Entrevistas

Kode9

Mutaciones en la tercera fase

Kode9

Por Robin Howells

Imagináos un mundo en el que la posibilidad de una catástrofe radioactiva ya no fuera a ser nunca más una amenaza, pero en el que la presencia omnipresente de un sol invertido cambia toda la realidad por completo. Los cuerpos, los deseos, el amor y la religión dejan de ser lo que eran, atravesados por una atmósfera filtrada por el prisma de las mutaciones genéticas. Esto es lo que Kode 9 y The Spaceape han imaginado en su segundo álbum, “Black Sun”, que saldrá a la venta el próximo 18 de abril. Es, además, una muestra representativa de lo que el primero llama “ficción sónica”, así como una demostración de cuáles son las ambiciones que diferencian a la pareja del resto. Es difícil imaginar algo parecido a “Black Sun” en las manos de cualquier otro artista de esa zona radioactiva que actualmente rodea la lenta implosión del dubstep.

Conocido también por su nombre real, Steve Goodman, Kode 9 resulta intrigante a muchísimos niveles. Esto tiene que ver a menudo con su habilidad (o quizá sea una continuada distracción) para hacer las cosas de una manera y su inversa a la vez. Su sello, Hyperdub, se fundó con la idea de diferenciarse de la escena –fue con la edición de aquel poema sinfónico sin beats, “Sine Of The Dub”, un corte apenas perceptible en el vinilo si no fuera por la pulsación suavizada del bajo y el graznido moribundo, casi meloso, de Spaceape. Lo demás siguió por el mismo camino, arrastrando los sonidos desde las aguas tranquilas hasta la orilla y así acabar juntando una diáspora de artistas muy distintos entre sí, pero a la vez extraña y familiarmente parecidos. Simultáneamente, y en cierto modo a su pesar, Goodman sigue siendo una figura preeminente para todos los fans del dubstep. Quizá sea porque se tiró de cabeza en el género desde sus mismos inicios, aportando su grano de arena a la emisora Rinse FM, las noches FWD y la seminal serie de discos mezclados “Dubstep Allstars”. Y no hay duda de que también ha jugado en su favor que sea Hyperdub quien se encargue de editar los discos de Burial, todavía hoy el fenómeno popular más consistente del dubstep.

Y por encima de todo esto está la dicotomía poco habitual que hermana la música de Goodman con su carrera en la academia. Además de ser profesor en la universidad de Londres, el año pasado publicó el libro “Sonic Warfare: Sound, Affect and the Ecology of Fear”, del que actualmente está trabajando en una continuación.

Para una entidad tan cambiante como él, habitante único de ciertas regiones sónicas profundas, su participación en la fiesta Bass Mutations en Nueva York con Lone, Appleblim, Spatial y KiNK resulta más que apropiada. Kode9 estará actuando en la próxima edición del festival San Miguel Primavera Sound. Antes de que llegue ese momento, contactamos con él para hablar sobre virus sonoros, la terminología de las bajas frecuencias y su ritual consistente en quemar periódicos sensacionalistas (y ojo, porque no es un chiste).

Según ha dicho The Spaceape, vuestro nuevo disco dibuja un mundo iluminado por un “sol negro” invertido. Presumiblemente, la idea se ha desarrollado a partir del título de tu single de 2009 del mismo nombre. ¿Fue una idea de Spaceape o desarrollásteis el concepto juntos? Y, más allá de la imaginación, ¿responde el álbum a las perversiones de la vida bajo nuestro sol de siempre?

El concepto del “sol negro” me vino durante una época en la que practicaba un ritual consistente en quemar copias del diario The Sun. Era en 2008, lo hacía en el fregadero de la cocina, cuando el tabloide orquestó aquella campaña para desenmascarar a Burial cuando le nominaron para el Mercury Prize. Luego se transformó el título de mi single de 2009 y empezó a evolucionar hacia una ficción sonora a partir de ahí. La ficción está basada en nuestras experiencias, que mantienen resonancias coincidentes y accidentales con el mundo real. Después de acabar el álbum y su diseño, me encontré con la mención de las palabras “sol negro” en el relato “El Día Eterno” de JG Ballard, que coincidían por completo con nuestro enfoque.

¿En qué medida va a desarrollar el diseño toda esta historia?

La ilustración de portada de Manny Optigram muestra la tierra abrasada, y las letras de Spaceape y las ilustraciones en el interior de Raz Mesinai desarrollan el resto de la historia.

La idea de una “ficción sonora” el algo que el escritor y crítico Kodwo Eshun ha elaborado en su libro “More Brilliant Than The Sun”. Parte de su tesis podría ser la fijación de un juego de intromisión y respuesta entre la escritura y la experiencia de escuchar. En tu caso, ¿encuentras ideas en tus textos, o en los textos de los demás, que puedan alimentar luego el proceso de creación musical?

Y tanto que sí. Puede ser una frase aislada o una imagen de ficción. Musicalmente, estuve muy inspirado por el trabajo de Kodwo, especialmente cuando él escribía sobre discos. Si te digo la verdad, el periodismo musical de hoy no me inspira tanto en ese sentido como el que se hacía antes.

Has descrito ciertos lanzamientos de tu sello (como, por ejemplo, los de Samiyam y Quarta 330) utilizando conceptos como placer sonoro, producción cruda o texturas de sintetizador sin filtros. Son ideas, además, que has adoptado para ti mismo en “Black Sun”. ¿Cómo consigues estos sonidos capaces de provocar escalofríos? ¿Consideras que utilizar máquinas conduce a mejores resultados que el software y los plug-ins?

Sí, hay un montón de máquinas, muchos sintetizadores en este álbum, pero también hay muchos sintes virtuales a los que les he inyectado algo de vida para que suenen menos estériles. Puedes hacer muchas cosas con los sintes virtuales, pero al final me he tomado este álbum como una excusa para mostrar algo de amor y atención a mis sintes analógicos, que los tenía algo abandonados.

En el álbum, “The Cure” suena como si el sampleo fuera muy obvio. Pero en el resto de temas esa evidencia no es tan demostrable. Dado que tienes una larga experiencia en música donde el sampleo es una técnica fundamental, a la vez que un símbolo importante de la ética del pirateo, ¿cómo es que al final has acabado haciendo algo muy cercano a la música de sintetizador pura?

La primera mitad del disco está muy basada en samples: “Black Smoke”, “Promises”, “Neon” y “The Cure”, todos estos temas nacieron de una muestra concreta. Parte de la narrativa consiste en que, una vez se ha elevado el sol negro sobre el horizonte, todo es diferente y puedes incluso escuchar los cambios a medida que van avanzando los temas en el disco. Hacer música es siempre una experiencia que te lleva a algún tipo de aprendizaje, y en este disco quería aprender más sobre mis sintetizadores y lo que podía llegar a hacer con ellos. Pero la manera en que los uso es como si estuviera sampleando. Trasteo durante horas mientras estoy grabando, y luego me quedo con trocitos de lo que más se me haya quedado en la cabeza. Sigue siendo un método de sampleo, pero esta vez sólo me sampleo a mí mismo.

Además de The Spaceape, en el disco también has trabajado con la cantante Cha Cha. La manera en que tratas su voz también parece otra forma de sampleo, pues la troceas y la sacas de su contexto de la misma manera en que los productores 2step sampleaban a las vocalistas R&B. ¿Por qué decidiste descuartizarla así (por decirlo de alguna manera) en vez de dejar que cantara de una manera natural?

No tengo la sensación de haber descuartizado su voz, en absoluto. En realidad, sólo usé su voz, que es fantástica, para complementar los temas que ya teníamos hechos. Cha Cha es una vocalista con mucho talento, ella escribe canciones enteras y todo, pero su voz en este álbum tenía que ser un ingrediente crucial y a la vez muy específico de la receta al completo. Así que había que trocearla y dividirla en capas para que pudiera funcionar.

Has hablado de “virus” musicales que se diseminan y contagian. ¿Cuáles dirías que son los organismo patogénicos que la gente puede ser capaz de detectar en el álbum?

Durante los últimos años, lo que me ha infectado es el virus del gusano funky, tal como lo expresan Ohio Players en la canción del mismo nombre. Me interesa mucho ver cómo esos sintes serpenteantes van cruzando diferentes géneros en vez de limitarse a un estilo concreto. El virus del gusano funky fue el que dictó, hace unos pocos años, hacia qué dirección debía girar la música de Hyperdub, y aunque ya aparecían algunas señales imperceptibles en “Memories Of The Future”, concretamente en “Portal”, el gusano ha sido más insistente a la hora de decir qué tenía que hacer en este álbum. Mis sintes no suenan exactamente como otras manifestaciones del gusano funky, pero puedo decir que soy su marioneta.

Algunos de aquellos virus que infectaron tu primer álbum, “Memories Of The Future”, ¿han muerto de manera natural en tu música? Pienso de manera particular en aquellos que ahora tienen un significado muy obvio, como dubstep o el ritmo half-step. ¿O es que los has erradicado de una manera deliberada?

Su agresividad se ha desvanecido un poco, y otros nuevos se han adueñado de mí.

En el pasado hablaste de hasta qué punto un ritmo que se ha convertido en excéntrico o desplazado del centro de popularidad se puede volver alienante y cómo, en las zonas límite del underground, la gente tiene que aprender a bailar de muchas nuevas formas una y otra vez. Desde que el dubstep empezó a flojear, ¿qué ritmos han ocupado esta zona y hacia dónde has estado mirando en busca de nuevos ritmos arriesgados?

El UK funky es el ritmo que me ha parecido más interesante en los últimos años, específicamente esos bombos dispersos, rodantes y marciales. El material antiguo de Terror Danjah, así como lo último que ha hecho, también creo que tienen esa chispa que sigue estando a años luz del resto.

¿Por qué crees que la noción de “graves” se ha convertido en algo tan importante para la gente en estos últimos tiempos, por no hablar de terminología como “bass music”?

Bueno, hay que reconocer, ya sea para bien o para mal, que el dubstep consiguió elevar el prestigio de la música basada en bajas frecuencias. Como suele ocurrir, hay gente que convierte esto en una obsesión y para otra significa algo que tiene muy poco que ver con la idea de subgraves en la música. Creo que la noción de “bajos” se ha convertido en un lugar común para describir un montón de diferentes formas de música electrónica de baile. Si nos atenemos a los hechos, es una etiqueta bastante estúpida, porque la única realidad que comparten es una palabra que describe lo que a menudo es el único rasgo que comparten estas diferentes formas sonoras. Pero a la vez, hay algo. Es una palabra que unifica un paisaje musical muy fragmentado y sin una dirección clara. Personalmente prefiero la expresión “burbujeos y crujidos” (bubble’n’squeak). Así es como yo llamo a esta música, a veces medio en broma y a veces medio en serio, porque si tomas como referencia lo que bubble’n’squeak significa en la terminología culinaria en inglés (o sea, freír todas las sobras que hay en la cocina, lo que no acaba de ser ni delicioso ni sano), entonces esta idea termina por englobar bien lo que yo entiendo que es la cultura bass. Kode9 estará actuando en el San Miguel Primavera Sound 2011. Puedes comprar tus entradas para el festival aquí. Kode9 and the Spaceape - Otherman (Benji B radio rip) {youtube width="100%" height="25"}tfZWUJZXmXA{/youtube} PlayGround es media partner de Primavera Sound Kode9 vuelve con un nuevo disco, cinco años depués de “Memories Of The Future”: otra fantasía apocalíptica que lleva por título “Black Sun” en la que el señor oscuro encuentra nuevas áreas ominosas para el desarrollo de la ‘bass music’. ¿O habría que llamarla ‘bubble’n’squeak’? Él nos lo explica.

“El concepto del “sol negro” me vino durante una época en la que practicaba un ritual consistente en quemar copias del diario The Sun. Era en 2008, lo hacía en el fregadero de la cocina, cuando el tabloide orquestó aquella campaña para desenmascarar a Burial cuando le nominaron para el Mercury Prize.”

Creo que la noción de “bajos” se ha convertido en un lugar común para describir un montón de diferentes formas de música electrónica de baile. Si nos atenemos a los hechos, es una etiqueta bastante estúpida, porque la única realidad que comparten es una palabra que describe lo que a menudo es el único rasgo que comparten estas diferentes formas sonoras.

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