Entrevistas

John Foxx

Guía del usuario para el nuevo milenio

John Foxx Ed Fielding

¿Hay alguien capaz de expresar la conciencia inglesa, de una forma moderna y resolutiva, tan bien como John Foxx? En principio, habría que irse fuera de la música para encontrar una respuesta clara del tipo J.G. Ballard, un escritor por el que Foxx ha mostrado más de una vez su simpatía y afinidad en sus discos. Ambos se centran fundamentalmente en la idea de ciudad y en todo lo que emerge de ella: la rutina cotidiana alternada con lo más aberrante y grimoso, de lo cual surge lo nuevo y lo fantástico.

Al principio de su carrera, Foxx tuvo la oportunidad de dejar su huella diferencial en la cultura pop con la banda que lideraba por entonces, Ultravox, que rápidamente comenzó a disfrutar de fama mundial. De todos modos, al finalizar su primera gira por Estados Unidos, decidió marcharse, el típico movimiento hacia la independencia que le permitió seguir adelante en su exploración de avenidas más radicales. En 1980 sus antiguos compañeros de grupo utilizaron la nueva tecnología musical para extraer de ella sonidos sofisticados que dibujaban un falso barroco en el hit “Vienna”. Por su parte, Foxx apareció con “Metamatic”, un álbum basado en un tramado de pulsos surgidos de sintetizadores desnudos y apuntillado por afilados ritmos extraídos de cajas de ritmos. Todavía hoy se considera uno de los momentos más excelsos del pop sintético: una imagen granulada de realidad y fantasía enigmática, llena de voces huecas en las que resuenan las palabras escritas por Ballard en novelas como “Crash” y “Rascacielos”. La red de transmisiones de Foxx se acerca a la ciudad, a esas conexiones vitales que regulan un tráfico dirigido por cronómetros electrónicos.

A mediados de los 80 parecía, en cualquier caso, como si se hubiera topado con un callejón sin salida. Tuvo que venderse su estudio y volvió a trabajar como artista gráfico bajo su nombre real, Dennis Leigh. Poco a poco fue regresando otra vez a la música, aprovechando su bagaje en artes visuales para darle más empaque a proyectos como “Cathedral Oceans”, un trabajo en desarrollo en el que se conjugan composiciones ambientales, fotomontajes y películas. A primera vista, la imaginería -basada en estatuas cubiertas por plantas extendiéndose en su estado salvaje- refuerza una sensación de abandono, pero Foxx insiste en que sus preocupaciones son las mismas en relación al paisaje urbano. Explora una fantasía consistente en Londres invadido por la naturaleza -un tema típicamente ballardiano que recuerda a la representación, en “El Mundo Sumergido”, de la ciudad inundada por la subida de los mares; una imagen representativa de la imaginación crítica que alimenta el trabajo reciente de Foxx-.

Una de sus ideas más poderosas es la que él llama la Naturaleza Gris [Gray Nature], un área abierta a ideas en desarrollo en la que se investiga cómo algunas formas de vida exóticas pueden llegar a crecer en ecosistemas urbanos. Él afirma que estos postulados son los que dan forma a sus canciones en la actualidad, abarcando materias como los sistemas de control del clima diseñados por el propio hombre hasta las entidades que colonizan las redes eléctricas.

En medio de todo este desarrollo conceptual, Foxx ha regresado este año a su territorio más familiar con su nueva banda The Maths, un grupo liderado por Benge, el productor y experto en sintetizadores de época. Su álbum “Interplay” (editado en el sello de Foxx, llamado Metamatic) es, en lo esencial, una manifestación de pop sintético auténtico que comparte una buena porción de la estética frígida y el poder desasosegante de “Metamatic”. Aunque tampoco hay muchas pistas acerca de cuál es su década: en parte se debe a ciertas inflexiones inspiradas en la música del presente (manipulaciones digitales de la voz de Foxx), en parte también, hay que decirlo todo, por su propia influencia en la música del milenio en el que estamos. Si quieres verle en directo, le tendrás en el festival Unsound de Cracovia a mediados de octubre.

Aunque nunca se ha preocupado por estar a la moda y mantenerse en primera fila, John Foxx se advierte como un creador más perdurable de lo que pueda serlo cualquier metrópoli. Y mientras “Interplay” conseguirá que se renueve el aprecio que se le tenía antaño, éste es solamente un punto en un mapa de esfuerzos en el que están reflejados todos los signos de continuidad que ayudan a que se ensanche su discurso.

¿Qué tienes en contra de estar en una banda? Si consideramos que John Foxx and The Maths es un grupo, y si no he contado mal, esta es la primera vez que formas parte de un grupo desde 1979.

No tengo nada en contra. Las bandas son geniales, pero siempre y cuando quieras estar en una. Si miras lo positivo, siempre hay algo único en esa conciencia colectiva, esa tercera mente, que aparece cuando se reúne un grupo de gente: la entidad se vuelve algo más grande que la suma de las partes. Es algo siniestro, puramente mágico. Pero, por desgracia, a mí me quema mucho eso de estar de gira y siempre necesito mucho tiempo para recuperarme, así que eso es algo que me descalifica para formar parte de una banda convencional.

The Maths es en realidad un invento de Benge. Yo encajo allí donde puedo dar lo mejor de mí, como todo los demás. En este momento hay una nebulosa revuelta de gente con pensamientos similares reunida en el grupo, todos orbitando alrededor del estudio de Benge en Shoreditch, así que la banda tiene un montón de diferentes configuraciones potenciales. Ésta en particular utiliza The Exploding Plastic Inevitable como punto de partida. Serafina y Hannah son ferozmente buenas, así que vamos a ver qué ocurre.

¿Tu experiencia previa al grabar en tu propio sello independiente ha sido mejor, peor o imposible de comprarar en relación a estar bajo contrato con una multinacional?

Oh, mucho mejor. Las majors están casi muertas en la actualidad. Esa era se acabó: el MP3 abatió de un disparo a pterodáctilo. Lo único que posiblemente echaremos en falta es el dinero, pero ya hace tiempo que nos acostumbramos a no tenerlo desde el momento en el que los banqueros deslizaron sus pequeñas manos pegajosas en nuestros bolsillos. Resulta interesante, de todas maneras, estar lejos de la tiranía del single de éxito. Las cosas se han relajado bastante en la música y, por lo general, todo se ha vuelto mucho más interesante. Lo mismo ocurre con tocar en directo: imagino que el futuro consistirá en recombinarse y reformarse a partir de colaboraciones inesperadas. El asunto se está complicando, adoptando nuevas formas. El organismo se está adaptando a un nuevo sistema. Cuidado.

¿Has conseguido identificar si los efectos de envejecer se perciben en tu música con el paso de los años? Hablo, por ejemplo, de cambios en tus prioridades o tus preocupaciones.

Bueno. Sigo estando muy obsesionado con la ciudad y en cómo altera a la gente: supongo que el tema básico sigue siendo el hombre, la mujer y la ciudad. Una especie de película policiaca, adulta. Imagino que esto debe ser el trabajo de toda una vida, pues empecé a andar por este camino en 1976. Lo que pasa es que al avanzar se va volviendo más rico y más complejo.

La electricidad y los fantasmas han empezado a introducirse, además. Me dí cuenta de que todo empezó después de que Dawkins y sus adláteres empezaran a predicar su absolutismo puritano. Siempre hay alguien que quiere instaurar un nuevo sacerdocio. Es cansino. Hay que ensayar algún tipo de respuesta contra esa clase de gilipollas. Mi forma de ser siempre me posiciona en un ángulo completamente contrario a cualquiera que plantee ese tipo de cuestiones, me da igual quién sea o por qué motivo. Es un acoso intelectual de la peor calaña: intentar someter a todos los demás a través de la auto-publicidad. Hay que reírse de eso. En lo más profundo de sí, cualquiera se da cuenta de que es una cretinada, y que Dawkins es un tipo ingenuo por colocarse en esa posición. No tengo nada en contra de él, porque está demasiado aislado por la cultura post-intuitiva, pobre tonto. Los publicistas le han tendido una trampa para hacer dinero con él, y él va a ser el único que pague. Como ocurre con el rock'n'roll, siempre hay alguien dispuesto a hacer leña del árbol caído.

“Cathedral Oceans” me ha hecho pensar si existe un cambio precipitado en tu música, un cambio de enfoque -de lo urbano a lo pastoral- en tus ideas. ¿Ha habido algún momento en el que te hayas sentido desencatado con la vida luminosa de la ciudad?

Estoy de acuerdo en que puede parecer eso, pero “Cathedral Oceans” es verdaderamente urbano, tiene que ver con el crecimiento desmesurado de Londres. Es cierto que contiene elementos pastorales, pero todo consiste en calles y edificios invadidos por la naturaleza. Hace varios años tuve una visión grandiosa de Londres como una ciudad paralela, desmesurada y casi desértica. Se me ocurrió la figura del Hombre Tranquilo [The Quiet Man], que explora este otro Londres a diario viniendo del Londres real. Es capaz de moverse por los dos mundos, encuentra puntos de transición al vagar por aquí y por allá, al azar. Maniobras avanzadas de paseante. La idea en su conjunto me ha hecho crear un desdoblamiento personal que me resulta muy útil para explorarlo. Me ha dado un montón de ideas para historias y canciones.

Tu idea de la Naturaleza Gris, que es una especie de teoría ecológica del entorno urbano, es realmente fascinante. ¿Has encontrado la manera de llevarla a tus álbumes, como un tema protagonista?

Oh, sí, casi todo lo que escribo últimamente suele ir en relación con esa idea. Estoy muy ocupado examinando nuevas formas de conexiones psíquicas que están ocurriendo justo ahora, pues ya que todos vivimos en ciudades en la actualidad eso puede dar pie a que haya formas de vida que puedan aprovecharse de esa realidad.

Hace poco me di cuenta de que tenemos nuevos fantasmas. Los tenemos en los medios de comunicación. Estamos rodeados de muertos, todo el rato, mucho más que cualquier tribu antigua, y es una acumulación constante. Tenemos a Lennon y a Sinatra y a decenas y decenas de otros más cantando a través de las ondas, a Monroe revoloteando por ahí, tan luminosa y sexual como siempre, a Cobain grungeando todavía, a Kennedy recibiendo el disparo de nuevo. Hay cientos y cientos: Milligan, Hancock, Churchill y aquel otro. Sin olvidarnos de las guerras, y de los escándalos y otros secretos que ocultan a los culpables: Bush, Iraq, Blair, Kelly, Wikileaks. ¿Cuánto tiempo hemos tardado en darnos cuenta de que Guantánamo está en Cuba? Todos estos fantasmas están apareciendo continuamente, en rotación. Así que estamos habitando de esta nueva ecología repetitiva tan extraña, e inevitablemente nos va a alterar de alguna forma. Hay una enorme sobrepoblación de fantasmas y electricidad.

¿Qué es lo que esperas alcanzar con la música? ¿Hay algún proyecto en particular que te gustaría llevar a cabo en el futuro inmediato?

Oh, imagino que siempre tengo la esperanza de llegar a algún tipo de vida que me interese y que me permita hacer pequeñas exploraciones y experimentos, como la Ecología Gris, la Electricidad, los Fantasmas, El Hombre Tranquilo y todo lo demás. Todo eso no son más que maneras de explorar los efectos que tiene vivir en una ciudad. Sigo pensando que es ahí donde suceden las verdaderas aventuras: en la jungla urbana, en nuestra nueva ecología transnacional. ¿Cómo sobreviviremos? ¿Cómo nos va a modificar? ¿Qué vamos a encontrar ahí? ¿No es todo ello maravillosamente misterioso? Los lugares del mito siempre han existido en alguna parte, muy, muy lejos de aquí: el Salvaje Oeste, el espacio exterior, los océanos, etc. Este lugar es el más misterioso de todos, y lo tenemos aquí. Sólo tienes que abrir la puerta y salir a pasear.

¿Hay algún impulso particular o necesidad que te haya hecho regresar a formas más honestas, o antiguas, de música pop?

Bueno, las formas del pop son disciplinas muy sucintas en la que entran en juego un lenguaje gestual tremendamente concentrado. Son capaces de transportar universos enteros en muy pocos segundos. Es un código urbano. Y también son relativamente recientes, inestables (gracias a Dios), y todavía prácticamente invisibles, así que no las llegamos a entender del todo. Y por encima de todo eso, todas las estructuras que han creado ese lenguaje han empezado a extinguirse hace poco, así que estoy ansioso por ver a dónde nos lleva todo esto. Siempre me han interesado excesivamente ciertas cosas. Cosas que, habitualmente, consideramos basura. Pueden ser las cosas más hermosas que jamás hayamos tenido, y aún así no podemos reprimir la necesidad de despreciarlas. Tengo que añadir que también disfruto con cualquier tipo de exploración sin forma, sin estructura, ya sea expresionista o impresionista, de Satie en adelante. Resulta fascinante observar cómo va creciendo toda esa maleza.

¿Es cierto que el disco de John Foxx and The Maths está compuesto únicamente con instrumentos electrónicos antiguos?

Completamente cierto. Casi todos son de Benge, y un par son míos.

¿Qué te hizo tomar esa decisión de imponerte limitaciones productivas escogiendo sintetizadores viejos? ¿Querías infiltrarte en territorio retro?

Oh, por Dios, retro no. Siempre intento atenuar mis filtros. Creo que entre todos hemos llegado a una conclusión: nunca llegamos a explorar los sintetizadores en profundidad en su momento. Ahora podemos grabarlos con mejor sonido y empezar a averiguar qué se puede extraer de ellos. Todavía son instrumentos muy nuevos. Las guitarras, las baterías y otros instrumentos llevan aquí desde hace miles de años y todavía estamos sacándoles punta, averiguando qué es lo que pueden hacer.

Tu música del periodo de “Metamatic” forma un triángulo muy convincente con muchos de los textos de J.G. Ballard y la idea de Gran Bretaña en aquella época. ¿Crees que tenemos en la actualidad alguna música o literatura capaz de relacionarse con la Gran Bretaña actual de una manera tan evocativa?

Creo que sí. Hay una hornada de autores británicos muy identificable, como Iain Sinclair o Peter Ackroyd -e incluso diría también Kazuo Ishiguro- que están cubriendo ese mismo territorio en este mismo momento. Todos enfocan a partir de ángulos distintos, pero siguen avanzando sin descanso hacia el corazón del asunto.

También hay una rama muy interesante de literatura americana que me parece muy relevante en este sentido, como los comienzos de E.L. Doctorow, cuando escribió “Ragtime”, que parecen haber influenciado a muchas y diferentes novelas modernas. Me sentí muy atraído por la “Trilogía de Nueva York” de Paul Auster, una preciosa versión de las novelas de detectives a partir de ciertos aspectos de Nueva York que generalmente pasan desapercibidos.

En cuanto a música: Burial, LoneLady, los artistas del sello Ghost Box, Ladytron en sus mejores momentos. Algunas cosas de Warp Records. Acabo de escuchar una canción brillante de Serafina Steer, “Long Haul Driving”, que describe algunos aspectos poco apreciados de la vida en Gran Bretaña. Es como un poema nuevo de Stevie Smith. Ella es capaz de ir lejos en esa aproximación. Chris and Cosey todavía están ahí. Aphex Twin puede llegar ahí también, siempre que quiera. Él es un fenómeno genuinamente británico, consiguió mantener mucha de nuestra idiosincrasia viva durante algunos años muy difíciles.

Toda esta fase de revueltas que estamos viviendo, todavía habría que analizarla bien. La causa primera, su raíz, no es nueva, pero la tecnología que ha propiciado los disturbios sí es nueva y ha dado paso a una nueva forma de aparición. Es una de esas consecuencias inesperadas de la innovación tecnológica. Creo que este puede ser un aspecto fundamental de la nueva fase de nuestra civilización urbana: consecuencias imposibles de predecir. Y casi siempre a partir de cosas que, en principio, nos parecían beneficiosas.

Puedes mostrarte en desacuerdo si me estoy equivocando, pero diría que los ejemplos de música que se relacionan con la literatura son mucho más numerosos que a la inversa. Esa historia de Ballard, “El Barrendero de Sonidos” [incluido en “Las Voces Del Tiempo”], sería un ejemplo raro. ¿Crees que hay alguna razón intrínseca que explique esto?

Es interesante… Y quizá sea cierto, porque escribir es una actividad solitaria mientras que hacer canciones suele se una actividad desordenada y compuesta. Tiene música y texto, y algunos aspectos de representación también. El texto y todo lo demás también necesitan un contexto, porque en caso contrario se observarán como que no tienen base y serían ignorados.

¿Describirías a John Foxx como simplemente un alias, o es algo más que eso?

Creo que es una especie de Habilitador -ya sabes, ese tipo de personaje con el que no se deben relacionar los adictos cuando están bajo terapia. John Foxx me ha permitido mantener una existencia tranquila e invisible, consistente en leer libros y salir al jardín. Largos paseos en otoño y así. Nunca podría haberlo conseguido por mí mismo. Tengo demasiados defectos. Pero es el precio que he pagado por esta extravagancia psíquica que consiste en salir de gira y grabar discos. Ese precio se lo cobran a John Foxx. Lo que no sé seguro, ni tengo plena certeza, es quién tiene la sartén por el mango. A veces tenemos estas conversaciones el uno con el otro en privado, al estilo de Gollum. Me avergüenza decirlo. Es una lucha grecorromana mental. Es un poco como la relación entre los artistas y el público. Ya sabes, el artista da por sentado que el público está ahí para verle a él, pero el público sabe que son ellos los que han creado al artista en tanto que una minúscula manifestación de sus deseos. Así que el artista no tiene más remedio que actuar en función de lo que el público le exige o, si no, ser descartado en beneficio de otro. El artista tiene que manejarse con estilo y con atención a los detalles, hasta que este juego le acaba matando.

Mientras tanto, le recompensarán con aplausos y quizá también con dinero, pero esa es la parte oculta de toda una trama de la cual el pobre tonto nunca llegará a sospechar su verdadera naturaleza y relación. Su vanidad le obliga a creer que toda esta dominación proviene de él. Y eso es lo que más le gusta al público. Es su pequeño secreto. Estoy empezando a darme cuenta de que Foxx es un poco así.

PlayGround es media partner de Unsound x

Fotografía de Ed Fielding

“Metamatic”

"The Complete Cathedral Oceans"

John Foxx and The Maths "Interplay"

John Foxx and The Maths

John Foxx Te recordamos que Unsound 2011 tendrá lugar entre los días 9 y 16 de octubre en varios espacios de Cracovia. Puedes conseguir tus entradas aquí.

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