Entrevistas

Mala: nueva música para nuevos oídos

El hombre de Digital Mystikz nos cuenta su aventura caribeña y la génesis de su primer álbum, “Mala In Cuba”

“Mala In Cuba” es uno de los álbumes más destacados de lo que llevamos de 2012, un viaje musical al Caribe en busca de las raíces comunes entre el dubstep y la música cubana. Hablamos con el hombre de DMZ para saber más sobre este proyecto y su futuro.

El impacto que ha tenido la isla de Jamaica en el mundo continúa reventando expectativas. De un lugar tan pequeño han salido infinidad de cosas, la más importante, presumiblemente, es una nueva manera de entender la música heredada del trabajo de luminarias como King Tubby o Lee ‘Scratch’ Perry. “Parte de lo que yo hago es una continuación de eso”, dice Mala a través de una chisporroteante llamada de teléfono vía internet. “Eso” es la tradición dub jamaicana, y Mala es uno de los practicantes más fascinantes y estimulantes que se puede encontrar entre la diáspora de música de baile moderna cuyas raíces se encuentran en el dub. “Mi padre es jamaicano, así que soy heredero. Nací y crecí en South East London. Desde que los jamaicanos vinieron a Inglaterra para ayudar en las labores de reconstrucción después de la Segunda Guerra Mundial, ha habido una gran influencia jamaicana en Londres en los pasados 50 años aproximadamente. Es algo en lo que he estado involucrado en cierta medida ya que ése es mi ambiente”, explica antes de admitir que su nuevo proyecto, “Mala In Cuba”, es “100% La Habana y South London ¿o debería decir South London y La Habana?”. A pesar de la larguísima sombra proyectada por el dub desde sus primeros trabajos como mitad del dúo pionero del dubstep Digital Mystikz –Mala una vez bautizó su estilo como London Dub–, este nuevo proyecto para el sello de Gilles Peterson, Brownswood, es todo sobre un viaje y una aventura entre dos islas bien diferentes y distintivas: Cuba e Inglaterra.

Este proyecto empezó hace cosa de dos años, cuando Gilles Peterson le ofreció a Mala en un pub participar en un disco como parte del Havan Cultura Project. Gilles había estado involucrado en el proyecto desde 2009 y quería aportar algo nuevo aparte de las recopilaciones que había hecho hasta el momento. No estaba seguro de qué era exactamente lo que quería hacer, pero tenía claro que quería contar con la participación de Mala desde que ambos se habían conocido por sus respectivos trabajos en Londres. En enero de 2011 los dos viajan a Cuba diez días, volviendo unos meses más tarde por un periodo similar de tiempo. El plan era ir a Cuba y hacer un álbum. Cómo hacerlo era la cuestión. “Mi experiencia en Cuba, la manera en la que surgió el álbum y el enfoque con el que fue creado son 100% auténticos”, explica Mala. “No hubo nada manufacturado. No fue hasta la mañana en la que decidimos grabar a la banda en directo cuando decidimos grabar material tradicional cubano para que yo trabajara. Ni siquiera tuvimos...”, se para, al parecer todavía perplejo con la historia y a pesar de llevar dando entrevistas unos cuantos días. “Cuando fuimos a Cuba no teníamos ni idea de lo que íbamos a hacer o con quién íbamos a trabajar”. Su explicación de la génesis del álbum me hace acordarme de una frase que encontré recientemente en un disco. La frase dice que ningún sitio puede ser más idóneo que otro para empezar algo porque, estés donde estés, tienes todas las posibilidades en frente de ti.

En Cuba, Mala ha trabajado con Roberto Fonseca y su banda, que consiste en un batería, un percusionista de congas y un contrabajista. “Les pedí que tocaran ritmos tradicionales cubanos a un tempo de 140 bpms”, un movimiento interesante que no se percibe automáticamente cuando escuchas el disco. “Algunos ritmos sonaban graciosos a ese tempo, así que ralentizamos algún que otro material. Todo lo que salió fue grabado y me lo llevé a mi estudio en casa, donde lo desmonté y diseccioné”. De este modo comienza el proceso de creación del álbum, que además es el primero de Mala a pesar de que su carrera como productor abarque una década. “La calidad de las grabaciones era increíble. Tenía aquello y lo podía utilizar cómo quisiera. Era como ser un niño en una tienda de golosinas, literalmente había tanto de dónde elegir que al final acabas no tomando nada”, refleja Mala con una media sonrisa. “Sentí eso cuando llegué a casa y vi todo el material que tenía. Era abrumador. Verlos tocar como músicos y hablar con ellos acerca de su música y llegar a comprender su punto de vista acerca del ritmo y del groove también fue bastante abrumador para mí. Ahí fue cuando caí en la cuenta de que esto iba a ser algo serio”.

"De lo que me tuve que mentalizar es de que yo no soy cubano. No entiendo la música en un sentido tradicional o clásico, así que no podía hacer un disco que sonara tradicionalmente cubano"

Desde su anuncio hace unos meses, “Mala In Cuba” ha recibido un montón de interés, como cabía esperar teniendo en cuenta que Mala es uno de los nombres con más reconocimiento cuando se explora en el lado más profundo, podríamos decir también verdadero, del género. Más interesante es cómo esta expectación ha puesto al productor en el centro de todas las miradas, a pesar de su conocida humildad y su hábito de mantenerse alejado del protagonismo. A pesar de llevar semanas de entrevistas y, aunque moderada, promoción por las redes sociales, él parece decidido a mantenerse fiel a sí mismo en vez de convertirse en otro artista más vendiendo su último proyecto al público. Cuando le pregunto cómo se siente al editar su primer álbum stricto sensu como un proyecto de este tipo, él se esfuerza por reforzar la idea anteriormente mencionada de autenticidad, una idea que siempre ha apuntalado su trabajo. “No creo que lo hubiese hecho de no ser por la forma en la que surgió. Por Gilles preguntándome por las experiencias que tuvimos allí. Algunas personas son capaces de escribir álbumes en algunos meses, yo no soy tan afortunado. Cuando miro mis referencias a lo largo de los años, muchos de ellos suenan diferentes, en mi opinión. Hay un poso particular que la gente podría asociar con mi música, aunque los ejemplos de este poso pueden ser bastante diferentes –escucha ‘The Wrath’ y ‘Left Leg Out’, por ejemplo–”, nos explica. “Debido a la manera en la cual ha surgido todo esto, casi diría que que el álbum soy yo intentando trasladar mis experiencias. Y éstas son auténticas experiencias que han ocurrido en un momento particular y en un lugar determinado y que yo he sido capaz de canalizar y focalizar junto con el material que tenía”, dice antes de aclarar que son “ambos materiales, el de audio y el de ‘la vida real’, las sensaciones espirituales y energéticas que yo tuve mientras estuve en Cuba”.

La autenticidad y honestidad que expele la música en “Mala In Cuba” es la que le permite esquivar las trampas inherentes en un proyecto que, a través del arte, construye puentes entre diferentes culturas. Esto no es un productor de dubstep de Londres haciendo un disco cubano, tampoco es alguien utilizando su posición de prestigio para sacarle provecho a la música de otra cultura. Es más bien el viaje y la experiencia de un productor traducido al lenguaje musical. “De lo que me tuve que mentalizar es de que yo no soy cubano. No entiendo la música en un sentido tradicional o clásico, así que intentar hacer un disco que sonara tradicionalmente cubano no hubiera...”, vacila antes de afirmar: “No podía hacerlo. Tenía que volver a los principios, dónde estoy, quién soy y qué es lo que hago. Yo sólo tenía que pensar mientras estuve allí grabando que lo que ellos me dieron y la experiencia que tuve en Cuba sería algo que, de una u otra forma, se percibiría a través de la música”. Y la música de “Mala In Cuba” es claramente dubstep: opera alrededor de los 140 bpms y, cuando se escucha en el sound system adecuado, despliega subgraves cálidos, envolventes y presurizados. Estos dos elementos clave eran la única cosa que tenía que tener la música cuando al principio emergió de sus cabinas de incubación en el sur de Londres. Aparte de esto, para el resto había carta blanca, podías hacer lo que quisieras y te interesara. Fue un tiempo emocionante, las posibilidades musicales parecían infinitas. “Mala In Cuba” es uno de los mejores momentos del dubstep en larga duración porque se remonta a los orígenes del género y usa la experiencia de Mala en Cuba para completar el dibujo.

Me preguntaba si habrá sentido algún tipo de aprensión por las tradiciones colonialistas cuando se embarcó en el proyecto. Se apresura a descartar la idea. “¿Estamos educados través de nuestros libros y nuestro sistema de determinada manera?”, pregunta retóricamente. “Prefiero juzgar a la gente por mí mismo antes que llegar con idea prejuiciosas. Simplemente fui a Cuba y traté de convivir con los cubanos, tan simple como eso”, concluye antes de añadir: “Conocí a gente maravillosa, músicos increíbles. Es un sitio muy pintoresco. Allí la gente tiene un mensaje real y una historia real”.

"Creo que es más importante pinchar en sitios donde no se conoce todavía el sonido”

Poco después del lanzamiento del primer single apareció el vídeo oficial online, compuesto por imágenes de Mala caminando por La Habana y pinchando para el público local en una fiesta al aire libre. Las imágenes de jóvenes del lugar bailando y sonriendo mientras Mala se ocupaba de los platos dan una visión inspiradora, sobre todo teniendo en cuenta el aumento a nivel global de la fama del dubstep en los últimos años. “Las imágenes del vídeo son en realidad del último viaje a Cuba, no tienen nada que ver con el proyecto de Gilles. A principios de año, la Embajada Británica me contrató para cerrar un festival que conmemoraba la cultura británica y cuando llegué allí me di cuenta de que la gente que había hecho el booking no sabía nada del proyecto “Mala In Cuba”. De cualquier manera, me dijeron que la gente estaba entusiasmada y que esperaban una buena acogida. Dio la casualidad de que se había corrido la voz sobre ese tipo de Londres que el año anterior había estado haciendo dubstep”, narra haciendo referencia a una fiesta casera en la que tocó el año anterior, durante uno de los viajes con Gilles para el álbum. Al llegar al parque donde se celebraba el show, una gran multitud de gente esperaba y la experiencia reforzó una de las creencias fundamentales que ha impulsado el trabajo Mala hasta la fecha. “Estas cosas siempre me recuerdan por qué hago lo que hago, tanto como productor como DJ: arriesgarte y estar en la primera línea para tratar de pinchar e introducir nuevos sonidos a nuevos oídos. Eso es lo realmente importante para mí. Todos podemos hacer la misma música una y otra vez y pincharla para un público que conoce lo que hacemos. Pero yo creo que es más importante pinchar en sitios donde no se conoce todavía el sonido”.

“Incluso si no puedes cobrar tu caché o lo que sea, creo que es importante ir a algunos de estos lugares del mundo donde ellos no tienen lo que tú tienes. Puedes construir algo allí. Creo que la música que pincho, que la música de un puñado de productores, tiene buena energía, es buena levantando el ánimo de la gente. No de una manera obvia. Pero creo que las historias que explica la música que yo pincho son historias importantes. Para mí es una verdadera bendición poder ir a pinchar para gente así”, explica antes de retroceder hasta donde todo empezó. “Me recuerda a lo que hacíamos en 2003, 2004 en Londres. Era pinchar nueva música para nuevos oídos. Así es como surgió un nuevo movimiento, una nueva ola de sonido y sus noches de club. Es importante que productores y músicos sigan intentando hacer eso”.

Le pido que escoja una experiencia memorable de todo el proyecto. Después de algunos segundos de duda, destaca dos. El primero es un momento de “historia tras la música”, una perfecta condensación de la autenticidad subyacente del proyecto. “Una de las historias más memorables trata de cómo empecé a trabajar con el trompetista que aparece en el álbum. Gilles y yo pinchamos en esa fiesta casera en Cuba el año pasado y durante mi set este tipo se me acercó y me preguntó si podía tocar. Así que le pregunté qué quería decir exactamente, porque en Londres si alguien se acerca así a ti significa que quiere coger el micro. ¡Resulta que se refería a su trompeta!”, recuerda con un cariño que se intuye a través de la línea telefónica. “Él sacó su trompeta y empezó a tocar encima de mi tema ‘Lean Forward’. Sonó tan demencial que le pedimos que viniera al estudio al día siguiente. Le grabamos durante una hora improvisando sobre algunos ritmos que había hecho. Una de esas tomas acabó siendo la trompeta que se escucha en el primer single, ‘Calle F’. Ésta es para mí una de las historias bonitas detrás del álbum”.

La segunda experiencia que escoge Mala hace referencia al potencial futuro del proyecto, lo que es emocionante. “La última vez que fui a Cuba estuve con algunos raperos cubanos. Les puse algunos temas del disco, a pesar de que estaba algo inquieto y bastante nervioso, ya que eran gente del hip hop genuinamente local. Para mí ahí había una diferencia sonora evidente y, sin embargo, ellos le pillaron el rollo a tope, empezaron a rapear encima de los temas y fue toda una sorpresa”, explica todavía un poco en shock. “Grabé un poco con la cámara. Así que en el futuro me encantaría trabajar con esos chicos en algo diferente”.

“Mala In Cuba” ya está disponible a través de Brownswood Recordings. El proyecto girará en directo durante este próximo invierno.

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