Entrevistas

Leyland Kirby

Contra la desmemoria

Leyland KirbyEn cuestión de dos días, un Leyland Kirby anhelante y obsesionado con el proceso del recuerdo, con capturar el lamento de los espectros de un pasado a medias desdibujado, estará presentando su más reciente material en Madrid y Barcelona, en ambos casos dentro del marco del Electrónica en Abril. Habiendo firmado uno de los mejores álbumes del año pasado a juicio de quienes hacemos PlayGround, se hacía obligado abusar de la excusa de esa visita para fijar una cita con él en Berlín. En pleno corazón del viejo Berlín Este, a tan sólo diez pasos de la gran rotonda que cierra por unos de sus extremos la monumental Karl-Marx-Alle, conversamos con James Kirby al respecto de su pasado remoto y de su más inmediato presente.

Recuerda: el viernes 16 en Madrid, en el Auditorio de La Casa Encendida, y el viernes 23 en Barcelona, en las dependencias de Obra Social Cajamadrid. Cita doble con el más subyugante embrujo de raíz hauntology. Además, atentos quienes vayáis a estar en la capital, porque el mismo James Kirby organiza una fiesta junto a su amigo Andy MacGregor (aka Jansky Noise) el sábado 17 en Madrid. La cita es en El Perro, y el propio Kirby estará luciéndose en tareas de selector entregado a la recuperación de los mejores hits de los ochenta. Sin complejos. En sus propias palabras: Party Drinking and DJing. Como para perdérselo.

Teniendo en cuenta que tú mismo has confesado en más de una ocasión la fascinación que desde siempre vienen despertando en ti los mecanismos de la memoria y el recuerdo, también que James Kirby tiene un pasado notable que no todo el mundo conoce, me gustaría comenzar obligándote a rememorar. Por ejemplo, me gustaría saber cuál es tu más antiguo recuerdo de raíz musical.

Hace poco estuve pensando en eso. No sabría decirte que edad tenía, pero creo que aún era muy pequeño. Yo estaba con mis padres, fuera de casa, en una fiesta en alguna parte, y la primera música de la que tengo memoria es este single de Boney M, “ Brown Girl In The Ring”. Me recuerdo allí escuchando esa canción, así que debía tener cosa de 4 o 5 años. Creo que esa es mi memoria más antigua en relación con la música: Boney M, esa canción, supongo que uno de sus mayores hits de los años setenta.

Siento curiosidad por saber si eras de esa clase de críos que se lanzan a bailar a la primera de cambio.Mmm... No estoy seguro. Pero creo recordar que a esas edades tampoco tenía mucho consciencia de lo que representaba la música. Era más bien algo que siempre sonaba de fondo. Así que debería decir que no, que no era un crío con una especial disposición al baile.

Y que me podrías decir al respecto de la sea la primera canción -o una de las primeras- que llegó a obsesionarte.

Uff... No estoy nada seguro sobre esto. Puede que fuera... La primera canción con la que llegué a obsesionarme... Quizás la primera canción que realmente llegó a engancharme fue esa canción de Paul McCartney, allá por los primeros años ochenta, una que se llama “ A Wonderful Christmas Time”. Si la escucháramos ahora nos sorprendería lo electrónica que es. No sé si eso tendría algo que ver, pero por alguna razón me gustaba aquella canción. Recuerdo que solía sonreír cada vez que aparecía en la televisión. Y supongo que aún lo haría, ponerme a sonreír, si la escuchara ahora. Me gustaba de verdad aquella canción. Imagino que conservarás algún recuerdo intenso del momento en el que hiciste tu primera canción, ese momento en el que crees haber acabado algo de lo que te sientes orgulloso y quieres dárselo a escuchar a la gente.

Lo cierto es que no. En realidad no soy capaz de recordar qué es lo que hice hasta el momento en el que comencé a publicar. Siempre haces un montón de cosas distintas hasta que un buen día llegas a un punto en el que te decides a darlas a conocer. No tengo memorias de algo así como “un gran momento” en el que por primera vez me dijera, “eh, esto está bien”. Sí recuerdo un momento, muy al principio de todo, en el que había estado trabajando durante bastante tiempo junto con dos amigos en un material que nos tenían bastante entusiasmados, y un día nos decidimos a llevar esos temas a una planta de prensaje de vinilo. Recuerdo que el tipo que se encargaba de hacer el cutting, tan pronto como se puso a escuchar el primer tema, nos dijo que nos olvidáramos, que no había manera de prensar un buen vinilo a partir de aquello, porque todo estaba fuera de fase. Son cosas de las que no tienes ni idea cuando empiezas a hacer tracks. Poco después de aquello, la asociación de tres se quedó en dos miembros, y ahí ya empezamos a producir cosas distintas, hasta que llegó un momento en el que tuvimos que decidir entre empezar a enviarle nuestras cosas a algunos sellos, o ponerlas en la calle nosotros mismos. Supongo que en aquel momento no encontramos a nuestro alrededor muchos sellos afines a lo que hacíamos, así que nos decidimos a editar por nuestra cuenta a través de V/Vm Test Records. La verdad es que no estoy seguro de por qué lo hicimos. Supongo que por aquel entonces pensábamos que el material que teníamos estaba ya acabado, pero lo cierto es que las cosas no están acabadas nunca. Cuando a veces nos da por escuchar ahora algunas de aquellas primeras cosas que editamos... sí, son bastante potentes, pero probablemente mucho menos potentes de lo que podrían haber sido si no nos hubiéramos dejado llevar por las prisas.

Ese es siempre un punto interesante: el cuándo saber parar, cuándo dar algo por terminada, ya sea una relación, o una canción...

No creo que las cosas lleguen a estar nunca acabadas. En general creo que la gente tiende a obsesionarse y a dedicarle demasiado tiempo a según qué cosas. Para mí, al menos nivel musical, todo tiene que ver con capturar cierto tipo de energía. Tan pronto como siento que he conseguido aprehender algo de esa energía, la pieza para mí está terminada, porque siempre corres el peligro de acabar trabajando ese material de más hasta echar a perder esa energía. Muchas músicas de hoy están diseñadas de esa manera, están muy trabajadas a nivel de técnica, concebidas desde un punto de vista en el que se le da mucha importancia al detalle técnico. Yo no puedo con eso, las cosas se vuelven demasiado aburridas de esa manera. Las cosas tienen que surgir de manera más o menos rápida.

¿Entonces eres rápido?

(risas) Puedo ser rápido... Aunque eso siempre depende: lo que puede ser rápido para mí puede ser demasiado lento para otro. En realidad la acción depende de todo un proceso previo. Antes de empezar a hacer has de saber qué quieres hacer, y esa suele ser la parte que requiere de una buena inversión de tiempo.

El 2006 lo pasaste en buena medida consagrado a tu V/Vm 365 project. Siento curiosidad por saber si crees haber desarrollado algún tipo de destreza especial a resultas de aquel proyecto. Quiero decir, el hecho de haberte obligado a producir y a subir a la red al menos una pieza de audio durante cada día de un año habrá repercutido de alguna manera en tu forma de trabajar...

Sí, yo creo que sí. Y es una cuestión interesante. Era algo que venía queriendo hacer desde hacía tiempo: presionarme a mí mismo de ese modo, porque sinceramente pienso que es posible hacer cosas valiosas y de una manera suficientemente rápida. La verdad es que rara vez me da por escuchar el material que salió de aquello, pero cuando me ha dado por volver sobre aquellas grabaciones me ha sorprendido ver que algunas de aquellas cosas aún hoy me parecen realmente buenas, aunque por supuesto haya otras muchas que no sean tan buenas. Creo que aquel proyecto me ayudó sobre todo a desarrollar un tercer sentido que ahora me permite saber qué días van a ser buenos para mí en el plano musical, y que otros días no van a ser nada productivos en lo musical. Ahora soy realmente bueno a la hora de reconocer cuándo estoy realmente inspirado para ponerme a trabajar en mi música y cuándo no. ¿Cómo se manifiesta ese tercer sentido? ¿Cómo sientes esa inspiración?

No sabría cómo explicarlo, pero es algo que aprendes a reconocer. Hay mañanas en las que tan pronto como te levantas ya sientes que no va a ser un buen día para ponerte a hacer música, simplemente por una cuestión mental, porque a lo mejor ese día no estás tan ahí, no estás tan centrado, o no estás suficientemente agudo. Ese día sé que es mejor dedicarlo a pasar el aspirador, o a preparar una gran sopa, o a cualquier otro tipo de tarea. No sabría decirte por qué, pero sí que sé que ese no va a ser un “día musical”. En estos momentos tengo la suerte de disponer de mucho tiempo, así que puedo permitirme discriminar, y concentrarme en hacer música siempre que siento que es un buen día para eso. Tu mundo musical ha cambiado mucho desde que a mediados de los noventa pusieras tu primer disco en la calle como V/Vm.

Mucho. Aquel primer disco era una cosa muy electrónica, muy influenciado por toda la música electrónica que estaba llegando en aquel momento desde Detroit. Aquel era un espacio mental muy diferente al de ahora.

Qué tipo de sensaciones tienes ahora si miras atrás hasta llegar a las memorias de aquella primera época de V/Vm.

Cuando miro atrás siento sobre todo asombro. Asombro, porque en cierta manera es increíble que aquello durara tanto tiempo y que pudiera publicar tantos discos. Porque la verdad es que por aquel entonces no tenía la más mínima idea sobre cómo hacer las cosas. Al principio no sabíamos nada sobre cómo distribuir nuestros discos, y nos llevó todo un año llegar a vender nuestras primeras 300 copias, copias que llevábamos nosotros mismos hasta las tiendas, cruzándonos el país en coche, y perdiendo un montón de dinero por el camino. Lo cierto es que fue una época muy divertida, y una que ya no podría repetirse, porque esas tiendas de discos ya no existen. Todo era más físico en aquellos días. Ahora todo se mueve en el entorno online.

Haciendo más sencillas tareas como la de la distribución de un sello pequeño, entiendo...

Yo creo que a la vez que facilita ciertas tareas, también lo hace todo más difícil, porque ahora todo el mundo tiene un sello discográfico, y ahora todo el mundo se dice músico, sobre todo en el ámbito de las músicas de naturaleza electrónica, porque está claro que el desarrollo a nivel de software ha hecho posible que a día de hoy cualquiera sea capaz con poco esfuerzo de hacer muchas cosas, no necesariamente buenas.

A pesar de ese mayor volumen de músicas accesibles gracias a la Red, uno tiene la sensación de que ante tanto exceso informativo y tanta avalancha de lanzamientos cuesta cada día más toparse con algo realmente relevante.

Pienso lo mismo que tú. Y está claro que la capacidad de atención de la gente es muy diferente ahora. Hace quince años ahorrabas para comprarte un disco y te lo escuchabas sin parar durante semanas y hasta meses. Ahora la gente prefiere irse a la Red y bajarse quince álbumes al día, y así es normal que puedan brindarle muy poca atención a todo. En el extremo contrario, es cierto que la Red ha favorecido la aparición de cierto tipo de blogs en los que puedes encontrar material realmente difícil de localizar en formato físico. Imagino que alguna gente habituada a buscar cierto tipo de material en tiendas de discos, habrá trasladado esos hábitos al entorno digital, y será capaz de invertir tiempo y atención en buscar esas piezas concretas y preciadas en la red, aunque la verdad es que es algo que se me antoja difícil. Me llamó bastante la atención descubrir recientemente que la expresión V/Vm, uno de tus alias más prolíficos y nombre a la vez de tu primer sello, se inspira en la expresión científica que viene a demostrar que el universo se expande. Por mucho que la gente haya venido tachándote de productor bromista o travieso en el pasado, de gamberro irreverente dedicado a sublimar el arte del bootleg irritante, no hay más que echar un vistazo a tu biografía para ver que siempre has demostrado interés por el plano conceptual. Ya sea en clave de electrónica agresiva y oscura, de mashup aberrante, o de ambient espectral, tu obra a menudo se ha venido articulando alrededor de algún tipo de concepto o premisa apriorística. Encuentro ese enfoque conceptual poco usual, especialmente inusual de hecho si tenemos en cuenta que V/Vm surge de un entorno puramente raver. Por eso, ¿de dónde surge ese tendencia tuya a rodearte de conceptos?

No estoy seguro. Supongo que toda esa trayectoria tiene algo de viaje único. Y en todas las distintas etapas de ese viaje lo que estoy haciendo es tratar siempre de recapturar cierto tipo de energía. Me siento afortunado por haber crecido en el entorno de Manchester, y haber podido disfrutar de todos los grandes clubs que ha tenido la ciudad. Cuando tenía catorce, quince, dieciséis años, a finales de los ochenta y durante los primeros anos noventa, la energía que se respiraba en aquella escena de clubs era increíble. El house, el techno, el acid, todo aquello era algo aún relativamente nuevo y joven, y todo parecía posible. Tú también podías ser parte de aquello, hacerte con un par de máquinas y lanzarte a hacer tus propias historias. Todos los conceptos que he venido usando desde entonces no son sino instrumentos para perseguir cierta forma de energía. Para mí es importante hacer las cosas con pasión, atravesar el campo de las emociones. Es cierto que hay mucha gente haciendo música hoy en día que tan pronto como recibe un poco de atención mediática se dedica a repetir hasta la saciedad aquella fórmula con la que ha llamado más la atención, por la sencilla razón de que es eso lo que parece gustarle a la gente. En mi caso eso no funciona. Yo necesito tener otro tipo de motivación. Necesito encontrar algo que realmente despierte mi interés, algo con lo que pueda apasionarme, algo en lo que pueda encontrar esa energía de la que te hablo. Supongo que los conceptos surgen de ahí, de pararme de cuando en cuando a pensar sobre qué puedo hacer que mantener esa pasión viva. Ya que hablas de la escena de club de Manchester en el pasado, me gustaría saber qué tipo de energía obtienes -si es que obtienes alguna- de la supuestamente vibrante escena de clubs de esta ciudad, Berlín, a día de hoy.Energía ninguna (risas). Absolutamente ninguna. La verdad es que a nivel musical odio esta ciudad. Se supone que es una ciudad fantástica para salir de clubbing, pero yo lo siento, no tengo tiempo para eso. Habrá quien disfrute yendo cada fin de semana a sitios como el Berghain, el Watergate y demás, supuestamente algunos de los mejores clubes de Europa en estos momentos, pero yo no veo ahí nada comparable a la alucinante energía que se respiraba a finales de los ochenta y durante los primeros años noventa en muchos de los clubes británicos. Entre otras cosas porque en aquella época la gente acudía a los clubes por la única razón de la música, y no para lucir modelito o para sentirse cool. Sinceramente creo que mucha de la gente que a día de hoy viaja desde todas las partes del mundo hasta Berlín para acudir a esos clubs, lo hace para sentirse cool, para poder decir que han estado allí, sin importarles tanto la música. La música ha pasado a tener un papel secundario.

Es divertido ver como desde fuera la escena de clubs de Berlín es vista desde todo el mundo como uno de los epicentros de la música electrónica más progresista cuando en realidad, si nos centráramos sólo en ese tipo de clubes de más prestigio internacional, tendríamos que estar hablando de una escena totalmente predecible, encerrada en sí misma, y falta de imaginación. También me fascina la capacidad que tiene esta ciudad para promocionarse y crear leyendas...

Aún siendo una ciudad excitante a su manera, a mí me cuesta encontrar gente real en esta ciudad. Constantemente te cruzas con gente que dice estar haciendo un montón de cosas interesantes al mismo tiempo, pero a poco que rascas te acabas dando cuenta de que esa gente que más tiende a hablar de lo suyo no está haciendo nada en realidad. Así al menos lo siento yo. Y la verdad es que desde el principio, desde que me vine a vivir aquí, he desarrollado cierta tendencia que me lleva a tratar de evitar a la gente que se mueve en el mundo de la música y el mundo del arte en esta ciudad. Y lo cierto es que es difícil, porque están por todas partes (risas), pero es posible. Un poco al hilo de esto que comentas, me gustaría preguntarte por tu más reciente proyecto editorial. Me gustaría saber si el nombre del sello, History Always Favours The Winners, tiene que ver de alguna manera con la manera en que te sientes en relación con tu historia personal. Por ejemplo: recuerdo haber leído en su momento como comentabas en otra entrevista la extrañeza que te causó el ver “ RiP: A Remix Manifesto”, un documental que explora la historia, las constricciones legales y los condicionantes culturales a los que se enfrenta la moderna cultura del mash-up en la era digital, y no encontrar ni una sola mención al trabajo de V/Vm, siendo como fuisteis pioneros en ese aspecto del mashup, la cultura del bootleg, el audio libre. ¿Refleja ese History Always Favours The Winners cierta desazón en relación a cómo cierto tipo de cronistas de la historia electrónica reciente han tratado -o ignorado- el legado de V/Vm?

Es cierto que se me hizo raro ver ese documental, pero no, el nombre del sello no encierra ningún tipo de connotación personal. Creo que las cosas son simplemente así, en general: la historia siempre acaba favoreciendo a los vencedores. Por ejemplo, hay un buen montón de discos fantásticos de finales de los ochenta, discos electrónicos, que a día de hoy casi nadie conoce, y sin embargo todos sabemos sobre los mismos nombres, todos conocemos a los mismos artistas, los mismos sellos... Ese cúmulo de referencias de dominio público no deja de ser una versión parcial y distorsionada de lo que en realidad sucedió hace 15 o 20 años atrás. Hay escenas completas que parecen haber sido olvidadas por completo.

Como el new beat belga...

Justo. Hace cinco o seis años comencé a producir cortes en clave new beat por la sencilla razón de que aquello ha sido olvidado. El techno tiene su sitio en la historia, el acid house tiene su sitio en la historia, pero el new beat, que fue un sonido instrumental para el desarrollo de mucha de la música electrónica que se hizo durante los primeros años noventa (empezando por Aphex Twin y siguiendo por muchísimos otros), parece haber sido olvidado. ¿A qué crees que puede deberse esa omisión?Imagino que la gente de aquella escena no sería gente muy puesta en el tema de los negocios. Esta claro que la industria discográfica encuentra constantemente beneficio en el recuerdo, en la venta de discos rescatados del pasado, y quizás por eso tienda a recrear ese pasado en su beneficio, haciéndonos creer que este y aquel disco fueron mucho más importantes hace 20 años de lo que en realidad fueron para que acabemos eligiendo comprar ese título y no otros. Creo que en buena medida esas lagunas tienen que ver con una cuestión de ventas. En general, pienso que hay un gran desconocimiento en materia de música electrónica. Hay mucha gente, tanto dentro de la industria como dentro del gremio de los propios artistas dedicados hoy en día a producir música electrónica, que no tienen demasiada idea sobre algunos capítulos básicos de esa historia. Quizás para ellos no sea un tema importante, pero yo pienso que debería serlo. Si trabajas dentro de un campo, siempre es importante conocer lo que otros han hecho antes que tú, saber de dónde viene lo que tú estás haciendo ahora.

Retomemos pues el hilo de tu propio pasado. El James Kirby de ahora, el que vive en Berlín y viene firmando discos de creciente aclamación crítica como The Caretaker o Leyland Kirby, qué es lo que más añora de aquellos primeros días de V/Vm en Manchester.

Probablemente la energía que se respiraba entonces, porque entonces todo nos parecía nuevo. Todavía hoy siento la misma emoción que hace quince años cada vez que veo como uno de mis discos acaba materializándose en vinilo, porque la verdad es que cada vez es una pelea, y cada nuevo disco es una victoria. Sí que a veces echo de menos aquella inocencia del principio, pero está claro que son tiempos diferentes ahora. Apenas quedan tiendas de discos, y todo aquel proceso social de antes se ha vuelto mucho más impersonal. También se ha perdido buena parte del misterio que rodeaba entonces a la música. Ahora todo el mundo lo sabe todo porque no tienes más que irte a la Web y hacer un par de búsquedas. ¿Esa perdida del misterio, o más concretamente el deseo de volver a recuperar parte de ese misterio, puede haber influido en la dirección de tus últimos trabajos, mucho más abstractos, espectrales y enigmáticos?

No sabría que decirte. Yo los veo sobre todo como trabajos más calmos y emocionales, estos últimos. En el momento en el que me puse a grabar Sadly, The Future Is No Longer What It Was era esa la dirección que me apetecía tomar, pero a la vez he seguido trabajando en otro tipo material que no tiene demasiado que ver con la parte que sí he editado. Editar un álbum triple -o una colección de tres álbumes entendidos como parte de un todo indivisible- como “ Sadly, The Future Is No Longer What It Was” ( HAFTW, 2009) podría pasar por un suicidio comercial en estos tiempos en los que reina el déficit de atención, y sin embargo el álbum está cosechando algunas de las mejores reseñas de tu carrera y por lo que tengo entendido se está vendiendo bien. Tu “Theoretically Pure Anterograde Amnesia” como The Caretaker se extendía hasta llenar el espacio de seis discos compactos. Teniendo en cuenta además que en alguna ocasión has hablado del tiempo que a veces dedicas a documentarte sobre alguna materia en particular (la amnesia anterógrada, por ejemplo, esa “pérdida de memoria a corto plazo” resultante de un daño cerebral que hace que ciertas personas sean capaces de conservar sus recuerdos previos al evento causante de la amnesia, pero no sean capaces de incorporar nuevos recuerdos a su registro de memoria a largo plazo), me pregunto si tú sitúas tus más recientes trabajos como The Caretaker o Leyland Kirby en un plano estrictamente musical, o si entiendes esos trabajos como proyectos de arte más holistas (o como documentos de esos proyectos en los que importaría tanto la música como el concepto que la origina, y el propio proceso de articulación de ese concepto).

No estoy seguro... La mayoría de las veces, como hemos comentado, busco capturar un tipo de energía especial, y esta vez, esos tres discos que acabaron formando parte de “Sadly, The Future Is No Longer What It Was” fueron llegando de manera natural a medida que iba completando canciones que encajaban. Al final fueron tres discos, pero habrían podido ser cinco, porque había material de sobra. Sí que es cierto que a veces me parece conveniente investigar ciertos conceptos antes de ponerme a trabajar en una idea en particular, pero no fue ese el caso del disco de Leyland Kirby. En ese último álbum no hay concepto. El disco es una especie de banda sonora personal de mi estancia en Berlín durante doce meses de vida.

Leyland Kirby . Sadly, The Future Is No Longer What It Was.mp3
Ivan Seal, amigo mío desde hace muchos años que también vive ahora en Berlín.

Ya que sacas el tema de The Stranger, sigamos por ahí. The Stranger se supone que es un proyecto más escorado al drone que en buena medida pretende capturar la energía particular de un lugar concreto, ser reflejo de los páramos de Yorkshire.

Sí, supongo que podríamos decirlo así, aunque antes que de energía, en este caso concreto yo hablaría más bien de humor, de atmósfera, de intentar retratar esos días pintados de gris oscuro, esos días en los que el sol nunca llega a salir, y no para de llover todo el puto rato. En ese sentido, el de The Stranger es un sonido muy del norte de Inglaterra.

Al hilo de esto que cuentas, y de un par de títulos que en “Sadly, The Future Is No Longer What It Was” hacen referencia directa a dos áreas concretas de Berlín, me gustaría saber hasta qué punto crees que influye en la música que haces el lugar en el que vives en cada momento.

Seguro que influye, pero no abría decirte cómo o hasta qué punto... El disco de The Stranger fue grabado aquí, íntegramente en Berlín, y sin embargo refleja el humor de un lugar situado en el norte de Inglaterra. Gente que conoce aquel lugar me ha comentado que sí, que “Bleaklow” desprende una atmósfera cercana a la de aquel lugar, que es un sitio muy lóbrego, muy inhóspito, y muy bonito también, pero a la vez muy áspero. Al respecto de “Sadly, The Future...”, puede. Si que hay gente que me ha dicho que el disco tiene un aire muy berlinés, supongo que porque es una música muy espaciosa, pero yo no suelo establecer este tipo de vínculos o relaciones directas. Prefiero creer que podría haber hecho ese mismo disco en cualquier parte del mundo. Más que con el lugar que habitaba entonces, creo que todo tiene más que ver con las circunstancias particulares en las que andaba envuelto entonces. Es normal que algunos lugares de Berlín se dejen respirar en el disco, porque son rincones por los que me ha cansado de pasar en los últimos meses, e incluso rodamos un par de vídeos en la calle que son muy berliner. Es normal, esas son las calles por las que he estado caminando durante seis o siete meses, tratando de dilucidar qué demonios estaba pasando (risas). Recuerdo haber leído en alguna parte como alguien trataba de definir el hacer desconfigurante de V/Vm como “tornar esas cosas que todos recordamos en cosas que querríamos olvidar”. Lo decía como halago, sin ánimo peyorativo.

No creo que esa fuera mi intención, pero bueno... (risas)

Aciertos al margen, me gustaría preguntarte, tomando esa afirmación como modelo, cómo de acertado verías que alguien definiera el hacer de The Caretaker y Leyland Kirby a la inversa, algo así como “hacer de las cosas que ya hemos olvidado -o que creemos haber olvidado- cosas que nos gustaría recordar”.

Lo veo como una definición posible. La música de V/Vm siempre estaba procesada de una manera muy violenta y perturbadora, también muy oscura. Esa era un poco la idea: coger temas prototípicos del pop y convertirlos en algo realmente oscuro, rascar hasta quitarles todo su brillo para ver qué había allí debajo. El mundo de Caretaker tiene que ver fundamentalmente con los procesos de la memoria, con la manera en que recordamos, y con como esos recuerdos se van viendo trasfigurados o distorsionados con el paso del tiempo. También con las disfunciones de nuestro cerebro, con cómo el proceso biológico del envejecimiento afecta a ese mecanismo recuperador de recuerdos. De ahí que siempre haya tendido a usar como materia prima para los discos de The Caretaker esas canciones viejas y ya casi olvidadas, discos de los años 20 y los años 30 que quizás si despierten en según quien cierto tipo de memorias parciales, pero nunca una imagen completa. Son esos materiales los que me brindan un espacio a partir del que poder crear.

¿Por qué acotar tu diggin' a ese ámbito concreto de la música de ballroom de los años 20 y 30?

Muchas de las músicas que he utilizado en los discos de The Caretaker tiene más de cincuenta y sesenta años de antigüedad. No creo que la cosa fuera a funcionar igual de bien si un día me diera por usar, digamos, hip hop de los primeros años ochenta, porque seguramente tú recordaras aquello perfectamente. Sin embargo, el material de los años 20 y los años 30, suponiendo que hayas vivido aquellas épocas y aún estés vivo para contarlo, supongo que te va a costar recordarlo tal cual era, porque con la edad la memoria se va apagando irremediablemente. Además hay que tener en cuenta que mucha de esa música tiene una atmósfera muy extraña, en especial la editada en el período de entre guerras. La gente experimentó pérdidas terribles durante aquel tiempo, y hay un montón de canciones de la época que lidian con el tema de la muerte, o que hablan de fantasmas, ese tipo de cosas. En fin, que cuando me planteé comenzar The Caretaker, me pareció esta la música más apropiada para favorecer el tipo de evocaciones parciales que buscaba.

Me gustaría saber cómo de cómodo te sientes viendo tu trabajo incluido en el saco de lo “hauntology”.

Hace no mucho tuve la suerte de conocer a alguna de esa otra gente que también viene siendo incluida en ese departamento hauntology. Me invitaron a tocar en un festival en Londres en el que también estaban Brodcast y Julian House, y alguna otra gente del sello Ghost Box. Puedo comprender las razones por las que la gente puede querer ponernos a todos dentro de un mismo saco, pero la verdad es que es algo que a mí no me importa, algo a lo que no voy a dedicar ningún tipo de atención. Sí que me gusta y escucho mucho de ese material que viene siendo tildado de “hauntology”, pero no se puede decir que esos sonidos hayan tenido una influencia directa en mí. Llevo haciendo The Caretaker desde 1997, y esa etiqueta de hauntology no apareció hasta hace cosa de cuatro años, a raíz de un artículo de Simon Reynolds en The Wire que nunca llegué a leer. Si recuerdo que algún amigo me dijo entonces que hubo gente que se quejó de que mi obra como The Caretaker no saliera mencionada en el artículo. En cualquier caso, estas cosas no son tan importantes como algunos quieren hacernos creer.

Tú mismo has comentado que con “Sadly, The Future Is No Longer What It Was” querías dar tu versión del ambient, hacer un disco de ambient clásico. Desde hace cosa de medio año, a raíz de la creciente notoriedad que en los últimos tiempos vienen disfrutando cierto tipo de proyectos de tendencias sintesistas (entre ellos Oneohtrix Point Never o Emeralds, con los que estarás compartiendo cartel en Electrónica en Abril), desde algunos frentes se viene hablando del regreso de la música new age al ámbito independiente. Me gustaría conocer tu opinión al respecto.

Ni idea. (Risas) No sé casi nada sobre música new age. Sí recuerdo haber leído en alguna parte que alguien comentaba que lo que yo había hecho en mi último disco se acercaba por momentos a la new age, pero para mí no tiene nada que ver. Para mí el disco de Leyland Kirby es un disco de ambient clásico condimentando con algunos elementos de cosecha más reciente. Pero new age... No creo que lo que yo hago tenga nada que ver con eso, y no creo haber escuchado nada que yo tacharía de new age en los últimos... muchos años. Además, creo que en Berlín es imposible llevar un estilo de vida acorde a los preceptos de la new age (risas).

Encuentro en tus más recientes trabajos una importante capacidad para la evocación visual. ¿Has tenido contactos con el mundo del cine con vistas a hacer algún tipo de banda sonora?

Este año voy a trabajar con Grant Gee, un tipo que en los últimos años ha hecho un par de celebrados documentales musicales, uno sobre Radiohead, y otro sobre Joy Division. Estuve aquí con él hace poco. Le conocí el año pasado en Londres, y estamos trabajando juntos en una cosa para la BBC que está basada en la figura del escritor alemán W.G. Sebald, en particular en su novela “Die Ringe des Saturn”, que narra un viaje a través del Condado de Suffolk en el que la realidad se entrelaza con el pasado. De nuevo tiene mucho que ver con el recuerdo.

Para acabar. Imagina que vuelves a estar en 1996, destrozando pop hits y haciendo tus shows locos e imprevisibles como V/Vm. E imagina que alguien, no tú, se acerca a ti con la intención de hacerte escuchar la música que tú estás haciendo ahora, tu disco como Leyland Kirby. ¿Cómo crees que habrías juzgado entonces tu música de ahora?

Creo que me hubiera quedado un tanto asombrado al saber que acabaría haciendo algo tan musical. Hace trece años no hubiera sido capaz de hacer nada parecido a lo que estoy haciendo ahora, así que en ese sentido veo que ha habido evolución. También me asombraría descubrir que trece años después iba a seguir haciendo música, porque la verdad, cuando empiezas a hacer discos nunca sabes lo que vas a durar. Para mí ha habido épocas realmente duras, sobre todo a nivel de finanzas. Y se podría decir que aún lo son, aunque las cosas vayan bastante mejor ahora. Fue duro, por ejemplo, ver como la que era mi novia se ha pasado años pidiéndome una y otra vez que lo dejara, repitiéndome que todo el esfuerzo que estaba haciendo no tenía sentido, que simplemente no merecía la pena. Pero me empeñé en seguir adelante, en seguir haciendo música. Y tengo la suerte de que existe gente que aprecia lo que hago y compra mis discos, porque en mi caso, siendo mi sello yo mismo, y no contando con ningún tipo de apoyo externo, de eso depende que pueda seguir sacando discos en el futuro.

Leyland Kirby . The Sound Of Music Vanishing.mp3

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