parcela, y que nadie cobre por aspectos del trabajo en los que no esté ayudando. Un músico o un compositor, lo único que tiene son sus derechos de propiedad intelectual, y quien gestione u ostente esos derechos por él, o participe de alguna forma en los beneficios que reporten, tiene que estar haciendo un trabajo que haga que esos derechos valgan más. Preocupa un modelo en el que haya que ceder parte de esos derechos para poder ver su disco publicado, por ejemplo.

Pero no hay reglas. Hay soluciones y se inventan nuevas soluciones, todos los días. Y en respuesta a tu pregunta, no, no creo que podamos definir un único camino para plataformas fonográficas, se trata de ofrecer más opciones, no de poner límites. Eso es lo estimulante de este momento, la verdad.

¿Hacia qué modelos crees que avanza la industria? ¿Cuál será el papel futuro de los sellos?

No soy vidente ni suelo acertar mucho con las adivinanzas. Me gustaría que se resolvieran los problemas alrededor de la música y que se sepa a qué atenerse. Espero que lleguemos a un futuro donde la gente tenga acceso a la música grabada y en directo en el formato que más le guste y le convenga, y que convenga a su bolsillo, y que hablemos de los sentimientos que te provoca una canción No del resto. Nosotros seguiremos intentando hacer llegar buena música a la gente que la quiere escuchar.

Hay gente que defiende que la “crisis” del mercado del disco repercutirá a la larga de forma negativa en la creatividad (tanto en el número de gente dedicada a crear, como en el valor de sus obras). ¿Estás de acuerdo?

Bueno. Yo me río como todo el mundo, supongo, cuando Andy y Lucas amenazan con que no van a poder grabar otro disco por culpa de la piratería. Pero está claro que si no se da valor a la creación de la música grabada, el tiempo y dinero que se dedica a ella disminuye, y está claro también que si pretendes que “se viva del directo”, pues habrá menos espacio para los Lieber y Stoller, los Paco Trinidad o Burial. Y habrá muchos Bon Jovi. Y eso no es necesariamente bueno. Lo que necesitas escuchar con más pausa, pierde.

¿Dónde te ves de aquí a un año?

No creo que los problemas que hemos identificado desaparezcan, seguiré intentando solucionarlos.

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