Entrevistas

Junior Boys

Música de baile difícil de bailar

Junior Boys

El eclecticismo de “It’s All True” (Domino, 2011) es fascinante. Junior Boys saben pintar sus canciones partiendo de una paleta amplísima de influencias con un imperturbale (e inentencionado) abandono. Tal como explica Matt Didemus, mitad del dúo canadiense junto con Jeremy Greenspan, la amplitud de su sonido es una fuerza liberadora, y en sus saltos experimentales constantes entre género y género yacen los confines de una escena específica y propia: “si desafiamos cualquier tipo de definición, entonces no nos podemos sentir limitados”. A cambio, se nos ofrece como recompensa un disco que pivota alrededor del pulso mudable del disco-house –con texturas cercanas al UK Funky–, todo ello constreñido en la estructura de una canción pop clásica. Es más, Didemus afirma que extraen su inspiración de más allá de las fronteras de la industria musical – “¡a un nivel artístico, estamos influenciados por absolutamente todo!”–, convirtiéndose así en una especie de médiums artísticos que polinizan allá por donde pasan.

Y aún así, a pesar de la diversidad de las fuentes de las que parten Junior Boys, nunca se muestran como un grupo desnortado y sin destino: al contrario, van acumulando inspiración y constancia a partir de la generosidad emocional de los dos compositores del grupo. Igual que una mixtape bien horneada, es el corazón del recopilador el que marca un camino a través de la música; su honestidad pende de un hilo muy cercano al sonido puro. Si quieres disfrutar de estos dos canadienses maravillosos, ahora los tienes muy cerca: este mismo viernes, 1 de julio, estarán actuando en el festival Vigo Transforma.

“It’s All True” posee un sonido ampliamente ecléctico. ¿Ha sido una decisión consciente lo de empezar a componer a partir de una muestra tan amplia de influencias?

No, no es intencionadamente ecléctico; nunca nos hemos propuesto ponernos a hacer un álbum variado, pero supongo que sí que tenemos unas influencias muy amplias. Escuchamos muchísimo house, techno y disco. Lo que no escuchamos demasiado es el material antiguo, quizá sí un poco de new wave.

¿Se amplían vuestras influencias hacia lo que no es música?

Completamente. ¡Artísticamente estamos influenciados por todo!

Imagino que vuestro tercer disco, “Begone Dull Care”, estaba ampliamente influenciado por el animador Norman McClaren, por ejemplo.

Sí. Aquello fue una idea de Jeremy. Vio en Norman McClaren algo así como un alma gemela, al menos en lo que se refiere a sus métodos y sus ideas. Sus ideales creativos encajaban con la aproximación que él quería aplicar a la música.

Me encanta la polinización que se produce cuando tomas cosas de diferentes medios artísticos. Imagino que también habréis tomado para el nuevo álbum la decisión de invitar a diferentes artistas visuales para ilustrar con vídeos muchos de los temas de vuestros discos.

No esta vez, aquello fue hace ya algunos años. Montamos una especie de concurso con el sello discográfico. Cualquiera que quisiera podía enviarnos un vídeo y había un premio en metálico. No recuerdo cuánta pasta era...

Eran mil dólares.

[Risas] Sí. Se apuntó un montón de gente. Había gente realmente guay. Todos los materiales se colgaban en una web y luego venía el público y les ponía nota. Estuvo muy bien todo aquello.

Si no recuerdo mal, os formásteis en 1999, pero vuestro primer lanzamiento no apareció hasta pasados cuatro años. ¿Cómo fue eso?

Fue una combinación de cosas muy distintas. Al principio sentíamos que no había por qué tener ninguna prisa. Éramos jóvenes, estábamos intentando encontrar nuestro camino musical propio, escuchábamos mucha música ajena. Luego fue cuando decidimos que nos sentíamos preparados para editar algo, pero nos encontramos con que a ningún sello le interesaba lo que hacíamos. Con el tiempo, unos amigos colgaron algunos de nuestros temas en una web, en streaming, hubo gente que le prestó atención... es decir, algunos periodistas...

Desde muy pronto, habéis conseguid que gente increíble como Caribou o Fennesz accedieran a remezclaros. ¿Cómo sucedió?

Conocemos a Daniel [Caribou] desde hace mucho tiempo. Crecimos en la misma ciudad, y es uno de nuestros mejores amigos. Al principio hicimos una lista de gente a la que le podría gustar nuestro trabajo, y ahí también apuntamos a Fennesz. Nos pareció algo natural.

Las voces en “It’s All True” son excelentes. Las letras se sientes como muy directas. ¿Hasta qué punto son autobiográficas?

Bueno, no sé si puedo dar una respuesta definitiva a eso, porque al fin y al cabo es Jeremy el que escribe las letras. No creo que sean especialmente autobiográficas, casi siempre están inspiradas en una imagen o una idea. Pero [pausa] sí que creo que quizá sean más personales en este álbum que en los anteriores. Sí, en cierto modo sí son más autobiográficas que antes.

En lo referente a la producción, vuestro trabajo se aprovecha de un estudio de grabación muy bien equipado. ¿Cómo trasladáis ese sonido luego al directo?

Sí, es así. Somos una banda de estudio ante todo. Algunas de nuestras canciones tienen hasta cien pistas. Lógicamente, eso es muy complicado de llevar al directo. Tenemos que hacer muchas modificaciones. Tenemos un batería para los directos, por ejemplo. Hay que encontrar un equilibrio: queremos crear una experiencia en directo, pero ir a vernos a nosotros no es como ir a ver en directo a cualquier otra banda. Con el paso de los años creo que hemos ido mejorando en esa búsqueda del equilibrio. Al principio no teníamos ni idea de cómo hacerlo, era realmente incómodo. Pero ahora, después de seis o siete años, creo que hemos aprendido a ser más metódicos.

¿Os gustaría que la atmósfera que creáis fuera más parecida a la de un club de baile que a la de un concierto tradicional? Depende de la sala. A veces tocamos en un festival y otras veces en un club pequeñito. Intentamos evitar el material más lento cuando tocamos en vivo, son canciones muy difíciles de llevar al escenario. Así que acabamos tocando las canciones más pop y las que animan a la gente a bailar. Es difícil, porque al final somos una banda que está en medio de esos dos espacios, somos una especie de mezcla. Es interesante que digas que estáis en medio de esos espacios. Al final, ¿conseguís asociaros a algún género o escena en particular?

No. No creo que hayamos echado raíces en un género concreto, o en una escena, y me parece que eso es algo que nos da mucha fuerza. Al desafiar cualquier tipo de definición, conseguimos que estas no nos limiten. Nos permite una mayor flexibilidad. Pero si tuviera que escoger, diría que hacemos música pop, sobre todo por una cuestión de estructura. Pero también estamos muy influenciados por la música de baile. ¡Hacemos temas de baile que no son para bailar!

¿Qué escuchabas cuando eras pequeño?

Muchísima música electrónica. De jóvenes éramos DJs amateurs. Pero a la vez escuchábamos a gente como Neil Young también...

¿Es cierto que te mudaste a Berlín no hace mucho?

Sí, hace ya cuatro años que estoy viviendo aquí. Con esto consigo que viajar se vuelva algo aún más difícil. Sólo voy a Canadá por periodos de tiempo largos: un mes, seis semanas...

¿Esta mudanza se ha convertido en una fuente de inspiración aprovechable?

Sí, claro que es una fuerza que te acaba influenciando, Berlín es una ciudad con una identidad muy poderosa. Pero no creo que encajemos bien en el sonido de Berlín. A diferencia de mucha otra gente, no vinimos aquí a hacer música, no estamos aquí para “hacer discos en Berlín”. Pero la vida en la ciudad sí que te acaba afectando. Estamos expuestos a ciertos conciertos, productores y clubs. O sea, al sonido de Berlín.

Crítica: “ It’s All TrueJunior Boys Begone Dull Care Crítica: “ Begone Dull Care

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