Entrevistas

Lapin: crónica dibujada de un ilustrador móvil

Un elogio al arte del vagabundeo vital

Cuba es viajar al pasado a través de una cápsula del tiempo. Pasear por sus callejuelas, malecones y plazas implica meterse de lleno en una postal anacrónica. Un póster plagado de coches antiguos, viejas casas coloniales, tiendas desvencijadas y monumentos a los héroes nacionales. Cuba es revolución, almendrones, casas particulares, cubanos y fruta. Cuba es calor, salsa y son montuno. Un país distinto a los demás.

En realidad nunca he estado en Cuba, pero gracias a Lapin hoy la siento más cerca que nunca.

Lapin se define a sí mismo como ilustrador móvil. Y no anda desencaminado.

Este francés de Chatenay-Malabry es uno de los máximos representantes del urban sketching, un movimiento global que fomenta la práctica del dibujo 'in situ' como la mejor forma de retratar el mundo.

A eso se dedica Lapin, a plasmar realidades de todo el mundo a través de trazos dibujados a mano en cuadernos de viaje.

A lo largo de 13 años ha completado 167 cuadernos viajando alrededor del mundo con sus acuarelas, retratando la cotidianidad de la vida callejera.

Su ultimo libro, Cuadernos de Cuba, es un análisis de los 50 años de historia cubana desde que comenzara la revolución. Y también un testimonio de la historia reciente de un país en plena efervescencia.

Yo hoy viajo hasta su estudio en Poblenou con una misión: averiguar cómo es posible representar todo un mundo en una sola libreta.

Lapin es uno de los máximos exponentes del 'urban sketching', un movimiento global que fomenta la práctica del dibujo in situ, aquí aplicada a los viajes 

Según cuenta, dibuja por necesidad. “ Se ha vuelto mi modo de expresión, mi manera de viajar. No puedo estar en un sitio sin dibujarlo porque sería como no haber ido. Es mi modo de entender lo que me rodea, de vivirlo y hoy en día también de transmitirlo”.

Lapin utiliza para dibujar libros de contabilidad antiguos. El papel es grueso por lo que se puede pintar encima y cuenta con las líneas rojas y azules tan típicas de estas libretas. “ Son mi seña de identidad. Dibujar sobre el papel blanco me resulta un poco extraño, prefiero el tono un poco amarillento. Ese que te hace preguntarte cuándo fue dibujado”.

Lapin ha dibujado Estambul, Barcelona, París... y ahora Cuba. A mí me toca preguntar.

Yo: Dices que tus cuadernos tienen que cumplir dos condiciones: que haya dinosaurios y coches. ¿Qué dinosaurios hay en Cuba?

Lapin: En esta ocasión quizás se podría hablar de los revolucionarios. Aquellos abuelos de ochenta años contemporáneos de la revolución. Los que siguen la doctrina de José Martí, recitan sus poemas y relatan lo bueno que fue el Castrismo, los primeros años de revolución y la educación y nivel sanitario en la isla.

Frente a estos “dinosaurios” el ilustrador retrata a los jóvenes cubanos, aquellos que escuchan reaggetton, llevan el peinado de Cristiano Ronaldo y tienen acceso a la cultura americana a través de discos duros que se venden en el mercado negro. Las dos Cubas. Lapin cree que el país va a una transición hacia una cultura más global.

Yo: ¿Tienes miedo de que todo lo que has retratado acabe convirtiéndose en víctima del capitalismo?

Lapin: Más que del capitalismo, del turismo. No creo que el día a día de los cubanos vaya a cambiar de un año para otro. Solo espero que los cubanos tengan la capacidad de decidir qué es lo que va a ocurrir con la isla y no pase como en Santo Domingo o Cancún.

Lapin pasó 21 días viajando por Cuba, donde retrató la cotidianeidad de la vida en la isla del Caribe

Cuaderno de Cuba, publicado recientemente por Malpaso, es el resultado de 21 días de viaje por la Habana y Trinidad. 21 días callejeando por los barrios más alejados del centro histórico, con jornadas maratonianas de 12 horas en las que no sabía lo que iba a dibujar. Dejando espacio a todo lo imprevisto, Lapin salía cada día sin conocer su destino, en una especie de elogio al arte del vagabundeo.

Yo: Imagino que será difícil retratar una realidad que está constantemente en movimiento.

Lapin: El mundo no para. Por un lado, tienes dibujos muy sueltos, minimalistas y de colores abstractos porque estoy en conciertos o en almendrones (una especie de transporte colectivo). En cambio, cuando estoy delante de un coche o de un edifico clásico entonces el tiempo no importa. Lo que va ocurriendo cohabita con lo que voy dibujando . Además cuento con bocadillos y anotaciones que reflejan las expresiones de la gente paseando, los ruidos, las conversaciones... una especie de BSO de la calle.

Lapin: Cuba es muy peculiar, algo distinto a lo que ya conocía y muy interesante a nivel narrativo. Pero realmente, la verdadera riqueza del país radica en su gente. No importa lo que pase siempre están sonriendo. Poseen un positivismo del que deberíamos aprender. Tengo miedo de que los cubanos pierdan la esencia, la vida tranquila que ellos tienen.

Yo: Como estar sentado en un porche viendo la vida pasar.

Lapin: Sí, el deporte nacional de Cuba, junto con el béisbol.

El artista retrata las casas particulares, el transporte, los edificios a medio construir o la santería, en una especie de guía de la Cuba no turística. A lo largo del libro aparecen personajes entrañables de la vida cubana. La dueña de la casa donde se alojó, los pintores, artistas, los compañeros de día en autobuses y de noches en bares...

Lapin: Para conocer un país y a su gente hay que pasar muchas horas en la calle, escuchar y provocar encuentros.

Yo: Y para descubrir la esencia de una ciudad tienes que ir a los bares cutres, ¿no?

Lapin: Lo cutre lo veo siempre como algo interesante y entrañable. Me pasó eso de tomarme cervezas en bares cutres y auténticos. Allí si que logré a veces saltarme la barrera de cubano-no cubano.

Yo: ¿Barrera?

Lapin: Sí. Creo que el que mejor supo resumir la esencia de la relación entre turistas y cubanos fue un niño pequeño. Me preguntó si volvería a Cuba por su cumple y me dijo que la vida fuera de Cuba debía ser muy cara, porque a los turistas les hacían pagar mucho más. Los dos precios, las dos vidas.

Yo: Cuentas que algunos de los cubanos te hablaban abiertamente de política. ¿No te resultaba extraño?

Lapin: Desde que Raúl está en el poder la situación ha cambiado un poco. Además a mí no me veían como un periodista, no tomaba notas mientras hablaban. Era solamente un pintor que iba por las calles dibujando, por lo que algunos me contaban las cosas con mucha libertad. Para mí es un privilegio tener a alguien explicándome que le han pinchado el teléfono o que el “viejo” no sabe lo que hace (así llaman algunos cubanos a Fidel Castro).

Los días que Lapin estuvo en Cuba vivió tres acontecimientos históricos: la liberación de uno de los cinco de Cuba, el primer aniversario de la muerte de Hugo Chávez y el Día de la Mujer.

Lapin: Se escuchaba en todas partes la noticia de la liberación, creo que los cinco son la herramienta perfecta de propaganda contra el imperialismo yankie”.

Yo: Con el fin del embargo, la visita de Obama y el concierto de los Rolling, el imperialismo yankie estará de máxima actualidad.

Lapin: No sé que hablarán los periódicos, tengo que volver para ver cómo está el ambiente ahora. Es algo que tengo en mente, no tardar demasiado en tener otra visión de Cuba.

Porque precisamente, esa es la intención del artista: retratar su propia visión de las ciudades que visita. Lapin refleja su Cuba, su París o su Barcelona. Su intención no es hacer un libro de postales sino componer un testimonio vivo de la ciudad. “Pronto voy a publicar un libro sobre París. Y claro que aparecerá la torre Eiffel, pero también el París popular de los graffitis, de los mercadillos de pulgas, de las callejuelas. No será el París glamouroso y chic de Louis Vuitton”, avisa.

Su intención no es hacer un libro de postales sino componer un testimonio vivo de la ciudad

Tampoco será el París turístico. Porque para Lapin el viaje tiene un sentido casi humanista. “No consumes como cualquier turista, sino que compartes cosas”, cuenta.

La magia de los cuadernos hace que los tiempos del viaje cambien. Y todo se vuelva más calmado. El artista huye del turismo e intenta ver las cosas de otra manera. Su próximo libro es otro ejemplo de eso.

A través del dibujo me permito crear mis propios recuerdos y tener un poco más de sentido crítico. La semana que viene se publica mi libro sobre el modernismo. Se titula El Modernismo más allá de Gaudí. Porque Barcelona no es solo la Sagrada Familia o la Casa Batlló sino que esconde otras joyas del art nouveu".

"Empieza la temporada turística ahora y los turistas están llegando en masa. Ya no siquiera voy a Las Ramblas, son sitios que tengo vetados. La Rambla, el Gótico en verano, la playa de la Barceloneta y la Sagrada Familia. Los sitios prohibidos".

Lapin huirá de Barcelona dentro de poco en busca de nuevas ilustraciones, de nuevos cuadernos. ¿Sus destinos? China, Venecia, Escocia, Los Alpes y su Francia natal. Lugares con los que poder retratar la complejidad del mundo, con solo una libreta. 

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