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"Pablo Escobar se convirtió en el padre nuestro, en el padre de sus sicarios"

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Esta es la primera de las dos entregas de nuestra conversación con Jhon Jairo Velásquez Vásquez, Popeye, el sicario de confianza de Pablo Escobar en el cártel de Medellín. Hablamos con él sobre sus inicios en el crimen, su encuentro con Escobar, las cualidades del buen sicario y el asesinato de su novia.

Ignacio Pato

17 Diciembre 2015 06:00

Jhon Jairo Velásquez Vásquez nació en 1962 no muy lejos de Medellín. Siendo adolescente, entró en el cártel de esa ciudad.

Con el apodo de Popeye, se convirtió en el sicario de confianza de Pablo Escobar. Bajo sus órdenes, mató a 250 personas por su propia mano y participó indirectamente en varios miles de asesinatos.

Desde el verano pasado, es un hombre libre tras pasar 23 años y tres meses en las cárceles colombianas. En esta primera parte de nuestra conversación, nos habla sobre sus inicios en el crimen, su encuentro con Escobar, las cualidades del buen sicario y el asesinato de su novia. La segunda parte la puedes leer aquí.

1. LA HELADERÍA

¿Jhon Jairo Velásquez o Popeye?

Llámeme Popeye, que si me dice Jhon Jairo pienso que está enojado conmigo.

¿Son dos personas diferentes?

El Popeye no lo he podido soltar, todo el mundo me dice así. Si oigo Jhon Jairo Velásquez Vázquez me distancio, aunque ya me he alejado del crimen.






Uno puede presumir que los bandidos vienen de las clases bajas, pero usted procede de la clase media.

De clase media-alta, de una familia bien constituida y católica, con padre, madre y 6 hijos. Teníamos todo cubierto.

¿Y cuál fue su primer contacto con el crimen?

Mi padre, ya una vez mudados a Medellín, nos llevaba a comer un helado en la esquina de mi casa. Un día, con 12 años, volviendo del colegio vi a dos tipos que se estaban peleando a machete al lado de la heladería. Uno le cortó la yugular al otro y yo quedé impactado. Me gustó ver la sangre, pero lo vi como una profanación al puesto de helados.






¿Ese fue el principio de todo?

Sí, aquello me cambió el chip y comencé a incursionar en la violencia, en pandillas, a mover marihuana en los tubos de mi bicicleta. Mi primer arma fue una daga que guardaba con celo, deseaba vengarme de lo ocurrido en el puesto de helados. Pero lo que yo tenía era una fijación loca por las armas de fuego.

¿Cuál fue la primera?

Un revólver Smith & Wesson de 6 tiros de las que aquí llamamos cola de ratón. Yo tenía 13 o 14 años. La llevaba al colegio, pero esa nunca la usé. Mi primer asesinato fue con otra, a un conductor de bus que había tumbado a la mamá de un socio de Escobar. Yo tenía 17 años y ya estaba en el cártel.




2. EL MEJOR SICARIO DE MEDELLÍN

¿Cómo entró en el cártel de Medellín?

Un día estaba en la calle y apareció una oportunidad de trabajo. Me ofrecieron llevar a una señorita a una casa en el barrio de lujo El Poblado. Esta mujer era amante de Pablo Escobar y allí le conocí.

Supongo que siempre le preguntarán cómo era Escobar.

Pablo Emilio Escobar Gaviria era un hombre que no lloraba. Era de acero, demasiado humilde. No gritaba, no andaba con sarcasmos. Era un líder nato. Tenía una aureola de respeto, que es algo que no se pide, el respeto se gana y no precisamente con miedo. Si había una fiesta el Patrón no bebía y rompía cosas, llegaba, se tomaba su media Heineken y su medio marihuano, reía, oía su música y bailaba. Se convirtió en el padre de nosotros, de sus sicarios.






¿Cómo es un buen sicario?

Hay que tener sentido de pertenencia a la organización. Seguir a un gran líder. No ser ambicioso, porque un sicario ambicioso es muy peligroso. Mirar a los ojos a su víctima y disparar de las cejas para arriba. Un sicario mata con revólver, pegando dos balazos en la cabeza de la víctima y dejando cuatro para salir de la bronca por si llega la policía. El sicario malo pega los seis tiros. A la espalda, hay que llevar una 9 milímetros lista, también para la bronca.

¿Se le dice algo a la víctima?

Uno no llega y encañona a la persona y le dice 'te manda a matar Pablo Escobar por hijoeputa, por ladrón, por gonorrea'. No señor, primero se le dispara y luego la cantaleta.






¿Dormía bien?

Si uno mata a una persona y no duerme, retírese de la profesión de sicario porque no sirve. Yo dormía muy bien, comía muy bien e iba a misa. Ante la Virgen de los Sicarios, uno se arrodillaba y le decía 'Santísima Virgen, que no se me vaya a quedar vivo, que salga bien el operativo'.

¿Cómo le pagaban por un operativo importante?

Si había que hacer un operativo como el del secuestro que me encargaron a Andrés Pastrana en 1988, cuando era candidato a la alcaldía de Bogotá, yo le decía al Patrón ‘me voy a llevar 50, 100 o 200 millones de pesos para la logística de carros, casas, etcétera'. Cuando estaba todo cumplido, el jefe le decía ‘¿Cuánto se gastó y cuánto damos a sus muchachos?' Si Escobar te prometía 200.000 dólares por un muerto, no te daba ni uno menos. Que quede muy claro que Pablo Escobar no le quedó debiendo ni una moneda de centavo a ninguno de sus asesinos.






3. EL ESPÍRITU MALIGNO

¿A cuántas personas mató?

Más o menos tengo 250 víctimas de mi propia mano. Pero las víctimas totales del cártel de Medellín fueron unas 50.000, entre la guerra contra los paramilitares, la guerra interna, la guerra contra el cártel de Cali y la guerra contra el Estado.

Y entre tanta guerra, su momento quizá más dramático tiene que ver con una amante. Háblenos de Wendy Chavarriaga Gil.

Era una mujer espectacular. Fue la segunda mujer de Pablo Escobar tras María Victoria Henao. El Patrón le tenía prohibidísimo a sus amantes que quedasen embarazadas y ella no cumplió esto. En la Hacienda Nápoles le sacaron el bebé. El Patrón le dijo que la relación se había acabado ahí. Un día, ella me encontró en una discoteca y me enamoró. Yo le dije al Patrón que me había enredado con Wendy. Él me dijo 'tenga cuidado' y le intervino el teléfono.






Usted siguió saliendo con ella.

Sí, y a los seis meses, Pablo me mandó llamar. En la reunión estaba Pinina y yo sabía que cuando el Patrón mandaba matar a uno de la organización, se lo encargaba a su mejor amigo. Me pidió 'Pope, escuche esta grabación'. Se oía a Wendy hablando con el Bloque de Búsqueda de la policía nacional.

¿Qué le dijo Escobar?

Me miró a los ojos y me preguntó 'Pope, ¿qué hacemos ahí?'. Yo le dije 'Patrón, esto es gravísimo, usted tiene razón'. Concerté una cita con Wendy en un restaurante y mandé a dos de mis hombres porque yo estaba enamorado y no quería ser quien la matara. Me paré a media cuadra. No existían los celulares y la llamé al teléfono del restaurante. Mis muchachos tenían orden de actuar cuando el camarero preguntase en alto por la señorita Wendy Chavarriaga Gil. Oí sus tacones aproximándose al teléfono y los tiros.

¿Se acercó a ella?

Sí. La vi en el charco de sangre y sentí una cosa brutal de rabia, amor, tristeza y odio. Sentí como si me saliera de dentro un espíritu maligno. Nunca he vuelto a sentir nada igual.







***

En la segunda parte de nuestra conversación, Popeye nos habla de la guerra contra el Estado, la presunta implicación de Gabriel García Márquez y los hermanos Castro en el narcotráfico, su proceso de resocialización y el miedo a la muerte. Puedes leerla pinchando aquí.

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