Entrevistas

Josephine Foster: “Camarón de la Isla y Maria Callas son dos de las más grandes voces de todos los tiempos”

La cantautora folk, autora de dos álbumes impresionantes este año, “Perlas” y “Blood Rushing”, nos habla sobre paisajes, poesía y la influencia del sur de España en su música reciente

En su año más completo, coronado por dos álbumes encantadores como “Perlas” y “Blood Rushing”, Josephine Foster nos habla sobre el origen misterioso de su música, las influencias adquiridas en el sur de España y la magia de una buena voz.

Durante este año 2012 la cantante estadounidense Josephine Foster, afincada desde hace tiempo en el sur de España, ha publicado dos discos, cada uno de los cuales explora en profundidad una veta en sus intereses musicales. El primero en llegar, editado bajo el nombre de Josephine Foster and The Victor Herrero Band, fue “Perlas”, en el cual ofrece su particular vision del folk sureño español. El segundo es “Blood Rushing”, en el que abraza el folk estadounidense de frente, con una concreción en el formato canción prácticamente inédita en su carrera. Ambos comparten una visión alucinada y al mismo tiempo acogedora de las respectivas tradiciones musicales en las que se sumerge.

Los dos discos, además, surgen del mismo periodo creativo. Algo que para Foster es lo habitual: “ Trabajo en diferentes cosas al mismo tiempo porque las cosas ocurren a la vez por su propia voluntad. Una vez que emerge una acumulación que conforma una unidad, puede convertirse en un álbum. De este modo gestiono ir a mi propio ritmo”. Vayamos por partes, sin embargo, en esta entrevista, y hablemos en primer lugar de “Blood Rushing”, que es su obra más reciente, un disco en el que la cantante buscaba “ canalizar temas y paisajes del oeste estadounidense” y en particular “ los paisajes de Colorado. Las grandes montañas y las misteriosas ruinas de anteriores civilizaciones que hay en su interior”, algo que resultará evidente para cualquier oyente desde la primera escucha, debido a su extraño poder sinestésico que permite visualizar esos mismos paisajes del oeste americano con sus montañas y sierras, sus grandes praderas, manadas de ganado y canciones alrededor del fuego bajo las estrellas que un siglo de películas del oeste han fijado en nuestra mente sin necesidad de haberlos visitado.

"Creo que los micrófonos filtran la voz y tienen menor poder estético, y no deberíamos de depender de ellos, sino usarlos ocasionalmente"

El disco se grabó en Estados Unidos, aunque es particularmente relevante indicar que en gran parte fue compuesto desde la distancia proporcionada por su residencia española, una perspectiva deformante desde la que ve a su país natal como “ más pequeño y apayasado”. Pero eso sí, niega que el álbum tenga un componente nostálgico, de añoranza de la tierra natal. En cambio, el origen cabe encontrarlo “ en el 2007, cuando se me ocurrieron las palabras “My name is Blushing, you can hear my blood rushing”, y la melodía que las acompaña”, un filón en forma de letra a partir del cual creció el resto del disco. Sí que reconoce que se trata de una colección de canciones semiautobiográficas, un hecho que, junto a la sencillez y luminosidad de sus melodías puede recordar a Vashti Bunyan, algo que ella niega: “ aunque estoy familiarizada con su bella música”. Tampoco ve a este disco como un trabajo conceptual sobre Estados Unidos, y preguntada sobre algún ejemplo de álbum sobre los Estados Unidos, reconoce que “ honestamente, no se me ocurre ninguno”. De hecho, como veremos un poco más adelante, la premeditación que supone gestar un álbum conceptual es algo de lo que rehúye en su proceso compositivo, que en este caso fue el habitual en su carrera: “ las canciones fueron escritas individualmente, de una vez, a lo largo de los años, exceptuando algunos cabos sueltos en algunas letras y algo de pulir rimas y cadencias”.

Precisamente su pausado y relajado ritmo de trabajo influyó en el proceso de grabación: “ como no tenía prisa, la grabación no fue difícil. Buscaba un sonido cálido, grabado tocando todos juntos a la vez y en directo en una habitación, el tipo de sonido que Andrija [Tokic, productor del álbum] puede capturar. Para canalizar en el disco temas y paisajes del oeste busqué a músicos de esa parte de Estados Unidos. Paz Lenchantin y Heather Trost son de California y Nuevo México respectivamente y ambos son grandes músicos con los que llevaba tiempo queriendo colaborar. Ben Trimble fue una sorpresa maravillosa, Andrija se lo trajo de Nashville y nos conocimos el día de la grabación, le habíamos enviado cintas con ensayos para que las escuchase y fue excelente. Víctor Herrero y yo llevamos colaborando muchos años y compartimos lazos muy especiales.” Estos lazos son tanto personales como profesionales, ya que Víctor es su pareja y su colaborador desde hace varios años, tanto en la grabación de sus discos como en sus directos.

Precisamente junto a su pareja trabaja sus composiciones, que tienen su origen en la improvisación, en estrecha colaboración con otros músicos, algo que en muchas ocasiones ha provocado que su música suene esquiva o que rodeen estructuras de canción más tradicionales: “Las canciones son siempre el fruto de la improvisación. Mi propia improvisación ya me lleva a canciones acabadas, entonces vuelvo a improvisar con Víctor más ideas como arreglos instrumentales y armónicos, así como solos. A continuación improvisamos este trabajo con otros músicos buscando lo que sea que la canción necesita usando la imaginación y los recursos disponibles”. Puesto que “Blood Rushing” supone su acercamiento más ortodoxo a un formato de canción tradicional, cabe preguntarse si su técnica compositiva ha sufrido algún cambio en los últimos tiempos, pero Foster contesta categóricamente: “sigo improvisando como antes”. La espontaneidad, por tanto, sigue siendo uno de los elementos principales en su música. En relación con esto, ella dice que en el caso de “Blood Rushing” que “sólo me propuse escribir sobre algo en particular en una canción: en ‘O Stars’ sí que hubo premeditación. Es una ‘canción constelación’ y llevaba queriendo escribir una desde hace tiempo”. Por otra parte, este énfasis en la improvisación puede chocar con un elemento clave en la biografía de la cantante estadounidense: su pasado como estudiante más o menos formal de música clásica. Sobre la influencia en su música actual de una tradición musical tan sujeta a normas como la música clásica, ella apunta lo siguiente: “Al crecer cantando en Iglesias desarrollé una sensibilidad para la acústica a través de la experiencia del sonido en colaboración directa con la arquitectura. Muchos de los espacios para música contemporánea están pobremente concebidos acústicamente y necesitan micrófonos. Personalmente creo que los micrófonos filtran la voz y tienen menor poder estético, y no deberíamos de depender de ellos, sino usarlos ocasionalmente. Mis experiencias favoritas y más significativas como oyente han sido con música no amplificada y tocada en directo”. Y en cuanto a la paradoja de hacer confluir una tradición tan rigurosa como la de la música clásica y otra tan fluida y libre como el folk, señala que “aunque soy irreverente con las normas en cualquier canon musical, siento una profunda reverencia por lo que percibo como bello donde sea que ocurra. Ayuda seguir la intuición”.

"A veces es divertido engarzar dos canciones como una antigua canción de pastores y una malagueña"

Aunque la excusa principal de esta entrevista es la publicación de “Blood Rushing”, también tuvimos tiempo para hablar sobre “Perlas”, un proyecto al que, a juzgar por la longitud de sus respuestas, Josephine Foster tiene especial cariño: “La música se grabó y preparó en el océano atlántico. Mi perspectiva no fue particularmente conceptual, el título significa perlas, que son estas joyas marinas hechas por manos invisibles. De modo que estas canciones ni siquiera son un collar, son pequeñas perlas individuales que adoro. La primera canción, “Puerto de Santa María”, me vino en un sueño. Las otras están basadas en canciones populares o poesía que encontré hojeando viejos libros a lo largo de los años, las cuales he adaptado libremente a mis instrumentos y de las que he hecho una interpretación personal. A veces es divertido engarzar dos canciones como una antigua canción de pastores y una malagueña. En otras ocasiones escribo un poema y parece funcionar como una canción. Le llevo este material a Víctor y tocamos alrededor de un fuego, ya que él es un excelente armonizador y guitarrista. Entre los dos damos con montones de ideas y las canciones continúan transformándose y creciendo. Nuestro amigo Jose y Jose Luis –el hermano de Víctor– fueron invitados para añadir más instrumentos y ritmos. Todos vivíamos en la misma ciudad en aquel momento así que hacer música juntos era parte de la vida cotidiana”.

Pero la música del sur español y el folk estadounidense no son las únicas a partir de las que Josephine Foster y compañía construyen su música: “Víctor y yo nos sentimos atraídos por entretejer ritmos suramericanos y armonías con los norteamericanos. Llama la atención, al contemplar un mapa, cómo las montañas rocosas llegan hasta Chile. Víctor ama la música suramericana y su interpretación en el álbum refleja su inspiración de allí. Paz procede de Argentina y tiene una conexión muy profunda con los mundos musicales de las dos Américas, así que ella ha ayudado a hacer esta conexión”.

Se nota, sin embargo, que cada vez es más fuerte la influencia española en su música, así que es inevitable preguntarle por la música española que más le gusta: “En primer lugar la cantante Victoria de los Ángeles, cuya voz sublime me emocionó cuando la escuché por primera vez siendo una adolescente. Más tarde, los arreglos de canciones populares de Falla, que me introdujeron en la belleza inefable y la alta cultura latente en la rítmica, armonía y poesía del folk español. Al vivir aquí he descubierto a los enormes Lole y Manuel. Hay muchas leyendas del flamenco, viejas y nueva. Camarón de la Isla es uno de los más grandes cantantes de todos los tiempos, como Maria Callas”.

Josephine Foster tiende cada vez más, por tanto, a establecer líneas de conexión entre el folk estadounidense y el folk del sur de España en el que se ha sumergido a lo largo de su residencia andaluza. Más que fijarse en las diferencias entre las dos tradiciones, la cantante prefiere centrarse en los puntos en común: “Hay más cosas en común que diferencias entre las tradiciones española y estadounidense. Personalmente veo una conexión entre la música country y el flamenco. Nashville y Sevilla son ciudades hermanas para mí”. Y así, dejamos a Foster en un momento muy interesante dentro de una carrera que siempre se ha caracterizado por llamar la atención por los vericuetos por los que ha transcurrido, y que a la larga, con la perspectiva que da el tiempo, cada vez está más claro que forman parte de una investigación musical heterodoxa, muy personal pero también inundada de los sentimientos comunitarios de la música, que es al fin y al cabo su principal función social. Mágica, extraña, melancólica, exploradora y alucinada, la música incluida en todos sus discos merece atención, pero quizás sea “Blood Rushing” su versión más depurada, en la que fluyen con más facilidad una identidad musical, la del folk estadounidense, desarrollada en comunidad, y a la que este disco supone una valiosa aportación.

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