Entrevistas

Jimmy Edgar: “Siento como si tuviese el deber de animar a la gente a que expresara su sexualidad”

Una conversación sobre ser joven, joder con gente, joder a la gente y explorar nuevos territorios mentales con el autor detrás del überfunky “Majenta”

Jimmy Edgar lleva el funk muy dentro. Su nuevo álbum, “Majenta”, enfatiza su deriva hacia el electro y marca el comienzo de una nueva alianza con el sello de Scuba, Hotflush. Hablamos con el enfant terrible de Detroit sobre pasar tu juventud en un lugar oscuro, follando y divirtiéndote.

Cuando la gente llega a los quince años se anuncia la llegada del año más frustrante de su adolescencia. No eres exactamente un adulto, pero tampoco un niño, el tiempo de los quinceañeros medios se reparte entre el deseo de destacar y la necesidad de encajar (así como encontrar el equilibro entre el deseo de perder la virginidad con la necesidad de aislarse el mayor tiempo posible para masturbarse). Tu cuerpo está en un estado cambiante de extraña traición, y tu mente está demasiado preocupada por lo que otras personas puedan pensar de tus zapatillas como para sea de ayuda. También hay que aprender a beber apropiadamente, que, con la ingesta de diversos refrescos con alcohol con tonos de neón, viene a significar a aprender cómo vomitar en un amplio espectro de colores. Por si fuera poco, aún tienes que ir a la condenada escuela cada mañana.

A Jimmy Edgar se le daba mejor tener quince años. A esa tierna edad se encontró a sí mismo pinchando para miles de personas en raves de su ciudad natal, Detroit, junto a otros lumbreras de la famosa escena techno de la ciudad como Juan Atkins, Derrick May y Kevin Saunderson, algo que suele describir como “un extraño golpe de suerte”. “Timábamos a gente para conseguir estudios cuando éramos súper jóvenes. Era el estilo de vida, éramos pobres”, recuerda. “Mi mejor amigo del instituto también tenía montones de equipos de música gracias a vender drogas y hacer fraudes con tarjetas de crédito. Su hermano mayor empezó a vender lagartos o algo con reptiles, sacó mucho dinero y quiso montar una rave. Básicamente era un poco tacaño y no quería pagar a grandes artistas primero, así que pinchábamos gratis en fiestas para diez mil personas. Entonces nos empezaron a contratar para otros sitios”.

Su prodigioso ascenso continuó cuando fichó por Warp Records con sólo 18 años y, como tanta gente joven de esa desolada e indigente ciudad ( “sus atractivos son básicamente inexistentes”, admite amargamente), sintió que se tenía que ir. Se convirtió pronto en una suerte de juglar nómada transcontinental, aunque con beats brillantes y letras cargadas de sexo en lugar de, no sé, un laúd; con todo, sólo publicó un álbum en Warp ( “Color Strip”, de 2006) antes de dejar el sello por “diferencias creativas”. Pese a que no se quiere extender sobre qué diferencias fueron ( “No es justo que me ponga a cotillear ahora”) no guarda ningún rencor, incluso especula con que podría volver a trabajar con el sello en el futuro, insistiendo en que “compartieron momentos alucinantes trabajando juntos”.

Tras un breve paso por !K7, quienes lanzaron su álbum de 2010, “XXX”, ahora se ha asentado en el sello de Scuba, Hotflush Recordings, una discográfica que se labró un nombre con el dubstep pero que ahora parece que se está diversificando. Edgar apunta a la atmósfera familiar de Hotflush como el motivo por el que decidió lanzar su nuevo álbum ahí: “Simplemente me gusta mucho Paul [Rose, alias de Scuba] , es un tipo genial y tiene buena cabeza para los negocios. Me gustan Scuba, Lando Kal y Sepalcure. Además, son algunos de mis mejores amigos. Me gusta estar en un sello con amigos. Otros sellos pueden ser muy estériles, si entiendes a lo que me refiero”.

El álbum contiene todas las habituales influencias de Edgar, con muchos ritmos a lo Kraftwerk y esos sintes obscenos del estilo Prince (aunque Edgar también sugiere T-Pain y la película de Werner Herzog “Corazón De Cristal” como fuentes de inspiración menos obvias). El título, “Majenta”, es una referencia a la sinestesia de Edgar, lo que le hace experimentar la música como color. Es una condición fascinante, la mecánica de la cual es difícil comprender. ¿Así que cómo se siente exactamente?

“Es interesante que preguntes cómo se siente cuando mucha gente me dice cómo se ve. Es definitivamente una sensación de la mente. Creo que es gracioso que descubriese que era diferente hace no demasiado. Es casi como si no me diese cuenta de lo que estaba pasando porque no sabía que era diferente. Siempre he tenido una afinidad con los colores, simplemente no tenía ni idea de que cuando la gente piensa en números o escucha música/sonidos no ven colores y formas, además. Eso es difícil para mí de imaginar, no tenerlo. Es muy sutil pero creo que lo que me hizo empezar a hablar de ello con otras personas es el hecho de que empecé a ver un nuevo color, que llamé ‘majenta’. Creo que es el magenta del espectro UV, que la mayoría no puede ver”.

“Es difícil describir un nuevo color”, prosigue “pero trata de imaginar el violeta, el blanco y el plata parpadeando muy rápido, así es como se ve, pero un nuevo color. Sospecho que tiene mucho que ver con el tiempo cuando se acelera y la gente se vuelve más espiritual y se da cuenta de que son seres eternos de creatividad”. Quizá estoy muy por debajo en la escala evolutiva, pero he encontrado bastante difícil de aprovechar mi eterna espiritualidad o ver nuevos matices del espectro. Joder. Es igual, Edgar tiene otra técnica que puede ayudar a muchos como nosotros no tan dotados en ese departamento: la hipnosis.

"Soy una persona muy sexual y abierta de mente. Esto no significa necesariamente que tenga mucho sexo"

“He estado practicando hipnosis durante casi siete años. La quise aprender porque era muy escéptico con ella, pero tenía el presentimiento de que realmente se podía hacer… así que me embarqué a aprenderla como si fuese una especie de magia. Básicamente, conocí su potencial y cuán real es. Me sorprendí la primera vez que lo probé. En una fiesta con unos amigos lo hice con dos chicas y ambas era sujetos geniales. Ambas quedaron hipnotizadas instantáneamente y a una le hice realizar cosas extrañas, hice mucho el bruto con su mente. Luego me disculpé, pero se mostraba avergonzada de estar en la fiesta, no podía ver a nadie. Lo extraño es que podía oírnos, esa es mi sugerencia. Luego salió de la hipnosis y estaba aterrorizada. Es lo que me convenció totalmente. Dijo que sintió como si estuviese drogada durante ese tiempo”.

Fastidiar a la gente es una cosa, pero canciones como “Sex Drive” y “I Wanna Be Your STD” también sugieren que a Edgar se le da bastante bien eso de follar con gente. “Siento como si me haya tomado la sexualidad de distintas maneras en mi vida. Siento como si debiese animar a la gente a que se exprese de manera sexual. Soy una persona muy sexual y abierta de mente. Esto no significa necesariamente que tenga mucho sexo, pero es menos sobre mí y más sobre lo que la gente siente cuando escuchan. Si te sientes sexy, confiado, quizá con ganas de crear amor… entonces perfecto”.

Edgar aún dice más. “¿Cuál es la respuesta más satisfactoria que he tenido con mi música? Escuchar las ideas visuales que tiene la gente sobre ella, como ‘cuando escucho esto… me imagino…’. Es increíblemente inspirador escuchar que la gente siente algo. Conozco a muchas personas que me dicen que practican sexo con mi música, lo cual es muy gracioso. También me gusta cuando a los niños pequeños les gusta mi música, quizá los hijos de mis amigos. Y también estoy muy agradecido con la gente que escucha mi música para hacer videoarte”.

Efectivamente, Edgar, que también es un aclamado fotógrafo de moda, se ha inspirado a sí mismo a crear su propio acompañamiento visual a su música. Para su última gira ha creado una elaborada y extravagante iluminación en el escenario, con unos LED sincronizados al milisegundo con cada ritmo. La idea parece aproximarse a una experiencia sinestésica. “Es una idea que siempre he tenido porque me considero a mí mismo un artista visual. Simplemente quería que la gente viese colores sincronizados con la música. Nada de visuales rave de mierda atravesando túneles y el espacio. Directo al grano. Mi música es, de algún modo, algo minimalista por lo que quería expresar eso visualmente. Así que creo que tenía esta idea desde el momento en el que empecé a hacer música. Este año finalmente di con la tecnología, incluso tuve que inventar algunas partes del puzzle para que funcionase sin problemas. Viajo con un asistente que se encarga de ensamblar la actuación, aunque haya sido creada y programada por mí”.

"Siempre quise escuchar música limpia, ajustada y dura. Básicamente por eso empecé a hacer música"

También dota a su música del mismo grado de precisión. Puede ser minimalista, pero tiene la habilidad para demostrar que no se le ha dedicado un esfuerzo mínimo. Así que, ¿cómo consigue su sonido limpio y distintivo? “Muy meticulosamente. Siempre quise escuchar música limpia, ajustada y dura. Básicamente por eso empecé a hacer música.”, cuenta.

No es una sorpresa, pues, que haya acabado asentándose en Berlín, hogar de la electrónica crujiente y el minimal techno. Estar rodeado por tantos productores musicales afines aporta muchas oportunidades para la colaboración, algo que Edgar está generalmente dispuesto a hacer. Últimamente ha trabajado con otra ilustre berlinesa, Emika, que produjo un deslumbrante álbum de debut el año pasado en Ninja Tune. Recientemente remodeló su profundo y oscuro sencillo “3 Hours” en una bastardización afilada y funky titulada “Hit Me”. Pero, ¿cómo surgió la idea? ¿Habrá más de esto? “Nos conocimos en Berghain una noche. Simplemente nos gustamos el uno al otro y nos pusimos a trabajar en música, así que fue una inspiración instantánea. Sí, tenemos algunas ideas bastante asombrosas para hacer música juntos. Veremos, ambos estamos muy ocupados”.

Ocupado, desde luego. Edgar tiene fechas de gira (algunas junto a Emika) por todo el mundo. Pero es un mundo al que le tiene algo de desdén, tal y como se evidencia en la pista “This One’s For The Children” (como si alguna canción de Jimmy Edgar fuese apta para niños) donde dice: “We don't like television / We don't like new wave / We don't like celebrities / We just want what we crave” [No queremos television / No queremos new wave / No queremos famosos / Sólo queremos lo que anhelamos]. Así que, ¿qué es lo que receta para remodelar la sociedad en preparación para el futuro inminente? “Amar al prójimo”, dice. “Dejar de construir instrumentos de muerte y destrucción en aras de un falso sentido de la paz. Practicar la ‘ley de consistencia’, enseñar a nuestros hijos todo lo que sabemos y no dejarse nada. Otra cosa sería publicar todo el conocimiento disponible, lo que imagino que erradicaría la religión rápidamente”.

Bueno, los días de la religión puede que estén contados, pero el fuck-funk retrofuturista parece que ha llegado para quedarse. Jimmy Edgar actuaba ante públicos gigantes a la misma edad en la que muchas personas tenían la suerte de casi echar un polvo en la discoteca de la escuela, y ahora ve nuevos colores cuando el espectro visible para la mayoría de la gente se ha reducido únicamente al rojo de sus cuentas bancarias. Dios sólo sabe dónde estará (o qué estará viendo) en los próximos diez años, pero puedes imaginar que se lo va a pasar muy bien en el viaje.

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