Entrevistas

Joe Crepúsculo

Quimérico inquilino

Joe Crepúsculo Fotografía de Inma Varandela.

Tan prolífico como deliberadamente dejado en lo que se refiere al acabado final de sus temas, nos gustaba decir hasta hace bien poco de un Joe Crepúsculo sembrado; pero va a ser que ya no (ni tan fecundo ni tan conscientemente descuidado), o al menos no esta vez, que vaya usted a saber hacia dónde apuntará el tupé del amigo tarantulista en el futuro más próximo.

Después de conquistarnos con su canción de autor feista, doméstica, verbernera y castiza, cantada como con voz de sueño sobre “organillos con sabor a baile de feria”, el ínclito Joël Iriarte ha decidido vestirse un traje más serio. Sigue sin mirarse en los espejos ni de lo “indie” ni de lo extranjero, pero su hacer deformante y antimimético, aquel que en el espacio de diez meses le convirtió en una de las más celebradas anomalías dentro del pop patrio, se ha relajado en “Chill Out”, un álbum más “normalizado” tanto en cifras (concentra sus encantos en sólo doce canciones, muy lejos de las 33 que entregara el año pasado repartidas entre “Escuela de zebras” y “Supercrepus”, compendios de historias notables que se debatían entre el costumbrismo alucinado, el romanticismo de barrio, la nostalgia y el esperpento desenfadado logrando efectos altamente adictivos) como en intenciones sonoras. Joël ha mudado su pop electrónico y lo-fi para probar a edificar canciones mucho más esmeradas, temas que a menudo apuestan por una instrumentación orgánica holgadamente desacomplejada (pianos, guitarras eléctricas y acústicas, acordeones, saxos o baterías reales asomando la cara sin rubor entre cajas de ritmos y teclados de distintas clases y alcurnias) como tapiz sobre el que explorar los mil recodos y las mil mesetas que atraviesa la educación sentimental tuya y de cualquiera.En vísperas de la publicación -inminente, se decía que para este mismo jueves, aunque desde Discoteca Océano nos avisan de que no estará disponible hasta mediados de la próxima semana- de “Chill Out”, nos pusimos en contacto con Joël para que arrojara algo de luz sobre algunos de los rincones de un álbum que volverá a dar que hablar. He aquí lo que nos contó horas antes de sorprendernos con un lustroso regalo: antes aquí que en ninguna otra parte puedes empezar a disfrutar de “Ritmo Mágico”, segundo perfil de un Joe Crepúsculo sin dobleces ni falsos fondos que ahora luce, porque sí, más redondo y maqueado. Mira al final de estas líneas. Madera de jit.

La primera es obligada... Tus primeros dos discos se pudieron descargar (de hecho aún se pueden descargar) libremente desde la web; tanto tú como Producciones Doradas facilitasteis su distribución gratuita. Sin embargo, la edición de este tercer álbum de Joe Crepúsculo parece venir envuelta en cierto “secretismo”, responde a un modo de hacer que busca mantener hasta el último momento la incógnita sobre unos asuntos, tus nuevas canciones, que hasta ahora siempre se habían aireado de una manera mucho más transparente. ¿Este cambio de actitud responde a los nuevos deseos de Joe Crepúsculo, o viene condicionado por el cambio de casa discográfica?

Es en parte una mezcla de las dos cosas. Por un lado me apetecía mantener el secretismo de las canciones hasta octubre, pero soy muy ansioso, me siento como un niño que tiene que hacer un regalo. También me apetecía crear una expectativa que no sé realmente si se ha conseguido.

Pero qué me dices de a partir de octubre... ¿Podrá descargarse “Chill Out” libremente, con el consentimiento de autor y sello, como sucedió con tus dos primeros discos?

El disco podrá descargarse como siempre se ha hecho, desde mi web, pero a partir de diciembre.

Al respecto de tu cambio de sello, ¿qué encuentras en Discoteca Océano que no tuvieras en Producciones Doradas?

Tenía ganas de hacer un cambio no solo musical sino en la forma de llevar las cosas y a principios de año Félix me propuso trabajar con él y acepté. De momento estoy muy contento de cómo van yendo las cosas.

Al hilo de esto, y aunque sea una pregunta que, por asquerosamente tópica, tratemos de evitar siempre, lo cierto es que nos intriga saber qué has querido decir llamando al disco “Chill Out”. En particular me gustaría saber si el título tiene algo que ver con cierto deseo de “enfriar las cosas” a tu alrededor. Porque las cosas en el entorno de Joe Crepúsculo han ido muy rápido durante el último año y medio...

Es un título oscuro para un disco oscuro, un disco que va por debajo, como las tuneladoras del metro.

¿Entonces te sientes bien dónde estás, tanto a nivel musical como a nivel de público o de “mercado”, a la altura de este tercer disco? ¿Se ve Joe Crepúsculo haciendo concesiones (me refiero a dedicar jornadas maratonianas a atender a los medios, a hacerse fotos de promo, o a, llegado el caso, hacer playbacks en la tele, ese tipo de cosas) para llegar a cada vez más gente?

Haré siempre lo que me venga en gana, tanto musicalmente como paramusicalmente. De momento no me importa hacer sesiones maratonianas, pero igual después de unos días me canso.

En parte te preguntaba lo anterior al hilo de algo que comentó un conocido tras veros actuar en el Ocho y Medio de Madrid. Según él, Joe Crepúsculo no tiene casi nada que ver con la escena indie. Lo que vio sobre el pequeño escenario del Ocho y Medio le hizo pensar en un futuro fenómeno de masas. Esto me lleva a preguntarte sobre cuál sería el estado de equilibrio ideal para Joe Crepúsculo. En otras palabras, ¿qué deberías poder ser capaz de hacer sin necesidad de entrar a hacer qué tipo de cosas para sentirte en ese punto en el que ni te sobraría nada ni echarías nada en falta?

Reinar sobre la música española. Ser como el Goethe del nuevo Sturm and Drang español y decidir sobre quién tiene derecho a ser poeta.

En una de las canciones de tu nuevo disco cantas algo así como “Desde que no trabajo me levanto a las diez”. ¿En qué ha cambiado a nivel cotidiano la vida de Joe Crepúsculo “por culpa” del éxito de, sobre todo, “Supercrepus”?

He podido dedicarme a la música, cosa que hace justo un año no me habría creído de ninguna manera. Siempre pensé que la música sería algo más, pero debido a este éxito, he podido algo que está resultando ser como un sueño e intento tocar lo máximo de peus a terra, com diem els catalans.

¿Y de qué manera han afectado esos cambios a tú dinámica de trabajo en lo que se refiere a escribir canciones? Lo digo porque en una entrevista previa publicada en estas mismas páginas confesabas que muchas de las ideas que poblaron tus dos primeros discos surgieron en horas de “jornada laboral”.

Si te digo la verdad creo que he perdido efectividad a la hora de hacer la música. Antes creo que funcionaba más como un chorro a presión. Mientras trabajaba mi cerebro iba dando vueltas a las cosas y a las melodías, y ahora estoy todo el día como las vacas que comen y vomitan y luego se comen el vomitado. Este disco me ha costado parirlo más y he quitado muchas canciones que no veía claras. Pero aún así, si tuviera que elegir entre formas de hacer, me quedo con ésta.

¿Y ese disponer de más tiempo y de más recursos, esa posibilidad de poder rumiarlo todo más, ha tenido que ver con que esta tercera colección de canciones se presente como la más elaborada con diferencia en la aún corta historia de Crepúsculo?

No. La diferencia viene dada por el deseo de evolución, de hacer siempre cosas distintas. Porque hacer lo mismo me aburre y creo que si no hay evolución hay estancamiento, y el estancamiento aburre. Y estoy cansado de aburrirme.

Cuéntanos cómo fue el proceso de grabación, porque la cosa ha tenido que ser bastante más compleja que en el pasado...

El disco lo comencé grabando unas primeras demos en casa. Luego con Sergio Pérez García empezamos a grabar las batacas con Blas Oliva de Beef. También Sergio metió guitarras acústicas y eléctricas. Luciana Della Villa puso bajos, Maik una guitarraza española con unos punteos bien molones, y Jens un saxo, y David Rodríguez y Ana Fenández- Villaverde un coro. Y para terminar el disco hay una coral de feligreses verdadera que por casualidad andaban grabando en el mismo estudio. Lo grabamos todo en Maikmaier y lo masterizó Alex Psaroudakis al lado del Ayuntamiento.

Qué problemas con los que no contaba se ha encontrado Joe Crepúsculo a la hora de dirigir una producción más grande y ambiciosa como es la de “Chill Out”.

Tal vez he tenido más dudas en algunos aspectos relacionados con la forma del disco. Quiero decir, que tanto en las Zebras como en Supercrepus lo vi todo claramente de principio a fin. En este creé un “consejo de sabios” formado por Daniel Granados, Jordi Irizar y David Rodríguez, cuyos consejos e infinita amistad me ayudaron a acabar de atar unos cabos que no terminaba de ver.

“Toda esta energía”, el tema que abre el disco, es una de tus nuevas canciones que más se aparta del imaginario sonoro previo de Joe Crepúsculo. ¿Existe una intención de “avisar al público” desde el principio de que el disco encierra sorpresas? ¿Te preocupa que la gente no entienda la nueva dirección, a ratos más rockista, que toman algunas canciones?Este es el disco que me apetecía hacer y ha quedado como yo quería, y estoy muy contento con el resultado. Gente habrá para todo, porque hay mucha gente: gente que no acepte la dirección, y gente que sí, pero a mí eso me da igual.

Esa primera canción rompe de lleno con la economía de medios y con aquella estética “doméstica” y descuidada a la que se ceñían muchas de las primeras canciones de Joe Crepúsculo. Entonces, aquellas limitaciones se veían desde fuera como una opción estética voluntaria y consciente. Ahora ese argumento parece tener menos sentido. ¿No tienes miedo de que ahora, a la vista de estas nuevas canciones, mucho más depuradas y más esmeradamente vestidas, alguien pueda empezar a ver las carestías de aquellos primeros temas como “deméritos”?

Hay que ver los discos como una evolución, siempre habrá opción de que pase eso, pero yo lo veo como una serpiente que va creciendo y que todo forma parte de lo mismo, aunque en momentos distintos. Los grupos toman caminos y se arriesgan, ése es el juego. Yo estoy jugando en esta liga.

¿Y qué pensarías si alguien te dijera que en algunas canciones os habéis pasado con los arreglos, que ganarían con algún instrumento de menos? Por ejemplo, se me ocurre que alguien podría pensar que los dibujos de guitarra flamenca (o aflamencada) que habéis metido en “Todo lo bello es gratis”, una de mis canciones favoritas del disco, parecen ahí puestos “para incordiar”...

Pues que acepto su punto de vista, pero no lo comparto.

Y después de los lujos de “Chill Out”, cómo afrontas el futuro. ¿Ves posibilidades de downsourcing, de retroceso, de volver en un momento dado a un formato más doméstico, más reducido y autosuficiente?

No lo sé, yo ya ando trabajando en nuevas canciones y siempre estoy con el estómago de rumiante. Pero no sé bien qué deparará el futuro ni cómo voy llevarlo, aunque, si lo supiera, ¡ni mucho menos os lo diría ya!

A nivel lírico, en este nuevo trabajo predomina la temática sentimental. ¿Alguien se ha atrevido a romperle el corazón a Supercrepus? Hay mucha gente que opina que no hay mejor material de partida para escribir canciones que el anhelo romántico o el desamor. ¿Qué opina Joe al respecto?

Cantar sobre amor es de los cantes más bestias que hay, pero hacerlo de forma errónea es también una de las petardadas más bestias. Por eso siempre intento hacerlo de la mejor forma posible, siempre con el estómago de vaca y enfocando las cosas desde mil cristales. Quería crear unas canciones que la gente se pusiera cuando se encontrara con el mal de amor, trascender de algún modo en los corazones rotos.

La felicidad asociada al baile hedonista es un motivo que se repite en varias de las letras del álbum, y sin embargo el disco en su conjunto toma una dirección bastante menos bailable de lo que algunos esperábamos. “Todo lo bello es gratis”, “Ritmo mágico” y “Diriri Dararara” aprietan el acelerador el ritmo, pero en general el disco se aparta de esa imagen de “trovador tecno” que tú te encargaste de elaborar al hilo de tu anterior álbum, o de aquella dirección “pop rave” que aquí mismo nos dijiste querer adoptar de cara a los conciertos de presentación de “Supercrepus”. ¿Le apetece a Joe Crepúsculo menos ahora que antes aquello de hacer bailar?

“Supercrepus” no tenía nada de pop-rave. Solo tiene un par de canciones techno, es un disco bastante más pop-rock. Pero no creo que haya cambiado mucho el punto central. Ha cambiado el foco. “Chill Out” es un disco oscuro, que va por debajo, se arrastra y convierte lo claro en un palidez cadavérica. Ésa era mi intención, luego se puede hacer lo que se quiera con ello. Al hilo de los clubes, el techno y demás... Qué pensó Joe Crepúsculo cuando recibió la petición del Sónar para tocar en su última edición. Aquel bombo tenía retranca... ¿Y si a Joe Crepúsculo le dijeran que “Cráneo” pide a gritos una remezcla en clave wonky?

Tocar en el Sónar fue todo un placer, porque está al lado de casa. Y a las remezclas siempre estoy abierto, me gusta que me hagan remezclas, creo que eso hace fluir las cosas, siempre me ha gustado.

Y si te dieran a elegir entre tocar, en las mismas condiciones, en un club moderno o en una verbena popular al aire libre, ¿con qué se quedaría Joe Crepúsculo?

Pues creo que con la verbena.

Imagino que estas nuevas canciones exigen una nueva actitud en directo, porque uno no acaba de ver a Joël y a Sergio rodeados de sólo teclados y cajas de ritmo defendiendo los temas de “Chill Out”. ¿Cómo te planteas llevar al directo estas nuevas canciones?

En eso aún debemos trabajar estos meses. ¡A ver qué tal nos queda!

Tres últimas preguntas. “Todos los medios apestan”, cantas en una de tus nuevas canciones. Aún estando perfectamente de acuerdo contigo, no quiero dejar de preguntarte: ¿estaría Joe Crepúsculo donde está sin el apoyo de algunos de esos medios?

Los medios son necesarios para el feedback musical; obviamente nadie estaría en ningún sitio si no fuera por ellos.

A raíz de tu segundo disco, intentaba explicarle la figura de Crepúsculo a un amigo al que no acaba de gustarle tu música recurriendo a un símil hostelero. Venía a decirle que Joe Crepúsculo es como uno de esos bares de barrio, con sus suelos siempre llenos de palillos y servilletas usadas, uno de esos bares que siempre tienen la tele puesta, y en los que siempre hay señores mayores echándose la partida bajo la atenta mirada del “barero”, siempre plantado a la vera de un hueso de jamón que cuelga medio roído de un gancho... Hay mil sitios más finos, más limpios y ventilados, llenos de gente mucho más guapa e interesante, pero al final siempre acabas pasándote por ese bar sucio de barrio a tomarte unas cañas y un pincho porque allí te sientes más cómodo que en ninguna otra parte. Al hilo de esto, si Joe Crepúsculo fuera una tapa, ¿qué tapa sería?

Unos calamares rebozados de oro como los que comían los romanos más ricos de la antigüedad.

En RCRDLBL describían hace poco la tuyo como música que animaba a “querer irse de vacaciones”. A mí me parece un buen piropo, pero, puestos a pedir, qué le gustaría a Joe Crepúsculo que dijeran de su música.

Eso lo tenéis que decir vosotros, yo ya he hecho mi trabajo, y estoy bien contento.

Luis M. Rguez

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