Entrevistas

Liars

Margin walkers

LiarsEse gran ente mutante que responde al nombre de Liars nos tiene preparado un nuevo baño de sorpresa. El próximo 9 de marzo verá la luz vía Mute / PIAS su esperado “Sisterworld”, un álbum meditado y cohesivo, casi siempre templado (aunque encierre entre sus surcos algunos de los momentos más cercanos al rock de siempre que uno recuerde haberse encontrado en la historia de Liars) y moderadamente oscuro que avanza en ese camino de depuración formal en dirección al formato tradicional de “canción” que ya iniciaran en Liars (Mute, 2007). Sorpresas, decíamos, porque no es habitual que un disco de Liars comience evocando el crooning oscuro de Nick Cave; porque uno no se espera las espirales de cuerdas centrífugas que vienen a ventilar el humor pendular de “Here Comes The People”; o por la rabia tonificante que desprende “Scarecrows On A Killer Slant”, puro surf endiablado y borracho hasta las trancas de cortisol y fuzzed-out rock; o por lo desacostumbrado de esos vientos sobrios (¿Oboes? ¿Trombones?) que mecen los primeros compases de “Good night Everything”; o por ese enjambre de nubes sintéticas y guitarras à la Vini Reilly que convierten “Too Much, Too Much” en un pequeño dechado de psicodelia narcótica.Pásate por sisterworld.com para familiarizarte con el concepto visual del álbum. Y recuerda que habrá una primera tirada especial de Sisterworld que incluirá como bonus un segundo disco compacto (suerte de mundo paralelo, de espejo deformante) que reunirá las reinterpretaciones que Thom Yorke, Bradford Cox, Tunde Adebimpe ( TV on the Radio), Alan Vega ( Suicide), Devendra Banhart, Kazu Makino ( Blonde Redhead), Fol Chen, Boyd Rice ( NON) o Carter Tutti ( Throbbing Gristle, Chris & Cosey) han hecho de las canciones del trío angelino.

Liars y sus tesis sociológico-musicales sobre la vida al margen muy pronto en sus reproductores. Sobre el disco y otras cuestiones periféricas hablamos con Aaron Hemphill y Julian Gross. En primer lugar, me gustaría comenzar preguntando por vuestras coordenadas físicas. Después de haber pasado temporadas, juntos y por separado, en Los Angeles, Nueva York, Berlín... ¿En qué ciudad tenéis vuestra “casa” a día de hoy?Aaron: Ahora estamos viviendo todos en Los Angeles. Llevamos allí algo así como un año. Yo me mudé a L.A. hace cosa de cinco años; Julian se vino poco después, hará unos cuatro años; y Angus acabó mudándose allí este año pasado. ¿Es esa cercanía la razón fundamental por la que decidisteis grabar “Sisterworld” en Los Angeles después de dos álbumes enlatados en Europa?Aaron: Elegimos grabar en Los Angeles porque era un lugar familiar para nosotros y porque, por primera desde que andábamos por New Jersey, era un lugar muy cómodo en el que estar desde el punto de vista del trabajar. Conocemos a gente allí que son ingenieros de sonido, tenemos amigos que podían echarnos una mano en ese sentido, y eso fue muy importante, porque esos pequeños factores hicieron que el proceso no fuera nada dificultoso, y que no tuviéramos ni que pensar en muchos aspectos... Es como cuando vas al supermercado: tú quieres preocuparte por lo que vas a comprar, y no por cómo llegar al supermercado y ese otro tipo de cosas accesorias. Esa comodidad fue muy importante para el álbum, en el sentido de que facilitó que pudiéramos concentrarnos más a fondo en el material, en revisar lo que teníamos, y además nos permitió disponer de más tiempo para trabajar las músicas y grabarlas de la manera que nos apetecía. ¿Entonces el hecho de vivir de nuevo en una misma ciudad ha afectado a la manera en que solíais trabajar? Porque, hasta donde yo sé, tú Aaron y Angus solíais escribir vuestras canciones por separado.Aaron: En ese aspecto nada ha cambiado, seguimos trabajando de esa manera. Esa comodidad a la que me refería tuvo más que ver con la grabación. A la hora de componer seguimos trabajando de la misma manera, por separado, algo que venimos haciendo desde que vivíamos en Nueva York, a pesar de que entonces también estábamos todos en la misma ciudad. Nos parece que esa es la manera en la que mejor trabajamos.

Julian: Para nosotros, el proceso de escribir siempre ha tenido mucho de experiencia solitaria, de estar cada uno por separado trabajando en hacer canciones, aunque luego haya intercambio, y se hable, y se opine al respecto del material de todos, y a partir de eso los temas se vayan refinando. La mayor parte de las veces, las canciones suelen estar ya perfectamente cerradas cuando nos disponemos a entrar al estudio. ¿Cuánto tiempo puede llegar a durar ese proceso de composición y refinamiento posterior?Julian: La verdad es que esta vez hemos tenido mucho tiempo a nuestra disposición, tiempo que nos ha permitido revisar el material con calma y trabajar en las canciones sin demasiadas prisas.

Aaron: En mi caso, puedo tener que reescribir la letra de una canción cuatro o cinco veces hasta que me quedo contento, y ese proceso puede durar meses. Y sin embargo la siguiente canción puede que surja en cuestión de un sólo día. A Angus le sucede algo parecido. En total, esta vez hemos estado trabajando juntos en el álbum durante cosa de once meses, pero yo empecé a escribir las canciones bastante antes, porque me suele llevar más tiempo que al resto el acabarlas. Entiendo que la experiencia acumulada es un grado, que después de diez años y cuatro álbumes, Liars tienen que sentirse cómodos en el estudio, estar familiarizados con el proceso de grabación, ser capaces de hacer las cosas cada vez más rápido, de llegar a conseguir sonar de una manera particular con más facilidad, etc. Pero me pregunto si esa experiencia, ese conjunto de hábitos, pueden llegar a la larga a restar cierta frescura. Me gustaría saber cómo es en vuestro caso, si a resultas de esa experiencia existe hoy un “método Liars”, unas pautas que soléis respetar siempre que os metéis en el estudio, o si por contra os forzáis a probar nuevos enfoques y a experimentar con nuevas fórmulas cada vez que entráis a grabar un álbum.Aaron: Hay un poco de las dos cosas. Por un lado sí entramos al estudio haciendo gala de una mayor experiencia, sabiendo cómo queremos hacer ciertas cosas, pero esa práctica a menudo da lugar a mayores experimentos. Cuanto más aprendemos sobre lo que hacemos, más capaces nos sentimos de probar a hacer las cosas de manera diferente. A medida que hemos ido aprendiendo sobre micrófonos, o sobre distintas técnicas de grabación, eso ha ido dando pie a nuevos experimentos. Además trabajamos de formas muy distintas: uno de nosotros puede saber exactamente lo que quiere, y ser capaz de obtenerlo de manera instantánea en el estudio, mientras otro puede dedicarse a probar, a reunir diferentes versiones y ejemplos de lo que cree que busca, para quedarse al final con lo que más le convence. Entonces, por un lado ganamos experiencia, pero por otro esa experiencia hace surgir siempre nuevas preguntas, así que podríamos decir que estamos siempre aprendiendo a medida que vamos haciendo las cosas. No somos un grupo que busque una continuidad, que encare sus discos desde el confort que les brinda haber hecho según que cosas antes. En cierta manera siempre enfocamos cada álbum de manera diferente. En cierta modo ya habéis respondido hace unos minutos a la que era mi siguiente cuestión, pero no me resisto a preguntar. Cuando “Liars” (Mute, 2007) vio la luz, recuerdo haber leído alguna entrevista con vosotros en la que expresabais cierto interés hacia esa constelación de bandas jóvenes surgidas en el último lustro en ese underground angelino que se ha desarrollado alrededor de espacios como The Smell, bandas como Mika Miko, No Age, HEALTH, Abe Vigoda... A pesar de que la nota de prensa hable de “Sisterworld” como “Liars en su propio espacio, completamente desprovistos de influencias”, me pregunto si esa escena de nuevas bandas ha tenido alguna influencia sobre Liars, no tanto a nivel musical como a la hora de querer volver a estableceros en la ciudad.

Julian: Las cosas que nos influyen como banda no son necesariamente musicales. De hecho diría que solemos sentirnos más influenciados por los medios de comunicación, por lo que vemos en la televisión, por los libros que hayamos leído. Las influencias que puedan aflorar en nuestras canciones nunca están directamente relacionadas con lo que hayamos estado escuchando en un momento dado. Puedo estar escuchando a King Tubby cada día, pero eso no significa que vaya a intentar tocar un ritmo dub en el próximo disco de Liars. Yo no creo que esa escena de bandas de LA haya tenido influencia alguna sobre nuestro disco. De esas bandas que citas, los más cercanos a nosotros serían No Age, que sí son buenos amigos nuestros. La inspiración puede estar en el simple hecho de quedar a comer con un amigo, y no tiene por qué ser necesariamente musical. En ese sentido, el poder interactuar con amigos en LA sí que ha ejercido una influencia sobre nosotros. En Berlín no teníamos una red de amigos, una red social en la que sostenernos; estábamos bastante aislados, fundamentalmente solos en nuestras oscuras y frías habitaciones (risas). Volver a una ciudad en la que tenemos a nuestras familias, a amigos, y ese tipo de conexiones, sí ha tenido un efecto sobre nosotros, pero más a ese nivel de interacción social, de intercambio de pareceres e ideas, y no en el sentido de influencia musical directa.

Aaron: Se da la casualidad de que todas las ciudades en las que hemos grabado algún álbum han tenido de manera fortuita “escenas musicales” a las que los periodistas se han referido como “explosivas”. Pero a mí me parece que eso es más una cosa de periodistas, algo que tiene muy poco que ver con las bandas. Y creo que es muy sencillo tener relación con una escena musical en la que grupos como No Age o Mika Miko existen, y no sonar para nada de forma parecida a esas bandas. Sí es algo que aprecias como... una suerte de confort a la hora de trabajar... En mi caso particular, lo cierto es que no escucho ningún tipo de música contemporánea cuando estoy trabajando en mis propias cosas. Y no es que actúe así a resultas de una decisión consciente encaminada a evitar cualquier tipo de contagio; simplemente esa es nuestra manera de hacer las cosas. No nos sentimos influenciados por ninguna banda contemporánea, y si resulta que el oyente sí ve alguna relación con otras bandas, pues genial, pero que sepa que esa influencia que él ve no estaba ahí ya antes de que la canción estuviese acabada, no es algo que nosotros hayamos decidido incorporar a nuestra música. Al hilo de lo que cuentas sobre esas falsas “escenas” alimentadas desde lo medios, me gustaría conocer vuestra opinión sobre esa especie de hype que viene rodeando a todo lo que sale de Brooklyn en los últimos tiempos. En cierta manera vosotros os contáis entre los más visibles responsables de aquel resurgir del barrio a principios de década como hervidero de nuevas bandas lanzadas a crear sin ataduras, pero la cantidad de proyectos salidos de Brooklyn en los últimos dos o tres años es poco menos que abrumadora. Y lo que es peor, parece que lo de “Brooklyn band” se hubiera convertido en una marca comercial en sí misma...

Aaron: Ninguna banda a la que nosotros hayamos respetado en todo este tiempo ha hecho nunca mención a ese tipo de cosas, a los conceptos de “escena”, o al sentirse parte de un “sonido” particular. Y lo que es más importante, a nivel social yo nunca he visto que existieran esas escenas. Quizás podamos hacer una excepción con este nuevo caso de LA, porque la ilusión y el foco de muchas de esas bandas se concentra en un lugar físico, el The Smell, que es un espacio que funciona de manera comunitaria, en base al voluntariado, pero en el caso de Brooklyn... Sí es cierto que la gente se ayudaba en la calle, y hablaba con quienes fueran sus vecinos... Lo que es otra forma de decir que la gente tenía muchas ganas de mostrarse, de asomar. Pienso que cuando nosotros comenzamos había un montón de bandas en Brooklyn realmente increíbles, pero eran bandas que no tenían nada en común, que no compartían ni un sonido ni un círculo social. Además, la mayoría de la gente que formaba esas bandas venía de diferentes ciudades... En serio, yo no acabo de entender de qué va eso de formar parte de una escena.

Julian: Lo único que todos teníamos en común era la ciudad en la que entonces vivíamos. No creo que la cosa vaya más allá de eso.

Aaron: Piensa por ejemplo en Portugal y en su fado. Allí no tenemos nada parecido [un sonido muy particular al que uno pudiera querer asociarse]. A falta de una mejor calificación, es simplemente indie-rock, y el indie-rock está en todas partes. El sonido específico de una banda depende de cómo el músico procese sus influencias, y cómo las plasme en su propia música, y eso tiene más que ver con uno mismo que con ninguna otra cosa. Estos días, en vísperas de la publicación de vuestro nuevo trabajo, es fácil encontrarse en los medios con frases del estilo de “quién sabe lo que nos deparará 'Sisterworld'”, expresiones que hacen referencia a lo imprevisible (en el mejor de los sentidos, con intenciones de halago) que ha venido siendo vuestra trayectoria hasta ahora. Es obvio que esa tendencia a la “transformación constante” forma parte de la más íntima personalidad de Liars como banda, pero a la vez vuestros últimos dos trabajos (“Liars” y “Sisterworld”) denotan una tendencia clara hacia la estructura de canción más o menos tradicional. ¿Existe la intención de seguir avanzando en ese sentido, o podría ser que el próximo álbum de Liars volvieran a tomar una senda más experimental?

Aaron: Estoy de acuerdo con que esa tendencia existe, pero creo que la gente tiende a darle demasiada importancia a ese “qué cabe esperar después de aquello”. Pienso que si se relajaran un poco, esa gente descubriría que la nuestra es una progresión muy natural. Es cierto que cada vez estamos más centrados en lo que es la estructura de la canción, la melodía, y ese tipo de cosas, pero pienso que eso ha venido surgiendo de manera natural, fruto de seguir aquellos impulsos en los que estamos interesados en cada momento. Sí que es agradable y resulta halagador ver que a la gente le importas lo suficiente como para andarse preguntando hacia dónde vas a tirar, pero si esa noción de “banda impredecible” no existiera, o la gente no creyera en ese tipo de publicidad que viene dada desde los medios, se darían cuenta de que nuestro sonido es muy constante, de que nuestros cambios de interés siempre han sido bastante equilibrados, y no deberían asustarle a nadie. A veces es como si... No queremos que la gente tenga miedo de escuchar y disfrutar de lo que hacemos; simplemente intentamos ser una banda diferente.

Julian: También hay que tener en cuenta que no somos una “banda”. No somos de ese tipo de grupos que quedan y se dicen 'Ok, vamos a hacer unas cuántas canciones rock, y luego vamos hacer un par que no sean tan rock'. Lo nuestro es algo más parecido a “hagamos lo que hacemos”, y lo que sale es lo que sale, y luego ya vendrá otra gente a decidir de qué manera llamarlo. Supongo que por eso se nos hace raro ver por ahí tanta anticipación, que haya gente premeditando si hacer una canción rock o no rock con antelación.

Aaron: Nosotros preferimos no tener que definir nada. Pienso, de nuevo, que eso es más una cosa de periodistas... Si a mí me tocara imaginar dónde reside la competencia de los periodistas que escriben sobre música, diría que en conocer otras bandas que suenan de una determinada manera, como tener una suerte de glosario de músicas de las que pueden tirar... Parece que lo peor que le puede tocar decir a un periodista es “nunca antes escuché nada que suene como esto”, porque otro periodista puede llegar a decir “¡Eh!, y qué pasa con Goblin, 1969, bla bla bla...”. No creo que esa sea una manera necesariamente mala de tratar la música, pero cuando eres tú el que hace cosas, todo lo que pides es dar con algo que tú puedas querer escuchar y que no suene como nada de lo que sabes que otros han hecho antes. Y eso es todo. Queremos hacer buenas canciones, y sentirnos felices con lo que hacemos. Nosotros somos nuestro primer... somos nuestro único crítico. Le prestamos muchísima atención a lo que hacemos antes de entregárselo al público. En vuestras propias palabras, “Sisterworld” explora “los sistemas de soporte underground que surgen como vías para lidiar contra la perdida de individualidad a manos de la sociedad”, los “espacios alternativos que la gente construye para mantener su identidad en una ciudad como L.A.”, “entornos donde los paria y los solitarios celebran su atravesada relación con la sociedad”. Me gustaría que ahondarais un poco más en este tema. Más en particular, me pregunto si el mundo del arte y la música underground a nivel internacional no es precisamente eso, un “entorno en el que los paria y los solitarios celebramos nuestra atravesada relación con la sociedad”.

Aaron: No, yo no creo que se trate de eso (risas). La verdad es que, a estas alturas, yo ya no sé qué significa eso del “undeground internacional”. Y en caso de que existiera tal cosa, estaría decepcionado con lo que la mayoría entiende y acepta como tal. Yo no veo ninguna diferencia, al margen del cómo se compra y cómo se produce, entre el status quo del pop mainstream y el status quo del indie-rock. Veo la línea que existe entre los fans del uno y el otro ámbito, y creo que eso tiene más de herramienta de identificación social que de otra cosa. Ya sabes, afirmar algo así como “Yo no escucho rock mainstream. Yo escucho indie-rock” puede servir en cierta manera como referencia rápida a la hora de conocer a otra gente. No creo que estos públicos se rijan por un diferente código ético. La mayoría de las personas que escuchan indie-rock consumen en el McDonalds de la misma manera que las personas que escuchan pop comercial. No se trata de un código de consumo, no existe una división económica derivada de diferentes posturas políticas. Creo que, desafortunadamente, con la proliferación de Internet el underground se está disolviendo, y la verdad es que me gustaría ver a gente desarrollando nuevas olas; es algo que sinceramente echo de menos. Tanto en el ámbito de la música como en el del arte en general, parece que “lo último” es reconciliarse de una manera un tanto pretenciosa con el comercialismo. Y la verdad es que yo envidio a los chicos que escuchan pop comercial, porque son individuos que se comportan de una manera mucho más natural y mucho menos pretenciosa en relación a casi todo. Nos gusta más Lady Gaga que Fleet Foxes, porque en ella hay menos de ese... Cómo decirlo... La gente no espera ningún tipo de recompensa por oír a Lady Gaga, es música pop, es mainstream. No tiene nada que ver con esa otra gente a la que se le llena la boca cuando te dicen que ellos sólo escuchan material “underground”. A día de hoy no cuesta nada descubrir a bandas como Fleet Foxes, y creo que Lady Gaga promueve más la creatividad. No pretende ocultar que hace dinero mientras hace vídeos aburridos; ella intenta ser creativa en todo lo que hace. No creo que su música sea innovadora, pero creo que eso es lo que permite que llegue a audiencias mayores. La verdad es que me gustaría oír ideas sobre lo que la gente considera que es el “underground”. Porque desde luego Pitchfork no es...

Julian: Para mí la palabra “underground” simplemente no tiene razón de ser. ¿Existe realmente un underground? ¿Existe algún tipo de subcultura o movimiento que podamos considerar subversivo? ¿Ha existido algo parecido en los últimos 20 años? La verdad es que no se me ocurre nada que merezca la pena ser mencionado. Claro que hay infinidad de cosas que no son de dominio público, que no son conocidas por la mayoría, ¿pero acaso constituyen por eso un “underground”, algún tipo de “escena paralela”? Como tú bien dices, a día de hoy con Internet, todo está en todas partes. The Smell, por ejemplo, lleva existiendo desde hace doce años, y no es un sitio ni subterráneo ni exclusivista, en el sentido de que no necesitas saber una contraseña y conocer a siete determinadas personas para poder entrar...

Aaron: Para mí, el underground, si tuviera que definirlo de acuerdo a la manera en que “existe” y no a cómo me gustaría que fuera, sería cualquier cosa que la prensa aún no ha llegado a descubrir. No quiere decir que la gente no lleve haciendo eso mismo durante siglos; sólo significa que la prensa aún no ha llegado a avisar de su existencia. Y bajo mi punto de vista, la mayor parte de las veces que la gente hace cosas que quizás consideran “underground”, están haciendo algo que sienten de manera natural, algo que les permite respirar. Y en cierta manera ese es el tema que subyace a la idea de “Sisterworld”: si actuar de acuerdo a la norma no te reporta ningún tipo de satisfacción, por qué no desarrollar tu “sociedad alternativa” o tu propio espacio para hacer eso que quieres hacer tal y como quieres hacerlo. Tú nunca llegas a decir “eh, estoy cansado de esta dimensión mainstream, vamos a hacer algo underground y transgresivo”; tú te limitas a hacer lo que sale de ti de forma natural. Claro que hay posers que se dedican a actuar o a hacer de acuerdo a ciertos patrones por la simple razón de que eso les resulta visualmente atractivo, pero la gente que realmente se ve obligada a crear su propio espacio, o a encontrar su propia manera de hacer las cosas simplemente porque esa es su pasión, tiende a hacer lo que hace sin pararse a pensar si eso es o no es “underground”. Para ellos, esa es la única vía. Así que, insisto, para mí una “escena underground” sería cualquiera que un magazine aún no se haya encargado de explotar. Además de “Sisterworld” propiamente dicho, hay planes de editar una versión expandida del álbum que incluirá un segundo disco conteniendo remezclas y reinterpretaciones de vuestras canciones. Habéis comentado que la idea de producir este segundo disco surge de vuestro deseo de “ayudar a desarrollar y expandir el rol que viene jugando el remix”, en particular involucrando en el proyecto a artistas no tan conocidos por su trabajo en ese campo. No acabo de tener claro qué queréis decir con eso de “desarrollar y expandir el papel que viene jugando el remix”, una fórmula que quizás no goza de tanta popularidad dentro del mundo del indie-rock, el art-rock o como queráis llamarlo, pero que viene siendo una práctica del todo habitual, y desde hace décadas, en los ámbitos de la música electrónica y el pop mainstream.

Julian: Lo que queremos decir con eso de “expandir y desarrollar el rol de la remezcla” es que, si te fijas, parece que existiera una cierta formulación a la hora de hacer un remix, una que viene a consistir en que tú le pasas una canción a alguien para que ese alguien añada un beat en clave house, o jungle, o dance, haciendo de esa canción algo más “radio friendly”; ese suele ser el estándar. La gente publica discos en los que una misma canción ha sido remezclada diez veces de acuerdo a diez géneros electrónicos distintos, y a nosotros eso no nos acaba de resultar interesante, porque al final ese proceso suele ceñirse a un fórmula que hace que todo acabe sonando igual. Por eso, lo que hemos intentado hacer es evitar esas remezclas al uso, y en vez de eso darle las canciones a gente para que las reinterpretara a su manera. Más que encargar remezclas, lo que queríamos era que la gente reinventara nuestras canciones, que hiciese sus propias versiones. Si se lo pedimos a Devendra, por ejemplo, no es esperando que Devendra use Ableton para poner beats sobre nuestras guitarras; queremos que aborde la canción y la reconstruya de acuerdo a su propia personalidad musical. Lo que hemos intentado es buscar una nueva manera de... bueno, en realidad no tan nueva, más bien se trata de recuperar la vieja fórmula de las versiones como algo bastante más interesante y entretenido que la remezcla. La idea básica era tener a gente que nos encanta, y que no está acostumbrada a hacer remixes de acuerdo a esos estándares, insuflándole nueva vida a nuestra música, y creando nuevas versiones de nuestras canciones que puedan ser tan interesantes como las originales, y no simplemente una versión de ese tema pensada “para el club”.

Doy por hecho que a los participantes se les dio total libertad para hacer lo que quisieran.

Julian: Eso es. No hubo ningún tipo de instrucción previa, y no hubo ningún tipo de revisión o examen posterior. Cero restricciones. “Aquí está tu canción. Haz lo que te plazca con ella”. Y lo que han tenido a bien mandarnos de vuelta, es lo que vamos a editar, sin ningún tipo de filtro.

Imagino que la incertidumbre derivada de ese proceso sin filtros tiene que ser a la vez fuente de desasosiego y excitación... Siento curiosidad por saber cuál de esas reinterpretaciones os sorprendió más en un primer momento.

Aaron: Todas resultaron bastante sorprendentes a su manera. No queremos dar demasiados detalles de momento, pero... Ya sabes, fue sorprendente escuchar como la personalidad de cada uno aflora siempre en sus versiones independientemente de la dirección que han decidido tomar. Puedes ver “su voz” en ellas. Para nosotros fue increíble tener esta oportunidad, y que la gente a la que escogimos accediera a hacerlo. Nos sentimos afortunados de haber podido contar con ellos.

¿Había más gente en vuestra lista de pretendientes? ¿Gente que al final no haya podido o no haya querido participar en el proyecto por la razón que sea?

Julian: No, y la verdad es que eso fue probablemente lo más... cómo decirlo... Lo que más nos chocó en un primer momento es que pudimos tener a toda la gente a la que queríamos tener. Todos accedieron a participar, y lo cierto es que no creíamos que todos ellos fueran a querer hacerlo, y además gratis, o casi, porque no teníamos dinero que ofrecerles (risas).

Ya que hablamos de dinero... Me gustaría saber de qué manera ha afectado o está afectando toda esta nueva cultura del “leaking” y el “file-sharing” a una banda como Liars. La teoría oficial dice que estos nuevos hábitos facilitan que las bandas logren una mayor exposición, que lleguen a cierto tipo de público al que no llegarían por los cauces tradicionales, aunque a la vez esa mayor “circulación de información” implique un descenso en las ventas de casi todos, descenso que hace que sellos y bandas dispongan de presupuestos de grabación, promoción, etc., cada vez menores. En vuestro caso particular, en el tiempo que ha pasado desde “Liars” (2007), ¿diríais que estas prácticas os han afectado en uno u otro sentido?

Aaron: En realidad no tenemos manera de saberlo. Creo que tendemos a observar este fenómeno desde el punto de vista de quienes dicen que el hecho de que la gente se baje nuestros discos puede atraer a más gente hacia nuestros conciertos. No hay forma de saber si más gente se compraría el disco en el caso de que no fuera posible bajárselo gratis, porque siempre cabe la posibilidad de que un amigo te lo copie en CD. Nosotros hemos elegido mirar este tema de forma más optimista. Esperamos haber sido capaces de diseñar un envoltorio suficientemente atractivo, y de haber hecho un álbum suficientemente bueno como para que la gente quiera gastarse el dinero en él, en comprarlo. Es nuestra responsabilidad el cuidar de estos aspectos. Y de la misma manera que nunca vamos a ponernos a conjeturar sobre lo que la gente puede querer oír, nunca nos pararnos a considerar qué es lo que la gente puede querer comprar. Nos limitamos a hacer nuestro trabajo de la mejor manera posible, y a hacer las cosas de acuerdo a como las sentimos, a como nos apasionan, y creo que ese cuidado del que te hablo es real, y que la gente lo nota.

Julian: La verdad es que es realmente difícil plantearse esta cuestión. Supongo que la parte más negativa de las descargas, para nosotros, tiene que ver con el hecho de que en un disco se filtre antes de que ese disco esté editado. Hemos gastado nuestro tiempo haciendo planes, pensando en cómo nos interesaba ir dejando gotear las cosas, en divertirnos dando a conocer poco a poco partes de canciones, vídeos, y ser capaces así de ir jugando hasta la fecha de publicación del disco. Porque una vez que el disco ve la luz ya no tienes tantas posibilidades de jugar con contenidos online, con esos pequeños vídeos que hemos estado colgando en la web, ese tipo de cosas. A día de hoy las descargas forman parte del mundo, las filtraciones de discos forman parte del mundo, y en cierta manera ni siquiera tiene demasiado sentido el pararse a debatir sobre ello, porque es algo que simplemente va a seguir pasando.

Aaron: Para mí esta cuestión es más una pregunta que los oyentes deberían hacerse a sí mismos: qué es lo que las descargas les están trayendo a ellos. Para mí, la gran cuestión, la que yo suelo hacerme es: ¿te siguen importando los discos de la misma manera que solían importarte? Para mí no era un problema conducir 60 millas hasta una determinada tienda de discos que me gustaba, ir allí con amigos, comprarme cinco discos, volver a casa y descubrir que de los cinco discos cuatro apestaban... Pero el simple viaje, el ir a ver a la gente que trabajaba en la tienda, y aquel único disco bueno hacían que todo mereciera la pena. En última instancia este es un tema que está en manos de la gente que prefiere bajarse la música; son ellos los que están dictando cómo va a ser el mundo de la música en el futuro próximo. Cada vez quedan menos tiendas de discos independientes, y no es por culpa de la música mainstream, ni por culpa de Starbucks; si cada vez hay menos tiendas es porque hay cada vez más gente optando por descargarse la música. Para mí no es tanto un asunto banda vs. comprador de discos; tiene más que ver con el cómo queremos que sean las cosas en el futuro. ¿Quieres que llegue un momento en el que no queden tiendas de discos? ¿Quieres que el comprar discos se convierta en un acto anónimo y solitario? ¿Es eso suficientemente excitante para ti? ¿No se va a convertir en algo rutinario e insulso eso de comprar un disco mientras estás sentado en el sofá de tu casa? ¿No prefieres equilibrar la cosa y salir de vez en cuando a la calle para ir a tu tienda de discos de manera que puedas tener “experiencias de compra”? Creo que es una cuestión de preferencias personales.

Julian: Creo que esa también es la gran diferencia para mí. Últimamente apenas entro a las tiendas de discos, y es algo que antes hacía todas las semanas, ir de tiendas, y dar un repaso a todos los cajones, tanto de novedades como de discos usados, para ver qué había de nuevo por allí. Y luego estaba el momento de comprarte un disco, y volver a casa, y sacarlo con cuidado de la funda para escucharlo mientras te leías todos los créditos... Supongo que ya no hago ese tipo de cosas, y si quiero un disco tiendo a la comodidad de la descarga. Pero es que incluso cuando te bajas un disco de manera legal vía iTunes, la experiencia de obtener ese disco sigue siendo totalmente insatisfactoria (risas). Supongo que esa es la parte mala del asunto... Pero las descargas no implican necesariamente que alguien tenga que irse a pique; es signo del progreso, de la tecnología. ¿No pensáis que, en cierta medida, ese progreso está generando una pérdida de valor o significado, no sólo del disco como objeto físico, sino también de “la música” en un sentido más abstracto y general? Antes, un buen disco solía ser visto como un “objeto artístico” en sí mismo, como un bien preciado en el que además solían proyectarse una serie de valores emocionales que tenían mucho que ver con procesos de afirmación identitaria e identificación social; en tiempos recientes parece que la música, especialmente a ojos de los más jóvenes, se hubiera convertido en una mercancía de usar y tirar...

Aaron: Yo no quiero generalizar. Como te comentaba, nosotros hemos decido ser optimistas, y queremos creer que la gente aún es capar de sentir esa misma excitación por la música que nosotros hemos podido sentir cuando éramos más jóvenes. Sí que creo que la gente está dispuesta a hacer cada vez menos sacrificios por la música. En mi caso puedo hablarte de mi hermano, por ejemplo, que fue una gran influencia para mí. Cuando era más joven y estaba realmente metido en la música, andaba siempre ajetreado, peleándose con otros por discos que era difíciles de conseguir. Había cierto brillo iniciático en aquello. Si querías escuchar discos oscuros tenías que pagar el precio de andar conduciendo de tienda en tienda, preguntando, buscando, y en ese proceso acabó conociendo a muchos de sus amigos, gente con la que podía sintonizar a ese nivel. Gente que no dudaba en viajar hasta otra ciudad para ver un show. Para mí aquello hacía que la experiencia fuera mucho más fuerte. No voy a decir que esa excitación en general se haya perdido, porque está claro que los chicos de ahora han crecido de forma diferente, y sus referentes pueden ser otros, pero para mí, por el simple hecho de haber tenido el ejemplo de mi hermano, sí me parece todo menos excitantes ahora; algo que no deja de ser mi problema.

Julian: Como la otra cara de esa misma moneda, también se puede argumentar que este nuevo potencial de accesibilidad a prácticamente cualquier música grabada a lo largo de la historia nos ha dado la posibilidad de descubrir un montón de discos que hasta hace nada era poco menos que imposibles de conseguir; discos que en el mejor de los casos tenía algún amigo tuyo, y tú tenías que conformarte con escucharlos grabados en cinta hasta que la cinta empezaba a sonar mal por culpa del uso. Creo que este es un aspecto excitante derivado de la digitalización: discos de difícil localización, oscuras reediciones, incluso álbumes que en su día nunca llegaron a ver la luz, de repente están a tu alcance, y puedes disfrutarlos. Ahora hay más música que nunca a disposición de todo el mundo. Ahora el chico que vive en un pequeño pueblo del norte de España puede tener acceso a conocer a aquel pequeño sello indie americano que sólo llegó a poner en circulación un único disco hace diez años (risas).

Aaron: Ya, pero la cara B de eso es que ya no tienes ese amigo especial que tiene ese disco tan raro, y que ni siquiera te lo quiere grabar en cinta precisamente por ser tan raro, así que la única forma que tienes de oír aquel disco es ir un día a su casa, escuchar todas sus malditas historias, beberte con él unas cervezas, o quedarte a comer con ellos antes de sentarte a escuchar ese disco allí, con él, en su casa. Insisto, son tiempos diferentes, yo hablo desde mi edad. Los chicos de ahora nunca sabrán que esa otra forma de descubrir y compartir música es divertida. Simplemente digo que ellos viven de una manera distinta, y sí, creo que pueden sentirse entusiasmados por la música. Eso sí, siempre existirá una brecha entre lo que la gente mayor piense al respecto de cómo deberían hacerse las cosas, y cómo los chavales más jóvenes las hagan. Pero sí, creo que la música sigue siendo algo excitante para ellos, aunque esa excitación se manifieste ahora de otra manera.

Julian: Uno de nuestros promotores de PIAS en España nos contaba que hace poco había descubierto un disco de Julio Iglesias, con Julio cantando en italiano, y que el disco era increíble, y que se había pasado toda la noche anterior con dos de sus compañeros de trabajo, simplemente bebiendo y escuchando discos. Así que ese componente social del que habla Aaron supongo que en cierta manera sigue existiendo. Y quizás sea sólo cuestión de tiempo que el ciclo haga un círculo completo y esos hábitos vuelvan a estar a la orden del día. Aunque ahora todo el mundo pueda descargarse un disco con facilidad, seguirá habiendo momentos en los que la gente se reúna para escuchar música en vez de conformarse con esa experiencia solitaria que obtienen de su iPod o su ordenador personal.

Volvamos a centrarnos en “Sisterworld”. Para mí vuestras nuevas canciones tienen una importante cualidad visual; hay muchos momentos en los que la mente tiende a completar -o directamente a inventar, a imaginar a partir de cero- los escenarios en los que está sucediendo la acción. Siendo algo que ya habéis hecho en el pasado con “Drum's Not Dead”, y después de ver esos pequeños fragmentos de vídeo que habéis colgado en sisterworld.com, me pregunto si hay planes de ir desarrollando ese aspecto visual del disco en el futuro próximo, si vamos a poder ver una serie más amplia de vídeos relacionados entre sí de alguna manera, o algo por el estilo.

Julian: La parte videográfica esta vez se reduce en buena medida a lo que ya has visto. Hemos hecho algo así como 20 pequeñas piezas de vídeo, que hemos ido subiendo a la web, y que estamos cambiando cada semana. Sí que existe un aspecto visual en este disco, uno que está en cierta medida relacionado con el CD de remixes. El packaging que hemos hecho para la edición especial de este disco está muy elaborado. Nuestro amigo Brian Roettinger se encargó de diseñarlo para nosotros, y ha hecho algo realmente extraño y atractivo. Y los vídeos están vinculados a ese artwork, son una especie de teaser de ese artwork, de manera que los distintos elementos de ese componente visual acabarán encajando cuando el disco esté en la calle. ¿Qué nos puedes contar al respecto de ese packaging?

Julian: No es nada sencillo de explicar. Te puedo decir que es muy tridimensional, muy físico, y que realmente tienes la posibilidad de “interactuar” con el envoltorio. Todos los motivos gráficos que puedes ver en la web, o en la portada del álbum, todos están relacionados, todos tienen que ver con una misma idea visual.

¿Ese envoltorio será el mismo que se use para la edición en vinilo? Porque habrá edición en vinilo, ¿verdad?

Julian: Sí, el disco se va a editar en vinilo, y el vinilo también tiene su packaging especial, pero distinto. No te puedo contar más de momento.

Además de ese aspecto visual cohesivo del que hablamos, tanto las letras como el propio sonido general del álbum me hacen pensar en las canciones “Sisterworld” como pequeños capítulos de una historia más compleja en la que existieran líneas narrativas entrecruzadas; como si las canciones fueran instantáneas de situaciones que funcionan de forma separada, pero que una vez puestas en común, y consideradas de manera conjunta te dan una visión distinta, más completa y más compleja de un mismo asunto (o una serie de asuntos). ¿Es mi imaginación, o existía una intención de desarrollar una suerte de “historia general a partir de historias particulares” a lo largo de todo el disco?

Aaron: La intención era la de hacer un álbum más meditado y deliberado, y sí, había un foco general, pero la razón por la que elegimos hacer algo más cogitado esta vez es algo que no debería importarle a nadie. Y todas estas cosas que decimos al respecto de “Sisterworld” teniendo un tema común y demás, en realidad se tratan cosas muy distintas, y nosotros preferimos ser vagos al respecto, porque no queremos que se nos tome por una banda amiga del concepto, y no hay nada especialmente profundo en nuestras canciones que debieras esforzarte en descubrir... más allá de lo que te sugieran a ti mismo de forma natural, no mediada. Esa es una pregunta que no podemos responder por ti.

Julian: No queremos tener que explicar cuál es la historia que abordamos en el disco, si es que existiera una historia. Lo que tú nos comentas, por ejemplo, a mí me parece una visión bonita, y no voy a venir yo ni a quitarte la razón ni a decirte que estás en lo cierto (risas). Por lo que a nosotros respecta, la manera en que cada uno perciba nuestros discos es siempre la manera correcta. Sí que queríamos que la cosa funcionara de manera conjunta como álbum, como un proyecto unitario, pero no se puede decir que exista una historia conceptual que recorra el disco de principio a fin. Nos están haciendo señas para que vayamos terminando, así que vamos con una última pregunta. En el website que habéis creado para alojar todo lo relacionado con “Sisterworld” se podía ver hasta hace poco un espejo en forma de pirámide con la sentencia: “Be bold, be brave and leave the rest behind”. ¿Podría ser ese el motto vital de Liars?

Julian: Fue Angus el que escribió esa frase. Tiene que ver con no tener miedo a la hora de probar a hacer cosas nuevas; no tener miedo a la hora de lanzarse a dejar atrás una situación cómoda, un terreno seguro, para poner rumbo hacia algún otro lugar o situación que puede ser no tan confortable, no tan placentera, que puede incluso hacer que te sientas un poco asustado, pero que al final, con un poco de suerte, va a llevarte a aprender cosas, a afectar la manera en la que piensas. Cuando te expones a situaciones que te hacen sentir incómodo o molesto, a menudo descubres cosas, comienzas a pensar en otros términos, y a querer crear cosas nuevas. Eso es lo que quiere transmitir esa frase: no tengas miedo de probar a hacer cosas nuevas, diferentes. Ese debería ser el motto no sólo de Liars, sino de todo el mundo. Luis M. Rguez y Claudia Ortiz

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