Entrevistas

Jon Hopkins

La versatilidad sin límites

Jon Hopkins

Por Luis M. Rguez

Con paso lento pero seguro, el inglés Jonathan Julian Hopkins viene labrándose una de las carreras más singulares y atípicas que uno puede echarse a la cara en materia de electrónica (y más, pero que mucho más) contemporánea. Comenzó a principios de la década pasada, editando discos de argamasa electroacústica que tenían tanto que ver con el ambient como con el post-rock contemplativo o aquella electrónica reposada y downtempo tan en boga a comienzos de los “noughties”. Desde entonces, Jon Hopkins viene haciendo gala de una versatilidad y una curiosidad sin límites que le ha llevado a trabajar con solvencia en ámbitos muy distintos.

Su hoja de servicios incluye colaboraciones con Imogen Heap (tocó las teclas en su banda durante bastante tiempo) y con Brian Eno (hay que recordar que Hopkins es una de las tres patas de “Small Craft On A Milk Sea”), con los elefantiásicos Coldplay (de la mano de Eno, Hopkins acabó escribiendo arreglos para “Viva La Vida”, y hay nuevas colaboraciones a la vista) y con el campechano King Creosote (juntos acaban de firmar “Diamond Mine”, un trabajo de marcada sensibilidad acústica con sabor a folk pastoral británico y a sal marina). También con Four Tet (Kieran y Hopkins han intercambiado remezclas) o con Gareth Edwards (ahí está su brillante banda sonora para “Monster”). Por el camino, Hopkins ha ido edificando un corpus sonoro de sugerencia creciente que busca su razón de ser en el espacio de intersección entre la electrónica preciosista de genoma IDM (deudora de la inteligencia artificial de escuela Warp y el ambient techno de los noventa), la tradición clásica de tintes cinemáticos y el post-rock más paisajista. En cuestión de pocos días, Jon Hopkins estará presentando su música en directo dentro del marco del festival L.E.V. de Gijón. De ahí que hayamos querido hablar con él, interrogarle sobre los fundamentos de una obra poliédrica, de múltiples perfiles, que promete seguir brindándonos cada vez mejores momentos.

La mayoría de la gente que a día de hoy disfruta de tu música llegó a conocerte gracias a “Insides” (Double Six, 2009). Pero lo cierto es que mucho antes de “Insides” ya habías editado dos álbumes previos más orientados hacia el ambient y la electrónica downtempo. ¿Cómo describirías esos dos trabajos a alguien que haya llegado hace poco hasta tu música?

El primero de ellos, “Opalescent”, es un álbum de canciones instrumentales, una suerte de ambient post-rock, o algo así. El segundo, “Contact Note”, surgió como evolución natural a partir de eso, aún descansando en estructuras tradicionales de canción, pero esta vez incluyendo voces y ritmos algo más animados, y también más influencias cinemáticas.

Observados ahora, fuera del contexto real en el que fueron creados, uno puede tener la sensación de que aquellos primeros discos surgieron influenciados por toda la música “chill out” que se estaba haciendo a finales de los 90 y a principios del nuevo singlo. ¿Llegaste a sentirte en algún momento atraído por aquellos sonidos?

Nunca llegué a escuchar música “chill out”; es uno de los géneros menos interesantes que puedo imaginar, y siempre ha carecido de interés para mí. ¿Por qué iba a querer hacer música para relajar a la gente? La música debe ser excitante, conmovedora, inquietante, hermosa... Aquellos discos no forman parte de ese género, y no están directamente influidos por él. Es cierto que, de manera bastante desafortunada, en aquella época mis discos fueron promocionados como tal. También hubo varias de mis canciones que aparecieron en aquellas horribles recopilaciones ibicencas, pero necesitaba de aquellos ingresos para sobrevivir.

Si miras atrás ahora, ¿cómo te sientes en relación a aquellos dos primeros trabajos?

Estoy satisfecho con algunas de las canciones de ambos álbumes, pero ciertamente no con todas... Algunas han sobrevivido bien al paso del tiempo, y otras hoy suenan increíblemente mal. En cualquier caso, creo que es del todo natural acabar cansado de tu propia música. Si no fuera así, no progresarías. El naivismo que escucho en aquellas primeras grabaciones a veces me suena encantador, y a veces simplemente ridículo, dependiendo del humor que tenga ese día.

En tiempos recientes, la frecuencia de edición de tus trabajos y colaboraciones se ha disparado, pero en el pasado las cosas fueron más lentas para Jon Hopkins. Entre aquellos dos primeros discos trascurrieron tres años, y tardaste hasta cinco en dar continuación a tu obra con “Insides”. Esos tiempos, ¿fueron consecuencias de lo minucioso del proceso creativo, o vinieron condicionados por tu implicación en proyectos ajenos?

No soy tan perfeccionista como podría parecer. Tardé como unos cuatro meses en completar el primer álbum, y luego casi un año en terminar el segundo. Lo que pasó es que su publicación se acabó retrasando por diversas razones, y además yo me vi obligado a aceptar trabajos como teclista de sesión para poder pagar mis facturas. Después del segundo álbum, lo cierto es que acabé algo desilusionado, porque pasó muy desapercibido en el momento de su publicación, y fue difícil de encajar, por todo el tiempo que había invertido en él, y porque entonces yo pensaba que el disco era realmente estupendo. Así que decidí cambiar de dirección. En cierta manera dejé de escribir música yo solo, y comencé a aprender cómo producir. Me involucré en el Fence Colletive, que fueron una gran inspiración para mí, y eso me llevó a producir un primer disco de King Creosote. A la vez comencé a trabajar con Brian Eno, hice una sesión con Massive Attack, me llamaron para trabajar en el álbum de Coldplay... Empecé a encadenar varias situaciones surrealistas de ese tipo, algo que fue muy excitante. Fue entonces cuando empecé a trabajar de nuevo en mi propia música, de forma gradual, e “Insides” surgió como fruto de algo así como 5 meses de trabajo esporádico, repartidos entre 2006 y 2008. De ahí la tardanza.

¿Y cuánto vamos a tener que esperar por un nuevo disco propio de Jon Hopkins, colaboraciones y bandas sonoras al margen?

La verdad es que no he tenido mucho tiempo para componer durante este pasado año. Aún así, espero poder tener algo listo para el próximo enero, si es que consigo despejar algo de tiempo para mí este verano. Tengo muchísimas ganas de ponerme a trabajar de nuevo en mi propia música, pero también tengo muchos otros proyectos en marcha que debo atender.

Ya que algunos de esos trabajos tienen que ver con tu labor como arreglista, háblanos sobre tu formación académica. ¿Eres de ese tipo de personas que reniega del tiempo gastado estudiando música o eres de los que defiende el valor de lo aprendido durante aquellos años de escuela?

Yo era de los que sólo tomaban clases de música un día a la semana, los sábados, entre los 13 y los 17 años, a la vez que atendía la escuela normal, así que lo mío no fue algo intensivo. La mayor parte del tiempo que pasé allí lo gasté fumando canutos con mis amigos en el parque. Me encantaban las lecciones de piano, pero no tenía interés en todo el resto de las materias. Todavía hoy considero una auténtica perdida de tiempo lo de estudiar teoría musical. Opino que la mejor forma de aprender a hacer algo es ponerse a hacerlo. No era un estudiante especialmente atento, ni siquiera uno que acudiera a las clases de forma regular. De ahí que tampoco fuera muy popular entre los profesores.

Como músico con formación clásica, por parcial que sea, ¿cómo te sientes trabajando en un entorno, el de la música electrónica, dominado por creadores que no cuentan con ese bagaje? Más en concreto, me gustaría saber si esa distinción juega algún papel en tu relación y en tus sesiones de trabajo con Brian Eno, una persona que siempre ha gustado de describirse a sí mismo como convencido “no-músico”.

Lo cierto es que yo no veo a la gente que trabaja en esto como “músicos” vs. “no-músicos”. Cualquier persona que haga música es un músico para mí. Yo no soy más músico que Brian Eno. En realidad, a mí nadie me enseño a escribir música, ni a estructurar composiciones, ni a grabar. A pesar de mis años de escuela, en el fondo aprendí todas estas cosas a fuerza de prueba y error, de la misma manera que imagino que hizo Brian. Estudié piano simplemente porque estaba fascinado con su sonido desde la primera vez que lo oí.

En tu música se pueden ver rastros de la obra de Eno y de otros artistas del catálogo Obscure Records. ¿Te consideras de algún modo heredero contemporáneo del legado que ellos dejaron?

Amo los discos de Eno, pero el material que yo escribo no es el material que él hace, y tampoco trabajamos de la misma manera. Indudablemente, he absorbido algunas de sus técnicas, en especial la idea de usar versiones tratadas de instrumentos para obtener a su vez nuevos instrumentos, algo con lo que estoy un tanto obsesionado. Al margen de eso, no suelo pensar en mi trabajo en relación a aquellos discos.

¿Cómo surgió tu relación?

Me lo presentó Leo Abrahams, allá por el 2003.

Y de ahí a grabar juntos “Small Craft On A Milk Sea”. ¿Existieron premisas a la hora de grabar ese disco o todo surgió como fruto de la improvisación en plan jam?

Poco después de conocernos ya hicimos muchas jams juntos, y parte de aquel material acabó en “Another Day On Earth”. Luego, en 2009, los tres decidimos volver a reunirnos para improvisar mucho material con vistas a “Small Craft On A Milk Sea”. Es cierto que todo fue “free form”.

Aquí va una pregunta delicada: aunque tanto tú como Leo Abrahams estáis debidamente representados en los créditos del álbum en calidad de co-autores, el disco fue promocionado, sobre todo en un primer momento, como si se tratara de un nuevo disco en solitario de Eno. Escuchando el álbum y viendo la serie de vídeos que Warp publicó posteriormente con fragmentos de vuestras jams, parece claro que vuestra contribución musical al proyecto fue, cuanto menos, equiparable a la contribución de Eno. La pregunta es: ¿cómo te sientes viendo que gente y medios se han venido refiriendo al álbum como “un nuevo disco de Eno con algunas colaboraciones externas”, en vez de “el fruto de un esfuerzo colaborativo a tres bandas”?

¡No me molestó en absoluto! Al fin y al cabo, es su nombre el que ha hecho que el disco se venda, y fue él quien comenzó el proyecto. Leo y yo tuvimos suerte de vernos involucrados. Ese disco sólo nos tomó como un par de semanas; dos semanas dedicadas a hacer jams, algo que fue realmente divertido. Luego fue Brian el que se ocupó de editar aquellos materiales.

¿Existen planes para volver a colaborar, los tres, en el futuro próximo?

Sí, entendemos el proyecto como algo en curso, aunque no estemos trabajando con vistas a ningún disco en concreto en este momento.

Si uno revisa tú currículo, se encuentra con una persona abierta a colaborar con otros artistas o a participar en proyectos específicos en el terreno de la danza, el cine, etc. También has trabajado como músico a sueldo de otros, o haciendo arreglos en los discos de otra gente. Al margen del indudable incentivo económico de esos trabajos, ¿encuentras que estas actividades paralelas tienen un efecto beneficioso en tu propia música?

Sí, es cierto que me encanta participar en todo tipo de proyectos paralelos, y tiene su parte beneficiosa. Trabajar con otra gente me resulta mucho más relajado y menos intenso que trabajar por mi cuenta, y eso a veces es bueno. Pero al final creo que nada puede equipararse a la excitación de hacer un disco personal del que te sientes realmente satisfecho.

Hablemos de tu vertiente electrónica. La influencia del primer material del sello Warp es clara en algunas canciones de “Insides”. Pero además, en tus temas electrónicos menos retorcidos a nivel de beats se adivina una conexión con otro tipo de material, como el ambient techno de poso psicodélido de The Orb, que es fácil identificar con cierto sentimiento de gozo extático “post rave”. Ya sabes, estar en algún lugar lejos de la ciudad, contemplando el amanecer con una sonrisa radiante en la cara después de una noche de fiesta y bailes. ¿Estamos viendo fantasmas o existe esa conexión?

No estás viendo fantasmas... De hecho, ese viaje entre el sonido electrónico y lo pastoral es en cierta manera el motivo central de “Insides”. El disco es una especie de “álbum conceptual” sobre mi experiencia en un festival hace ya algunos años. Toqué en directo en aquel festival, y mi set fue bastante bien, y la gente disfrutó. Después de aquello me eché a perder en compañía de algunos buenos amigos; de hecho no recuerdo haber estado más perjudicado nunca en mi vida. Nos pasamos la noche alborotando, bailando como jodidos lunáticos al ritmo de una música increíble, y en general pasándonoslo de muerte. Cuando empezamos a relajarnos un poco y el sol empezaba a asomar la cara nos encontramos con un piano en lo más alto de una hermosa colina verde, ahí dejado para que quien quisiera lo tocara. Comencé a tocar aquel piano, y la gente que aún estaba despierta por los alrededores se empezó a acercar a escuchar lo que tocaba. Después de un tiempo noté cómo la chica más hermosa que he visto en mi vida me miraba y sonreía. Dejé de tocar y pasé el resto de aquel día con ella. Acordamos encontrarnos al día siguiente a una hora y en lugar concreto del recinto principal del festival, pero yo me dormí, y acabé llegando tarde a la cita. Nunca llegamos a intercambiar nuestros números de teléfono, así que nunca nos volvimos a encontrar. El álbum es un intento de contar esa historia, ese viaje desde la euforia más insana a la tristeza. Y la última pieza del disco, “Autumnn Hill”, surge de algo que improvisé aquella mañana en aquella colina, grabado tan pronto como llegué a casa.

¿Cómo pasas de tomar clases de piano en el London's Royal College of Music a interesarte por la producción electrónica?

Es algo que fue surgiendo en paralelo a mi estudio del piano; no hubo ningún salto, ningún cambio de interés abrupto. Me enganchó la música electrónica tan pronto como la oí en la radio cuando era un niño. Hablo de New Order y Depeche Mode, Pet Shop Boys, house temprano, cosas así. Me regalaron un Portastudio de segunda mano por Navidad cuando tenía como 10 años, y con él empecé a grabar capas y capas de sonido, intentando aprender cómo funcionaba el aparato y cómo hacer para grabar en condiciones. A raíz de aquello comencé a ahorrar, y cuando cumplí los 13 años me hice con un Amiga 500 con el que empecé a experimentar con el sampling. Aquel fue mi comienzo.

En “Insides”, los distintos timbres y herramientas que usas parecen querer evocar de manera consciente sentimientos distintos, casi contrapuestos. Los momentos más calmos y reflexivos siempre aparecen conjurados a través de sonidos acústicos (piano, cuerdas, etc.), mientras que la electrónica parece ser una vía de escape para lidiar con estados de mayor tensión, con sentimientos más agresivos, incluso neuróticos. Nunca es al revés. ¿Reconoces esa dicotomía?

Sí, esa es en buena medida la manera que yo mismo usaría para describirlo. Me gusta el contraste entre esos dos elementos.

Al hilo de tu faceta más electrónica, ¿alguna vez has pensado en probar a hacer cosas más bailables, o incluso en comenzar algún proyecto paralelo más enfocado a la pista de baile?

Te puedo adelantar que la orientación del próximo disco será bastante más bailable. Después de eso estoy pensando hacer algo sin beats. Pero a saber cuándo es eso.

En el extremo contrario de tu espectro, las partes más escoradas hacia el piano de “Insides”, tu banda sonora para “Monsters” o tu reciente disco a medias con King Creosote, “Diamond Mine”, dan cuenta de una fuerte sensibilidad acústica que en algunos momentos bordea terrenos folk. Se diría que los sonidos del folk inglés también han jugado un papel en la educación emocional de Jon Hopkins.

Seguro, soy un gran fan de la música acústica. John Martyn, Nick Drake, Nick Jones o James Yorkston son músicos a los que he escuchado mucho cuando era un adolescente. Sin embargo, he de decir que no me siento para nada inclinado a probar a hacer un álbum puramente acústico. Es la forma en la que lo acústico se combina con los sonidos electrónicos lo que encuentro interesante .

En esa intersección se mueve tu banda sonora para “Monsters”. ¿Cómo surgió tu implicación en el proyecto? ¿Te sentiste cómodo escribiendo música para un film con un cierto componente de ciencia ficción?

La gente de Vertigo me invitó a una proyección privada cuando estaban buscando compositores. Me enamoré de la película de inmediato y básicamente les conté que iba a hacer yo la música, tanto si les gustaba la idea como si no les gustaba. Conocí a Gareth Edwards y nos caímos bien; no podía creer que hubiera conseguido tanto con tan poco. La de “Monster” ha sido mi primera banda sonora en solitario. No tenía ni idea de cómo organizar el trabajo de un proyecto tan grande, así que me tocó aprender sobre la marcha. Escribí toda la música en algo así como cuatro semanas de trabajo intenso, y contando con el presupuesto más pequeño que puedas imaginar. En cuanto a tu segunda pregunta, yo no lo veo como un film sci-fi. Para mí es una película de humores, una historia de amor, un film de carretera de tonos apocalípticos, o algo por el estilo.

En cuestión de dos semanas estarás actuando en España, dentro del marco del insigne L.E.V. Festival de Gijón. ¿Qué podemos esperar de tu show?

Mi show de directo es bastante energético. Lo sé porque siempre acabo empapado en sudor, chorreando y con las manos doloridas. El repertorio que estoy haciendo en este momento se basa sobre todo en tracks de “Insides”, aunque también hay un buen puñado de pasajes nuevos que han ido surgiendo en este tiempo. Un tema que disfruto mucho tocando últimamente es la versión que hago en directo de mi remezcla para Wild Beasts.

Además de cumplir con tus compromisos en directo, ¿que otros proyectos tienes en cartera?

En estos momentos estoy acabando un par de remezclas, tengo en cartera hacer más cosas para Coldplay, estoy en conversaciones para participar en un nuevo proyecto cinematográfico, y entre todo eso estoy intentando componer de cara a mi próximo álbum.

Dos últimas cuestiones: ¿Cinco discos esenciales para la educación musical de Jon Hopkins?

Neutral Milk Hotel: “In The Aeroplane Over The Sea” Smog: “A River Ain't Too Much To Love” King Creosote: “Psalmclerk” Atlas Sound: “Let The Blind Lead Those Who Can See But Cannot Feel” Benge: “Twenty Systems”

¿Y cinco momentos o experiencias esenciales para la educación emocional de Jon Hopkins?

Desafortunadamente, las cinco son irrepetibles e impublicables. Jon Hopkins estará actuando en el festival L.E.V. el próximo 30 de Abril. Jon Hopkins se ha consolidado como uno de los más hábiles francotiradores de la escena electrónica contemporánea. Colaborador de Brian Eno, nostálgico de los 90, pianista de formación clásica, escritor de soundtracks, remezclador y cubista de la dance music, él mismo nos cuenta sus secretos antes de su actuación en el festival LEV de Gijón.

Jon Hopkins Monsters Crítica: “Monsters”

"Creo que es del todo natural acabar cansado de tu propia música... Si no fuera así, no progresarías"

"Todavía hoy considero una auténtica perdida de tiempo lo de estudiar teoría musical."

"Nada puede equipararse a la excitación de hacer un disco personal del que te sientes realmente satisfecho."

"No me siento para nada inclinado a probar a hacer un álbum puramente acústico. Es la forma en la que lo acústico combina con los sonidos electrónicos lo que encuentro interesante."

Jon Hopkins estará actuando en el festival L.E.V. que se celebra en Gijón el 29 y 30 de Abril.

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