Entrevistas

Kristin Hersh: “La música ha sido un amante cruel”

La ex líder de Throwing Muses exorciza demonios a propósito de su libro de memorias “Rat Girl”, que publica hoy en español la editorial Alpha Decay

La editorial Alpha Decay publica desde hoy las memorias del año más duro en la vida de Kristin Hersh, 1985, cuando descubrió que estaba loca –mientras montaba la primera versión de Throwing Muses– y se quedó embarazada. Para saber más, puedes leer “Rat Girl” y también esta entrevista.

En 1985, Kristin Hersh aún no tenía cuatro hijos. Tampoco había disuelto Throwing Muses. En 1985, Kristin Hersh tenía 19 años y acababa de descubrir que era bipolar. Siempre había sospechado que no era como todas las demás, y entonces supo por qué. Oh, pero ese año ocurrió otra cosa. Tuvo a su primer hijo. Y empezó a girar (por todo el mundo) con su recién nacida (y retorcida) banda. Lo cuenta todo en “Rat Girl”, el diario que escribió ese año (1985) revisado y puesto al día hoy, diario que se lee como una novela con aire de sitcom underground sobre una chica incomprendida capaz de coleccionar problemas del tamaño de bebés gigantes. Desde su casa, desde un sillón empapado (por el bañador mojado de uno de sus hijos), mientras observa por la ventana olas que rompen en todas direcciones y árboles que parecen decididos a despegar ( “los restos del huracán Isaac”, añade), se confiesa fan del excéntrico veterinario (y escritor) James Herriot y de la protagonista de “Buffalo Bill” (Jean Arthur) y rinde cuentas con su pasado. Y es un pasado duro. Un pasado contra el que calzarse los guantes de boxeo y atreverse a golpear. A todo esto, su tortuga, la tortuga diminuta que la familia Hersh acaba de adoptar como mascota y que vive en una pecera, sobre el ampli en el que descansan un par de velas y un puñado de luces navideñas que aún tintinean, parece dispuesta a lanzarse sobre el bajo de color rosa que tiene debajo. Esto último ocurre mientras hablamos.

¿Cuándo decidiste reescribir tu diario de 1985 y contarle a todo el mundo cómo descubriste que eras bipolar? ¿Por qué confesar ahora?

En realidad no quería escribir este libro, pero estaba cansada de que los periodistas se ofrecieran a escribir mi biografía, en plan ‘negro’. Al principio me pareció que no era tan mala idea, pero cuando me di cuenta de que lo que querían era que hablara durante HORAS sobre cómo me había sentido y todo eso, descubrí que podía convertirse en una auténtica PESADILLA (¡uno de ellos incluso amenazó con mudarse a mi casa un par de semanas!). Así que cuando mis managers se dieron cuenta de que no iba a haber ningún libro me dijeron que si yo era la única persona que podía hablar de lo que me había pasado, ¿por qué no lo escribía yo directamente? El único libro que había escrito era ese viejo diario y no estaba nada mal. Tenía personajes, arco argumental, de todo. Así que ya lo teníamos. Y no es que me haya ayudado a superar nada, porque es algo que ya pasó hace mucho, pero creo que si pudiera ayudar a alguien que estuviera pasando por algo parecido, sería estupendo.

"El desorden bipolar me ha permitido imaginar lo que otros sentían, me ha hecho más empática que el resto de la gente"

Entonces, ¿no has vuelto a escribir un diario desde entonces?

No. Lo hice sólo porque por entonces tenía amigos pintores que decían que la música no estaba a la altura de la pintura y la escritura. Y yo les creía. Así que escribía todo lo que me pasaba esperando convertirme en algo parecido a una escritora. Nunca sucedió, claro. En parte porque dejé de escribir cuando nació mi primer hijo. Cuando tienes un hijo no vuelves a tener tiempo de comer, de dormir, de pensar, de depilarte... ¡Así que no hablemos de llevar un diario!

Tu mejor recuerdo de aquella época...

La música. La música hacía que quisiera levantarme cada día. La música me dio amigos, éxito y me permitió apasionarme por algo que no tiene fin.

¿Y el peor?

También la música. Porque a veces tenía la sensación de que me susurraba que el planeta Tierra y yo jamás seríamos amigos.

Y si la música era a la vez lo mejor y lo peor en aquella época, ¿en qué sentido te ha ayudado a llegar hasta hoy?

La música ha sido como un amante cruel. Una obsesión permanente. Me he dado cuenta de que vivir con una banda sonora que nunca te abandona es un don que no todo el mundo posee. A la vez me permite escapar de la realidad y reflejar lo que estoy viviendo.

¿Y cómo crees que ser bipolar ha afectado a tu música?

A veces tengo la sensación de que mi inestabilidad ha hecho innecesariamente compleja mi música y que a menudo las depresiones le han restado color a mis composiciones. Pero estoy convencida de que un cantautor se nutre de ese tipo de cosas y uno que no haya pasado por guerras del estilo no es capaz de cantar y tratar de trasladar lo que siente con la intensidad necesaria. Respecto al desajuste químico, el desorden bipolar me ha permitido imaginar lo que otros sentían. En ese sentido, creo que ser maníaco-depresiva me ha hecho más empática que el resto de la gente. Puedo entender a cualquiera.

En alguna ocasión has dicho que te costó mucho descubrir que tu exceso de energía era en realidad parte de una enfermedad. ¿Por qué crees que te llevó tanto tiempo?

Yo sólo era yo misma. No tenía más experiencias de la vida. Cuando tu percepción se acelera, tú también lo haces. Además, me avergonzaba ser tan rara. Todavía me avergüenza hoy. Yo adoro la normalidad y sigo trabajando duro para parecer alguien normal cuando está claro que no lo soy.

¿Qué fue lo primero que pensaste cuando descubriste que estabas embarazada?

Pensé que el hecho de que hubiera dado positivo ¡podía borrarme todo pensamiento de la cabeza! Me quedé en blanco. Fue un shock. Cada vez que me pasa algo así, voy a la playa, porque, no sé, ir a la playa ordena mis ideas. Aunque no haya ideas que ordenar. Descubrir que estaba embarazada fue un poco como descubrir que podía escuchar canciones. Al principio, me pareció una maldición, luego, poco a poco, descubrí que en realidad era una bendición. Con los niños pasa como con la música, implican una idea de futuro, tener algo de lo que esperar algo.

"Aún me gusta pensar que la música podría cambiar el mundo y ayudar a la gente, pero supongo que no es más que otra actividad social"

¿Ser una madre tan joven fue tan duro como parece?

‘Duro’ no es la palabra correcta. Ser una madre tan joven son kilos de trabajo, kilos de miedo, kilos de amor, de intensidad, de preocupación, de tiempo... ¡Es DEMASIADO! Pero es un imperativo biológico y un hito emocional. ‘Abrumador’ es quizá la palabra. Como madre de cuatro hijos, soy incapaz de recordar una época en la que no estuviera ‘sobrepasada’ por las circunstancias.

¿Cómo fue lo de criar a tu hijo y ser la líder de una banda grunge a la vez?

Mis compañeros de banda dormían y comían mientras estábamos de gira, yo no. Ellos no se preocupaban por el bebé cuando estaban en el escenario, yo sí. Porque nadie podía darle de comer por mí. Volar por todo el mundo es duro, pero con un bebé, es un auténtico reto. Por otra parte, era como llevar contigo un pedazo de tu ‘casa’, ¡y nunca me aburría!

Alguna vez has dicho que pusiste en marcha Throwing Muses porque “la gente debería poder sentir el dolor de los demás”. ¿Es eso lo que tu música ha intentado y sigue intentando hacer?

Eso espero. Como la persona tímida que soy aún me gusta pensar que la música podría cambiar el mundo y ayudar a la gente, pero supongo que no es más que otra actividad social. Tocar en directo es diferente. Porque es algo que ocurre entre el músico y la audiencia. No existiría sin una de las partes. Es como una especie de reacción química, algo que hacemos juntos. Y que significa algo. Para ambos.

"Rat Girl es personal pero a la vez es universal. Y divertido. Creo que lo que más destacaría es el humor"

¿Quiénes son tus escritores favoritos?

Ahora mismo, Natalie Angier, la periodista que escribe sobre Ciencia en el New York Times.

¿Y los últimos tres libros que has leído?

Una recopilación de historietas de Krazy Kat, de George Herriman que se titula “Necromancy By The Blue Bean Bush”, los cuentos completos de Ernest Hemingway y “A New Earth” de Eckhart Tolle.

Si pudieras pasar una tarde con un personaje de novela, ¿a quién escogerías?

A James Herriot. Es un personaje real y a la vez el protagonista de todos sus libros. Un veterinario británico que contaba sus anécdotas. Si algún día soy capaz de fabricar una máquina del tiempo, lo primero que haré será ir a verle.

Hablando del pasado, si pudieras volver atrás y cambiar algo de lo que ocurrió en 1985, ¿qué cambiarías?

Bueno, si tuviera una máquina del tiempo, por supuesto que la usaría. Pero más que para cambiar cosas que hice en 1985, la usaría para volver a los momentos en los que hice daño a personas que quería. Mis compañeros de banda y amigos, Betty, Gary y Mark, sufrieron innecesariamente porque yo no podía creerme que realmente les importaba. Creer que eres invisible hace que inevitablemente hieras los sentimientos de todo aquel al que le importas.

¿Qué crees que los lectores aprenderán o se llevarán de “Rat Girl”?

Tenía la sensación de que mi única excusa para publicar este libro era que funcionaba como una especie de cáustico relato con el añadido de “inserta-tu-pasión-aquí”. Es personal pero a la vez es universal. Y divertido. De hecho, creo que lo que más destacaría es el humor. No hay ni un sólo momento del que no tengas por qué no reírte.

Imagina que “Rat Girl” se convierte en una película. ¿Quién te gustaría que te interpretara?

No estoy muy al día de las actrices del momento, así que voy a usar mi máquina del tiempo para fichar a Jean Arthur. Aunque tendría que doblarla cuando cantara.

Por último, elige otro año del que escribirías un diario y dime por qué.

Debo confesarte que estoy intentando escribir lo que pasó no demasiados años después, porque seguía teniendo los mismos problemas y mi vida era bastante más complicada. Aún no sé si funcionará, pero estoy en ello. Te lo pasaré cuando acabe para que le eches un vistazo.

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